LOS DILEMAS DEL RADICALISMO

EDITORIAL Por
¿Candidato propio, Roberto Lavagna como candidato de unidad? el radicalismo, se va desgajando de Cambiemos, y quienes reniegan de la coalición Cambiemos se enfrentan a un difícil desafío frente a los comicios que monopolizarán la atención pública en lo que resta del año
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Fuera de los dos pesos pesados de la política argentina, -Cristina y Macri, en el orden que lo señalan las encuestas más actuales- Roberto Lavagna es tal vez quien concita la mayor atención entre el resto de quienes aspiran a encaramarse en el gobierno que sucederá al presidente en ejercicio.

El ex candidato presidencial Ricardo Alfonsín, el ex ministro de trabajo de Raúl Alfonsin y dos veces diputado nacional Juan Manuel Casella, y Jorge Sappia, presidente de la Convención Nacional del radicalismo, fueron a ver al hombre de las medias y sandalias.

Lavagna -un peronista- ya fue candidato en 2007 por la coalición UNA, integrada por el radicalismo, peronistas no kirchneristas y una conjunción de otros partidos. En esos comicios, Cristina Kirchner ganó en primera vuelta, Elisa Carrio salio en segundo lugar, mientras Lavagna terminó tercero, pero con un respetable casi 17%.

El radicalismo, herido por el estrepitoso fracaso del gobierno de Fernando de la Rua, se presentó a las elecciones de 2003 llevando como candidato a Leopoldo Moreau, hoy diputado kirchnerista (pero que reivindica su alineamiento alfonsinista). La suerte le fue esquiva al partido en esa oportunidad, como que Moreau obtuvo apenas el 2,34% de los votos, figurando en quinto lugar, detrás del ganador Carlos Menem (quien luego decidió no participar de la segunda vuelta), Néstor Kirchner, consagrado presidente por esa deserción, Ricardo López Murphy, Adolfo Rodríguez Saá y Elisa Carrió.

El partido de Alem e Yrigoyen también tuvo un flojo desempeño en 2011, cuando su candidato, Ricardo Afonsin, resultó tercero con algo más del 11% de los sufragios. Ahora, sin figura propia que tenga alguna mínima chance, algunos de sus partidarios desengañados de Cambiemos, vuelven a poner sus ojos en quien dirigió la economía con Duhalde y, en el mismo cargo de Ministro, tuvo que aceptar la conducción del Presidente, que se ocupaba personalmente de lo que hacía a su cartera. De todas maneras, Lavagna tuvo un papel destacado en su cargo, que requeria delicadas gestiones en el exterior.

Alinearse detrás de Lavagna tiene sus ventajas, ya que, por razones de edad, queda descartado que el economista, en caso de resultar electo, vaya por su reelección. Entonces la vicepresidencia puede significar un trampolín más que importante para llegar a la primera magistratura, ya sea porque la muerte desate la sucesion, o porque el vice queda bien posicionado para los nuevos comicios. Claro, si es que la gestión resultara exitosa.

Pero el esquema también presenta sus puntos flojos. El principal puede ser el hecho de que Lavagna tiene un hijo -Marco-, un economista que actualmente es diputado nacional por el Frente Renovador de Massa, y seguramente tendrá intención de escalar posiciones hasta llegar al cargo máximo. Es joven y tendria cuatro largos años para prepararse.

La estructura de Cambiemos está crujiendo por varios costados. Lo estamos viendo todos los días. Córdoba representa uno de los ejemplos más notorios y actuales. Los votantes radicales de esa provincia tuvieron un papel protagónico en la asunción de Mauricio Macri, y ahora se presentan por la gobernación dos destacados representantes de ese partido: Mario Negri, presidente del interbloque parlamentario de Cambiemos en la Cámara de Diputados de la Nación, que juega dentro de Cambiemos, y Ramón Mestre, actual intendente de la capital cordobesa.

Estamos en una situación similar a la ocurrida en 1945, cuando un grupo de radicales se separa de la conducción “unionista” de la UCR, produce la Declaración de Avellaneda y funda luego el Movimiento de Intransigencia y Renovacion. O más tarde, en 1957, en que la UCR se vuelve a dividir en dos: la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), comandada por Crisólogo Larralde, y la UCRI, liderada por Arturo Frondizi, que retoma el programa de Avellaneda.

Ambos fueron momentos decisivos en la política argentina. Lo que sucederá en la instancia actual está todavía por definirse. El momento presenta un panorama extradamente complejo, pero en poco tiempo muchos interrogantes tendrán su respuesta. Todos los argentinos estamos muy ansiosos, pero no falta mucho para los desenlaces.

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