JAQUE AL REY

EDITORIAL Por
Por un sendero de brasas encendidas camina el presidente, pisando con sus pies desnudos. Nada parece salir bien, pero a él, a tozudo, no le ganan. El cuento todavía tiene final abierto
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Las noticias de la economía en la semana que acaba de terminar no podían ser peores, ni para la sociedad ni para el gobierno. La pobreza crece, la inflación se acelera, el empleo se desmorona con suspensiones y despidos en toda la escala empresaria, los locales comerciales bajan sus persianas porque ya no pueden soportar la caída en las ventas y los tarifazos, los saltos del dólar.

Todas malas cifras frente a las cuales el gobierno solamente atina a decir en su descargo que ahora se conoce la verdad, son golpes muy duros para un oficialismo en el que cunde la desmoralización.

El Presidente intenta, desesperado, hacer que la sociedad le crea cuando dice que el rumbo que emprendió es el correcto, y pide que la gente aguante y siga tirando del carro. Un carro empantanado en un camino que no parece conducir más que al abismo, con un conductor que dejó las riendas a un costado y solo atina a aremgar en tono de reproche a una población en la que se hizo carne el dramático pedido de un obrero a quien debiera estar al mando: “Haga algo, señor presidente”.

Para colmo de desventuras, todos estos dramas coincidieron con lujosas actividades protocolares: la visita de los reyes de España y el Congreso de la Lengua, en donde las copas se llenaron de champán y la primera dama lució un vestido bordado con piedras preciosas que algunos tasadores amateur evalúan en cien mil dólares. Y hay ciertos detalles que -muy lejos de aquellos días de globos amarillos y júbilo- hoy no pasan desapercibidos para las miradas de quienes ya se muestran escépticos con la figura del mandatario: por ejemplo dormirse a pata suelta en una conferencia. O responderle a Vargas Llosa que si gana las elecciones va a seguir por el mismo camino, pero más rápido. O tener que escuchar a Mario Pereyra decirle “así vas a perder las elecciones”. O congratularse de que podamos hablar en el mismo idioma con los habitantes de naciones vecinas.

El presidente ignoró que hay otras lenguas incluso dentro de nuestro país, lo que dio motivo a una crítica del Colegio de Graduados en Antropología, quien le recordó que se hablan en la Argentina nada menos que quince idiomas indígenas diferentes. Y fuera de nuestras fronteras está el caso de Paraguay, donde el guarani tiene rango de idioma oficial. En Bolivia, por otra parte, 25% de la población habla en quechua, y 11% en aymara.

Claro, en este continente tales idiomas carecen de relevancia para los negocios, que es lo que importa a los businessmen, quienes por otra parte prefieren comunicarse más en inglés que en castellano, dicho sea de paso.

Los dolores de cabeza del conductor de Cambiemos, y de sus funcionarios no se agotan con los problemas mencionados: muchos de los adscriptos a su princial socio político, el radicalismo, están apareciendo en un estado de efervescencia rebelde, sino directamente proclamando la liberación del salvavidas de plomo que les representa que su partido siga en la coalición Cambiemos.

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, ya se vio frustrada cuando el poder central le ordenó desechar un adelantamiento de las elecciones. Ella pensaría que despegarse del ingeniero en la instancia comicial le haría perder menos votos que los que debería resignar en caso de presentarse en conjunto. Pero además -dicen las malas lenguas- que vino a enterarse de que estaba sometida a espionaje por la institución oficial de inteligencia -o adláteres formales e informales- y que los sabuesos habrían incursionado en detalles de la vida privada de la mandataria provincial.

En fin, la economía, la política y hasta la intimidad de los actores está provocando un clima muy espeso para un titular del Ejecutivo que aspira a permanecer en el cargo.

Por otro lado, la causa originada por la denuncia del empresario Etchebest contra Marcelo Sebastián D'Alessio y que tramita el juez Alejo Ramos Padilla se fue extendiendo mucho más allá de la figura de este sorprendente personaje y su presunto asociado directo en las extorsiones, el fiscal Carlos Stornelli: la mancha venenosa amenaza con engullirse a muy altas figuras de los tres poderes.

Todo esto está provocando rumores que -ciertos o no- parecen conducir a un cambio de clima en la apreciación del gobierno por parte de la ciudadanía, que incluye a representantes de los partidos de la coalición y hasta del propio riñón presidencial. Se habló de corralito, por la resolución del BCRA que permite a los bancos tener todo su encaje en Lelics, y de adelantamiento de las elecciones. Dos hipótesis muy fuertes, que pueden ser verdad o tal vez apenas pirotecnia propia de épocas electorales. Amanecerá y veremos.

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