MACRI NO ES MONZÓN

EDITORIAL Por
El Banco Central sigue quemando dólares en la hoguera sin fondo de estabilizar la economía. Pero el dólar vuelve a subir, la inflación se acelera y muchas voces, antes amigas, ya le sueltan la mano al Presidente
macri golpeado

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

“El riesgo país sube porque en el mundo hay miedo de que los argentinos quieran volver para atrás”. Así resume Infobae, correctamente, las palabras de un Macri que luce tan groggy como Carlos Monzón cuando –luego de recibir una tremenda derecha por parte de Bennie Briscoe y otros golpes sucesivos- quedó mirando el reloj, abrazado a su oponente y, bajo cualquier pronóstico, derrotado sin apelación. Sin embargo, el santafesino pudo recuperarse, y terminó ganando la dramática pelea.


Pero es un ejercicio ocioso comparar el temple de aquel extraordinario campeón mundial, que se hizo luchando por la vida desde los bajos fondos de la sociedad más castigada, con el de un muchacho nacido en cuna de oro, cuya mayor anécdota de adversidad –dejando de lado un sospechoso secuestro- fue quedarse sin dinero en Chile y esperar a que le llegue el envío de dinero de sus padres.


Durante los casi tres años y medio de mandato cambiemita, el presidente y sus funcionarios –con el gigantesco coro de los medios de comunicación de mayor llegada a la audiencia siempre en apoyo- saturaron a la ciudadanía con la infusión del peligro de que los argentinos llegaran a estar tan mal como los hermanos venezolanos, en caso de volver las políticas kirchneristas a regir los destinos del país. De hecho, esa ficción, que nada tiene que ver con la realidad, prendió en amplios estratos sociales, principalmente la clase media. Sin ningún fundamento, por cierto, en tanto Nestor Kirchner recibió un país absolutamente quebrado y en default, situación de la que salió renegociando la deuda y pagando puntualmente los vencimientos. Luego le puso al Fondo Monetario dólar sobre dólar de lo adeudado, y –sin ninguna cortesía, por cierto- les dijo a los funcionarios y empleados de esa entidad que habían ocupado instalaciones del Banco Central que recogieran sus pertenencias tan rápido como sea posible y se fueran (al carajo, dicen algunos testigos).


No pudo Cristina, como sí Perón, decir que ya no se debía un cobre. Pero quedaba un perfil de vencimientos perfectamente atendible, a pesar de que la balanza comercial no estaba en su mejor momento hacia el final de su mandato. Ahora, los fondos que se jugaron –algunos todavía lo hacen- al peso, vienen soportando enormes pérdidas, y desconfían palpablemente de la idoneidad de los artífices de la economía que impulsa Cambiemos. No sirve ya asustarlos con el Cuco del kirchnerismo porque ya están espantados con Macri y sus funcionarios.


En busca de respuestas, esos representantes financieros se reunieron con Axel Kicillof y le expresaron sus temores. La respuesta estuvo a la altura de las luces del último ministro de economía de CFK, quien, disfrutando de su mate, les dijo sencillamente: “De dónde sacan que nosotros no les pagaríamos? Ya les pagamos una vez ¿por qué no habríamos de pagarles ahora?.

El presidente llega a esta situación por muchos pecados, el primero de los cuales es haberse creído –cuando llegó al sillón de Rivadavia arañando unas chirolas más del 50% en el balotaje- que estaba habilitado para decidir aquello que a la ciudadanía le convenía, arrasando con la concepción peronista -y las leyes que la garantizaban- de que se deben respetar los derechos del trabajador, arraigada durante setenta años y que mostraba que esas conquistas iban paralelas a la independencia económica, la soberanía política y la justicia social.


Por otra parte, lo hizo detestando a la política, porque en la vida de este tipo de empresarios el político es un inútil y lo correcto es apenas que adopte las medidas que beneficien a su compañía. El ejemplo de Magnetto diciéndole a Raúl Alfonsín que era un estorbo y forzando su renuncia es suficientemente ilustrativo.
Macri está empantanado y su figura hace agua por todos lados. Todo parece indicar que pasó el punto de no retorno. La sociedad espera que se de cuenta y proceda en consecuencia.

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