LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ

EDITORIAL Por
A partir de hoy la proclamada transparencia informativa del gobierno sufre un nuevo y duro golpe: ya no sabremos cuántas reservas internacionales quedan en las flacas arcas del Banco Central
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Es una medida que tal vez no llame la atención del gran público, sino que solamente encienda las luces de alarma en quienes se interesan por el detalle de las cuentas públicas. Sin embargo representa la punta de un ovillo que, al irse desenrollando, puede tener consecuencias dramáticas para el pueblo argentino.

El Banco Central canceló el informe diario que daba cuenta de la variación de las reservas de divisas y la razón que la produjo. Y esta disposición está íntimamente relacionada con la política de la institución en lo que hace a sus intervenciones para mantener la paridad peso-dólar. El dólar se está escapando nuevamente, como era de esperar con un proceso inflacionario que el gobierno no puede detener. Una impotencia que a nadie puede sorprender en tanto y en cuanto las tarifas siguen su marcha ascendente, lo mismo que lo hacen los combustibles.

Con los ya varias veces modificados esquemas, la autoridad monetaria estaba impedida por el Fondo Monetario Internacional de hacer operaciones de compra o venta de divisas mientras la paridad se mantuviera dentro de una banda bastante amplia, cuyos límites se iban ajustando mensualmente. Cuando el valor de la moneda estadounidense perforara el límite superior, el organismo dirigido (hasta donde lo dejan actuar las autoridades extranacionales) actualmente por Guido Sandleris quedaba habilitado para vender, y así contener el valor del billete verde. En la situación inversa, el Central podía hacerse de dólares, comprando. En los últimos días, el FMI accedió a que el Central operara en el mercado, ofreciendo o demandando dólares al valor corriente.

La medida sorprendió, porque contraría incluso la letra del reglamento del Fondo, cuya principal preocupación es lograr que el país deudor cumpla con las obligaciones contraídas. Entonces, la pérdida de reservas amenaza la capacidad de pago.

Al respecto de la medida de no hacer públicos los datos de las reservas, Héctor Rubini, del Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la Universidad del Salvador, dice, en el portal El Economista”: “La decisión no es nueva. Se basa en cierto folklore (de base empírica bastante dudosa) según el cual, si se publicara diariamente la evolución de esos activos del BCRA, se daría una guía a los “tiburones” del mercado sobre el patrón de conducta de la entidad, que tendrían acceso a “la” información útil para ataques especulativos agresivos.

Similar argumento se utilizó desde la creación del FGS-ANSES para que desde su creación hasta hoy el Comité de Inversiones de dicho fondo no publique los anexos de las actas de sus decisiones de inversión. Una falta de transparencia no cuestionada hasta ahora en sede judicial, pero nada impide en el futuro una exhaustiva investigación para atrás de estas prácticas carentes de justificación alguna”.

Puede o no saltar la economía por los aires, en función de la confianza de los especuladores que están posicionados en Leliq u otros instrumentos financieros que pagan intereses inéditos en épocas normales (alrededor del 74% en los días que corren). Hasta ahora, el gobierno los viene convenciendo de que se aprovechen de ganacias extraordinarias en pesos, que algún día pueden volver a dólares redondeando un negocio fantástico (costeado por todos los argentinos, claro). Pero si todos ellos los hacen simultáneamente, en este momento en que las arcas del Central están flacas, puede saltar la banca, y llegarse a las tristes situaciones del pasado no tan lejano: default, corralito, etc., etc.

A los niveles habilitados de lanzar divisas a la hoguera de la fuga de capitales, la pérdida podría alcanzar a 18 mil millones de dólares. La catástrofe, si ocurre, será -eso sí- menos prevista para la ciudadanía. Los grandes operadores amigos, como ocurrió en épocas de la presidencia de De la Rúa, serán advertidos y podrán salvarse a tiempo. El ciudadano de pata al suelo, de repetirse aquellos sucesos, volvería a encontrar las persianas bajas en los bancos donde tiene depositado lo que le queda en el mes del sueldo o la jubilación.

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