La mitad de los votos que lo hicieron presidente a Macri fueron “prestados”

EDITORIAL Por
¿Territorio liberal o nación justicialista? Una vez más la disyuntiva se puso a prueba. Y el pueblo argentino volvió a honrar a Perón y Evita
MAURICIO MACRI
MAURICIO MACRI

Isaias Abrutzky Isaías  ABRUTZKY /Especial para R24N 

El escuálido 1,5% de ventaja que el ultraliberal Mauricio Macri obtuvo en 2015 sobre el peronista Daniel Scioli, y le permitió llegar a la Casa Rosada, le hizo creer al primero que estaba habilitado para cambiar la cultura de los argentinos “para siempre”, según sus propias palabras. 

 

En contraste, la sólida ventaja de 8 puntos de Alberto Fernández por encima de quien se postulaba a la reelección, desató la furia de los trolls macristas, y sus seguidores, envenenados por el retorno de un binomio peronista, para colmo integrado por una mujer -y la que más odian- cuyo mayor pecado comprobable fue haberle interrumpido el disfrute de las telenovelas con sus mensajes por cadena nacional. 

 

Ernesto Tiffenberg, en Página 12 nos refresca algunos datos que vale la pena tener en cuenta:

“En la elección de 2015, Mauricio Macri alcanzó el 24,48 por ciento en las PASO y el 34,15 en la primera vuelta, donde se le sumó el aporte de los radicales y de la Coalición Cívica. Recién en el ballotage superó el 50 por ciento. En otras palabras, la mitad de los votos que lo llevaron a la presidencia fueron “prestados”. Quizás ése sea uno de los motivos que explican por qué es el único mandatario democrático que fracasó en la búsqueda de su reelección”.

 

El sueño de Macri duró apenas 1400 días, en tanto que el modelo de sociedad que instauró Juan Domingo Perón es el favorito de un porcentaje de votantes que se ubica en el rango del 50 al 60%, entre el que oscila desde sus comienzos, hace ya largos setenta años. 

 

 En tanto la preferencia de los votantes por Scioli -en su momento- o por Fernández -ahora- es enteramente peronista, la que ungió a Macri se repartió por mitades entre los seguidores de quien fuera Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y sus aliados, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica, en las que existe un relevante porcentaje que atesora preferencias por políticas nacionales y populares, pero que siguió al jefe de estado saliente por razones de disciplina partidaria, más que por convicción. 

 

La Convención del radicalismo que dispuso plegar al partido al hasta entonces (y tal vez nuevamente) partido municipal PRO, no lo hizo sin una importante opinión en contra de sus afiliados. La figura histórica hoy más tenida en cuenta entre los radicales es la de Raúl Alfonsín, un presidente que fue muy explícito a la hora de juzgar al neoliberalismo, y hasta las personas mismas que lideraron el frente Cambiemos. Y aunque se intentó desviar el sentido explícito de las palabras del estadista a quien le tocó la más que ardua tarea de inaugurar la presente etapa democrática luego de la siniestra dictadura cívico-militar del ’76, la disconformidad de una porción de peso de los “boinas blancas” con esa alianza se mantuvo y ahora se acrecienta. Lo mismo ocurre con las huestes de Elisa Carrió, entre quienes seguramente persisten algunos que adherían a sus campañas en la época en que se exhibía un tinte progresista. 

 

En definitiva, este último intento de los sectores ultraliberal y libertario en pos de una argentina sin independencia económica, sin soberanía política y -tanto o más importante- sin justicia social, nació, como los anteriores, condenado al fracaso. Y para refirmarlo, el espejo en el que querían hacernos reflejar a los argentinos, el modelo chileno, voló en mil pedazos. Sí, el cuarenta por ciento de la ciudadanía que votó a la Unión Democrática (UD) contra Perón, en 1945, sigue existiendo en 2019, pero los herederos de aquella masa obrera del primer 17 de octubre, siguen con las banderas históricas del peronismo, que no van a ser arriadas por ningún iluminado que baile con los cantos de sirena provenientes de otras latitudes.

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