EVO DERROTADO POR SUS ÉXITOS, NO POR SUS ERRORES

EDITORIAL Por
El faro de prosperidad económica y justicia social que significó Bolivia en los pasados recientes años se apagó. No se puede tan fácil contra el imperio y sus socios locales, pero los pueblos volverán a levantar sus brazos
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Hay tres clases, entre las voces que se levantan frente a los acontecimientos de Bolivia: 

los que festejan, algunos enfáticamente, otros con cierto disimulo.

Los que lloran, porque en Evo Morales encontraron a aquél que reivindicó su raza y los derechos de un pueblo sumido en la pobreza extrema desde hace siglos. 

Ambas lo hacen con total expresión de sus sentimientos más profundos, aunque en los primeros los motores fundamentales son la avaricia y el odio -detrás de los cuales subyacen mezquinos intereses económicos- mientras que en los otros priman valores morales como el reconocimiento y la justicia, tanto tiempo negados, aunque sin negar las reivindicaciones materiales de que pudieron gozar en los años de gobierno indígena. 

¿Quienes integran la tercera clase? Aquellos que expresan lamentar el derrocamiento del presidente aymará y lo explican por el cansancio de un pueblo gobernado por una misma persona durante casi catorce años.  Y por los “errores” de Morales en sobrepasar los dictados de la Constitución boliviana, para acceder a un cuarto mandato, que ahora queda frustrado dejando inconcluso al tercero. A esto le suman presuntas maniobras para alterar los resultados que definirían la permanencia del presidente en su cargo para un cuarto mandato. 

Desde el punto de vista de la democracia formal, la que el establishment impuso desde la creación de los estados nacionales en America Latina, puede que sus argumentos sean atendibles. Pero esas voces suenan en falsete. 

En las elecciones presidenciales de 2005, Evo Morales obtuvo un triunfo contundente, con el 53,74% de los votos. 

En 2009, la reforma constitucional impulsada por Morales fue sancionada con La Carta Magna fue aprobada con el 61,43% de los sufragios, en tanto que el rechazo apenas cosechó un 38,57 %). Vale la pena consignar que en esa elección la participación de la ciudadanía fue la más alta en toda la historia del país, 90,26% de los ciudadanos inscriptos en el padrón.  

En los comicios presidenciales de 2009 Evo Morales fue reelecto con el 64,22%. Y en la compulsa de 2014 el resultado le fue favorable, obteniendo 63,36%. En 2016, impedido por la Constitución de presentarse por un nuevo período, Evo llama a un referendum, en el que es derrotado por el 51,3% frente al 48,7%, pero obtiene del tribunal supremo del país un dictamen que de todos modos lo habilitaba. Así llegamos a las elecciones del mes pasado, donde vuelve a triunfar Morales con el 47,02% a su favor. 

Ninguna de estas elecciones fue cuestionada, pero la disputa surge en relación a si se debía ir a una segunda vuelta o bien el presidente quedaba ratificado en la primera. Como fuere, si es que hubo manipulación de los resultados, la presunta maniobra se habría limitado a la alteración del pequeño número de sufragios que cambiaría la ventaja de uno a otro lado del 10% que definiría la segunda vuelta o consagraría a Morales ganador sin más tramite. Como fuere, la compulsa fue, una vez más, ampliamente favorable al ahora presidente saliente. 

Así, desde sus inicios, la gestión de Evo Morales fue apoyada mayoritaria y contundentemente por la ciudadanía boliviana, salvo en el referendum donde de todos modos obtuvo casi la mitad de los votos. 

 Aceptando que los hechos evidencien las transgresiones a una clara conducta democrática por parte de Evo, no se puede negar que el apoyo de la sociedad al conductor desplazado no permite desecharlo en la forma en que se lo hizo. Más aún cuando él terminó aceptando la opinión de la misión de la OEA -que no era vinculante- e hizo un llamado a nuevas elecciones. 

En definitiva, todo indica que el gobierno de Evo no cayó por sus errores sino por sus aciertos. La conducción de la economia boliviana durante sus gobiernos fue un éxito rotundo, y todos los parámetros así lo muestran. 

El “error” de Evo fue simplemente defender a la nación y sus habitantes más olvidados. Y terminar con el saqueo de sus recursos naturales, que ahora corren el serio riesgo de volver a caer en manos privadas, para continuar el tradicional saqueo que, con pequeñas interrupciones como la de Evo Morales en estos años, siguen mostrando cuánta razón hay en el inolvidable libro de Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina.

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