Bottero Presidente del Concejo: ¿Por qué triunfan los mediocres?

LOCALES Por
La Presidencia del Concejo Municipal le corresponde al oficialismo, cualquier actitud contraria responde a una mediocridad alarmante de quienes pretenden llegar a cualquier precio sin importarle la ética
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La mediocridad es un arte. Al menos, eso piensan los mediocres. Un arte cuyo único objetivo es la supervivencia. Ya sea esta laboral, emocional o social.

 
«En el país de los ciegos, el tuerto es el rey». Una frase que hemos escuchado toda la vida y que representa el máximo exponente de la mediocridad. Porque en esta filosofía, el éxito reside en la habilidad de deshacerte de las personas que puedan delatar tus carencias, rodeándote, en cambio, de esas otras que las encubren.

Una de las características que identifica al mediocre es su facilidad para alegrarse ante la desgracia ajena. Esa es la razón por la que ese tipo de personas pasan más tiempo mirando hacia afuera que hacia adentro. Y también, del enorme éxito de muchas noticias sensacionalistas en las que se celebran los fracasos de demás porque sirven para acallar los propios.

Hay otras dos características más que también identifican al mediocre. La primera es su capacidad de camuflaje. Cuando existía el servicio militar obligatorio en España, el primer consejo que te daban al incorporarte a filas era que no fueras «ni el más listo ni el más tonto». Es decir, que estuvieras en «la mitad de la montaña», que es el sentido original que le da el latín a esta palabra.

La segunda característica es su habilidad para no implicarse. Es lo que Karel Kosik, en su libro El hombre nuevo, llamaba «el alma bella». El alma bella es aquella persona que, al no tomar decisión alguna, está exenta de cometer errores. Lo cual le permite, al mismo tiempo, poder criticar a cualquier otra que los cometa.

Por eso la mediocridad ha terminado convirtiéndose en una forma de éxito. Somerset Maugham decía que «solo una persona mediocre está siempre en su mejor momento». Jamás triunfa, pero jamás fracasa. Y eso le permite, especialmente en épocas de crisis donde los errores tienen mayores consecuencias, ser valorada como alguien menos brillante, pero más controlable.

En el mundo empresarial y político es donde los mediocres mejor se desenvuelven. Porque en ellos, su labor no consiste tanto en prosperar como en evitar que otros prosperen. Una estrategia que le puede permitir incluso llegar a algún puesto de responsabilidad. Y una vez en el mismo, todo le resultará más fácil. Ya solo tiene crear un equipo formado por personas jamás le hagan sombra.

Los norteamericanos tienen una forma jocosa de describir este escenario: «¿Sabes cuál es el secreto del éxito? Busca una persona ambiciosa, inteligente, trabajadora, capaz de sustituirte… y despídela».

Esta obsesión puede alcanzar tal nivel de vileza que, en algunos casos, cuando dejan su puesto y eligen a un sucesor, aterrados ante la idea de que su mediocridad pueda quedar desenmascarada ante los aciertos del mismo, suelen nombrar a alguien más mediocre todavía. Ejemplos tenemos muchos y seguro que ahora mismo se te ocurren unos cuantos.

El problema es que tanto los partidos políticos como las empresas pueden soportar un número determinado de mediocres. Sobrepasado el mismo, esas instituciones inevitablemente se colapsan. Pero para entonces, el mediocre que dio origen a todo ello ya no se siente responsable. Más aun, para su satisfacción personal, lo normal es que llegue a creerse que eso ha sucedido precisamente porque él ya no está en el cargo.

Ese es el último pecado del mediocre. El intentar persistir en la memoria de los demás a partir de la hecatombe que se produce tras su ausencia. Y todo porque en su miserable vida jamás tuvo en cuenta lo que su día nos anunciara Borges: «Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes»

Germán Bottero está empecinado en presidir el Concejo Municipal, sin importarle que para ello debe romper una vieja tradición de ética política que marca que la presidencia del poder legislativo es para el oficialismo.

Pareciera que para Bottero,el fin si justifica los medios, pero la Unión Cívica Radical no se puede dar el lujo de no respetar los sanos códigos de la política por un capricho personal.

Ya en 2017 se actuó de forma no ética cuando se le arrebató el mismo cargo al oficialismo, la inesperiencia de Viotti y Sagardoy por la UCR y la pica tradición política del Pro iniciaron que "Lalo" Bonino llegue a ocupar ese cargo.

En la práctica en nuestra ciudad, el Presidente del Concejo Municipal cumple el rol de Vice Intendente o Intendente suplente en caso de que el mismo se tenga que ausentar o se aleje del cargo por algún motivo.

Es importante preservar los valores democráticos y respetar la decisión del votante, y la mayoría de los ciudadanos votó a favor de Luis Castellano para que por un tercer período consecutivo dirija los destinos de la ciudad.

Hace dos años, en oportunidad de ser elegido Raúl "Lalo" Bonino para ocupar el principal cargo legislativo de la ciudad me manifesté de igual manera, sigo convencido que no se puede burlar la voluntad del votante y que por sobre todo tiene que primar el sentido ético, Democrático y  Republicano. No se puede invocar estos dos valores esenciales de acuerdo a nuestra conveniencia. 

Sabemls del interés desmedido de Germán Bottero por ocupar ese cargo, y de la misma manera que lo dijimos hace dos años, lo decimos ahora: "No es de buen demócrata arrebatarle ese cargo al oficialismo, solo que en esta oportunidad puedo decirlo sin medias tintas y más enfáticamente: NO ES DE BUEN RADICAL NO RESPETAR LOS BUENOS CÓDIGOS DE LA POLÍTICA.

Bottero debe entender que las elecciones se ganan en la urnas y que a los cargos se accede por decisión y voluntad de los ciudadanos y no por contubernios entre "gallos y medianoche".

El Presidente del Concejo es la pata legislativa del Intendente y al primer mandatario de la ciudad hay que despejarle el panorama para que gobierne la ciudad de la mejor manera, al fin y al cabo es lo mejor para todos.

Los buenos códigos de la Democracia son imprescindibles para el buen funcionamiento de los diferentes poderes del Estado, actuar contrario a esos códigos es ponerle palos en la rueda a quien tiene la obligación de trabajar día a día para todos los rafaelinos, sin distinción de banderías políticas.

Las desmedidas aspiraciones de Bottero no son sanas para el sistema y denotan una total y absoluta falta de madurez, no solo de él, sino de las personas que lo apoyan en esta iniciativa contraria a los valores y a la ética de la Unión Cívica Radical, partido al que pertenece, más allá de su fanatismo actual por Mauricio Macri, un presidente que sumió a todo el pueblo Argentino en una de las mayores crisis de su historia.

Lo invito a Germán Bottero a reflexionar y respetar los mandatos y el legado que los grande líderes del Radicalismo le hicieron a la Nación y que no es otra cosa que el respeto absoluto de la ética y la moral y le reitero nuevamente que NO ES DE BUEN RADICAL NO RESPETAR LOS BUENOS CÓDIGOS DE LA POLÍTICA.
 

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