Por qué fracasó el acuerdo con la Argentina y quién es el culpable, según el FMI

ECONOMÍA Por David FRENKEL
Tres fuentes del organismo señalaron errores del gobierno, incluso algunos preexistentes al acuerdo de junio de 2018. Apuntaron también a la decisión de la ex directora gerente, Christine Lagarde, de apoyar a rajatabla la gestión de Mauricio Macri
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“El Fondo no quiere de ninguna manera que la Argentina le defaultee la deuda, por el bien de la Argentina y por la propia reputación del FMI como prestamista de última instancia”, le dijo a Infobae un miembro del staff con muchos años en el organismo internacional.

El diagnóstico de lo que sucedió y algunas apreciaciones, más parcas, sobre lo que vendrá, fueron complementados por otro funcionario del Fondo y una persona que asiste a las reuniones del directorio. Oficialmente, el Fondo felicitó el viernes a los nuevos ministros designados por Alberto Fernández, sus futuros interlocutores.

Para la renegociación, coincidieron las fuentes, el FMI está abierto a diferentes opciones:

1) Aprobar los desembolsos pendientes. Quedan aproximadamente USD 13.000 millones del crédito acordado, que pueden servir para financiar la transición mientras el gobierno negocia con los acreedores privados.


2) Extender los plazos del actual programa, aunque la cuestión del formato quedará a evaluación del board y de la propia managing director, la búlgara Kristalina Georgieva.

3) Respaldar una renegociación (o “reperfilamiento”) con los bonistas privados. “Creemos que el visto bueno del Fondo ayuda”, dijo un funcionario.


Pero cualquiera sea la alternativa que se acuerde, coincidieron las fuentes consultadas, debe haber un programa fiscal y monetario consistente, de mediano y largo plazo. No en vano en Washington suelen recordar jocosamente que las iniciales del FMI en inglés, IMF, quieren decir “It’s Mostly Fiscal” (es mayormente fiscal).

 

La apuesta de Lagarde

El programa 2018/19 fracasó por tanto manoseo, especialmente en la cuestión cambiaria, pero básicamente fue el programa que elaboró y propuso el gobierno argentino. Lagarde fue una manager muy política, casi le gustaba más hablar de los temas de género que de la política fiscal o el programa monetario, y apoyaba fervientemente a Macri, señaló una de las fuentes.


Christhine Lagarde siempre fue de tomar riesgos políticos, al punto de haber sido rozada por acusaciones de corrupción cuando en 2008, como superministra (su cartera incluía Economía, Finanzas, Industria y Empleo) del gobierno de Nicolás Sarkozy, aprobó una indemnización pública de 403 millones de euros a Bernard Tapie, el polémico ex dueño de Adidas y ex presidente del Olympique de Marsella, uno de los clubes de fútbol más populares de Francia, a raíz de un conflicto con el Credit Lyonnais, un banco con participación estatal.

En diciembre de 2016, cuando Lagarde ya era directora gerente del FMI, la justicia francesa la acusó de “negligencia” por haber aprobado ese beneficio a favor de Tapie, un ex-ministro y amigo personal de Sarkozy, pero la eximió de cualquier acusación penal. En esa oportunidad, además, los principales accionistas del FMI ratificaron su confianza en Lagarde, ya liberada de culpa y cargo cuando en 2017 la Corte de Casación de Francia obligó a Tapie a devolver los 403 millones de euros que la ahora presidente del Banco Central Europeo había aprobado a su favor nueve años antes.

 

Con Georgieva será distinto

Más allá de las visicitudes del recorrido político e internacional de Lagarde, las fuentes consultadas coincidieron en que su sucesora en el Fondo, Georgieva, ex funcionaria del Banco Mundial, será más exigente y rigurosa, no porque sea una “dura” sino porque tiene formación burocrática más que política y porque ya no hay tanto margen para darle crédito (en sentido amplio) a la Argentina.

Ninguna de las fuentes dijo conocer cuál fue el tono de la conversación telefónica que mantuvieron, el 19 de noviembre pasado, traductor de por medio, la búlgara Georgieva con Alberto Fernández. Aquella vez, el presidente electo de la Argentina dijo que había tenido un diálogo “muy productivo” con la entonces flamante directora gerente del Fondo y que su gobierno propondría “un plan económico sostenible y un acuerdo de pago que podamos cumplir, pero sin más ajuste”.

Y el viernes, en el anuncio formal del gabinete de ministro el presidente electo dijo: “estamos trabajando desde hace semanas", y agregó: "estén tranquilos, porque estamos ocupados en el tema”.


Más atenida a las formalidades del FMI, Georgieva se limitó a asegurar, a través de un comunicado que había tenido “una llamada muy constructiva con el presidente electo Alberto Fernández, conversamos sobre la economía argentina y la visión del Sr. Fernández sobre los principales desafíos del país de cara al futuro". A lo que agregó: "He reiterado la disposición del Fondo a colaborar con su gobierno y trabajar para allanar el camino hacia un crecimiento sostenible y reducir la pobreza. Acordamos seguir manteniendo un diálogo abierto para el beneficio de los argentinos”.

De todos modos, al staff del Fondo le quedó un sabor amargo de cuando, tras las PASO, mantuvo una reunión con Fernández, entonces en su reducto de la calle México, y luego se difundió que el FMI había hablado de un “vacío de poder” en la Argentina, lo que fue posteriormente desmentido por el propio Fondo.


Curtido en las críticas y conflictos que suelen suscitar hasta los programas que considera exitosos, el FMI tiende a marcar el efecto de los errores del gobierno argentino que preexistían al acuerdo. Por caso, en 2018 una misión técnica concluyó que el BCRA esterilizaba más dinero de lo necesario, lo que llevaba a un crecimiento muy rápido del stock de Lebacs y empujaba fuertemente las tasas de interés.

Otro error, según el Fondo, fue que la autoridad monetaria permitiera la compra de Lebacs, un instrumento de regulación que debió haberse mantenido exclusivamente para los bancos, a inversores privados, incluso del exterior. La suma de esas dos cuestiones llevó a tasas excesivamente altas, que no sirvieron para estabilizar el dólar ni los precios y mantuvieron a la economía en una larga recesión.

Por cierto, el resultado de las PASO, en agosto, fue el entierro definitivo de cualquier pretensión de programa “exitoso”. Pero todavía entonces, dijo la fuente consultada que más conoce la realidad argentina, un error fue la excesiva laxitud del “cepo” inicial para evitar la caída de reservas. Los USD 10.000 mensuales de compra fueron un exceso, opinó, y la mejor muestra de cuán equivocado fue ese límite fue la decisión de reducirlo abruptamente a USD 200, un 2% del valor previo.


Con todo, el peor momento de la relación del Fondo con el gobierno de Macri fue cuando Luis Caputo habría convencido al presidente de grabar un video anticipando que el organismo ya había aprobado una ampliación crediticia del acuerdo original. Eso no estaba aún aprobado y fue leído como una irritante “argentinada”. Incluso a Lagarde le molestó. Pero se salvó la situación por su disposición de no desairar al Presidente y seguir apoyándolo.


¿Hasta qué punto influyó para que al gobierno de Mauricio Macri, que en septiembre pasado, durante un viaje a Nueva York, para asistir a la apertura de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, llegó a involucrarse personalmente en la cuestión, no le aprobaran el último desembolso (unos USD 5.400 millones), pese a que había cumplido las metas?, preguntó Infobae.

“Pasa que la revisión, además de técnica, es forward looking" (prospectiva), dijo la fuente con acceso al directorio. La evaluación fue que ese dinero sería mejor aprovechado en un contexto político y económico diferente.

Alberto Fernández, sin embargo, dijo que no le interesan esos desembolsos. Habrá que ver si puede prescindir de ellos mientras “reperfila” los vencimientos de los próximos meses.

Fuente: Infobae

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