EL FONDO DE LA CUESTIÓN

EDITORIAL Por Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N
El Fondo Monetario declaró que la deuda externa argentina es impagable, y sugirió a los acreedores privados que acepten quitas y renegociaciones
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

No deja de tener un costado gracioso esto de que la institución esquive el bulto y le pase la pelota a los otros prestamistas. Porque así como los jueces se resguardan en la “intangibilidad de su salario”, que quiere decir “a mi sueldo no lo tocan”, en un lenguaje más disimulado, el FMI hace lo mismo respecto a sus acreencias.  

La deuda externa, que también tiende a ser eterna, es una tragedia, y no da para tomarla a la chacota. Pero uno no puede menos que sonreir escuchando al exSecretario de Comercio, Guillermo Moreno expresándose en términos más o menos como estos: 
“Vos presentás una carpeta en tu banco, y allí, después de estudiarla, te dicen que no podés pagar, que estás en la lona. A vos te parece que tenés que volver a tu casa contento y hacer un asado? ¿De qué nos ponemos contentos con la declaración del Fondo?”

En un artículo de hoy, 24 de febrero, de Página 12, Eduardo Aliverti trata el tema con equilibrio. Vale la pena transcribir un párrafo definitorio:

“El Fondo, al cabo, es una corporación financiera de países centrales destinada a imponer pautas de ajuste sobre los periféricos, con escenarios de endeudamiento, eterno, que sojuzguen probabilidades de emancipación soberana. Quien acuse a esa definición de consignismo izquierdoide debería dedicarse, primero, a refutar los antecedentes que lo sostienen”.

Aparte, aclara, y está bueno que lo haga, que de la Casa Rosada no salió ningúna expresión festiva, sino que Alberto Fernández se limitó a decir que la declaración del Fondo es un paso importante. “Nada menos. Pero nada más”, agrega. 

Del lado positivo, apunta que por primera vez en su historia, el FMI se había expresado en esos términos. Y que reconoce que la sociedad argentina no podría soportar un ajuste de aquellos que la institución está acostumbrada a exigir a los países en problemas. 

Resolver el problema de la deuda tiene a Alberto caminando en un lago helado cubierto por una muy delgada capa de hielo: cualquier paso en falso puede mandarlo hacia aguas en las que es muy difícil sobrevivir. 

Hay que hacer buena letra con la señora Kristalina Georgieva; hay que hacer buena letra con una oposición macrista con poder de tirar abajo cualquier proyecto en la Legislatura; hay que hacer buena letra con las potencias que tienen peso en las decisiones del Fondo.
Podemos comparar con lo que pudo hacer Perón en sus primeros gobiernos. Dijo el General en su discurso ante la Asamblea Legislativa el 26 de octubre de 1946.

"Organizados como un perfecto monopolio, los bancos estaban divididos a través de un pool cerrado, en el cual las entidades particulares podían imponer su criterio en asambleas, sobre los bancos oficiales o mixtos. Así, los bancos privados con solo un aporte inicial de 30,4 por ciento del capital, tenían el extraordinario privilegio de manejar las asambleas, custodiar el oro de la Nación y el ejercicio de todas las facultades de Gobierno, indelegables por razones de soberanía estatal. El Banco Central promovía la inflación, contra la cual aparentaba luchar, violando el artículo 40 de su carta orgánica y emitiendo billetes sin limitación, contra las divisas bloqueadas en el exterior, de cuyo oro no se podía disponer en el momento de su emisión. En otras palabras, se confabulaba contra la Nación y se actuaba visiblemente en favor de intereses foráneos e internacionales. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de los últimos 50 años". 

Alberto amaga tibiamente subir un 3% las retenciones a la soja, y los hombres de la Sociedad Rural muestran los dientes, se pintan la cara y hacen sonar, por ahora despacito, tambores de guerra. 

Perón les dijo a sus abuelos “Señores, a partir de ahora todo el comercio exterior queda en manos del Estado, a través del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI)”. Esto significa que el Estado era el único comprador de los productos exportables, y los pagaba en pesos. 

Si uno se fija en el conflicto con “el campo” en 2008, cuando la Argentina había saldado completamente su deuda con el Fondo, y Néstor Kirchner había desalojado a sus funcionarios de las oficinas que utilizaban en el Banco Central, con palabras que dificilmente se podrían calificar de amistosas, advierte que Alberto no puede ni emular a Perón del '46 ni a Kirchner de comienzos del siglo XXI. 

Alberto debe armar, con extremo cuidado, la plataforma que permita relanzar un proyecto que merezca una epopeya. El que pudo conducir Perón con toda la furia o al menos el que encabezaron Néstor y Cristina en mundo en el que las cosas habían cambiado muy desfavorablemente para los avances en el campo nacional y popular. 

Se trata de un camino lento y pedregoso, pero no queda otra. Es lo que hay.

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