Detalles de los amotinamientos en las cárceles de Coronada y Las Flores

Las negociaciones en Coronda fueron tensas pero concluyeron con la distensión que permitió ir sofocando el fuego en los pabellones. En Las Flores, en cambio, no hubo negociación de ningún tipo
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Las negociaciones a la madrugada en Coronda entre gobierno y delegados de reclusos fueron tensas pero concluyeron con la distensión que permitió ir sofocando el fuego en los pabellones. En Las Flores, en cambio, no hubo negociación de ningún tipo. Ocho grupos de irrupción dominaron con descarga de munición antitumulto a partir de las 1 de la mañana la revuelta interna en los pabellones, incluso con la disposición de francotiradores detrás de los muros perimetrales, que habían recibido la orden de abrir fuego contra los que intentaran evadirse.

El escenario en ambas cárceles fue distinto. A eso de las 3 de la madrugada el precario orden interno empezó a ser recobrado por el personal del Servicio Penitenciario. En Coronda, a partir de las 21, hubo diálogo, y posterior distensión, frente a un único muerto, producto de una reyerta dirimida con un balazo, lo que implica la posesión un arma de fuego dentro del pabellón nueve de esa cárcel.

En Las Flores, la cárcel del norte de la capital provincial, el escenario fue más serio y allí no era tan claro que las demandas pasaran por la emergencia sanitaria producto del Covid-19. Los presos se habían alzado en los pabellones que se despliegan en torno de un pasillo de cien metros. Hubo ensañamiento contra el ámbito de los ofensores sexuales. Los cuatro muertos eran de allí. Dos fueron atacados hasta la muerte con arma blanca y dos terminaron calcinados.

 
La caldeada noche incluyó un fuerte entredicho institucional entre el ministro de Seguridad Marcelo Saín, que reclamaba la presencia de un fiscal en la mayor cárcel provincial, y el fiscal regional I de Santa Fe, Carlos Arietti, quien señalaba que la atribución para ingresar era de índole administrativa, es decir del Poder Ejecutivo.

El panorama interno recordaba a los motines de los años 90. Destrucción de mampostería, paredes tiznadas por las llamas y las instalaciones arrasadas de los talleres en los que los presos realizan labores diariamente en Coronda.

A las 9 de la noche, frente a las dimensiones de una crisis transmitida casi en vivo desde los celulares de los presos, el ministro de Seguridad Marcelo Saín llegó a Coronda a conducir con especialistas del Grupo de Operaciones Especiales (GOEP) del Servicio Penitenciario el diálogo con los delegados de pabellones. En la mesa estuvieron grupos de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) y de Operaciones Tácticas (GOT) de la policía provincial.

 
En Las Flores y en Coronda se vivieron situaciones diferentes.
Fue un diálogo tenaz que al principio no fluyó. Los presos cuestionaban el escaso cuidado sanitario del personal que entraba a la cárcel, el corte del ingreso de paquetes con alimentos con los que sustituyen raciones que cuestionan por su mala calidad y el hecho de que internos enfermos reciban prisión domiciliaria o sustituta por el peligro que corren en un ámbito propicio para el contagio.

Antes de eso la tensión había estado del lado de los mismos negociadores del Estado. Para entrar a un escenario colapsado por la violencia, en donde desde la tarde los penitenciarios habían descargado munición antitumulto frente a los desbordes, Saín reclamaba al fiscal regional de Santa Fe Arietti la autorización de un fiscal para irrumpir a retomar el penal donde hay alojados 1700 presos.

Arietti replicaba que no era necesaria la orden de un fiscal para que las fuerzas de seguridad reganaran las instalaciones tomadas por los reclusos lo que, señalaba, es competencia del Poder Ejecutivo que comanda al personal uniformado, e incluso deslizaba que no avanzar colocaba al propio Saín en una situación de incumplimiento de sus deberes. El ministro de Seguridad sostenía que en la escena debía imperiosamente haber un fiscal para tomar decisiones porque no se estaba frente a un delito espontáneo o flagrante sino ante una crisis que ya iba durando seis horas, y que exigía directivas de un funcionario del ámbito judicial presente en caso de darse un escenario más complejo, como una toma de rehenes, lo que va más allá de una situación puramente administrativa.

 
El intercambio dejó ver una discordancia muy abrupta, de difícil conciliación, entre el Ministerio Público de la Acusación de la ciudad de Santa Fe y el Ministerio de Seguridad, una virulencia significativa en un momento de crisis extrema, donde ya en esa cárcel bajo fuego se había producido una muerte y la conflictividad no cesaba.

Esta marcada discordia institucional seguramente perdurará a la crisis desatada ayer en dos de las mayores cárceles de la provincia. El fiscal de turno era Guillermo Persello, pero el que llevará la investigación es Marcelo Nessier. A este funcionario le concierne avanzar con la acusación en audiencias imputativas derivadas de estos incidentes, en los que hay delitos diversos como daños, lesiones y homicidio.

Tras este desacople en Coronda los cabildeos con los delegados internos siguieron en un comité de crisis donde Saín dejó a especialistas en negociación para marchar a Las Flores, a donde llegó a las 11. Poco después los internos de Coronda aceptaron cesar la revuelta cuando había, según indicaron desde el gobierno, decisiones ya adoptadas desde un día antes que estaban entre las reivindicaciones de los presos. Por ejemplo el cronograma de ingreso de paquetes con provisiones entre mañana y el viernes, que no pudieron entrar como ocurre normalmente los fines de semana, al estar interrumpidas las visitas. Las situaciones puntuales de salud, para medidas sustitutivas de prisión, deben tratarse a nivel individual, con el conocimiento de un juez. Y se aseguró un mejoramiento de las raciones alimentarias a cargo del personal de prisiones.

 
En Las Flores el escenario era muy distinto. Varios pabellones se habían alzado con tanta virulencia que Saín propuso que la única opción era la de la irrupción con dominio legítimo de fuerza. Frente al dato de inteligencia de que había también un arma de fuego en la cárcel santafesina los oficiales del Goep y de la TOE ingresaron por un corredor central, tras la primera línea de personal dotado de armamento antitumulto, con armas de fuego. Afuera Saín, con los planos de la cárcel en mano, era el que había recibido la instrucción del gobernador Omar Perotti de comandar las acciones para recuperar la cárcel.

Cuando llegó la orden de Perotti hubo una embestida enérgica que empezó con disparos de munición de goma que rápidamente hizo desistir la resistencia y retroceder a los internos en los pasillos hacia sus celdas. La luz de la cárcel estaba cortada, las fuerzas de seguridad avanzaban con uniformes especiales, armas largas y reflectores, lo que generó en combinación, frente a la diferencia de recursos, una disuasión veloz. Las fuerzas ingresaron a los pabellones rompiendo las rejas dobles con amoladora.

El panorama más serio es el propio del día después. Las instalaciones de la cárcel de Las Flores exhiben destrozos muy importantes al igual que Coronda, no solo en los pabellones sino en las áreas del Instituto Autárquico de Industrias Penitenciarias (Iapip), donde hay talleres de carpintería, hojalatería y de cartón, a los que acuden diariamente los internos.

 
El gobierno señaló que las cinco muertes resultaron de disputas internas entre los reclusos y no de la represión oficial. Los cuatro que perecieron calcinados en Las Flores eran del pabellón tres en el que recluidos los ofensores sexuales, principal foco de la arremetida de los presos, donde estaba el ex campeón mundial de boxeo Julio “Tata” Baldomir. El que murió en el pabellón 9 del ala norte de Coronda, Alen Matías Miguel Montenegro, de 23 años, miembro de la barra brava de Colón, quien cumplía condena por homicidio calificado. Lo mataron con un arma de fuego.

¿Cuál es el verdadero origen de los reclamos? ¿Pudo haber más de una motivación? ¿Existió un aprovechamiento con diversos propósitos frente a un reclamo que según el Servicio Público de Defensa Penal tiene lógica? Fuentes del Servicio Penitenciarios señalaron a este diario que todo parece estar combinado. La urgencia del coronavirus fue el motivo aludido que resulta comprensible. Pero también hubo reclamos en la crisis de la Gripe A en 2009 o alzamientos por falta de barbijos con huelgas de talleres. “En la dinámica de la cárcel no es nada insólito que los presos prendan fuego, se suban al techo o hagan disturbios. Lo que hay de diferente es la magnitud que tomó lo de ayer”. ¿Y por qué adoptó esta dimensión? Algunos sugieren que porque no se tomó una decisión de intervención temprana para frenar los disturbios cuando estos estaban empezando. Una conjetura incomprobable frente a las dinámicas violentas de los motines carcelarios.

Fuente: Uno Santa Fe

Daniel MAKENA

Daniel MAKENA. Jefe de Redacción

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