Estados Unidos acusa a Rusia e Irán de intentar interferir en las elecciones presidenciales

INTERNACIONALES Por Amanda MARS
La República Islámica es responsable del envío masivo de correos amenazantes a votantes demócratas pidiendo el voto para Trump, según el FBI
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Otro déjà-vu en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Otra vez, la sombra de la injerencia extranjera planea sobre las urnas estadounidenses. El FBI anunció este miércoles por la noche en rueda de prensa que Irán es responsable del envío masivo de correos electrónicos amenazantes a votantes demócratas durante esta semana. El remitente de muchos de dichos correos era, aparentemente, la organización de extrema derecha Proud Boys, que respalda al presidente y ha negado su implicación. Según el Gobierno de Estados Unidos, tanto Rusia como la República Islámica han obtenido datos de electores estadounidenses con los que poder interferir en los comicios.

El director Nacional de Inteligencia, John Ratcliffe, que coordina los distintos servicios de espionaje estadounidenses, y el director del FBI, Christopher Wray, convocaron una rueda de prensa de urgencia, pasadas las siete y media de la tarde (hora local), avanzando que se trataba de un grave suceso relacionado con las elecciones. “Hemos confirmado que alguna información sobre el registro de votantes ha sido obtenida por Irán y, por separado, por Rusia", dijo Racliffe desde la sede del FBI, en Washington. Acto seguido, informó de que Teherán estaba detrás del envío de "correos falsos con el objetivo de intimidar a los votantes, incitar al malestar y perjudicar al presidente Trump”.

Según Ratcliffe, no hay indicios de que la operación haya supuesto ataque alguno a los registros en sí, lo que supondría un grave riesgo para la elección. Mucha de la información obtenida, o bien es pública en algunos Estados, o bien se puede conseguir en otras bases de datos. Sin embargo, la acción sí va destinada a influir en la votación, al menos, a agitar las aguas durante estas dos últimas semanas escasas antes del 3 de noviembre.

Los correos enviados a los demócratas decían: “Votarás a Trump el día de las elecciones o iremos a por ti. Cambia tu afiliación al Partido Republicano de forma que sepamos que has recibido nuestro mensaje y que vas a cumplir”. Ratcliffe pidió a los ciudadanos que “pongan de su parte” para defender a Estados Unidos de quienes quieren perjudicar al país. El modo de ayudar, añadió, es “sencillo”. “No dejen que estos intentos surtan efecto, si reciben esos correos amenazantes, no se alarmen ni los difundan”.

La acción perjudica a ambos candidatos. Crea mala imagen para el presidente republicano, pero si la amenaza surte efecto, también puede costar algunos votos al candidato demócrata, Joe Biden, en unos comicios en los que cada papeleta es crucial, sobre todo en Estados como Florida, donde se han recibido muchos de esos correos.

El director de Inteligencia también advirtió contra un vídeo, que también atribuyó a Irán, en el que supuestamente se muestra un caso de fraude en el que se demostraba que era posible enviar un voto fraudulento. “El vídeo, y cualquier acusación de votos fraudulentos, no son verdad”, recalcó, lo que choca con la actitud del propio presidente de Estados Unidos, quien ha sido el primero en sembrar la duda sobre el rigor del sistema electoral.

El episodio enciende las alarmas en un país que aún carga con la campaña de ciberataques y desinformación llevada a cabo por Rusia en 2016. Tanto los servicios de inteligencia como el Departamento de Justicia, el Congreso de Estados Unidos y la investigación a cargo del fiscal especial Robert S. Mueller concluyeron que el Kremlin orquestó toda una estratagema para denigrar la imagen de Hillary Clinton y favorecer la victoria de Trump. El plan, además de una tonelada de noticias falsas, incluyó el robo y difusión de correos electrónicos del Partido Demócrata. La llamada trama rusa derivó también en una investigación sobre la posible conchabanza con el círculo del hoy presidente, de la que no se hallaron pruebas. Trump siempre concedió el beneficio de la duda a Vladímir Putin, quien rechazó la acusación, y aceptó a regañadientes la conclusión de su propio Gobierno.

Fuente: El País

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