Cuando se actúa con honestidad, son solo diferencias

OPINIÓN Por Carlos ZIMERMAN
El repudio que causó las manifestaciones de Ricardo Alfonsín, cuestionando el banderazo del último domingo, son una muestra más de la intolerancia que reina en la República
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El repudio que causó las manifestaciones de Ricardo Alfonsín, cuestionando el banderazo del último domingo, son una muestra más de la intolerancia que reina en la República.

Me pregunto quién puede cuestionar a un hombre honesto y de una indiscutible ética a lo largo de muchos años por expresarse fiel a sus pensamientos.

Esta maldita grieta que divide a los Argentinos desde tiempos inmemoriales, pero que en los últimos 10 años los diferentes gobiernos se encargaron de acrecentar para obtener solamente beneficios electorales y políticos, ya no se aguanta más y es imprescindible, para la salud de la Nación misma, que todos pongamos nuestro pequeño granito de arena para terminar con ella de una vez y para siempre.

No comparto la actitud de Ricardo Alfonsín de acompañar a este gobierno por un sinnúmero de razones que son motivo de futuros análisis, pero no por ello me da derecho a menospreciar e injuriar a una persona que a lo largo de su carrera política demostró por sobre todas las cosas HONESTIDAD.

Muchos cuestionan el modo que Ricardo Alfonsín eligió para formar parte de este gobierno y el no haber consultado al partido, en este punto quiero hacer un paréntesis y preguntarme: ¿a qué autoridades se refieren?, ¿a los que firmaron en Gualeguaychú la partida de defunción de la UCR y fueron detrás de un cargo, ¿a los que durante cuatro años acompañaron a Mauricio Macri en una aventura de gobierno absolutamente perimida y que no repara en los que menos tienen y más necesitan?, ¿o le tendrían que haber pedido permiso a los que por un cargo dejaron sus ideales de lado y llevaron al viejo partido de Alem, Yrigoyen y Raúl Alfonsín casi al límite de la genuflexión ante la derecha del macrismo?.

Hoy hay muy pocos en la Unión Cívica Radical que pueden hablar y manifestarse con la libertad que da haber sido fiel a sus ideales y coherente con la conducta histórica del radicalismo, por lo que los que critican descarnadamente a Alfonsín hijo, no tienen la autoridad moral para hacerlo. Bien podrían guardar silencio.

Hay que aprender a aceptar las diferencias, respetar los diferentes puntos de opinión. Hay que aprender y aceptar a los que no piensan como uno.

La única condición es la honestidad, y estoy absolutamente convencido de la de Ricardo Alfonsín.

No comparto su decisión, pero no por ello vale demonizarlo, injuriarlo y faltarle el respeto.

El apellido Alfonsín siempre va a estar ligado a la Unión Cívica Radical, a la Democracia, a la República y Ricardo Alfonsín dio acabadas muestras de su lealtad a esos valores. Lo demás son solo diferencias de opinión y nadie al respecto puede creerse dueño de la verdad.

Hay que terminar con la grieta de una vez y para siempre, y manifestarse con respecto es seguramente el comienzo de un camino que los argentinos debemos comenzar a transitar.

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