Se entregó Papadopulos y quedó preso

POLICIALES Por Agencia de Noticias del Interior
La entrega se pactó en la madrugada de Navidad y fue clave una comunicación telefónica que realizó el padre del acusado dándole el “visto bueno” para dejar de evadir a la justicia
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No estaba en un país del exterior ni en una provincia del interior. Ricardo Papadopulos, el joven de 21 años que manejaba el Golf GTI blanco que atropelló y asesinó a Isaac Sus, de 5 años, se entregó esta mañana luego de haber permanecido 7 días prófugo de la Justicia escondido en un domicilio del conurbano bonaerense. La entrega se pactó en la madrugada de Navidad y fue clave una comunicación telefónica que realizó el padre del acusado dándole el “visto bueno” para dejar de evadir a la justicia. El fiscal Augusto Troncoso aun no definió si la indagatoria será mañana o el domingo.

“Todos estos días estuvo escondido cerca de su casa en Ramos Mejía. Muy angustiado y sólo. Evidentemente en algún domicilio que no alcanzaron a allanar los efectivos. También te puedo confirmar que estuvo en contacto con gente de su familia más cercana. Incluso la comunicación que mantiene el padre para decirle que se entregue es a través de un tercero”, cuenta a Infobae alguien del entorno más cercano a los Papadopulos.

El proceso para que Ricardo Emanuel Papadopulos se entregara comenzó algunas horas antes de la Noche Buena cuando la justicia decidió liberar a su padre Rubén, que estaba detenido porque el auto estaba a su nombre. Al salir de la comisaría el hombre realizó una comunicación telefónica con un integrante de la familia que estaba en contacto con el prófugo con el objetivo de darle su consentimiento para que se entregue.

 
En la comunidad gitana la palabra de las personas mayores es sumamente determinante a la hora de que los jóvenes tomen cualquier tipo de decisión: “El chico no se iba a entregar hasta que su padre no se lo diga. Si eso no pasaba iba a quedarse escondido hasta que la policía lo encuentre. Esa comunicación fue fundamental para el desenlace”, explica una fuente que conoce a la familia peros sobre todo las costumbres gitanas.

 
En paralelo a esto, cerca la medianoche, comenzaron las comunicaciones entre los abogados de los Papadopulos, Osvaldo Pisano y Roberto Herrera, con el secretario de la fiscalía de Augusto Troncoso, que es quien lleva adelante la causa. También estaba al tanto el personal del juzgado 62 de Patricia Guichandut. Casi sobre el brindis de Navidad pactaron que la entrega del prófugo se realizaría a media mañana del día siguiente en la Alcaidía 14 de la Ciudad, en la calle Scalabrini Ortiz, donde funciona la división homicidios.

Todo sucedió tal cual lo pautado y la entrega se realizó algunos minutos antes del mediodía. Ricardo Emanuel Papadopulos se bajó del auto de su abogado vestido de negro, con barbijo y con una gorra que apenas permitía verle la cara. “Yo manejaba, pido disculpas”, fue lo único que atinó a decir ante los medios que esperaban en la puerta. Una de las exigencias para la entrega era que no haya medios pero alguien filtró el dato y las cámaras y los micrófonos aparecieron.

 
Antes de la entrega, los abogados habían pedido una eximición de prisión, con el objetivo de que el acusado declare y luego sea liberado. Este tipo de pedidos se realizan y se resuelven antes de que el prófugo se entregue por lo que ahora ya la solicitud no tiene sentido y fue desistida por la defensa.

La estrategia defensiva del acusado apuntará, entre otros aspectos, al camión que se ve cruzar en la cámara de seguridad donde quedó registrado el hecho. Se insistirá con que cruzó en rojo y que eso le impidió la visión a Papadopulos y por eso no pudo ver a Isaac y su madre. Pedirán que se cite a declarar al chofer y plantearán que las víctimas cruzaron con el semáforo en verde.

 
Papadopulos hijo está imputado por homicidio culposo agravado y todavía no está claro si declarará en indagatoria mañana o el domingo. Si bien puede negarse a hacerlo, uno de su abogado adelantó que el detenido hablará y “contará como fueron las cosas”.

Fuente: Infobae, por Martín Candalaft

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