Rodrigo Álvarez: "El ajuste preventivo siempre es mejor que el correctivo"

ECONOMÍA Por Santiago Reina*
el director de la consultora Analytica remarcó errores no forzados del Gobierno durante 2020, fundamentalmente a la salida del canje de deuda, y enfatizó sobre la necesidad de prevenir un salto brusco en el tipo de cambio en 2021.
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Se acaba de ir un año negativo en materia económica, atravesado por una pandemia que provocó un deterioro en casi todas las variables macroeconómicas y que impactó con mayor fuerza en la Argentina, que atravesaba ya una recesión de casi dos años y no contaba ni con ahorro propio ni con acceso al financiamiento externo. Con una caída del PBI cercana al 12%, una brecha cambiaria de hasta 97%, elevada pobreza y desempleo, y presiones inflacionarias, los desafíos en materia económica para 2021 son muchos.

En ese marco, Ámbito dialogó con Rodrigo Álvarez, director de la consultora Analytica, quien remarcó errores no forzados del Gobierno, fundamentalmente a la salida de la exitosa reestructuración de la deuda, y enfatizó sobre la necesidad de prevenir un salto brusco en el tipo de cambio con señales y medidas que tiendan hacia una política fiscal y monetaria responsable, y que busquen reducir la brecha.

Periodista: ¿Rescatás algo positivo de este año tan particular?

Rodrigo Álvarez: Como elemento individual se puede rescatar el acuerdo con los acreedores por la deuda, pero el conjunto de la política económica arroja un balance deficitario y a mi juicio se perdió una oportunidad allá por septiembre para encaminar la economía a un umbral de inflación más bajo. En ese momento se tomaron decisiones equivocadas que el propio Gobierno luego reconoció y que generaron un salto en el tipo de cambio (paralelo), una escalada en las expectativas de inflación y sin duda abrieron un frente social mucho más complejo para gestionar hacia adelante. Los errores van a tener un costo para la economía y para la sociedad argentina, difícil de corregir en el corto plazo; la aceleración inflacionaria ya es un hecho concreto y que el dólar blue se haya acercado a los $200 (a fines de octubre) generó la expectativa de que el tipo de cambio oficial en estos niveles es insostenible cuando desde el punto de vista de la competitividad todos los economistas coincidimos en que es un tipo de cambio alto.

P.: ¿Considerás que la “pax cambiaria” que está atravesando el Gobierno responde a una mayor centralidad de la figura de Guzmán a la hora de diagramar una política económica integral?

R.A.: La centralidad de Guzmán ayudó pero después de haber perdido tiempo. Devaluar la palabra de un ministro, devaluar el equipo económico, generar incertidumbre, en la peor crisis económica global, tuvo costos que todavía no han sido salvados.

P.: Hace poco dijiste que el Gobierno necesita reducir la brecha por debajo del 40% en el marco de un plan de estabilización que calme las expectativas, ¿ves factible acercarse a ese objetivo en los primeros meses de 2021 teniendo en cuenta, por ejemplo, las presiones inflacionarias?

R.A.: Eso va a depender en buena parte del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al respecto, hay dudas estructurales que, en la medida que tengan una respuesta lógica, pueden generar un marco para que la brecha baje. Argentina tiene que grabarse a fuego que hay que hacer todo lo que sea necesario para evitar un salto en el tipo de cambio, que sería inmanejable tanto desde un punto de vista económico como social. Creo que el equipo económico entiende eso. En ese sentido, los ajustes que haya que hacer para evitar la devaluación siempre van a ser menores a los que habría que hacer en caso de que se produzca el salto en el tipo de cambio. El ajuste preventivo es siempre mejor que el ajuste correctivo. Para eso, Argentina tiene que ir hacia una política fiscal y monetaria madura.

P.: ¿Tiene margen el Gobierno para reducir el déficit fiscal de 2021, teniendo en cuenta el escenario recesivo, el 40% de pobreza y que el 60% del gasto se destina a prestaciones sociales?

R.A.: Si este año el déficit termina en torno al 7% sobre el PBI, el año que viene se puede apuntar a un “rojo” del 3%. En un año de campaña, Guzmán va a tener que elegir quién va a pagar los costos del ajuste. Una parte importante se logró con el cambio en la fórmula de movilidad jubilatoria, seguramente otra parte va a llegar a través de la quita de los gastos Covid. Además, creo que las tarifas y la obra pública también van a ser variables de ajuste; ahí hay dos puntos de gasto que le otorgan al Gobierno cierto margen de maniobra. Por otra parte, no solo es importante el nivel de déficit sino también cómo se financia: si puede ser financiado por mercado, la necesidad de emisión va a ser menor y, en consecuencia, se pueden lograr mejores equilibrios e incluso un déficit algo mayor. Pero para que esto suceda tiene que haber una señal de ajuste.

P.: ¿Cómo evaluás las licitaciones de deuda en pesos que viene llevando a cabo el Ministerio de Economía todos los meses?

R.A.: Va mejorando, pero no estamos en un momento para testear la confianza que hay en el Gabinete económico. En fin de año siempre aumenta la demanda de pesos y hay más espacio para la colocación de deuda en moneda local. Hay que ver qué pasa en los primeros meses de 2021, cuando sabemos que a partir de febrero ese exceso de demanda de pesos empieza a desaparecer. El Gobierno no manejó bien el exceso de liquidez que hubo en 2020 cuando la economía se empezó a recuperar de los meses más críticos de la pandemia. Debe capitalizar el aprendizaje de ese error para ir hacia licitaciones más saludables, de activos a tasa fija o ajustados por CER (inflación), en detrimento de los bonos “dólar linked”.

P.: Antes mencionaste al cambio en la fórmula de movilidad jubilatoria como parte del ajuste, ¿esto es porque ves a una inflación yendo por encima de los salarios en 2021?

R.A.: En la medida en que Argentina haya cuatro millones de desocupados, es difícil pensar en un mercado laboral donde los salarios le ganen a la inflación. Todo lo contrario; vamos a un escenario en el cual, por muchos años, la inflación le va a ganar al salario y va a ser parte del ajuste que van a tener que hacer en este caso los jubilados. Es la fórmula que encontró el Gobierno para licuar el componente social de gasto.

P.: En ese escenario que proyectás con nuevo retroceso en los salarios reales, ¿creés que en un año electoral el Gobierno va a tratar de cuidar al salario con atraso cambiario y tarifario?

R.A.: El atraso tarifario puede ser una de las herramientas para darle algo a la clase media, que este año estuvo muy golpeada y fue el epicentro del ajuste. Pero, como mencionaba anteriormente, las tarifas y la obra pública son las variables con las que el Gobierno cuenta para acercarse al objetivo de déficit.

Por otra parte, la voluntad de atrasar el tipo de cambio siempre está, pero el principal objetivo hoy es reducir la brecha y para eso el tipo de cambio oficial no debe correr detrás de la inflación. Uno podría pensar que, a partir de la liquidación de la cosecha gruesa de soja, en abril/mayo, el Gobierno podría retrasarlo, pero no veo demasiado espacio para que esto ocurra.

P.: ¿Qué debe ocurrir para que en Argentina ingresen dólares que permitan aliviar las presiones en el mercado cambiario?

R.A.: Va a depender de la cosecha, de los precios internacionales, de cuánto traccione Brasil, entre otras cosas. Pero mientras tanto, el Gobierno va a tener que pensar medidas concretas para sectores específicos como el agro o la industria petrolera, para incentivar las exportaciones. Hoy estamos con un esquema que no permite acumular demasiadas reservas ni generar un superávit sostenido ya que, con una brecha tan alta, premia al importador y castiga al exportador. Además, Argentina tiene que mostrar que puede generar recursos para pagarle tanto al FMI como a los acreedores privados. Y eso requiere un aumento de las exportaciones.

 

 

* Para www.ambito.com

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