Voluntario y sin firmas: cómo será pacto de precios y salarios que presentará el Gobierno

POLÍTICA Por Mariano Martín*
El fin de semana hubo contactos entre gremialistas y empresarios, y cundió el escepticismo. Lupa sobre Guzmán por el control de la macro.
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El acuerdo de precios y salarios que alienta el Gobierno comenzará a transitar esta semana un camino de definiciones por parte de sus actores: el oficialismo expondrá los alcances de un pacto que tendrá carácter voluntario y que no exigirá un compromiso por escrito de parte de empresarios y gremialistas; en tanto que la CGT se reunirá hoy a la tarde para dar una primera respuesta a la iniciativa. Los dirigentes harán saber formalmente que no aceptarán techos en las paritarias. Según el diseño del Ejecutivo, el plan prevé la armonización de ambas variables en torno del 29% de inflación plasmado en el Presupuesto 2021.

La semana pasada el Gabinete económico blanqueó la intención de la administración de Alberto Fernández por establecer una pauta salarial alineada con la suba prevista del costo de vida y a partir de entendimientos con el sector privado para evitar desbordes. Sobre todo de los alimentos y con la mira puesta en las cadenas de valor y los formadores de precios. El compromiso que expondrá el oficialismo es que los salarios y las jubilaciones deberán ganarle en al menos un par de puntos a ese 29 por ciento aunque la duda de sindicalistas y empresarios pasa por la efectiva chance del Gobierno de cumplir esa pauta.

En el propio elenco de ministros advirtieron durante el fin de semana que será responsabilidad primaria del jefe de Economía, Martín Guzmán, convencer a ejecutivos y gremialistas de que podrá domar el triunvirato de variables: la inflación, el tipo de cambio y la tasa de interés, de modo tal de ofrecerle al pacto un escenario de estabilidad relativa para permitir consensos en precios y salarios. Un ministro con protagonismo central en el acuerdo le confirmó ayer a este diario que de parte del Gobierno no habrá muchas más herramientas por ofrecer que esos compromisos.

Por lo pronto, el entendimiento será de carácter voluntario. Similar a los que planteó durante su mandato Mauricio Macri tanto para sostener los precios como para evitar los despidos (“acuerdos de caballeros”, los mentaban en esas oportunidades) con nulo resultado al poco de andar. Alberto Fernández confía en tener mejor suerte a partir de su vínculo estrecho con la CGT y por la gimnasia peronista de darles seguimiento a los pactos con el sector privado, algo que Cambiemos omitía deliberadamente.

Uno de los funcionarios consultados dio incluso más precisiones: no se prevé la firma de un acuerdo por escrito (sigue en pie la chance de una foto del Presidente con los actores sociales involucrados) y en cambio se piensa más en una metodología de trabajo de largo plazo para la armonización de las variables. Es decir, la exposición de parte del Ejecutivo de sus perspectivas macroeconómicas para este año y de cómo pretende cumplirlas y el seguimiento de las negociaciones paritarias y de la evolución de los precios en mesas de negociación abiertas durante todo el año con ese fin.

Del plan formarán parte, además de Guzmán como principal referente, los ministros de Trabajo, Claudio Moroni, y de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; los titulares de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, y del Banco Central, Miguel Pesce, y la secretaria de Comercio Interior, Paula Español. El monitoreo estará a cargo del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y de la vice, Cecilia Todesca, la funcionaria con más anclaje en el rubro económico por encima de los ministros de esas carteras.

En la CGT, en tanto, se dividen entre entusiastas y escépticos. En el primer segmento se encuentra Héctor Daer, cotitular de la central y quizás el dirigente sindical más cercano a Alberto Fernández. En rigor el gremialista de Sanidad siente casi como una obligación abrazarse a la iniciativa por tratarse de quien declaró a la organización obrera una parte integrante del Frente de Todos y no un mero espacio de lobby. En el resto de la “mesa chica” de conducción, que se reunirá mañana a partir de las 15 en la sede de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra) visualizan el pacto como de difícil implementación sino imposible, a partir de las experiencias en el pasado reciente.

Durante el fin de semana se multiplicaron los contactos entre gremialistas y empresarios para sondearse mutuamente. Uno de los más consultados fue Daniel Funes de Rioja, vice de la Unión Industrial (UIA) y, sobre todo, presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal). Se trata del ejecutivo con mayor vínculo con la CGT y, de paso, el referente de las empresas que vuelcan al mercado los productos más sensibles para la canasta básica. Quienes lo escucharon comentar en privado sobre el acuerdo dijeron que se manifestó incluso más incrédulo y pesimista que en las entrevistas que dio en los últimos días.

Otro ítem sensible en la charla sindical de hoy será el impacto del acuerdo sobre las paritarias de sectores que quedaron más atrasados en salarios producto de la pandemia. En gremios como Comercio o la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) los aumentos del año pasado no llegaron a empatarle a la inflación del 36,1% pero más grave fue que se pactaron varios meses después de vencida la paritaria precedente, producto de la crisis económica en esos rubros. En el Ministerio de Trabajo dan una respuesta nominal: el promedio de subas salariales de diciembre de 2020 contra el mismo mes del año anterior fue de 37 por ciento, casi un punto por encima de la inflación acumulada el año pasado.

 

 

* Para www.ambito.com

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