Precios y votos: golpear para negociar es la táctica oficial

POLÍTICA Por Claudio Jacquelin
Para todo gobierno argentino, el binomio precios y votos constituye una unidad inescindible. Encierra una correlación que fluye de forma inversamente proporcional: a la suba de los primeros casi siempre le sucede la baja de los segundos
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Por eso, el Gobierno resolvió adoptar una táctica uniforme para los desafíos que se le presentan en ambos planos: golpear para negociar, como enseñó el líder metalúrgico Augusto Timoteo Vandor en los 60. Aquella premisa vuelve remixada, pero sin originalidad, en un combo de retenciones a la exportación de productos agropecuarios, otro intento de acuerdo de precios y salarios y manipulación del calendario electoral. 

Así se explican los dos temas que el oficialismo instaló con premeditación (y alevosía) la semana pasada para marcar agenda y correr el punto de partida de las discusiones. En la misma dimensión se inscriben la posible suspensión o postergación de las elecciones primarias (PASO) y el anticipo de la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco, refrendado por el Presidente, de un posible aumento de las retenciones.

El ejercicio de fuerza no nace, sin embargo, de la robustez, sino de las debilidades que aquejan al gobierno de Alberto Fernández y que abren interrogantes sobre sus probabilidades de construir un futuro político-electoral sustentable más allá de los comicios de 2021. Se trata de potenciar sus pocas fortalezas para revertir muchas debilidades, apalancándose en el poder que el Estado otorga, sobre todo en tiempos de emergencia. Antes de que sea tarde y se sequen los timbres.

En la Casa Rosada admiten que en las próximas elecciones legislativas "el candidato es Alberto Fernández", otra forma (más precisa) de frasear la teoría de que los comicios de medio término son un plebiscito sobre la gestión del gobierno. El matiz realza la diferencia decisiva para el Presidente que existe entre uno y otro enunciado.

En el entorno presidencial asumen (o se resignan a) que lo que se pondrá en juego es el liderazgo y la potencialidad de Fernández, antes que el futuro del Frente de Todos. Ni hablar del cristicamporismo, que goza del privilegio de reinar y de no firmar decretos, aunque los inspire. "Los aciertos son de todos, los errores son de Alberto", dice la versión K de "El arriero".

Ante ese horizonte, el aumento de precios (especialmente los de los alimentos) activó todas las alarmas. La inflación estimada por Martín Guzmán del 29% para 2021 es desafiada por la empinada evolución de los precios en los últimos dos meses y puesta en duda hasta por aliados de Fernández. El elogiado dirigente bancario Sergio Palazzo firmó un aumento por ese porcentaje, pero para un año de diez meses, no de doce. Calendario sindical y paritarias preventivas. La confianza en "el presupuesto más preciso de los últimos 20 años", como lo califican en Economía, parece asemejarse a la que despertaba "el mejor gabinete de los último 50 años" en el mundo del trabajo y la producción.

La tarea de la mesa para conciliar precios y salarios, que comandará Gustavo Beliz desde esta semana, será tan ardua como la del equipo que comandó el estratégico secretario para abordar la reforma judicial. Es de desear que resulte un poco más exitosa. Los antecedentes no ayudan, pero es gente de fe.

Por lo pronto, se admite en la Casa Rosada que la primera reunión será para marcar la cancha, acorde con la táctica de golpear para negociar.

Lo de las retenciones puede considerarse una preparación del terreno. Y es de doble propósito: intentar enfriar el precio de los alimentos y aumentar la recaudación. Dos objetivos impostergables para el oficialismo. El gasto público (como la inflación) puede ser bastante mayor de lo previsto, a pesar de todo. Licencias de los años electorales.

El rechazo de las entidades del campo se daba por descontado. La lectura de algunos dirigentes de que se trata de una provocación no está muy alejada de la realidad. Los funcionarios más cercanos a Fernández argumentan que a fin de año tuvieron una prueba de eficacia de su táctica. Dicen que el anuncio del cierre de la exportación de maíz les permitió entonces asegurar la provisión del grano para la producción cárnica y avanzar en otros dos acuerdos con el sector que venían demorados. Dirigentes y productores retrucan con la marcha atrás que tuvo ese cierre, adjudicada al minilevantamiento del sector. 

Elecciones en duda

La dinámica económica se entrelaza con la cuestión sanitaria para volver a alterar a la política. O para manipular el calendario electoral. La instalación de una posible suspensión o postergación de las PASO y hasta un diferimiento de las elecciones legislativas generales encuentra sustento en ambos planos. "Nadie sabe cómo estaremos en agosto (fecha prevista para las primarias)", esgrimen en el oficialismo. Hablan de lo sanitario, pero incluyen, aunque callan, lo económico. No solo se trata de precios, sino también de nivel de actividad. Dos variables revestidas de muchas expresiones de deseos y compuestas de pocas certezas como para apresurarse a definir fechas.

Los optimistas, sin embargo, siempre encuentran algún motivo para ilusionarse. Las recientes lluvias y el sostenido aumento internacional de los precios de los granos sirven para recrear la atávica (o maldita) esperanza argentina en una buena cosecha y el mito de que los gobiernos peronistas tienen suerte. Así han empezado a creerlo en el entorno de Fernández, a pesar de la pandemia sin precedente. Tal vez no la incluyan entre las manifestaciones de la mala fortuna. Son legión los que consideran que el Covid-19 sirvió para disimular muchas cosas. Como desaciertos y abusos.

Las golpizas para negociar buscan consolidar, además, la trilogía de la UVE, compuesta por los tres vectores que marcan el curso de acción de Fernández y su equipo: Unidad, Vacunación y Economía. En ese trípode se asientan las esperanzas del equipo presidencial. A eso dedican todas sus energías.

El propósito de mantener unida la coalición gobernante (disimulando concesiones a la accionista principal) es un ejercicio cotidiano resaltado con eventos publicitarios. Como los almuerzos entre los principales referentes del FdT, que acaban de retomarse y de donde salió la fumata para avanzar en el cambio del cronograma de elecciones, que hasta hace nada resistían Máximo Kirchner y sus acólitos.

La búsqueda de consenso con la oposición para modificar el proceso electoral con la que se rodeó el anuncio puede inducir al error. También es parte de la instalación temática y de la creación de condiciones para poder llevarla a cabo.         

Los antecedentes indican que en el Congreso al peronismo no le faltarían los votos para una reforma en el nivel nacional. Tampoco el oficialismo ha mostrado pruritos para sacar una ley a empujones. El problema es que en los dos principales distritos electorales (la ciudad y la provincia de Buenos Aires) no cuentan con posibilidades de hacerlo para los cargos distritales sin el voto de legisladores de Juntos por el Cambio. Si hubiera elecciones allí, no solo se relativizaría el argumento sanitario, sino que se pondría en valor el poder de la oposición.

Los principales dirigentes opositores ya manifestaron su rechazo a una modificación de las reglas de juego, pero en el Gobierno confían en que la pandemia vuelva a ofrecerles una oportunidad. "Quiero ver a Horacio [Rodríguez Larreta] animándose a poner en riesgo la salud de los votantes si en agosto volvemos a otro pico de contagios", dicen en la Rosada. Por la razón o por la fuerza (de los hechos). Ya lo anticipó ayer Fernández en Página 12, en su absolución a Gildo Insfrán: todo es por "cuidar a la gente". Tampoco importa que esto pueda reponer la vacuidad de las promesas sobre la vacunación. En la cultura Instagram, manda la última historia. Habrá que ver cuál será entonces la imagen más fresca. La estrategia o la tendencia natural a la procrastinación tendrá otros capítulos. La deuda con el Club de París, una de cuyas cuotas vence en abril (prorrogable a mayo), tiene altas chances de entrar en default técnico. En el Gobierno admiten que no se resolverá mientras no se llegue a un acuerdo con el FMI, que esperan cerrar en mayo. Las características de ese acuerdo permitirían diferir pagos (lo que no es poco, dada la escasez de reservas), pero no se espera que mejoren la condición de la Argentina, ya que no implicaría cambios de fondo. El que quiera dólares que los saque del colchón.

Los desequilibrios y los problemas estructurales nacionales son asuntos para el futuro. Que siempre puede esperar. O no. Pero este es un año electoral.

Claudio Jacquelin para LaNación
Ilustración: Alfredo Sabat

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