La rebelión de los pandemials, una generación atravesada por la crisis que busca cambiar al mundo

CIUDADANOS 08 de mayo de 2021 Por Martina PUTRUELE
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Hoy muchos jóvenes se sienten perdidos. Algunos tienen la suerte y las oportunidades que les permiten acceder a la universidad. Se inscriben en carreras luego de escuchar con atención a sus mayores cada vez que les dicen: “Si estudian tendrán el futuro asegurado”. Pero al llegar a la edad adulta e intentar ingresar al mundo laboral, se dan cuenta de que todo es mucho más complicado. Se sienten frustrados y desalentados. A veces, sienten que no encuentran escapatoria. Y a este panorama se les suma hacer esta transición en medio de una pandemia.

El economista Federico Domínguez es emprendedor y asesor financiero. Es también el autor de La rebelión de los pandemials. Los ciclos humanos y la década de las turbulencias (Editores argentinos). ¿Quiénes son los pandemials? Son aquellos jóvenes que nacieron en los años posteriores a la caída del Muro de Berlín y que están entrando al mundo laboral junto con la crisis del COVID-19. Son una generación con fuertes valores éticos y conciencia ecológica que viven en sociedades marcadas por la inequidad, el fin de la meritocracia, la soledad, el automatismo digital y el agotamiento de recursos naturales. Son la herencia de un mundo en llamas.
-¿Cómo se gestó el espíritu de esta generación?

-Los pandemials son los que nacieron después de los millennials, entre 1996 y 2012. Antes de la pandemia no tenían un nombre definido, pero esta crisis llegó para marcar sus vidas. Justamente están saliendo a la vida adulta con este fenómeno. También se usa esta palabra en referencia a los bebés que nacen en la pandemia, pero justamente a ellos no les va a marcar la vida. Ellos van a salir a la vida adulta en el 2040, en un mundo que seguramente va a ser mucho mejor que el actual.

Lo que hace la pandemia con el mundo no es transformarlo, sino hiperacelerarlo. Si antes de la pandemia teníamos altos niveles de inequidad, vamos a tener más inequidad. Lo que esperábamos en 8 ó 10 años en materia tecnológica va a suceder en 2 ó 3. Si antes teníamos una crisis como la epidemia de la soledad o la depresión, se va a profundizar.

Y, por último, estamos en la última década para frenar el cambio climático si queremos que sus consecuencias que van a ser irreversibles sean por lo menos manejables. Todo en una misma década, y justo cuando estos jóvenes salen a escena.
-¿Contra qué se rebelan?

-Estos jóvenes se rebelan contra lo que consideran injusto en términos económicos, sociales y ambientales. Esta rebelión tiene su cara visible, como por ejemplo las manifestaciones globales contra el cambio climático encabezadas por Greta Thunber; el movimiento Me Too y Ni una menos; marchas como fueron las de Estados Unidos por el asesinato de George Floyd donde los jóvenes salieron a protestar no solamente por el maltrato policial hacia los afroamericanos que viene sucediendo hace décadas, sino también contra sus condiciones económicas, con no poder comprar una propiedad, con tener que endeudarse para ir a la universidad. Esto también lo vimos en Chile con “Chile despertó”; en Francia con los chalecos amarillos; en Hong Kong con las grandes revueltas que hubo por una mayor democracia; o en Holanda con jóvenes que se rebelaron contra el encierro de la cuarentana.

Es una generación mucho más revoltosa, demanda mucho más. ¿Por qué? Nuestra generación, los millennials, somos hijos de los baby boomers, que, en términos generales, es la generación más rica de la historia de la humanidad. En los países desarrollados, el 90% es dueño de sus viviendas. En Argentina, un porcentaje muy alto. Entonces, cuando un millennial tiene un problema, puede ir a la casa de mamá y papá, puede conseguir un cuarto ahí, puede recibir algún tipo de ayuda. Con los pandemials esto no pasa. Mamá y papá viven en un monoambiente o un 2 ambientes alquilado y ya no los pueden ayudar. Eso los hace ser mucho más responsables y los hace demandar mucho más del estado.

-¿Y son menos tradicionales también? ¿Abandonan el camino universitario por el emprendedurismo, por ejemplo?

-Sí, 100%. En muchas cuestiones es una generación que marca una nueva era. Los millennials fueron una generación de transición entre el viejo y el nuevo mundo. Pero en esta generación hay ciertos valores que ya nacen incorporados. Por ejemplo, la aceptación de las diferencias sexuales. Ven al amor como algo que trasciende al sexo. No aceptan bajo ningún punto de vista el maltrato, la violencia. Es una generación que está decidida a acabar con el cambio climático. Y en cuanto a lo económico, sí, es una generación emprendedora. Ya nacen en un mundo en el que lo freelance o la economía geek es mucho más importante. No están dispuestos a hacer el gran sacrificio de la vida corporativa, pero, sin embargo, son mucho más responsables financieramente que los millennials. Empiezan a revalorizar muy fuertemente los núcleos humanos, a pesar de que tienen el mismo problema que los millennials de altos niveles de ansiedad y depresión, además de un excesivo uso de redes sociales.

-Volviendo al tema de la soledad. ¿De qué manera el confinamiento exacerbó esta problemática en los jóvenes?

-La soledad es un problema global muy fuerte y, contrario a lo que se piensa, afecta más a los jóvenes. Lo que pasa es que uno tiene la imagen de la persona adulta mucho más protegida y conmueve mucho más, pero afecta más a los jóvenes y tiene muchos efectos psicológicos, pero también físicos. Vivir en soledad equivale a fumar 15 cigarrillos por día, y genera altos riesgos de obesidad, por ejemplo. Se probó que la soledad produce estrés, y el estrés produce inflamación, y la inflamación crónica está detrás de muchas enfermedades cardíacas o cáncer, por ejemplo.

Nosotros en Argentina vivimos una de las cuarentenas más largas del mundo, y eso tiene efectos muy graves, sobre todo en chicos que se vieron más de un año desconectados de la vida escolar, chicos que vuelven a orinar en la cama, que tienen miedo por lo que escuchan. Y tiene un impacto importante.
-¿Cómo se diferencian los pandemials argentinos de los jóvenes de su propia generación en otras partes del mundo?

-La generación de los pandemials está muy tomada por los extremos en la Argentina. Si vemos este grupo etario, son los que tienen tendencia a votar al kirchnerismo o a los libertarios. Esta es una generación que por sus problemas económicos se aleja del centro. En Argentina lo que es muy complejo es el panorama futuro, a no ser que comencemos a tener políticas de largo plazo y cambios profundos. El gran desafío de los gobiernos es volver a encauzar a esta generación al centro de la escena.

Es muy interesante lo que está ocurriendo en Estados Unidos con la llegada de Joe Biden a la presidencia. Él es un representante de la tecnocracia, la clase social que tomó las riendas del mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Es un grupo de personas que por lo general está formado en las mismas universidades, comparte soluciones similares a los problemas. son bastante uniformes. Este grupo social en la Guerra Fría funcionó muy bien cuando tenía un enemigo común. Ahora bien, tras la caída del Muro de Berlín se dio cuenta de que no tenía un enemigo contra el que luchar y eso provocó que las elites liberales y los tecnócratas comenzaran a focalizarse en ellos mismos. Ahora lo que estamos viendo con Biden es un tipo que dice que estamos enfrentándonos a un panorama muy complicado, con China, con una crisis climática, la peor crisis desde la Depresión, la peor pandemia en 100 años y entre todo eso un ataque contra la democracia con la toma del Congreso. Se juntan esas cuestiones de contexto con los reclamos de los jóvenes. Y cuando vemos la agenda de Biden, que es mucho más de izquierda, vemos que está tomando una acción en línea con los reclamos de estos jóvenes y de las clases medias. Los paquetes de gasto de infraestructura para luchar contra el cambio climático y decir que Estados Unidos va a reducir sus emisiones en un 50% para el 2030, va directamente a la agenda política de estos jóvenes.

-En su libro escribe que la inequidad, la naturaleza, la tecnología y el espíritu humano son las diferentes fuerzas con las que convive la humanidad. ¿Cómo se interconectan?

-Están completamente interconectados. Por ejemplo, si nosotros vamos hacia el colapso ambiental, eso va a tener terribles consecuencias económicas y sobre la inequidad. África, que es uno de los continentes que generó menos del 1% de las emisiones de CO2 está soportando las peores consecuencias del cambio climático que ellos no provocaron. El 1% más rico de la humanidad produce más del doble de emisiones que el 50% más pobre. El ciclo del espíritu humano también está conectado con la inequidad, porque si las personas dejan de poder acceder a la meritocracia, para progresar socialmente, eso también les provoca depresión y ansiedad. No es posible tener un crecimiento económico sostenido sin cuidar lo ambiental.

Y el ciclo tecnológico está en el centro. Yo creo que la tecnología es lo que más me permite ser optimista respecto al futuro. Hay avances como la de fusión nuclear, que es una energía limpia, prácticamente ilimitada que permitiría con un par de reactores abastecer de energía limpia y barata a casi toda la humanidad. Entonces, ese tipo de desarrollos podrían ser la base para terminar con el cambio climático. Energía gratuita permitirá construir granjas verticales en las que podamos producir alimentos en edificios de muchísimos pisos pudiendo liberar espacios que se utilizan para la agricultura. Las computadoras cuánticas, otra gran innovación, son un millón de veces más poderosas que las actuales y en conjunto con la IA van a poder resolver grandes misterios de la física y de la química. Los autos autónomos… Se viene toda una revolución tecnológica que impulsa el mundo hacia adelante.
-¿Cree que son alcanzables los reclamos de la generación pandemial en un futuro relativamente cercano?

-Yo creo que sí pero va a depender de cómo enfoquen las soluciones los gobiernos. Lo que estamos viendo con Biden es que está buscando soluciones que requieran mucho estatismo. No buscar un alto grado de estatismo no requiere que no haya un alto gasto público. Son dos cosas diferentes. Uno puede tener un gasto público del 40% del PBI pero que no haya estatismo, sino que haya transferencia a los privados y a los individuos para solucionar los problemas.

Otro de los grandes problemas es el de las viviendas, que hoy en términos reales son cinco veces más caras que en la década del 70. Hoy para un joven es prácticamente imposible acceder a una propiedad. Y eso es un gran problema. El mercado de la vivienda es como cualquier otro mercado: si se restringe la oferta, los precios suben. Los programas de los gobiernos se focalizan en subsidiar la demanda. Entonces si yo te doy plata para comprar una vivienda pero no promuevo que construyan más, los precios van a subir y esa plata no va a rendir. Lo que se debe hacer es promover desregulaciones para que se pueda construir en el centro de la sociedad y que los jóvenes puedan vivir ahí, y para que haya infraestructura que permita que uno pueda vivir lejos pero con un tren pueda llegar rápido al centro de la ciudad.

-¿Cree que una sociedad ideal en el futuro cercano sea una mezcla entre meritocracia y programas sociales que se encarguen de ayudar a los que suelen quedar fuera del sistema?

-Sí, totalmente. Por otro lado el cambio tecnológico va a ser un gran desafío porque va a seguir generando inequidad, por ejemplo entre trabajadores beneficiados y el resto. Van a ser necesarios diferentes sistemas de transferencia de ingresos. El tema es que no sea un programa del burócrata para controlar a la población, tiene que ser automático.

Y con respecto a la meritocracia, es parte de la esencia nacional de muchos países, de orgullo nacional. En Argentina, en la década del 60, la gente decía: “Yo voy a la universidad y voy a poder progresar en la vida y poder comprarme una casa y estoy orgulloso de cómo avancé, no importa cuál fue mi origen”. Y cuando esto se empieza a resquebrajar en los países es muy complejo. Es desestabilizante, triste, produce infelicidad. Poder reconstruir eso es el gran desafío de los gobiernos liberales en la próxima década, para atraer a los jóvenes que se están yendo hacia los extremos.

Fuente: Infobae

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