En un nuevo aniversario de su fundación, la violencia terrorista no opaca la vocación de paz y progreso de Israel

OPINIÓN 14 de mayo de 2021 Por Mario MONTOTO
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Este año, la conmemoración por el 73º aniversario de la creación del Estado de Israel se da en un contexto de alta tensión y en pleno ataque perpetrado por la organización terrorista Hamas. En los últimos días hemos visto el cielo de numerosas ciudades israelíes iluminado por cohetes y misiles lanzados desde la Franja de Gaza, lo que constituye un indiscriminado y artero ataque contra la población civil, causando muerte y destrucción.

A pesar del acuciante presente, en estas líneas me hago eco de la forma en que el pueblo de Israel se planta ante la realidad, un pueblo que, aun en sus peores tragedias, no ha dejado de aferrarse a la vida y ha dado, a lo largo de su historia, muestras de su espíritu alegre, su celebración de la vida y su solidaridad con el prójimo. Por ello, este nuevo aniversario es una buena ocasión para reflexionar sobre las enseñanzas que nos deja el proceso histórico que convirtió a este pequeño país, de apenas 22.145 km2 y de poco más de nueve millones de habitantes, en un faro de desarrollo y bienestar. El sueño de crear “un hogar nacional para el pueblo judío”, que se hizo realidad aquel 14 de mayo de 1948, dio paso a una verdadera epopeya. La amalgama de distintas experiencias históricas, tradiciones culturales y costumbres sociales permitió la conformación de un país plural, un verdadero mosaico de identidades, a cuyos habitantes los une el anhelo común de paz y progreso. No se trata solo de un progreso individual, sino de la exitosa construcción de un proyecto colectivo.

Esa común aspiración explica la decidida apuesta del Estado de Israel por la educación, la cultura, la ciencia y la investigación, que se tradujo en su liderazgo mundial en términos de innovación y desarrollo, particularmente en el campo de la biotecnología, la agrotecnología y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). ¿Cómo se llegó hasta este presente? La respuesta está en una política sostenida en el tiempo, más allá del signo ideológico de los gobiernos, que ubica al país en el primer lugar en gasto de inversión y desarrollo (I+D) del planeta por destinar a ese sector el 4,95% de su PBI. De acuerdo con la Unesco, se trata, además, del país con mayor número de investigadores (8,2) por cada 1000 habitantes, superando a Dinamarca (7,9), Suecia (7,6) y Corea del Sur (7,5). Por este impulso a la innovación tecnológica, Israel se ha convertido en una verdadera Startup Nation: Tel Aviv y Jerusalén ocupan el sexto puesto en el Global Startup Ecosystem Ranking, elaborado por la consultora Startup Genome, en el mismo escalón de la ciudad de Los Ángeles y solo superadas por el Sillicon Valley, Nueva York, Londres, Pekín y Boston.

Como decía el recordado ex presidente del Estado de Israel y premio Nobel de la Paz, Shimon Peres, en su discurso ante la Knesset del 22 de febrero de 2011: “Israel es un país democrático. La ciencia y la tecnología abren camino a la democracia”. En ese sentido, subrayaba: “El secreto israelí radica en la innovación y el desarrollo tecnológico avanzado”.

En los tiempos de angustia y abatimiento que vive el planeta, la estrategia adoptada por Israel para hacer frente al COVID-19 es una muestra palpable de que hay una luz al final del túnel. Los resultados conseguidos por ese país reflejan el éxito de una política sanitaria caracterizada por una mirada científica, el liderazgo decisivo del gobierno y el acompañamiento de la población. Tal como expresó el primer ministro Benjamín Netanyahu en su reciente mensaje por el 73º aniversario de la fundación del Estado de Israel, “nuestro éxito es el éxito de todo el planeta, porque nuestro país se ha convertido en un ejemplo al demostrar que, a través de una campaña de vacunación masiva, existe una salida a esta terrible pandemia”.

La vacunación en tiempo récord de más del 90% de la población condujo a que el pasado 23 de abril, por primera vez en diez meses, no se registrara ningún fallecimiento por COVID-19 y que en las siguientes semanas la curva de contagios y fallecidos no haya parado de caer. Este cambio en las condiciones epidemiológicas ha permitido que el uso del tapabocas ya no sea obligatorio en lugares abiertos, un escenario al que muy pocos países del mundo podrían imaginar en el corto plazo. Por otra parte, la combinación de ciencia, salud y tecnología permitió el desarrollo de una aplicación para telefonía móvil, que permite “leer” la piel humana y detectar signos compatibles con una posible infección. ¿A qué nos referimos? A la app Binah.ai, que trabaja con inteligencia artificial para monitorear cambios corporales asociados a un posible contagio, entre ellos la frecuencia cardíaca, la saturación de oxígeno, la frecuencia respiratoria y la presión arterial. Lo más importante, estuvo lista en marzo de 2020, a pocos días de que la Organización Mundial de la Salud definiera al brote de COVID-19 como una “pandemia”.


El foco en la lucha contra este enemigo invisible y el rápido avance de la campaña de vacunación no implicaron, en ningún momento, un menosprecio a la resistencia y capacidad de mutación que ha venido exhibiendo el virus. Por el contrario, el permanente monitoreo de la situación interna y las restricciones al ingreso de extranjeros no vacunados muestran que el Estado de Israel no ha bajado la guardia. Recién a partir del próximo 23 mayo, se levantarán las restricciones al turismo grupal bajo estrictas medidas sanitarias, instrumentándose a tal efecto “burbujas turísticas” para contingentes reducidos de visitantes. “Es hora de que Israel disfrute la ventaja de ser un país seguro y sano”, aseguró su ministro de Turismo, Orit Farkash HaCohen, al lanzar en Tel Aviv la original campaña publicitaria bajo el eslogan “Nos hemos mantenido en forma”.

El foco del último año en la lucha contra la pandemia no opacó otro aspecto característico de la diplomacia israelí: la histórica vocación de paz, aun en el contexto de un Medio Oriente muy convulsionado y en el que hasta hace no muchas décadas la propia existencia del Estado de Israel era puesta en duda por sus vecinos (actitud que hoy persiste, lamentablemente, en regímenes autoritarios y criminales como el iraní, quienes también violaron nuestra soberanía nacional a través de los brutales atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA).

Superados los tiempos de las incomprensiones y los enfrentamientos, Israel ha tendido puentes con los Estados árabes de su entorno geográfico. Podemos señalar, como momento crucial, los Acuerdos de Camp David con Egipto, en 1979, y, posteriormente, el Tratado de Paz con la vecina Jordania en 1994. En la última década, con una presencia cada vez más amenazante del régimen iraní en todo el Medio Oriente, en pleno conflicto interno en Siria y frente a la preocupante inestabilidad del Líbano, la decisión ha sido elaborar una estrategia común con las monarquías árabes del Golfo. El resultado más palpable han sido los denominados “Acuerdos de Abraham”, firmados el 15 de septiembre de 2020 y que permitieron la normalización de los vínculos diplomáticos con los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. A ellos se sumó, un mes después, un acuerdo del mismo tipo con Sudán, país que supo albergar en el pasado a grupos yihadistas –entre ellos, al mismísimo Osama Bin Laden– y supo ser un instrumento de desestabilización de sus vecinos. Y, en diciembre, fue la ocasión de la firma del acuerdo de normalización de los vínculos diplomáticos entre Israel y Marruecos, al que siguió otro en materia de inversiones y finanzas.

Los acuerdos alcanzados demuestran que un Medio Oriente pacífico y estable no es un simple anhelo, sino que se ha traducido en iniciativas concretas. Israel y su diplomacia están demostrando que la convivencia entre estos pueblos ha dejado de ser una quimera. La cooperación y la solidaridad entre países con diferentes historias y tradiciones, pero con una mirada común del entorno y del mundo en el que vivimos, son claves para permitir que todos los pueblos de la región se desarrollen y puedan integrarse a un mundo cada vez más exigente y complejo. Además del importantísimo impacto diplomático de todos estos acuerdos, se abren oportunidades de negocios e inversiones para Israel y sus nuevos socios en el mundo árabe, lejos de los prejuicios y las divisiones del pasado.

Los lazos entre Argentina e Israel son de larguísima data. De hecho, nuestro país fue uno de los primeros en reconocer el naciente Estado de Medio Oriente: las relaciones diplomáticas y consulares entre ambos países se iniciaron oficialmente el 31 de mayo de 1949, durante el gobierno del presidente Juan Domingo Perón. Desde la Cámara de Comercio Argentino Israelí, entidad que tengo el altísimo honor de presidir, promovemos los intercambios entre ambas naciones con la certeza de que los ámbitos de complementación son múltiples, más aún en tiempos de pandemia.

No quiero concluir estas líneas sin dejar de destacar la visita al país de una delegación del Centro Médico Hadassah, encabezada por el director ejecutivo de Hadassah Internacional, Jorge Diener, y por el director del hospital Hadassah de Ein Kerem, Yoram Weiss. También formaron parte de la comitiva Yoseph Caraco, director de Investigación Clínica que está en pleno desarrollo de la vacuna israelí BriLife, y el coordinador de Innovación del Instituto de Investigación Biológica (IIBR), Eran Zahavy. Gracias al apoyo institucional y al impulso del embajador de Argentina en Israel, Dr. Sergio Urribarri, y de su colega israelí en Argentina, Lic. Galit Ronen, la vasta experiencia de Hadassah podrá ser volcada al sistema de salud argentino. En el marco de este viaje, también se exploraron las posibilidades de colaboración y la participación de nuestro país en la tercera fase de experimentación de la vacuna BriLife, que está concluyendo la segunda etapa de su testeo. La elección de la Argentina por parte de Hadassah obedece a los altos estándares de sus profesionales médicos y al alto nivel de la biotecnología existente en el país.

Siguiendo el espíritu israelí, y a pesar del difícil momento que está atravesando esta querida nación, no existirá acción terrorista que altere el destino de este hermano pueblo. En este 73º aniversario, más que nunca, nuestros mejores deseos de paz, prosperidad y salud. ¡Lejaim! ¡Shalom, shalom!

Fuente: Infobae

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