José Luis Espert: “Si la Argentina no cambia, en medio siglo será la villa miseria más grande del planeta”

POLÍTICA 15 de mayo de 2021 Por Ricardo Carpena*
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Perdió unos cuantos kilos mientras estuvo con coronavirus, pero lo que la enfermedad le sacó de peso corporal a José Luis Espert parece habérselo sumado a su firme temperamento. No es para menos: la economía -uno de sus puntos fuertes- no arranca, el país parece estancado en la misma discusión de hace décadas, las ideas liberales que lo caracterizan empiezan a subir en las encuestas y se perfilan unas elecciones decisivas en las que propone al resto de la oposición algo distinto, que es ponerse de acuerdo en tres ejes y que la gente decida en las PASO quién encarna mejor esas ideas.

Para este economista, ex candidato presidencial y referente de Avanza Libertad, esos tres ejes que deberían cambiarse rigen “en los países donde la gente prospera” y aquí son los grandes culpables de la decadencia argentina: el proteccionismo industrial, el tamaño elefantiásico del Estado y las leyes laborales. Si no se alcanza un entendimiento político para modificar estas “tres vigas maestras” del atraso, Espert advirtió que, dentro de medio siglo, el país “va a ser la villa miseria más grande del planeta”.

Para evitarlo, como aseguró en la entrevista con Infobae, el dirigente liberal dijo que tomará la iniciativa de llamar a los líderes de Juntos por el Cambio para hacerles su propuesta con el fin de “cambiar el país y que no vuelva más el populismo”.

Espert consideró que habrá una paz financiera que podría favorecer al Gobierno en las elecciones, aunque se mostró convencido de que Alberto Fernández desaprovechará las “dos balas de plata” que tiene a su alcance para recuperar la economía y que podría desencadenar “la séptima gran crisis” argentina de los últimos cincuenta años.

Además, explicó por qué muchos jóvenes se acercan a sus ideas y afirmó que cree en un “liberalismo popular” que defiende la justicia social mejor que el peronismo.

-Desde el punto de vista económico, ¿qué es lo más positivo y lo más peligroso que usted ve en este momento en el país?

-Con el precio de la soja en estos niveles récord históricos, más los 4.000 a 5.000 millones de dólares que la Argentina va a recibir como consecuencia de la emisión de DEG (Derechos Especiales de Giro) que va hacer el Fondo Monetario Internacional para todo el mundo, hay chances de que el país no tenga esos años de grandes convulsiones con el dólar y con el precio de los bonos. Con estas dos balas de plata extraordinarias a favor nuestro, no creo que sea un año con una gran crisis financiera. Será más complicado en la actividad económica, desde lo laboral y lo social, porque va a tener un repunte más que nada estadístico. La actividad económica hoy, punto más, punto menos, es la misma de noviembre pasado. O sea, no ha cambiado. Económicamente no hay una actividad muy pujante, sumado a que la inflación va a ser muy alta: probablemente a mitad de año ya vamos a tener acumulada la inflación de todo el año en el presupuesto 2021.

-¿Eso es lo más preocupante que usted ve?

-Sí, la tasa de inflación. Creo este año va a andar cerca del 50%. Piense que el presupuesto tiene un 29% de proyección inflacionaria y el año pasado fue 36. Veo un escenario socioeconómico complicado, no tanto por el lado financiero, dólar, tasas de interés. Ahora, un año es un pequeño puntito a lo largo de la vida casi infinita que tienen los países. En ese sentido, la Argentina sigue siendo un país con una decadencia que no para desde hace casi un siglo. Y de esa decadencia, los últimos 50 años han sido una pesadilla directamente. Todos los planes económicos desde los 70 hasta hoy, que fueron seis, han terminado en crisis. Terminó en crisis el Plan Inflación 0 de Gelbard, que fue el Rodrigazo. El plan de Martínez de Hoz, que siguió con las devaluaciones salvajes y locas de Lorenzo Sigaut. El Plan Austral que derivó en híperinflación. Lo mismo el Plan de Convertibilidad de Menem, con la crisis 2001/2002. Terminó en crisis el plan de los Kirchner también, motivo por el cual ganó Macri. Sexto fue el plan económico de Macri, que también termina en crisis, motivo por el cual retornó el kirchnerismo. Y la Argentina se encamina de a poco a una nueva crisis que se va amasando, que no sé cuándo ocurrirá, pero vamos a la séptima crisis en algún momento de los próximos años.

-Describe una sucesión de crisis que fueron responsabilidad de militares, peronistas, radicales. ¿Cuál es el eje que define estos fracasos consecutivos?

-Hay un común denominador en todos los planes económicos desde hace un siglo: un sistema que en los últimos 50 años ya entró en algo degenerativo, descontrolado. Diría que hay tres elementos en común en todos los planes económicos del último siglo, tres grandes ejes de este sistema empobrecedor, que genera marginalidad, inseguridad, proliferación de villas, gente fuera del sistema. Uno es la sustitución de importaciones, también llamado proteccionismo industrial. El segundo es un tamaño del Estado elefantiásico impagable que genera déficit fiscal y una presión impositiva que termina demoliendo cualquier proyecto de inversión o de consumo que la gente tenga. En la Argentina, más que ciudadanos hay esclavos impositivos. Y el tercer eje de esta decadencia es el conjunto de leyes laborales que Argentina tiene que han provocado que 6 millones de trabajadores trabajen en negro, totalmente precarizados. Sin vacaciones, sin aguinaldo, sin medicina, sin jubilaciones. Estas tres vigas maestras han cruzado gobiernos civiles, peronistas, radicales, menos peronistas, menos radicales, y a los gobiernos militares también.

-Si se mantienen, ¿es por un diagnóstico erróneo, por mala praxis? ¿A alguien le conviene que este sistema continúe y se mantenga con estos ejes?

-Hay un grupo de ganadores de este sistema que produce miseria, pobreza, marginalidad, inseguridad, y que convive con la complacencia un poco inocente de la sociedad.

-¿A quiénes se refiere?

-Estoy hablando de los grandes ganadores del proteccionismo industrial, los empresarios prebendarios. También, con este tamaño del Estado, es la clase política y el conjunto de punteros y ñoquis, y este sindicalismo que se beneficia de las leyes laborales cavernícolas. Pero estos son los culpables de la decadencia argentina por acción. No quiero ser complaciente ni demagógico: el grueso de los argentinos, gente de bien seguramente, también es responsable de la decadencia por omisión. Por comprarles el discurso, los buzones que los tres ganadores les venden. ¿Qué buzón le venden los empresarios prebendarios? El buzón de que sin protección industrial no hay manera de generar empleo. No hay manera de generar valor agregado. No hay manera de generar salarios reales dignos. Todo mentira. El buzón que le vende la política a la sociedad es el buzón de que sin el Estado presente no hay derechos. Y el buzón que le vende el sindicalismo es el de la justicia social.

La conclusión es que por culpa del primer buzón, el de los empresarios prebendarios, todo es caro en la Argentina. Todo sale más caro que afuera. Y somos lo suficientemente hipócritas como para que apenas podemos vamos a comprar todo más barato cruzando la Cordillera o el charco a Uruguay o a Miami. También las cosas son carísimas como consecuencia de la tonelada de impuestos que todos los bienes tienen. El buzón de la justicia social nos ha transformado en el país con los mayores costos laborales del mundo. Costos que los termina pagando la gente con menos salario de bolsillo. Entonces ahí están los grandes ganadores por acción y los grandes perdedores en parte por omisión.

-Todavía no mencionó los niveles lacerantes de pobreza que tenemos.

-Exactamente. Los ganadores del sistema, los empresarios prebendarios, la impresentable clase política que tenemos y los “sindigarcas” necesitan en algún lugar de la pobreza, de la miseria y de la marginalidad. Las necesitan. Porque son la consecuencia con la cual ellos por lo menos son complacientes. Yo creo que las necesitan y saben que las necesitan.

-¿No es un juego peligroso el que menciona? Cuando usted habla se me aparece la postal de la crisis de 2001. ¿Imagina que puede haber algún estallido social?

-Sí. la Argentina va a ir a una crisis en algún momento de los próximos años, tendrá su séptima crisis. Lo terrible de esto es que hasta ahora, y eso me vincula mucho con mi aparición en la política a los 57 años, para lo único que han servido todas esas crisis es para una suerte de reseteo del sistema, pero el sistema vuelve. ¿Vio cuando la computadora se le cuelga y usted la resetea? Bueno, esto es lo mismo. Las crisis son para que el sistema vuelva a recuperarse y a tener fuerza. Parece ser que se debilita, que cambia, pero en realidad cambia la cara nada más, el fondo sigue siendo el mismo.

-¿Cree que la mayoría de la sociedad es consciente de este diagnóstico? ¿Cómo se hace política y se predican estas ideas cuando la gente parece en otra sintonía?

-Es imposible que esto cambie sin que el grueso de la población argentina entienda que hay que hacer una cosa completamente diferente a la que estamos haciendo. La gente tiene que votar otra cosa. Tiene que dar mandato para hacer algo diferente. Por eso, dado que viene una elección legislativa, interpelo a la gente: sin que dejen de votar al mal menor, sin que voten una luz de esperanza, algo diferente, la Argentina no va a cambiar. Pero si no cambia no se va a quedar así: va a ser la villa miseria más grande del planeta en medio siglo más. Pensemos que hace medio siglo la Argentina no tenía pobres y hoy la mitad de la población es pobre. Hace medio siglo no tenía villas miseria y hoy hay 4 millones de personas viviendo en villas miseria. Hace medio siglo no tenía inseguridad y hoy salimos de nuestra casa a la mañana a trabajar y no sabemos si volvemos. Hace medio siglo no tenía ni producción ni distribución ni consumo de drogas duras y hoy eso es lamentablemente una cuestión de todos los días.

-¿Existen antecedentes en el mundo de un país que haya tenido semejantes niveles de retroceso a lo largo de tanto años?

-No los hay. A fines del siglo XIX, la Argentina fue el país más rico del mundo, un par de años nada más. Durante toda la primera mitad del siglo XX, la Argentina estuvo entre los países más ricos del mundo. No hay ningún país que haya terminado con un retroceso semejante. Por eso somos caso de estudio en las principales universidades del mundo.

-¿Le atribuye la responsabilidad al peronismo?

-No, no le echo la culpa a ningún partido en particular ni tampoco a los militares porque se plantaron como algo aparentemente diferente y terminaron siendo tan populistas y demagógicos como cualquiera de los que han gobernado. Es un tema de sistema y por eso es tan complicado de cambiar. Un sistema que funciona como un mecanismo de relojería perfecto para el mal. Funciona así la economía, la política, lo laboral, lo electoral, la Justicia. Todo funciona mal. Por eso hay que cambiar casi todo.

-Suena demasiado utópico.

-La buena noticia es que lo normal es que los países hagan las cosas para que la gente viva bien. La Argentina es una excepción a la regla. En el mundo no se discute que los empresarios tengan que competir con el mundo. ¿Qué es este invento argentino de que los empresarios no compiten con el mundo, la sustitución de importaciones? En el mundo que prospera, donde la gente vive bien, los empresarios compiten con todos. En el mundo que prospera, la gente destina el grueso de su salario para consumir lo que quiera, para invertir en lo que quiera, no utilizado como acá como un esclavo impositivo. En el mundo, los sindicalistas son gente normal como nosotros que defiende los derechos del trabajador, no son estos grandes señores feudales que hace medio siglo que están atornillados en sus sillas de secretario general y ya piensan en tener multimedios, ser presidentes de clubes.

-Me quedé pensando en esas dos balas de plata que describió. ¿Cree que el Gobierno la puede aprovechar o dejará pasar esa oportunidad?

-No tengo dudas de que lo va a desaprovechar porque ya van cuatro meses y medio largos de este 2020, más todo el 2019, y el Gobierno hace casi todo mal.

-¿Qué es hacer todo mal?

-Desde lo económico, desde lo social, pero en la lucha contra la pandemia también ha estado todo mal. Tuvimos la cuarentena más larga del mundo y el año pasado fuimos el cuarto país con más muertes en el mundo. Ahora no consiguen vacunas, no testean a nadie. El gobernador de la provincia de Buenos Aires ha cometido la locura de prohibir la venta libre de estos tests rápidos cuando en el mundo no se discute la importancia de usarlos para aislar a los contagiados. Y también está el avance sobre la Justicia. El gran poder que han recuperado los sindicatos que le hacen mal a la clase trabajadora. Los malos ejemplos en materia política. En fin, el kirchnerismo sigue demostrando una vez más que es lo peor que le pasó a la democracia en la Argentina.

-¿Le sorprendió este esquema de poder en el cual la vicepresidenta tiene más poder que el presidente de la Nación?

-No, para nada. Nunca me imaginé que Cristina se iba a subordinar a quien cuando trabajó con ella fue su colaborador. Alberto Fernández, como mucho, fue jefe de Gabinete de Cristina presidenta.

-¿No pensó que el Presidente podía armar un polo de poder propio?

-No, nunca me lo imaginé. No me sorprende para nada.

-¿Por falta de personalidad? ¿Por falta de voluntad?

-Exacto. Y, además, por la personalidad de Cristina. Dicen que ella no permitía a sus colaboradores ni siquiera mirarla a los ojos cuando fue presidenta. Una faraona, como ella dijo. No me parecía que un simple secretario pudiera ser el que la manejara políticamente a Cristina por más presidente que fuera.

-¿Cómo cree que puede evolucionar, o involucionar, este esquema ante unas elecciones decisivas también para ver qué pasa con el poder, con la gobernabilidad?

-La gran preocupación de Cristina son sus causas judiciales. Eso es lo que dirige su avance sobre la Justicia. Tenemos elecciones legislativas y espero que la gente se despierte y empiece a mirar otra cosa que no sea solamente la grieta, hablo del kirchnerismo más Cambiemos, y que empiece a mirar una tercera opción que somos nosotros, Avanza Libertad, que lo único novedoso que plantea es que hagamos lo que hacen los países en los cuales la gente vive bien.

-Todavía no hablamos del FMI. ¿Cree que puede haber acuerdo?

-Lo que me impresiona de la Argentina es que vive de espaldas al mundo. El Fondo Monetario no existe como una entidad propia, es una cooperativa de países con 193 accionistas. O sea que el Fondo Monetario no va a hacer algo que no quieran los 193 países, que ya han establecido de qué manera se prestan entre sí. Hay préstamos de corto plazo llamados stand-by, que tienen ciertas condiciones, y préstamos de más de más largo plazo, como un acuerdo de facilidades extendidas, que tienen sus condiciones también. Y los acuerdos de facilidades extendidas, al que aspira la Argentina, requieren de ciertas reformas pro-mercado que este país gobernado por un kirchnerismo más cerca de Venezuela que del liberalismo o del sentido común no va a querer llevar adelante.

-¿No cree que el Presidente pueda flexibilizar las condiciones que exige el FMI?

-Por más reuniones que tenga con Macron, con el Papa o con el primer ministro de España, Alberto Fernández no va cambiar algo que está en el estatuto decidido por 193 países. El Fondo Monetario es una maquinaria muy pesada para cambiar por el capricho de un país que vive endeudándose. La Argentina tiene que pagarle al Fondo este año 5.000 millones de dólares, más los 2.400 del Club de París. Puede ser que el grueso de eso lo logre pagar con los DEG, pero el año que viene le tiene que pagar al Fondo Monetario 20.000 millones de dólares. Y en el 2023 otros 20.000 millones, que son los vencimientos de los préstamos que Macri logró entre 2018 y 2019. El único producto crediticio que te permite patear esos 40.000 millones de dólares requiere de un ajuste estructural muy importante. No lo veo fácil. Y creo que tanto 2022 como 2023 van a ser años muy complicados.

-En medio de este contexto, habrá elecciones legislativas y la oposición que quiere ganarle al kirchnerismo no da señales de unirse. Ustedes, los liberales, están creciendo en las encuestas. ¿Hay voluntad de acordar con Juntos por el Cambio?

-Quisiera que el kirchnerismo no vuelva más después de 2023. Eso nos diferencia de Cambiemos, que tal cual está conformado hoy se plantea derrotar una sola vez al kirchnerismo porque con las ideas que tiene el kirchnerismo vuelve al período siguiente. Por eso, ¿por qué todos los que realmente no queremos que vuelva más el kirchnerismo no hacemos una gran interna antikirchnerista, pero teniendo muy en claro que para que no vuelva hay ciertas reformas que la Argentina tiene que hacer?

-¿Un acuerdo sobre un conjunto de ideas antes que de nombres?

-Sí. Tres, como mínimo.

-¿Y someterlas a las PASO para que la gente decida?

-Exactamente. Que decida la gente quién es el mejor representante de esas tres ideas mínimas que la Argentina tiene que llevar adelante.

-Pueden pasarse décadas definiendo esos tres temas...

-Pero si la Argentina no va a una apertura irrestricta del comercio, tirando a la basura el proteccionismo industrial; si la Argentina no reformula el tamaño del Estado para bajar el déficit, dejar de endeudarse y cobrar menos impuestos, y si no tiene un sindicalismo que realmente defienda a la gente de trabajo, el país va a repetirse o van a alternarse Cambiemos y kirchnerismo en el poder para encaminarnos a un rumbo parecido al de Somalia. Por eso propongo cada vez que puedo: hagamos una interna. Firmemos estas tres ideas y que la gente decida quién las aplica para cambiar el país y que no vuelva más el populismo. No es una interna dentro de Cambiemos. Es para aquellos que queremos cambiar el país y para el bien de la gente. Hasta ahora no tuve respuesta, pero quiero terminar para siempre con el populismo porque está destruyendo a la Argentina.

-De todas formas, es difícil llegar a un acuerdo si usted piensa que Juntos por el Cambio es una variante del populismo.

-Sí, es la cara buena. Para que demuestren que son otra cosa, tienen que estar de acuerdo con estos tres ejes que en los países donde la gente prospera ni se discuten. Sometamos a consideración estas grandes reformas y veamos quién es para la gente el mejor representante de esos cambios.

¿Si pierde las PASO está dispuesto a acompañar igual al espacio?

-Por supuesto que sí, pero quiero que se firmen estas tres condiciones para ir a una PASO. Porque es esencial que la Argentina haga algo diferente para no terminar siendo una gigantesca villa miseria.

-Usted habla de un panorama económico más estable y quizá el Gobierno aprovecha las dos balas de plata y gana las elecciones. ¿No cree que tanto condicionamiento puede dificultar las posibilidades de un acuerdo de la oposición?

-Dado que con estas dos balas de plata hay chances de que no haya una crisis financiera y le ayude mucho al Gobierno, es más urgente todavía que la oposición no kirchnerista en serio se junte, pero alrededor de ideas que cambien al país para evitar que el kirchnerismo gane en 2023. Hasta ahora Cambiemos como oposición ha sido un fracaso y le ha votado la mayoría de las leyes al oficialismo.

-¿A quiénes siente más sintonizados con sus ideas en Juntos por el Cambio?

-El grueso de los dirigentes del PRO están alineados en esto. Patricia Bullrich, Larreta, Macri, por lo que escucho de ellos alrededor de estas ideas.

-Pero, aun así, usted desconfía de ellos.

-Sí, pero con esto demuestro la falsedad de que yo soy funcional al kirchnerismo. Ha sido muy hábil el macrismo no sólo para vestirse de una pátina de moralidad incorporándola a Lilita Carrió sino que ha sido muy hábil, desde el punto de vista del marketing político, para instalar la idea de que el que no está dentro de Cambiemos es kirchnerista o funcional al kirchnerismo. Soy tan poco funcional al kirchnerismo que propongo derrotarlo, pero sobre bases sólidas y no una sola vez. Derrotémoslo para siempre y propongámosle estas reformas a la gente que son para su bien.

-¿Está dispuesta a tomar la iniciativa y llamar a los líderes de Juntos por el Cambio?

-Sí, voy a ser activo en esto. Voy a ser la punta de lanza de esta propuesta para hablar con todos, no sólo con Cambiemos sino con el lavagnismo, con el peronismo no kirchnerista.

-Hay encuestas que registran un crecimiento del liberalismo en la Argentina. ¿Es un fenómeno pasajero o hay más gente con menos anteojeras ideológicas?

-Hay una encuesta nos da en tercer lugar, con casi 10 puntos, y somos los más votados entre los jóvenes menores a 25 años. En ese sector ganamos porque hoy el joven es alguien refractario a la verdad instalada. Y los liberales nos plantamos como los opositores a la verdad existente porque, en realidad, somos gente que defendemos el sentido común. Por eso nos ven como una esperanza.

-¿Cree que aún existe una imagen del liberalismo equiparada con el capitalismo salvaje, la desprotección de los derechos laborales, el sálvese quien pueda?

-No, todo lo contrario. Porque lo nuestro es un liberalismo popular, en todo caso. Popular porque estamos en defensa de la gente indefensa. Queremos un país más justo donde el chanta, el chorro, el delincuente, el transa, esté tras las rejas en lugar de como ocurre hoy, las puertas giratorias para los delincuentes y la gente normal, la de laburo, el emprendedor, el creativo, el estudiante, está tras las rejas porque tiene miedo de que lo maten. Creemos en un capitalismo al servicio de la gente y por eso no queremos empresarios prebendarios sino los que compitan con otras empresas del mundo para que le vendan a la gente las cosas a precios razonables. Somos gente que quiere un Estado que recaude una cantidad de impuestos razonable para que la gente disfrute del fruto de su esfuerzo, no un capitalismo que busca que la gente esté demolida. Queremos un sindicalismo que defienda los derechos del trabajador, no estos “sindigarcas” que están en contra de los trabajadores.

-¿Podría decirse que recogen la bandera de la justicia social del peronismo?

-Sí, claramente. De tanta decadencia, fruto de crisis y crisis y crisis, este país se ha transformado en uno completamente injusto. Queremos una sociedad más justa donde incluso el “planero” sienta que tiene un futuro más allá de depender del Estado durante un tiempo. Acá estamos cometiendo la locura, por ejemplo, de sindicalizar a las personas que están afuera del sistema, como los piqueteros. El piqueterismo defiende los derechos de los que están afuera del sistema cuando en un país normal la obsesión debería ser incluir a toda la gente en el sistema, no que los que están afuera tengan derechos. Tenemos un plan para que el beneficiario de planes sociales algún día pueda vivir de un trabajo digno en lugar de hacerlo con la plata del Estado.

-En distintos gobiernos, la excusa entendible para mantener los planes sociales es que hay que asistir a muchos sectores desprotegidos, pero siguen creciendo y se convierten en un andamiaje imposible de reemplazar por empleos.

-Claro, exactamente, porque hay un sistema que vive de provocar miseria. Y también ignorancia: por eso los bajos niveles de escolaridad, los estudiantes que no paran de repetir, los estudiantes crónicos en la Universidad. El sistema necesita de eso para seguir sobreviviendo. En cambio, nosotros queremos un cambio de sistema hacia uno donde la gente sea libre, pueda disfrutar el fruto de su esfuerzo, aprenda, vaya a estudiar. Hoy ni siquiera se cumplen los 180 días que fija la Ley de Educación. Nosotros queremos 200 días de clases, estar entre los países a la vanguardia del mundo, que los chicos se rompan el lomo estudiando, porque el mundo del futuro es el del conocimiento. Estamos generando chicos cada vez con menos conocimientos, más pobres. Dos tercios de los chicos son pobres en Argentina. ¿Qué futuro le podemos dar a los argentinos de esta forma?

-Además de explicar siempre que no es funcional al kirchnerismo, usted ha estado en algunos medios vinculado con Sergio Massa a través de un mismo consultor político.

-Sí, lamento es que nunca discutan las ideas que planteamos y traten de sacarnos del sistema, traten de descalificarnos. No estoy financiado por Massa ni somos funcionales a él. Me han dicho que me había financiado Gildo Insfrán simplemente porque me saqué una foto cuando fui a presentar mi libro, La sociedad cómplice, a principios del año 2019. Me han dicho también que me financiaba el kirchnerismo y que me financiaba a la vez Cambiemos.

-También lo vinculan con un empresario acusado de narcotraficante.

-Me han dicho que me ha financiado “Fred” Machado cuando sólo hice un viaje en avión con él. Lo conocí en una reunión donde había empresarios de primera línea. Me lo presentan ellos, me dicen que es fanático de mis ideas. Yo estaba presentando mi libro, pero la editorial no tenía previsto que lo presentara en Viedma. Machado es de ahí y me propuso presentarlo en esa ciudad. Viajé en su avión, presenté el libro, agradecí la presentación que él organizó. Eso fue todo lo que me vincula, aunque dicen que me financió simplemente porque presenté un libro gracias a él en Viedma. Nada más. El financiamiento no es Espert sino al partido por el cual compito y esto está debidamente presentado en la Justicia.

-Una agrupación liberal como Republicanos Unidos congeló las negociaciones para armar un frente electoral con ustedes y le pidió explicaciones por ese tema.

-Sí, explicaciones que no tengo por qué dar. Bah, si me lo hubieran pedido se las habría dado, no con un comunicado descalificándome. Fue una actitud muy miserable, pero rescato la actitud de Ricardo López Murphy, que no sólo desconoció ese documento sino que se solidarizó conmigo por la injusticia de ese texto pidiendo explicaciones sobre un financiamiento de campaña que estaba presentado en la Justicia. Igual, no tengo ningún inconveniente en seguir hablando con todos los liberales.

-¿Cómo lo impactó semejante acusación a nivel personal? ¿Es cierto que por este tema le pidieron que no diera más clases en la Universidad del CEMA?

-Sí, fue un poco anterior a la presentación del libro, pero ya había empezado la usina de rumores. Tuvo sus costos toda esta movida, pero los grandes costos fueron en términos personales y hasta familiares. Soy nacido en Pergamino, provincia de Buenos Aires, donde vive toda mi familia, mis hermanos, mi madre, mis sobrinos, mi ahijada. Hace más de un año que no veo a mi madre como consecuencia de las cuarentenas y porque soy una persona de riesgo al estar en contacto permanente con gente por la actividad política. y ella se ha enterado por los medios y me dijo: “José Luis, ¿qué pasó en tu campaña?”. Mis amigos también. Y tuve que explicarles que fue una operación política, que no hay nada. Así que fue muy costoso en términos de ver que no hay límites a lo que puede tratar de hacerte el sistema para demolerte si no estás adentro. Porque el sistema no me discute una sola idea. Simplemente ha tratado de destruirme para que no compitiera.

-Usted no es un político profesional. ¿No está arrepentido de haberse metido en política después de todos estos costos personales que dice estar pagando?

-No, estoy con más fuerza que nunca porque veo que tenemos razón. Se lo dije en los debates presidenciales a Alberto Fernández. “Mire -le dije-, si usted llega a hacer lo que dice que va a hacer nos va a generar una crisis peor que la crisis que está generando Macri”. Y efectivamente creo que se está armando una crisis que va a ser peor que la de Macri. Lo que está pasando nos hace tomar más conciencia que antes de que estamos en lo correcto y de que la única manera de cambiar es estar involucrados en política. Hay un enorme espacio para modificar las cosas. La mayoría de la gente en el mundo vive bien. Este país es de los pocos que hacen lo que la Argentina está haciendo.

 

 

* Para www.infobae.com

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