Anterior intervención K en la carne: se perdieron 10 millones de cabezas de ganado

ECONOMÍA 22 de mayo de 2021 Por Juan Martín MELO
34CV6JDZKJC3PMI5HSLAX7HJLM

El cierre de exportaciones de carne por 30 días por parte del Gobierno nacional no sólo se traducirá en la pérdida de divisas en lo inmediato, mermas económicas para la cadena de producción y comercialización y en el aniquilamiento de la confianza del productor hacia la administración de Alberto Fernández, sino que también trae aparejado consigo los peores miedos del sector a repetir los estragos productivos que se vivieron hace apenas una década.

La intervención del mercado de la carne vacuna retrotrae a los productores, empresarios y trabajadores de los frigoríficos exportadores a uno de los períodos más oscuros de la actividad, cuando en el período 2005-2010 un batería de medidas restrictivas para el comercio exterior (suba de retenciones, cupos y permisos de exportación) llevó a una caída de los despachos del 65%, una pérdida de protagonismo internacional en el mercado, una reducción del stock bovino en más de 10 millones de cabezas y, lo peor, la destrucción de puestos de trabajo y una fuerte suba del precio interno del alimento.


Así lo indica un estudio realizado por el economista de Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón, quien pone de relieve que “la secuencia actual de medidas adoptadas vinculadas al comercio exterior de carne es bastante similar a la que se observara en el período 2005-2010”, con un aumento de retenciones del 5% al 9% a finales de 2019, la creación de la Declaración Jurada de Ventas al Exterior de Carne (DJEC), herramienta simil a los ROE y el cierre de las exportaciones por 30 días.

“Debe decirse claramente que la gestión del comercio exterior de carnes desde una oficina pública implica no sólo un cambio abrupto de reglas de juego con consecuencias nocivas sobre los incentivos a invertir en la actividad, sino que revela en el fondo una profunda desconfianza del gobierno hacia el rol del sector privado en las economías modernas y de descrédito de la inserción comercial externa como generadora de empleo y desarrollo económico”, marcó Garzón.


Para el especialista, “la evidencia demuestra que los gobiernos en países con buenos resultados económicos tratan de interferir lo mínimo posible en las decisiones del sector privado vinculadas a producción y comercialización de bienes” y que “desconectar por decreto una actividad de los mercados globales es no sólo dañina para los intereses de quienes participan de la misma sino también para los de otras cadenas competidoras, el sector exportador y la economía como un todo, se pierden inversiones, ingresos, divisas, confianza, además de ser una medida poco efectiva en términos de alcanzar y perdurar en sus objetivos buscados, particularmente en el objetivo de contener los precios”.

 

Las consecuencias de la anterior intervención

Las consecuencias de lo ocurrido en el sector ganadero y del mercado de la carne vacuna en general durante el período de 2005-2010 todavía siguen frescas en la retina de los productores y empresarios y el temor de que esa situación se vuelva un realidad en la actualidad se encuentra presente entre ellos, ya que no solo representó un fuerte retroceso en el protagonismo del país en el mercado externo, sino que significó un fenomenal derrumbe de las exportaciones, del ingreso de divisas, del stock ganadero y de puestos de trabajo.


Como ya se dijo, las medidas que tomó recientemente el Gobierno nacional respecto a las exportaciones de carne vacuna, que hace prever que el Ejecutivo emprenderá un sistema de comercio exterior administrado, tienen una gran similitud con aquellas que se tomaron durante el gobierno de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, por lo que repasar las consecuencias de dicho período se hace primordial.

Según describió Garzón, en el 2005 Argentina exportaba 437.000 toneladas peso producto de carne bovina (771 mil equivalentes res con hueso), mientras que en 2010 los envíos bajaron a 154.000 y a 130.000 toneladas en 2011, es decir, los despachos cayeron 65% en solo cinco años, que se eleva al 70% si se toma en cuenta el último año citado. “Las causas de este ajuste no deben buscarse en algún factor vinculado al comercio global, que para el mismo período se expandió un 9% y 20% respectivamente, sino en la ‘efectividad’ de la política local de desaliento de exportaciones”, puntualizó. Esto significó una caída de la participación en el comercio global de carne vacuna del 8,9% en 2005 al 5% en 2010 y, en término de divisas, representó una resignación de USD 1.500 millones anuales.


Respecto al impacto en el rodeo vacuno de estas medidas, el resultado es contundente. Según señaló Garzón, se perdieron 10 millones de cabezas entre 2007 y 2011, cuando el stock pasó de 58,7 millones de cabezas a 48,9 millones. “Si bien los datos no son definitivos, las existencias habrían seguido creciendo entre 2005 y 2007, probablemente a la espera de una liberación del mercado de exportación, pero al continuar la intervención, terminaron por ceder y derrumbarse en los años 2009 y 2010. Un proceso que inició en 2005 recién en 2010 mostró su cara completa y su poder de daño”, detalló el analista.

“Tomando como un precio de referencia un valor de USD 1,2 el kilo de animal en pie para esos años (precio países vecinos) y teniendo en cuenta la estructura de animales perdidos (participación de vacas, novillos, etc.), se estima que la descapitalización que se produjo en la producción ganadera, midiendo sólo el valor de las existencias liquidadas, se aproximó a USD 4.900 millones”, remarcó.

 

Producción y precios internos

Por supuesto que esta liquidación de stock tuvo como consecuencia una caída importante en la producción y, por ende, en el consumo. El informe señala que en 2005, al inicio del proceso de intervención, Argentina producía 3,1 millones de toneladas de carne bovina año, un equivalente a 82 kilos per cápita, que se distribuían 75% al mercado interno (62 kilos) y 25% a las exportaciones (20 kilos).

“Al final del proceso, luego de la liquidación de existencias, de la descapitalización y de la pérdida de capacidad productiva, la producción había bajado a 2,6 millones de toneladas en 2010 y a 2,5 millones en 2011, un equivalente a 64 y 61 kilos por habitante respectivamente; se perdieron aproximadamente unos 20 kilos por habitante año durante el período, lo que significó un ajuste del 24 por ciento.

Por el lado de los precios internos, en primera instancia se produjo una baja del 20% promedio entre 2005 y 2009, pero que “a pesar de la baja de la hacienda, el precio en góndola de la carne no mostró similar comportamiento y para el mismo período se incrementó levemente en términos reales (+4% en el “punta a punta”)”.

“En el 2010, con escasez de hacienda, reversión del ciclo ganadero y subas en los precios de los animales, los valores de la carne en las góndolas mostraron fuerte alza, creciendo un 32% en términos reales en ese año, y se mantuvieron muy arriba en los años siguientes”, concluyó el informe.

Fuente: Infobae

Te puede interesar