Jadue lleva al Partido Comunista de vuelta a la primera línea de la política chilena

INTERNACIONALES 24 de mayo de 2021 Por Rocío MONTES
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Nunca en su historia el Partido Comunista chileno (PC) tuvo como ahora a un candidato presidencial tan cerca de La Moneda. Ni siquiera cuando Unidad Popular, del socialista Salvador Allende, representaba el 17% de las fuerzas políticas que conformaban el Gobierno. A seis meses de las presidenciales chilenas del 21 de noviembre, la carta del PC, el alcalde Daniel Jadue, un licenciado en Arquitectura y Sociología, lidera la intención de voto. De 53 años y de origen árabe, encabeza las preferencias con el 19,2% de respaldo, según la encuesta de Activa Research. Los resultados del fin de semana pasado –donde votó solo el 43% del electorado– dan buenos aires para la candidatura que aún saborea una evidente victoria política de la izquierda.


Jadue deberá medirse el 18 de julio en las primarias con otro aspirante de la izquierda, el diputado Gabriel Boric, del Frente Amplio. Para su equipo, el alcalde ha fichado a expertos que jugaron papeles fundamentales en los gobiernos de centroizquierda, como el economista Gonzalo Martner, que formó parte del Gobierno de Ricardo Lagos y fue presidente del Partido Socialista en 2005. De acuerdo a Martner, existen dos hitos que explican la posición actual del PC: “La decisión de Bachelet de incluirlos en el bloque de Gobierno y el fin del sistema electoral binominal en la misma Administración”, que se aplica por primera vez en 2018. Considera también fundamental la emergencia de liderazgos jóvenes como el de la diputada Camilla Vallejo, una de las líderes estudiantiles de 2011. En 2019, con la experiencia de haber sido Gobierno, los comunistas se adhieren a las movilizaciones, lo que genera un clima político favorable a Jadue. “Conecta muy bien con la rebelión de 2019 y se instala como figura”, opina Martner.

El economista dice, sobre los resultados del fin de semana pasado, que “no es el Partido Comunista el que se puso al centro de la escena política, sino un candidato presidencial comunista”. Sobre sus posiciones, Martner señala que el candidato Jadue no tiene nada que ver con Maduro ni el régimen cubano ni nicaragüense, de los que el economista es crítico. A comienzos de abril, en una reunión con pequeños empresarios, Jadue confesó que uno de los fracasos que no le gustaría repetir si llegara a La Moneda sería “el capitalismo de Estado de la Unión Soviética”, lo que calificó como un “fracaso brutal”.

Las placas tectónicas de la izquierda en Chile no han dejado de moverse. Una alianza entre socialistas de centroizquierda con los comunistas y el Frente Amplio con miras a las presidenciales estuvo viva el miércoles solo por dos horas. Esto habría originado un histórico acuerdo de la izquierda sin el centro, algo que no sucede desde hace medio siglo en Chile. Los socialistas acusaron el engaño. “No se humilla al partido de Salvador Allende”, dijo el presidente del partido, Álvaro Elizalde. Es una historia en desarrollo con un final incierto. Existe consenso en que las opciones del candidato del PC, sin el centroizquierda, no construirán una mayoría.

Marta Lagos, fundadora y directora ejecutiva de Latinobarómetro, señala que los resultados del fin de semana pasados para el Partido Comunista “no fueron una victoria electoral, sino política”. La analista se refiere a los 28 de los 155 escaños, un 18%, logrados en el constituyente por la alianza entre los comunistas y el Frente Amplio, un conglomerado de partidos de izquierda nacidos tras las movilizaciones. El PC por si solo “obtuvo 4,99%”, lo que equivale a siete puestos, apunta Lagos. Podría concluirse que no fueron castigados de la misma forma que las organizaciones tradicionales de la transición; el bloque de la derecha obtuvo 37 puestos (un 23,8% que lo deja sin opciones de veto) y los 25 asientos para centroizquierda (16,1%).

Si se mira el resultado con la elección de concejales del mismo fin de semana, en la que los partidos se miden con el resto y se observa el poder territorial de cada organización, se observa una distribución semejante a la que había en Chile: la derecha alcanza un 33,14% en votos, la centroizquierda un 34,15% y la izquierda un 23,77%. El PC obtiene un 9,23%, un crecimiento respecto al 6% obtenido en los comicios de 2016.


“El resultado habría pasado desapercibido si no tuviera un candidato presidencial”, explica Lagos. La alta abstención –un 57%– afectó sobre todo al centro, que volverá a movilizarse rumbo a las presidenciales de noviembre. “Chile no se corrió a la izquierda, sino que enfrenta una dispersión de mil minorías”, asegura la encuestadora, que reconoce los importantes triunfos políticos y electorales del PC, como la victoria en la municipalidad de Santiago que la economista Irací Hassler le arrebató a la derecha.

El PC chileno tiene una larga historia desde su fundación, en 1922, como recuerda Ernesto Ottone, catedrático del Colegio de Estudios Mundiales de París y militante hasta inicios de los ochenta. De inicio, porque tuvo un antecedente anterior a la Revolución Rusa con el Partido Obrero Socialista de 1911, fundado por Luis Emilio Recaberren, quien solo después aceptó las 21 condiciones de la Internacional Comunista. “Desde entonces sigue la historia del Partido Comunista mundial, pero como tuvo una vida anterior, vive una especie de esquizofrenia. Tiene una doctrina revolucionaria ­marxista-leninista, dictadura del proletariado. Por otra, tiene una práctica mutualista, sindicalista, reformadora. No solo hace doctrina, también hace política”, asegura Ottone.

Muy pronto alcanzó parlamentarios y se constituyó en una de las fuerzas políticas del país. “El PC chileno fue el más importante, con más influencia y capacidad de movilización y organización de América Latina”, afirma el especialista. “Los momentos pletóricos fueron desde 1938 a 1948 –con la fundación del Frente Popular y los gobiernos radicales–y, después desde su legalización en 1957, hasta el golpe de Estado de 1973”. En 1970, al inicio de la Administración de Allende, “tenía más de 150.000 militantes”, recuerda Ottone.

El exmilitante considera que la organización siempre tuvo un comportamiento contradictorio. En 1968, por ejemplo, apoyó la invasión de la URSS a Checoslovaquia. Con una larga tradición institucional, el PC chileno apoyó después la línea moderada de la Unidad Popular de Allende, a diferencia del partido del presidente, el socialista, con una posición más radical.

Con el golpe de Estado de 1973, el PC sufrió una tremenda represión: fueron asesinadas dos directivas nacionales y una de la juventud. A finales de la década, el partido fue influido por la lucha armada, tanto la cubana como la nicaragüense. “La tendencia militarista termina con la formación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez –que atentó contra Pinochet en 1986–, y se separa de su historia tradicional. Adquiere posiciones radicales”, asegura Ottone, quien formaba parte de los sectores internos derrotados, y quien renunció en 1981.

Con el retorno a la democracia, la organización quedó fuera de los primeros gobiernos de la Concertación y del Parlamento. Los comunistas no creyeron en el pacto de gobernabilidad del centro con la izquierda y optaron por la oposición, críticos de la transición, lo que los condujo al aislamiento en los primeros 15 años de democracia. Existe una segunda versión: fue la Democracia Cristiana quien vetó un acuerdo con el PC, pues lo consideraban inviable.

Un acuerdo con la Concertación en 2008 permitió al PC conseguir dos alcaldes. Un año después, el partido obtuvo tres diputados. Guillermo Teillier, actual presidente del partido, llegó al Congreso. En 2013, se sumaron a la alianza que llevó al poder por segunda vez a Michelle Bachelet. Era la primera vez que regresaban a La Moneda desde el golpe, y lo hicieron con varios ministros. Obtuvieron seis diputados de la mano de la centroizquierda. Actualmente, el PC tiene nueve diputados y un candidato presidencial expectante, el alcalde Jadue.

Fuente: El País

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