Emigraron a Menorca y volvieron a empezar: “La gente se va de Argentina porque ya no tiene esperanzas”

CIUDADANOS 29 de mayo de 2021 Por Soledad BLARDONE
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Agustina González Cháves y Christian Rimpler De Luca tienen 34 años y se conocieron en la infancia, en Martínez, donde cursaron la primaria en el Instituto Educacional Fátima, desde primer hasta tercer grado. Luego, en la adolescencia y como vivían muy cerca, se cruzaban seguido con sus amigos en algún bar de la zona, pero solo se saludaban y cada uno seguía su camino. Hasta que el año pasado, en plena cuarentena, se reencontraron por casualidad y ya no volvieron a separarse.

En 2017, Christian buscaba un rotundo cambio de vida. Vendió todo, dejó su trabajo y se instaló en Menorca, donde se puso a estudiar para recibirse como capitán de barco. Obtuvo su título y consiguió un trabajo soñado: hacer recorridos turísticos privados entre las famosas calas vírgenes, a las que solo se puede llegar por el mar, un espectacular paseo que hace a bordo de un “llaut”, la típica embarcación de esa isla.


Agustina es maestra jardinera. Trabajaba en un jardín maternal de San Isidro, hasta que la eterna cuarentena de 2020 provocó que el establecimiento cerrara definitivamente. Además, daba clases en un colegio de Martínez pero su contrato era anual, así que la pandemia la dejó sin ambos trabajos. Acababa de señar un departamento, pero perdió el dinero y se quedó con todos sus muebles embalados. Tuvo que volver a vivir en la casa de su madre, donde transcurrió toda la cuarentena.

“Me di cuenta que estábamos yendo hacia un desastre y que, por mucho tiempo, no iba a tener un trabajo. Soy maestra, pero vivía en un país donde hace un año y medio que no hay clases. No tenía proyección ni como persona, ni como profesional. Entonces, la realidad es que el país no me estaba ofreciendo nada. Tenía en mi cabeza la idea de irme, pero me seguía quedando por mi familia”, dijo Agustina.


En diciembre de 2019, Christian volvió a la Argentina de visita. Su plan era pasar las fiestas, disfrutar de sus seres queridos y regresar el 30 de marzo a Europa para la temporada de verano, el momento más fuerte en su actividad. Pero la pandemia lo dejó varado y, cuarentena mediante, no pudo regresar a España. Sabía que en algún momento volvería a Menorca, pero lo que no imaginaba era que lo haría acompañado por quien se convertiría en su esposa.

En junio de 2020 y a través de Tinder, la casualidad hizo que se reencontrara con Agustina. En medio de la cuarentena estricta, las citas románticas en un bar o un restaurante tuvieron que posponerse, así que la primera salida fue un paseo en bicicleta, que se concretó después de chatear durante dos semanas.

Al mes, se fueron a vivir juntos a San Isidro y la pareja se consolidó tan rápidamente que llegó un punto en el que tenían que decidir dónde vivir: Argentina o España. Para Christian, quedarse ya no era una opción y quería volver a Menorca, donde estaba plenamente instalado. Por su parte, Agustina nunca se había planteado la idea de vivir afuera tan pronto, pero estaba preocupada por su situación laboral y no veía futuro en su actividad.

Sin embargo, la relación crecía a pasos agigantados así que el 7 de enero pasado se casaron en la Argentina y el 13 de marzo volaron hacia España. Hoy, viven en el departamento de Christian en Menorca.

“Fue todo muy acelerado, pero vimos que teníamos un proyecto de vida y nos jugamos con todo. Nos casamos y vinimos a Menorca. Estaba todo muy claro”, dijo Christian.

Una vez allá, Agustina se puso a tramitar sus papeles. La semana pasada obtuvo su número de documento “Nie”, que le permitirá poder trabajar en hotelería -la actividad que eligió desarrollar- durante esta temporada de verano, en la que se espera un gran repunte del turismo al igual que sucedió en 2020. Además, quiere emprender un proyecto personal y planea administrar propiedades en alquiler temporal. De hecho, ya comenzó a hacerlo con el departamento en el que viven, mientras se mudan por 5 meses por el trabajo de su marido

Hoy, Christian -que es ciudadano europeo- se encuentra preparando el “llaut” que pertenece a la empresa de charters Mare Nostrum, esperando que en junio arranque la temporada de verano. Como este año su trabajo será en Cala Galdana, Agustina se está encargando de alquilar su departamento de Cala en Porter a través a Airbnb.

“A pesar de la pandemia, la temporada de verano pinta muy bien. Las Baleares son una de las dos provincias con menos casos de COVID-19 en España y tiene habilitado el turismo. El 80% de las reservas están hechas por españoles. Todo indica que será una buena temporada, como la de 2020. Yo no estaba, porque quedé varado en Buenos Aires, pero mis colegas trabajaron solo dos meses y recaudaron lo mismo que en una temporada normal, porque la gente quiere salir. Por eso, la idea de alquilar el departamento es bárbara y va a ser la alternativa más buscada, en vez de los hoteles”, expresó Christian.


Por su trabajo como capitán del barco -que es solo por la temporada de 5 meses- gana entre 2500 y 3000 euros mensuales. El resto del año trabaja en un astillero. “Por lo general, hago el mantenimiento del barco en el que trabajo, porque lo conozco muy bien y lo dejo nuevo. La temporada de verano es dura y trabajo doce horas diarias. Después, sigo haciéndolo con menor intensidad para poder estar más tranquilo, pero con ese colchón tengo para vivir el resto del año”, explicó.

Mientras tanto, Agustina ya tiene en claro que no volverá a trabajar en su profesión y, al igual que lo hizo su marido en 2017, busca ir detrás de sus sueños y desarrollar su propio proyecto.

“Para trabajar como maestra jardinera tendría que revalidar mi título en España, pero busco un cambio de vida que incluya tener un proyecto propio. Acá vivís muy bien, por más que trabajes en algo que no harías en la Argentina. Aunque mi sueldo no vaya a ser muy grande, sumado al de Christian, hasta podríamos ahorrar. Por ahora, mi plan es administrar el departamento y conseguir un empleo en hotelería o en turismo, ya que tengo experiencia en ambos rubros porque lo hice en Tulum, México. Además, me gusta la idea de preparar los departamentos para cuando lleguen los dueños o los inquilinos, desde redecorarlos hasta gestionarles el alquiler. Hay gente de mucho dinero que tiene su casa de verano y, cuando llega, quiere tener todo listo: hasta la heladera enchufada. Es algo muy común y esa es mi proyección: administrar propiedades turísticas, empezando por nuestro departamento”, expresó Agustina.


“En Argentina es imposible proyectar a futuro porque no podés planificar. Conocemos gente que trabaja todo el día, por un sueldo del que tienen destinar el 80% para pagar un alquiler... y que -encima- no consiguen alquilar. Parejas, en las que uno se quedó sin trabajo por la cuarentena y hoy sigue desempleado... La inflación y la inseguridad son un combo explosivo que te desilusionan continuamente. Las cosas nunca mejoran y tu carrera profesional te la tenés que guardar en el bolsillo si querés llegar a fin de mes sin estar ahorcado por las cuentas. No hablo de lujos. En mi caso, lo que estaba haciendo era sobrevivir. La gente se va a otros países en los que, por más que seas extranjero, tenés la posibilidad de volver a empezar, aunque sea desde abajo... pero sin tener miedo de ir al supermercado. La gente se va de Argentina porque ya no tiene esperanza”, destacó Agustina.

Para ambos, su llegada a Menorca fue un volver a empezar. A pesar de que en la Argentina vivía muy bien y tenía trabajo, Christian buscaba un verdadero cambio. Antes de llegar, se propuso estudiar náutica y fue detrás de su sueño.

“Trabajaba como director de Seguimiento y Evaluación de Gestión del ministerio de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires, donde implementaba sistemas de gestión y llevaba adelante el plan de modernización. Trabajé desde 2015 hasta 2017, cuando tomé la decisión de emigrar a España. Vivía bien, pero no me sentía del todo completo. Siempre me gustó navegar así que pensé, si iba a tomar la decisión de emigrar, tenía que ser para perseguir un sueño. Decidí venir a estudiar náutica: vendí todo lo que tenía en la Argentina y, con ese dinero, me pagué la formación completa para ser capitán”, explicó.

“Primero estudié y trabajé dos años en Barcelona. Fui lavacopas porque empecé de abajo en un hotel, pero lo hice muy contento porque sabía que estaba arrancando una nueva vida. Lo que menos me importó fue pasar de director a lavacopas en un mes. También, trabajé repartiendo paquetes para Amazon. Una vez que obtuve el título, empecé a trabajar en la náutica, que era lo que quería. Soy muy feliz, así que no me arrepiento de ninguna de las decisiones que tomé”, aseguró.


Christian contó que Menorca vive especialmente de la temporada de verano pero que, en paralelo, se desarrollan muchas otras actividades además del turismo y la hotelería, en las que se puede conseguir empleo.

“Se producen alimentos para toda Europa, como el queso Mahón y la carne; hay mucho trabajo rural, se fabrican zapatos, hay ingenieros trabajando en la construcción de las rutas... Pero lo más tentador es que uno viene a un lugar que va a permanecer intacto en cuanto al entorno natural, ya que se desalienta la construcción privada de viviendas para poder protegerlo. Eso es también lo que uno viene a buscar acá”, indicó.

“Es importante resaltar que uno basa los proyectos en números, pero si los cambian constantemente, es muy difícil llevarlos adelante. Hay bucles sin salida y un tema grande es la poca educación. Se entra en un rulo de vivir muy mal... siempre tratando de sobrevivir. De todo eso. te das cuenta cuando vivís otra realidad. Es bueno salir de la zona de confort y lanzarse para ir detrás de un sueño, o de un proyecto de vida diferente... algo que allá -al menos en el corto plazo- no es posible”, agregó.

Al igual que muchas de las personas que emigran a otros países en busca de un lugar tranquilo y donde las rejas en las casas no se necesiten, Agustina dice que desactivar el chip de la inseguridad es muy difícil, al menos durante los primeros tiempos.

“La primera semana que llegué a Menorca, fui sola a la parada del colectivo y no había nadie. Yo estaba muy atenta y un señor frenó su auto para preguntarme por una calle. Me asusté tanto que el hombre me pidió disculpas y me sentí tan mal que le pedí perdón pero, claro... ¿cómo le explicaba el porqué de mi reacción?”, se preguntó.

“Después de la inseguridad, que es el denominador común de quienes emigramos, otro punto muy fuerte es la posibilidad de planificar un proyecto propio. En la Argentina, eso es muy difícil. Además, acá vivimos en medio de la naturaleza y a un ritmo de pueblo, donde tenés tu propia huerta. Es muy diferente a vivir en la vorágine de una gran ciudad. El ambiente es perfecto para formar una gran familia y criar a nuestros hijos con nuestros propios valores”, agregó Christian.


En tal sentido, su mujer recalcó que, para tomar la decisión de emigrar, pesa mucho tener estabilidad y planificar un futuro sabiendo con certeza lo que va a pasar el año que viene. “Quiero vivir en un lugar donde la gente de nuestra edad se pueda comprar una casa. Quiero pensar que voy a poder mantener un hijo y que vaya al colegio que yo quiera... Que pueda ir solo caminando y sin que me yo quede preocupada por si le pasa algo. Son todos puntos muy importantes para las personas de nuestra edad, que queremos tener hijos y vivir tranquilos”.

Volver a vivir a la Argentina ya no es una opción para este matrimonio, tal como lo asegura Agustina. “No, no volveríamos. Al revés, estamos planeando que nuestra familia venga a vivir a Menorca. A pesar de que nuestras madres nos extrañan -porque ambos perdimos a nuestros padres- ellas están contentas porque saben que tomamos la mejor decisión”. Su marido refuerza su postura. “Cuando le conté a mi familia que me iba de Argentina, no lo podía creer. Pero, con el tiempo, todos me dieron la razón: me dijeron que tomé la mejor decisión”.

La pareja recomienda que quienes deseen emigrar a España lo hagan con los papeles correspondientes y con cierta cantidad de dinero, para poder solventar los numerosos gastos de los primeros meses. Caso contrario, la experiencia no será buena.

“La gente joven es muy bien recibida y hay poca. Hay muchas posibilidades laborales, pero es importante venir con papeles y tener un plan: no es momento para venir de manera improvisada, como algunos lo hacían hace 10 años. También, se necesita una base económica para solventar los papeles, el alquiler de un departamento, la comida, el plan médico etc. Nosotros no teníamos esa base: nos prestaron el dinero y sabemos que lo vamos a poder devolver, trabajando cinco meses en esta temporada de verano”, dijo Agustina.

“Si tenés 8 mil euros, te digo que te la juegues. Pero si tenés solo 2 mil, vas a tener que pedir prestado porque no te alcanza ni para lo básico. Si llegás con la plata, no lo dudes: esta isla es maravillosa y te ofrece unas oportunidades increíbles”. finalizó.

Fuente: Infobae

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