El coronavirus alimenta temores políticos, pero asoman más batallas y gestos absurdos que señales sensatas

POLÍTICA 09 de junio de 2021 Por Eduardo AULICINO
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“Se prevé convocatoria a sesión especial, horario a confirmar”. El señalamiento acompaña la agenda del jueves para la actividad en Diputados. Temprano mañana habría plenario de comisiones para tratar la denominada “ley pandemia”, que busca imponer los criterios del Gobierno en materia de restricciones y confinamientos frente al coronavirus. Es parte sustancial de la movida que intenta imponer el oficialismo para mostrarse a la ofensiva, un mensaje con más de un destino: apunta a la oposición, y en particular a Horacio Rodríguez Larreta, y también a la Corte Suprema, que ratificó la autonomía porteña y allanó el camino para que la Ciudad mantenga las clases presenciales.

Esa es una batalla política de riesgo, incluso institucional si se busca forzar la situación en la Capital y se escala en la judicialización del conflicto. Pero hay movimientos que suenan incluso más absurdos frente a una realidad que golpea día a día. El número de casos de contagios acaba de superar la barrera de los 4 millones. Y la cifra de muertes, los 82 mil. Hacer política frente a ese cuadro, con un marco de grave crisis económica y social, demandaría cualquier cosa menos tensión. Pero abundan los ejemplos en dirección contraria.


Es un desafío al sentido común, que también afecta a Juntos por el Cambio y parece haber tenido un primer reflejo de temor frente al desgaste de una interna expuesta abiertamente en los últimos días, con imaginable reprobación en algunas franjas sociales. Tal vez hayan pesado encuestas o voces razonables, pero el intento de su reunión nacional de anoche está dirigido a mostrar unidad como principal capital, ampliable a nuevos socios en el mejor de los casos. Se verá en breve, porque la señal de ayer es consecuencia de una reunión previa que puso cara a cara a Rodríguez Larreta con Patricia Bullrich por el armado de listas en Capital y en la Provincia de Buenos Aires. Mala señal por razones obvias.


En el caso del oficialismo, el temor, no expresado públicamente, remite al número de víctimas. El fantasma de los 100 mil casos. Carla Vizzotti se enredó de manera inentendible -salvo por el imaginario de la pelea en continuado con la oposición- en un forzado cálculo sobre muertes y niveles de vacunación. Dijo que se “evitaron 5.500 muertes”, especialmente en las franjas de mayor edad. En espejo, puede decirse lo contrario y con números más contundentes si se hubiese cumplido con las promesas de vacunación para los primeros meses del año que hacía Alberto Fernández en diciembre último. Un mal paso de la ministra que apenas disimula la búsqueda de argumentos más bien publicitarios frente al fantasma referido.

En la misma línea, pero sin entrar en ese pantano, el oficialismo viene buscando evitar cualquier expresión pública de la dura interna de poder, con Cristina Fernández de Kirchner en papel decisivo. Y apunta a los conflictos y posiciones críticas de la oposición. La ecuación, sencilla, consiste en adjudicar a JxC puro interés electoral en cada paso político y responsabilizarlo incluso por las trabas en la provisión de vacunas. Dos ejemplos de las últimas horas. El ministro Eduardo Wado de Pedro puso en la mira a Mauricio Macri y Patricia Bullrich, acusándolos de operar contra el plan de vacunación. Y el jefe de gabinete bonaerense, Carlos Bianco, profundizó la línea de Axel Kicillof y cargó contra Bullrich y María Eugenia Vidal, por la interna que las involucra.

En rigor, varios dirigentes de la coalición opositora venían advirtiendo de manera menos visible sobre los costos de las disputas domésticas por las listas, frente a un cuadro social especialmente sensibilizado por el coronavirus y el agotador impacto de las restricciones y confinamientos, con el agregado de su grave reflejo económico.

La última expresión de esa pelea remite a la reunión que mantuvieron Rodríguez Larreta y Bullrich, en compañía de sus hombres de confianza. La mayor tensión tiene relación directa con el armado de las listas porteñas y bonaerense, en este caso con eje en el PRO. Y el punto es si la ex gobernadora irá por la Capital, un lugar que reclama la ex ministra de Seguridad. No quedó en buenos términos ese tema, aunque no estaría agotado. Pero no es el único caso. En paralelo, y en otro distrito crucial para JxC, Córdoba, la última visita de Macri generó un verdadero revuelo y conflicto interno, para alegría de Juan Schiaretti antes que para el kirchnerismo, de escaso peso local.


La mesa nacional de JxC buscó ayer bajar los niveles de disputas internas. Pesan al menos tres cuestiones. La primera, el daño que producirían esos conflictos en la imagen opositora frente a una realidad marcada por el coronavirus y la economía. No hace falta mirar encuestas, aunque hay y circulan. La segunda, la necesidad de sumar otras fuerzas o nombres importantes en el sentido amplio del campo opositor (Ricardo López Murphy, Margarita Stolbizer) que ya de por sí generan discusiones según cada vertiente. Y la tercera, la sensación colectiva sobre el precio que pagaría ante el propio electorado el que rompa sin retorno la coalición.

Las tres fuerzas que integran el frete opositor coincidieron en darle a su último encuentro un sentido más operativo que volcado a las definiciones públicas. Fue, con todo, una decisión política. “Mantener la unidad, sumar aliados y de última, definir las peleas en PASO civilizadas”, fue el resumen. Claro que la idea de las primarias, aún postergadas por un mes en el cronograma electoral, constituyen un interrogante sobre el interés social que podrían generar y el esfuerzo organizativo -de fiscalización, en primer lugar- que demandan.

Los últimos casos de elecciones son al menos llamativos. Los niveles de participación fueron bajos en los únicos dos comicios del año. Dos ejemplos de muy distinto volumen y grado de atracción. En Río Cuarto, hace casi tres meses, no superó por mucho el 50%. Y en Misiones, hace pocos días, estuvo debajo del 60%. Por ahora, un par de datos, atribuibles según se prefiera al temor por el virus o al desinterés por la elección. En cualquier caso, no parece una época para equivocarse en la evaluación de la realidad.

Fuente: Infobae

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