¿Se arruinó uno de los grandes negocios de Argentina?: ganaderos temen por caída de stock de vacas

ECONOMÍA 18 de junio de 2021 Por Fernando Gutiérrez*
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La obsesión de Matías Kulfas, desde que el Gobierno tomó la decisión de suspender un mes la exportación de carne, es la de evitar las comparaciones con Guillermo Moreno, que con su cierre exportador de 2006 trajo el resultado desastroso de una pérdida de 12 millones de cabezas de vacunos, una suba de precios y una caída del consumo a un mínimo histórico.

Es por eso que intenta enviar señales tranquilizadoras al mercado. Pero, al mismo tiempo, tiene la presión política de dar respuesta al "hagan algo" que se escuchaba en los sectores más radicalizados de la coalición del Gobierno.

Es un difícil equilibrio político que el ministro de Desarrollo Productivo piensa zanjar con la presentación de su Plan Ganadero. Por un lado, es una concesión parcial a los productores y frigoríficos, a quienes les permitirá la reapertura de un 65% de las exportaciones. Y, al mismo tiempo, un "packaging" de marketing político para que no quede una sensación de que se dio una marcha atrás, como ocurrió antes con temas como Vicentin y el cierre exportador de maíz.

La fórmula que encontró Kulfas es prometer un plan ganadero en el cual se conseguirán al mismo tiempo varios objetivos aparentemente contradictorios: aumentar la cantidad de carne que va al mercado interno, aumentar la exportación y bajar los precios del consumo doméstico. Sin embargo, en la vereda de enfrente hay señales de escepticismo: creen que el ministro corre el riesgo de que le ocurra todo lo opuesto: tener menos dólares por exportación, fomentar la caída del stock vacuno y no evitar la suba de precios.

"El objetivo principal es ordenar al sector y producir más, porque la salida virtuosa es que Argentina supere esa barrera histórica de tres millones de toneladas al año y que hace décadas argentina no logra mejorar", dijo el ministro al adelantar una salida al conflicto con el sector cárnico.

Para lograr todo esto, el ministro presentará un programa cuyo ambicioso objetivo será llevar la producción hasta un nivel de cinco millones de toneladas al año. Es decir, un incremento de 50% en la producción. Y para ello tomó algunas de las reivindicaciones del sector, tales como el aliciente a la venta de animales más pesados, de forma tal que, mandando a faena a menos animales, se incremente la producción.

Para ello, Kulfas piensa en incentivos impositivos para la cría y el engorde de animales, así como nuevas líneas crediticias a tasa preferencial. En la teoría, el plan podría funcionar, pero tiene un problema: abundan las señales políticas que hacer descreer de las bondades del plan.

Para empezar, porque hay presión interna del Gobierno para que se incrementen las retenciones a la exportación de carne, actualmente en 9% y que podría llegar hasta un 15%.

Pero, sobre todo, porque la promesa de la baja de precio en el mercado doméstico quedó puesta seriamente en duda: informes privados indican que en mayo la carne subió un 6,1%, y el informe de inflación del Indec reconoció que el rubro cárnico fue uno de los que más contribuyeron a la suba de 3,1% en la canasta alimenticia.

El único precio que cayó fuerte -más de un 20%- fue el de la llamada "vaca de descarte", el animal que ya no puede parir y que el productor envía a faena. No suele consumirse en el mercado local y su destino principal es el mercado chino.

En definitiva, el cierre exportador, hasta ahora, logró los resultados absolutamente opuestos a los buscados. Consignatarios de hacienda llegaron al extremo de afirmar que la pérdida de precio en los animales de exportación a China llevan a que sea conveniente dejarlos morir en el campo, porque cuesta más caro el flete que lo que se obtiene por su venta.

En otras palabras, la peor combinación posible: menos dinero para el productor, ningún beneficio para el consumidor argentino y una pérdida de divisas por exportaciones que algunos empresarios ya estiman en u$s500 millones sobre los u$s3.000 millones que estaban previsto para este año.

Se entiende la urgencia de Kulfas por llegar a un acuerdo y retomar la exportación: los expertos del área indican que el principal error del Gobierno fue no entender que los animales que se exportan no son del mismo tipo de los que se consumen en el mercado argentino: mientras se embarcan vacas de 450 kilos (animales con mucha grasa), en las carnicerías se venden terneros engordados de 320 kilos.

El dato hizo recordar la protesta de empresarios del sector, en el sentido de que el cierre exportador tenía un sentido más político que técnico. Fundaban esta afirmación en el hecho de que no habían recibido quejas de funcionarios después de la reunión de febrero, en la cual los productores plantearon que su incidencia en el precio final de la carne en góndola es acotada -no más de 23%- y que para realmente abaratar la carne era necesario revisar los impuestos de toda la cadena comercial.

Señales contradictorias

Pero, sobre todo, lo que hace "ruido" en el mensaje de Kulfas a los empresarios del sector cárnico es la promesa de alicientes a la inversión. Justo en medio de las negociaciones, figuras destacadas del Gobierno están dando señales que van en el sentido contrario.

Sin ir más lejos, el ministro de Economía, Martín Guzmán, ante un auditorio empresario del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (CICYP), dejó una frase muy comentada por su elocuencia: "Un país con impuestos bajos y gastos bajos no es nuestra idea".

A su lado, el flamante presidente de la Unión Industrial, Daniel Funes de Rioja, escuchaba con cara de póker y probablemente recordaba la charla que pocos días antes había tenido con Kulfas, quien le recriminó ser injusto por no reconocer el "salvataje" al sector privado que el Estado hizo durante la pandemia.

Luego, la vicejefa de gabinete, Cecilia Todesca, abundó en el mismo concepto: al responder los reclamos del gobierno estadounidense sobre "un plan económico sólido", la influyente funcionaria dijo que el Gobierno sí tiene un plan, "pero no es el que les gusta a ellos".

"Siempre repiten dos o tres lugares comunes: bajamos los impuestos y entonces se recupera la inversión privada; esto no funciona así", argumentó Todesca.

Llevado al terreno de la carne, el mensaje que decodifican los empresarios es que primero hay que recuperar el consumo interno -hoy en un mínimo histórico, con menos de 50 kilos anuales por habitante- para que, con un mercado más demandante, se generen las condiciones de una mayor producción.

Sin embargo, el mensaje sólo provoca escepticismo del otro lado del mostrador: de hecho, los comentarios de estos días apuntan a que con la nueva política gubernamental hay riesgo de que se exacerbe la suba de precios y que, además disminuya el stock vacuno.

Desde la Cámara de la Industria y Comercio de la Carne, se lanzó una advertencia sobre la posible pérdida de 8.000 puestos de trabajo en frigoríficos exportadores. El presidente de la entidad, Miguel Schiaritti, alertó además que, por más que se llegue a un acuerdo que pueda ser aceptable para los frigoríficos, "los más perjudicados en la cadena de la carne serán los criadores".

Las razones del escepticismo

Y ahí está, en realidad, el principal temor sobre el nuevo plan ganadero: si efectivamente logrará un incentivo a la cría o si, como muchos temen, acentuará la pérdida de stock vacuno que viene sufriendo el país.

Aunque los datos oficiales sobre el tema llevan tres meses de retraso, hay indicios para suponer que se perdió en 2020 más de un millón de cabezas de ganado. Uno de esos indicios es la vacunación antiaftosa, donde los registros marcan una disminución de 2% anual, con lo que la nómina a fin de año pasado marca 52 millones de animales.

Pero lo peor es que las perspectivas son de un empeoramiento. El último informe de CREA marca una fuerte tendencia a la desinversión, principalmente como consecuencia de las señales políticas. José Lizzi, líder de la Comisión de Ganadería durante el primer Outlook Ganadero CREA del año 2021, fue contundente al respecto: "Lamentablemente, las señales presentes van a promover una desinversión en el sector ganadero, que en el mediano plazo tenderá a producir una menor cantidad de animales que, además, tardarán una mayor cantidad de tiempo en terminarse".

Una encuesta hecha entre productores es elocuente sobre el estado de ánimo en el sector. Cuando se pregunta sobre qué cambio de estrategia se adoptaría ante el actual panorama, la mayoría de las respuestas apuntaban a reducir el negocio para dedicar más superficie a la agricultura, o bien bajar el nivel de inversión y terminar animales más livianos, que es lo opuesto a lo que están promoviendo los expertos en el tema.

Entre ellos, el consultor Salvador Di Stefano es enfático en sostener que no habrá caída de precios ni una solución que conforme a ninguno de los sectores mientras no se revierta la tendencia a la caída de la producción ganadera.

Y advierte que, tal como ocurrió en otros tiempos, se está viendo un fenómeno de liquidación de vientres, como consecuencia de las urgencias financieras de los ganaderos, lo cual da una perspectiva de baja de stock vacuno en el mediano plazo.

Hablando en números, estima que durante 2020 el stock de vacas, que era de 22,9 millones, cayó un millón. Y que, como consecuencia de que se faenaron madres, también cayó la producción de terneros, en aproximadamente un millón.

En definitiva, cree que la pérdida del rodeo vacuno fue de dos millones y que esa tendencia continuará. "A diferencia de lo que cree el Gobierno, no es que cae la cantidad de animales porque hay mucha exportación, lo que ocurre es que la rentabilidad del negocio ganadero cayó y entonces nos quedamos sin oferta", explica Di Stefano.

Su pronóstico es crudo: con menos terneros, habrá menos animales para engordar y llevar al mercado, lo cual hará subir los precios. "Esto ocurrirá inexorablemente, cierren o no cierren las exportaciones". Y cree que la caída del stock vacuno podrá acelerarse por el contexto político y por la inflación.

"El negocio ganadero es de largo plazo. Para llevar un animal al peso ideal de 430 kilos se necesita cuatro años. Pero en un país de inflación alta, nadie puede esperar tanto tiempo, por eso los productores los venden cuando llegan a 320 kilos. Claro, hay un problema y es que de esa forma se faenan 14 millones de animales al año cuando se podría faenar 10 millones", argumenta.

Desde ese punto de vista, solamente se logrará el incremento de producción que al que aspira el Gobierno si los productores cuentan con incentivos fiscales que premien el engorde de los animales y, además, créditos para ayudar a transitar ese ciclo biológico más largo. "De esa manera, en cuatro años se lograría subir el stock vacuno. Pero están equivocando el foco. Ellos creen que esto lo arreglan con un cierre exportador, y eso es una simplificación de la realidad", protesta el experto.

Mientras tanto, Kulfas intenta convencer a un mercado escéptico de que conseguirá su objetivo, una misión difícil. Su prédica es que hay que exportar más, pero restringirá el 35% de los embarques. También promete más producción e incentivos a los productores, pero el resto del Gobierno dice que bajar impuestos no es la solución. Y promete un freno a la suba de precios cuando todos los datos apuntan en sentido opuesto.

Pese a todo, cuenta con un punto a favor: todos quieren terminar con el cierre exportador y evitar un conflicto.

 

 

* Para www.iprofesional.com

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