Leandro Santoro: “Al progresismo le cuesta tomar la bandera de la seguridad, y para mí es un error enorme”

POLÍTICA 03 de julio de 2021 Por Federico Millenaar*
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“Perdón pero si no como no puedo pensar”, dijo Leandro Santoro para romper el hielo mientras apuraba unos canelones de una bandeja de plástico. El legislador porteño recibió a Infobae en su despacho de la Legislatura, al término de una de las sesiones.

Aunque en el Frente de Todos porteño todavía no se empezó a discutir sobre las candidaturas, su nombre sobrevuela como una de las posibilidades para ir en la boleta. “El lugar lo van a definir Alberto, Cristina y la conducción estratégica, no hay lugar para vanidades inaccesibles”, aclaró.

Formado en el radicalismo y admirador de Raúl Alfonsín, trabó amistad con Alberto Fernández a través de las redes sociales y descubrió su afinidad con el proyecto kirchnerista. Además del trabajo legislativo, se concentra en defender al gobierno en el prime time de la televisión.

En una larga entrevista, aseguró que en Argentina “se sobreactúa demasiado el conflicto para ganar protagonismo mediático” y minimizó las tensiones internas dentro de los distintos sectores del Frente de Todos. “Alberto nunca pensó en la construcción de un espacio propio de poder para contrapesar el núcleo duro de Cristina”, dijo.

-¿Cómo se le gana al oficialismo de Juntos por el Cambio en la ciudad de Buenos Aires?

-Mucha gente confunde y cree que en esta elección se plebiscita la continuidad del proyecto de Larreta. Lo que nosotros vamos a buscar en esta elección es afianzar una identidad política. En segundo lugar, vamos a llevar una propuesta de equilibrio en la Ciudad, porque hoy Larreta concentra mucho poder: tiene una mayoría importante en la Legislatura, tiene el control del Poder Judicial tanto en el Tribunal Superior de Justicia como en el Ministerio Público Fiscal, donde nombró a un jefe de los fiscales militante. Además, han construido el relato de continuidad irrestricta en la Ciudad. Es bueno que haya una alternancia para darle más iniciativa política a la gestión, más control y más intensidad a la democracia.

-¿Cuáles son los ejes de la hegemonía que supo construir el PRO en la Ciudad y sobre cuáles debería trabajar la oposición porteña?

-Ellos representan un modelo de gestión que pretende mostrarse como eficiente, que pretende ponerse en sintonía con las demandas de la sociedad. Y ellos tienen una ventaja, muchos de los problemas de la ciudad de Buenos Aires no se expresan en demandas políticas al gobierno local. Un caso claro es la asistencia a los comerciantes, que es una demanda que se orienta al Ministerio de producción nacional. Más hacia Matías Kulfas que a José Luis Giusti, es más, la gente desconoce quién es el ministro de Producción porteño. Nosotros para gobernar la ciudad tenemos que proponer un paradigma alternativo. Yo creo que el modelo de ciudad del PRO está agotado, creo que hay temas que están en la agenda pública en el mundo que no están siendo considerados por el oficialismo. Básicamente la idea del Green New Deal. Las agendas de las ciudades hoy empiezan a plantear el cambio climático como algo prioritario y piensan su infraestructura urbana en función de esa necesidad. La gestión de la basura, del transporte, de los servicios públicos y la creación de empleo debe ser orientada en función de una matriz común pensada en términos de sustentabilidad ambiental. Ellos van a tomar una parte de este discurso, porque son personas inteligentes que tienen puestos los sensores en las agendas que hoy circulan en el mundo pero no han demostrado ningún tipo de interés de llevar adelante ningún programa de esta naturaleza.

-¿En esta elección va a ser más efectivo disputar el centro o jugar con candidatos más polarizantes?

-Nosotros tenemos que tener un programa claro. Porque la ciudad de Buenos Aires no necesita solamente políticos que tengan buenos modales, que los necesita. Necesita políticos que tengan buenos modales, que sean prolijos en sus formas, pero que sepan a dónde quieren ir. La discusión tiene que ser de forma y de fondo. A veces cuando hablamos del centro, hablamos de políticos que no gritan o que no buscan la confrontación, y eso es importante pero insuficiente. El centro no es el equilibrio ideológico entre dos vertientes. Lamentablemente hoy el centro pareciera ser el centro en las formas. Si pensás en dirigentes centristas seguramente son los que no suben el tono de voz, los que no tienen una postura agresiva, pero te costaría más pensar en políticas centristas propuestas por ese espacio ideológico. A mí me preocupa mucho el vacío conceptual y programático.

-¿Si se impone el ala “centrista” o “dialoguista” en Juntos por el Cambio se va a desandar el camino de la polarización? ¿O es una dinámica que llegó para quedarse?

-Eso es una incógnita, porque hasta ahora las “palomas” han dicho poco sobre qué piensan hacer. Hablan mucho de las cosas que no les gustan y de las que descreen pero no está del todo claro qué es lo que proponen. Y los que hablan en representación suya, economistas, consultores o líderes de opinión, suelen sostener los mismos programas que el ala dura. A Larreta no se lo escucha hablar de economía, pero la gente que se siente representada con Larreta que forma opinión pública, tiene un discurso muy parecido al del ala dura. Melconian, por ejemplo, interpela a las palomas y a los halcones. Yo no escuché nunca a los sectores “blandos” del PRO decir que están en desacuerdo con la radicalidad de las propuestas del ala “dura”. Pero sí los escuché decir que están en contra de sus formas y del estilo de comunicación, que no es lo mismo que decir, por ejemplo, “no estamos de acuerdo en privatizar el régimen previsional”, “no estamos de acuerdo en que las tarifas se fijen de acuerdo a las necesidades de las empresas”. No veo diferencias programáticas, lo que no significa que no las tengan, les doy el beneficio de la duda, tal vez la tienen pero hasta ahora no las han demostrado. Hasta ahora han peleado solamente por cuestiones tácticas o metodológicas. No han definido un programa de gobierno.

-¿Cómo se puede desde el Frente de Todos seducir al electorado antikirchnerista?

-Los más importante para mí es bajar los niveles de intensidad negativa. Es un paso previo a que te voten. Hay que desinstalar la agresividad discursiva en la Argentina. Con estos niveles de tensión no gobierna cómodo nadie. Mañana podrán ganar ellos y van a tener problemas similares a los que tenemos nosotros, en términos de la construcción de determinados consensos. Se sobreactúa demasiado el conflicto para ganar protagonismo mediático.

-Es un vicio del oficialismo también. Por ejemplo, la semana pasada Alberto Fernández fue a Córdoba -donde Macri obtuvo muchísimos votos- y en su discurso sólo criticó a Cambiemos por la deuda y la falta de obras

-Es un vicio del sistema. Y no es sólo en la Argentina. Mirá lo que pasa en Estados Unidos, en Brasil, en España y te vas a dar cuenta que nos pasa a todos. Después habrá que ver por qué es, si es la “twitterización” de la política, pero tampoco lo afirmo, hay que reflexionar sobre el tema. Nosotros tenemos que hablar de futuro y tratar de transformar problemas en demandas. Esa es una característica que tiene la Argentina que me preocupa, nosotros verbalizamos problemas, pero no lo problematizamos, no lo transformamos en una demanda, y ahí está fallando el sistema. El sistema debería poder poner las angustias, las tensiones y los intereses en un plano de racionalidad para iniciar un proceso de resolución. En segundo lugar, es muy importante tratar de innovar. La agenda de la coyuntura es una agenda pobre.

-Hay voces dentro del oficialismo que señalan que los ejes de la campaña serán el plan de vacunación y la economía. La economía no tiene muchos resultados para mostrar y el plan de vacunación no tiene una propuesta de futuro. ¿No se quedan un poco cortos esos ejes?

-En on no escuché a ningún dirigente que afirme que la campaña se gana vacunando. Sí leí comentarios en los diarios, pero a mí nunca nadie en privado me dijo “la elección la ganamos vacunando”. Espero que sea una simplificación para sintetizar una respuesta más larga, porque no creo que nadie seriamente pueda pensar eso. Yo no lo pienso. Nosotros vamos a tener que explicar lo que pasó, reivindicar las cosas que se hicieron bien, explicar las cosas que no se pudieron hacer. Y, obviamente, explicar hacia dónde queremos ir. Va ser responsabilidad también de los candidatos que resulten electos poder construir un discurso que empatice con la sociedad. Ojalá que todos los candidatos, además de azuzar las emociones más primarias para conmover a la platea, sean capaces de tratar de traducir en términos racionales el debate de los problemas de los argentinos.

-¿El FdT está siendo eficaz a la hora de construir este sentido común que le dé sustento a las políticas que trata de implementar? Se le suelen atribuir problemas de comunicación

-El Frente de Todos no existe como maquinaria política, existe como aparato de gobierno y creo que la discusión de la construcción del sentido común está más vinculada a la responsabilidad de los intelectuales orgánicos de los distintos campamentos. No creo que JxC construya sentido común, creo que lo construyen algunos periodistas, consultores y economistas que simpatizan con las ideas de JxC. Los intelectuales orgánicos de la derecha son ellos. Y los políticos de JxC toman esas ideas y las hacen propias. En el caso nuestro está más discutido, hay algunos dirigentes que tienen una visión ideológica, como Cristina por ejemplo, que cada vez que aparece le propone a la sociedad un menú de ideas, que hace que después durante muchos días estemos todos discutiendo qué dijo, qué quiso decir, etc. Hay muchos funcionarios que tienen esa capacidad pero se nota la ausencia de una orgánica institucional del FdT, de una suerte de partido político, para coordinar esos esfuerzos y optimizar la lucha ideológica.

-Además de Cristina, ¿quién construye sentido para el Frente de Todos?

-Hay muchos. Dirigentes como Máximo Kirchner, Axel Kicillof, Anibal Fernández, Sergio Massa, que tiene una mirada muy práctica de los problemas. Intelectuales como Alejandro Grimson, Ricardo Forster, Jorge Alemán. La pandemia alteró muchísimo los planes, porque Alberto tenía en claro la necesidad de institucionalizar un espacio frentista.

-Usted pone más énfasis en ir a programas no afines al gobierno. ¿Hay un déficit por parte de otros referentes del oficialismo en ese sentido?

-No lo sé. Yo voy porque me invitan. No sé por qué no van los demás. Igual creo que hay una lógica en la tele de audiencias redundantes, de hablarles sólo a su propio público. Me pasa que voy a canales opositores y baja el rating. Y pasa lo mismo cuando van dirigentes opositores a C5N. Todo gira mucho en torno a confirmar las cosas que las audiencias piensan antes de que empiece el programa. Yo voy porque aprendo, la paso bien y por ahí ayudo a que se entiendan algunas cosas. A mí en TN me tratan muy bien, con Viviana Canosa me llevo muy bien, a pesar de que no pensamos en nada igual. Yo tengo buena onda con todos, con Eduardo Feinmann tengo una excelente relación. Hemos logrado construir una relación donde él dice lo suyo, yo digo lo mío, y no vuelan los platos. Muchas veces incluso la gente se pone contenta, después de lo de Juana Viale mucha gente me escribió y me dijo: “Qué bueno que pudieron discutir sin matarse”. Yo tengo diferencias ideológicas con Santilli, le quiero ganar y que su proyecto pierda, pero me parece un buen tipo. Tengo amigos personales del PRO. Es un mensaje que está piola dar. Es un error no reconocer que el adversario tiene parte de la verdad. Si es todo una lucha del bien contra el mal, la Argentina se enloquece y se fractura. No existe eso de que un espacio político representa al mal absoluto, no existe en ningún lugar del mundo. En la política hay conflicto y consenso.

-Emilio Monzó dijo que uno de los problemas del Gobierno es que “loteo” los ministerios en forma horizontal y en cada uno hay funcionarios que responden a diferentes sectores. ¿Lo ve como un problema?

-Esto es muy simple, son todos empleados del Presidente. Yo no sé si eso existe o no existe, pero cuando hay liderazgo y jefatura política, eso se arregla. Nuestro problema es que somos un gobierno de coalición en un sistema presidencialista. Es una anomalía, un híbrido.

-Siguiendo esa lógica el problema de Guzmán con Basualdo se debe a una falta de liderazgo de Alberto Fernández…

-No, finalmente no hubo un problema con las tarifas. En todos los gobiernos vas a encontrar lo mismo. Con Cambiemos Prat Gay y Sturzenegger, se decía que uno enfriaba la economía y el otro la calentaba, pero el que define la política económica es el presidente. Insisto, las coaliciones electorales en regímenes presidencialistas generan fricciones naturales. El problema es que como estalló el sistema de partidos tradicional, y tenés que juntar el 51% de los votos, muchas veces se acuerdan tácitamente cosas con otras fuerzas políticas y loteas el gobierno para garantizar esa representación. Pero después el funcionamiento es de régimen presidencial. En los parlamentarismos hay otros instrumentos que estabilizan las coaliciones. En Argentina cayeron los clásicos partidos “atrapatodo” (PJ y UCR) y los frentes en su experiencia de gobierno están obligados a ir improvisando mecanismos de equilibrio interno que garanticen la unidad.

-Durante la campaña Alberto hizo mucho énfasis en que se iba a apoyar en los gobernadores, en teoría para balancear el peso interno del kirchnerismo dentro de la coalición. Esa alianza con los gobernadores nunca terminó de cristalizarse.

-Yo no creo que Alberto haya tenido eso en la cabeza.

-Pero lo dijo muchas veces durante la campaña...

-Él sabía que había un sector del peronismo del interior que se sintió muy cómodo cuando su nombre aparece en la fórmula porque sentían que iban a tener una interlocución que con Cristina se había interrumpido. Pero nunca se pensó en el dispositivo de poder que Alberto construya una suerte de liga de los gobernadores para institucionalizarla como una pata de la coalición. Cosa que sí ocurrió en otros momentos, como con Duhalde, por ejemplo. Yo creo que no formó parte del diseño de poder de Alberto, nunca. Cristina piensa en Alberto por el buen diálogo que tiene y por los vínculos que venía construyendo. Se pensó como una forma de reconstruir la relación entre todos los sectores del movimiento. Pero él nunca pensó, y lo he hablado con él, en la construcción de una espacio propio de poder para contrapesar con el núcleo duro de Cristina. No es que salió mal, no estuvo nunca en sus objetivos.

-En su rol de asesor -sin nombramiento oficial-, ¿cuál fue el último tema que le planteó a Alberto?

- Lo de Patricia Bullrich y Pfizer. Era inaceptable. Lo llamé, le conté la noticia, Alberto no lo podía creer. Estoy seguro que jamás se le hubiera ocurrido pedir una coima con las vacunas. Era un delirio. Le tendría que haber costado el cargo de presidenta del PRO a Bullrich. En ningún país del mundo el presidente del principal partido de la oposición acusa al Presidente de pedir una coima, no lo puede comprobar y sigue siendo presidente de su partido. Dejarlo pasar era terrible, porque la gente está muy angustiada. Había que marcar un límite. Después, con el monotributo. Fui uno de los que lo llamó y le dijo que era una locura. ¿Retroactivo? ¿Qué culpa tiene la gente? Me dijo que tenía razón, y una semana después se resolvió, por suerte. También trato de acercar personas que me parece útil que escuche, como Margarita Barrientos, los chicos de La Garganta Poderosa, los padres de Fernando Báez Sosa, Matías Bagnato, las víctimas del delito. Le pido que las escuche.

-¿Le falta una política más clara al Frente de Todos en cuanto a la seguridad?

-Al progresismo le cuesta tomar esa bandera, y para mí es un error enorme. Yo siempre hablo de inseguridad, es un tema de mi agenda, no hay que tenerle miedo. Nosotros no podemos esperar a resolver los problemas sociales para encarar el delito. Hay que ser duro contra el delito y duro contra las causas que lo generan. No se puede joder con esto, porque además le das la posibilidad a la ultraderecha de que tome esa bandera como propia. Acá se discutió el tema de las Taser y yo las banqué. O la idea de estigmatizar al policía porque es policía, es una locura. También es un error equiparar a las fuerzas de seguridad con el aparato represivo de la dictadura. La bandera de la seguridad hace al Estado de bienestar. Todo el personal de las fuerzas son laburantes, con todos los que hablé son personas razonables, no es que hay nazis o admiradores de Videla. La gran mayoría son personas normales. Es un servidor público que está dispuesto a dar la vida.

-¿Cuesta dar esta discusión dentro del espacio?

- No. Yo con Sergio Berni soy amigo, hablo mucho. Y con Massa también. Siempre que tengo dudas sobre estos temas los consulto a los dos. Yo vivo en un PH en Boedo y me entraron dos veces. No es que vivo en un country. A mi novia la quisieron abusar, en Tejedor y avenida La Plata, y vino un policía y se quedó con ella, impecable el tipo. Salud, educación, desarrollo económico, seguridad, forma parte de lo mismo. Es impensable una sociedad armónica si la gente no recupera la tranquilidad.

-Sé que me va a decir que los militantes tienen que estar donde sus organizaciones los necesitan. Pero a nivel personal, ¿le gustaría ser candidato?

- Claro que me gustaría, además termina mi período. Yo trabajo mucho y siento que hasta los que no coinciden conmigo me reconocen eso. Encontré un lugar donde me siento útil. Después en qué cargo es algo que van a definir Alberto, Cristina y la conducción estratégica del proyecto. Voy a ser lo que me pidan que haga, si sirvo más como diputado, iré como diputado, y si sirvo más como legislador, iré como legislador. Y si hay compañeros que son más útiles, no hay lugar para vanidades inaccesibles.

 

 

* Para www.infobae.com

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