Conflictos y desconfianza en la vigilia electoral

OPINIÓN 12 de julio de 2021 Por Claudio Jacquelin*
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Las limitaciones, fragilidades y rispideces internas de las dos coaliciones dominantes empiezan a quedar al desnudo como nunca cuando faltan dos semanas para el cierre de listas. La vigilia está dominada por los conflictos y la desconfianza.

La danza de nombres de candidatos probables del oficialismo, así como los intercambios públicos de críticas, resalta que lo que se dirime en esta elección legislativa es mucho más que las 15 bancas que el Frente de Todos renueva en el Senado y las 51 de Diputados. También expone los límites estrechos en los que se mueve Alberto Fernández y el poder incandescente de Cristina Kirchner, que siempre tiene reservada la última palabra.

Eso explica tanto el misterio como la obscena exposición de nombres. En cada mesa de los distintos sectores del Frente de Todos se discute en simultáneo sobre los eventuales candidatos por razones de muy distinta índole e intereses, que pocas veces se expresan con franqueza y claridad. Quienes conocen la índole de las agobiantes charlas entre el Presidente y su vicepresidenta dicen que, más allá de los imperativos que expresa Cristina Kirchner, hay cosas que no se dicen, diferencias que no se blanquean, expectativas por complacer que deben intuirse y negativas (presidenciales) que no se manifiestan.

Las discusiones y las diferencias no se reducen solo a la definición de las mejores ofertas para el electorado ni a la forma de distribuir los lugares para contentar a todos los socios de la coalición, como es natural. El tablero de ajedrez de Alberto Fernández es muy diferente del de Cristina Kirchner, que también tiene algunas disimilitudes con el de su hijo Máximo. Además, no cuentan todos con las fichas. En cantidad ni en peso.

Lo que se discute está atravesado por la mirada y las aspiraciones a mediano y largo plazo que cada uno de los grupos tiene. La lista de candidatos es el campo donde se disputan el perfil que tendrá la oferta y el discurso electoral oficialista. Pero también es el espacio donde se dirimen el futuro del Gobierno y la construcción de la plataforma política para 2023.

Por eso, aparecen los nombres de ministros nacionales y provinciales como probables postulantes, empezando por Santiago Cafiero, Gabriel Katopodis, Daniel Arroyo o Nicolás Kreplak. Son mucho más que ofertas para los votantes: también son posibles vacantes por llenar, es decir, lugares de poder por ocupar, así como oportunidades para zanjar disputas y para orientar la gestión.

Cristina y Máximo Kirchner ya no esconden sus diferencias con la gestión de gobierno ni se preocupan por disimular sus advertencias al Presidente. Y cada vez resultan más estériles (y conmovedores) los esfuerzos que se hacen desde la Casa Rosada para minimizar esas expresiones, para interpretarlas con benevolencia o para convencer de que hay concordancia donde todos ven discordancia. Aunque los tres profesan fervientemente el credo de que “nadie se salva solo”. Sobre todo, ellos.

Las encuestas que consultan ya les han advertido: solo la indiferencia que la sociedad mayoritariamente mantiene respecto de estos juegos de poder salva a la dirigencia de que el espectáculo termine ahuyentando votantes antes de tiempo. Por ahora. Ante las penurias del presente, el riesgo de que el show se torne obsceno e impactar en el ánimo electoral está más que latente. Y se hará más visible a medida que el calendario electoral se incorpore a la agenda de la gente común.

De allí la urgencia y la única coincidencia de fondo por anunciar medidas que aporten algún alivio económico a la golpeada clase media, que potencien el consumo y que contengan a los aliados. A eso hay que atribuirle lo ocurrido la semana pasada con los gremios a los que se les aseguró la retención temporal de afiliados en sus obras sociales. En breve también habrá novedades para las organizaciones sociales. Se impone evitar el efecto contagio de las crecientes protestas callejeras que protagonizan desde los movimientos de izquierda hasta productores y comerciantes. No faltan condiciones objetivas. Ni sobran recursos.

La promesa originaria de Fernández y su ministro Guzmán de avanzar hacia los equilibrios macroeconómicos y de construir las bases para un desarrollo inclusivo y sustentable cada vez adquieren perfiles más borrosos. El silencioso y ocultado ajuste que se hace con las jubilaciones y los sueldos estatales, aunque duro para los que lo sufren, resulta insuficiente para aquellos fines. Así como las medidas de incentivo al consumo por lanzarse empezarían a crujir por inconsistencia apenas pase el proceso electoral, si es que nada precipita nuevas complicaciones.

Que lo pague Alberto 

En ese escenario queda en evidencia otra de las diferencias y complicaciones que atraviesan a la coalición gobernante. Las últimas expresiones del cristicamporismo parecen haber establecido, una vez más, el imperativo de salir airosos de las elecciones aun a costa de dificultades para el siguiente año de gobierno. Se resuelve con la lógica expresada en la frase: “Ese es un problema de Alberto”. Aunque parezca contradictorio con el “nadie se salva solo”.

Al cristicamporismo le urge consolidar su poder y la legitimidad en las urnas para poder dejar en Fernández el pago de los costos económicos y políticos del presente, como corresponde al presidente de transición que soñaron. El proyecto incluye el avance final sobre la Justicia y así resolver los problemas judiciales de la jefa. Sobre esa base se ilusionan con seguir pavimentando su propio camino hacia 2023.

Cuando se les pide opinión sobre ese escenario, algunos albertistas destacados señalan con malicia que “se nota la ausencia de economistas serios en las filas de La Cámpora. Si a nosotros no nos va bien en la gestión, a ellos tampoco les va a ir bien en la política”. La única verdad es la realidad.

La visibilización de las diferencias que potencia el calendario electoral pone de relieve las dificultades para armonizar un espacio tan sui generis que algunos politólogos cuestionan que se denomine coalición. Es el fruto de la defección de Fernández, tanto como la consolidación del centro real de gravedad política interna en manos de la vicepresidenta. Un cuerpo extraño en el andamiaje político institucional de un país presidencialista.

Esa configuración abre demasiados interrogantes para los dos últimos años de mandato del Presidente. Se ahondan las incógnitas frente a los recientes atisbos de reconstituir una base de sustentación abortada apenas comenzó su gestión, integrada por los gobernadores, los sindicalistas conocidos como “los Gordos” y los intendentes. Parece demasiado tarde, aunque desde el prisma del poder las cosas se ven diferente.

Cambiemitas en puja

La oposición cambiemita hace su aporte para que los pesares de la realidad no desalienten el optimismo electoral del oficialismo, más allá de las luces de alarma que le hayan arrojado algunas encuestas. Valga la aclaración, ningún sondeo augura una derrota nacional (tampoco en el crucial distrito bonaerense) del FdeT en números absolutos. Pero ganar y perder es relativo en política. Si se acortan las distancias en votos y bancas no solo será difícil vender un triunfo, sino que el futuro será más complejo aún.

Por eso, todos miran con sumo interés cómo terminarán por resolverse las candidaturas de JxC en la provincia de Buenos Aires. El radicalismo, entonado por la elevada participación en sus elecciones internas y por la promocionada precandidatura del neurólogo Facundo Manes, parece dispuesto a adelantar los tiempos de la confrontación interna. Dos por uno: 2021 es también 2023. Una PASO bonaerense entre Pro y la UCR consolidaría ese horizonte.

Así debe leerse la intención del jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta de evitar esas primarias y llegar a un acuerdo. También en ese registro se inscribe la cuidada puesta en escena hecha para presentar la candidatura porteña de la exbonaerense María Eugenia Vidal, rodeada de todos sus aliados/adversarios internos, incluidos el neorradical Martín Lousteau y la renunciada precandidata Patricia Bullrich. Todos ya están en carrera presidencial. Y hay que sumar a los radicales Gerardo Morales y Alfredo Cornejo, aunque parezca demasiado temprano y demasiados postulantes opositores.

La pelea de fondo que se disputa por debajo de las listas legislativas explica también el intenso tráfico que registra el libro de pases en la provincia de Buenos Aires. Los enrolamientos posibles que se discuten en estas horas muestran a macristas negociando para integrar listas de radicales y viceversa. Los peronistas no kirchneristas también circulan con fluidez. Solo hay que transitar por las comunas y fisgonear los celulares de los dirigentes locales.

Faltan dos semanas para que se develen muchas incógnitas que prefigurarán el futuro político más allá de las elecciones legislativas de septiembre y noviembre. Se entiende que sea una vigilia dominada por las disputas y la confianza. También, habitada por las pesadillas y los fantasmas.

 

* Para La Nación

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