El circulante en poder del público cayó más de 12% real en un año

ECONOMÍA 14 de julio de 2021 Por Jorge Herrera*
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Cuando asumió Alberto Fernández, el programa monetario pactado en el acuerdo con el FMI, le brindó, de cierta forma, un margen de maniobra al BCRA para encarar la dura faena por delante. Porque el nivel de monetización de la economía había caído a niveles mínimos dentro de los promedios históricos a raíz de la dura política monetaria acordada con el Fondo.

Esa sensación de que “no había plata en la calle”, debido a la pauta de emisión cero, que en realidad no fue tal pero que igualmente contrajo fuertemente la cantidad de dinero en circulación, es lo que percibía la gente. A lo que se sumó la huida de ahorristas e inversores de sus posiciones en pesos y la aceleración inflacionaria. Por ejemplo, el circulante en poder del público había caído más de 35% en términos reales, entre 2018 y fines de 2019, y más de 15% los depósitos privados. Pero luego, entre la recomposición natural de las tenencias de efectivo de parte de familias y empresas que habían caído a niveles mínimos, y el efecto de la pandemia que obligó a los agentes económicos a demandar aún más dinero en efectivo, esta situación se fue revirtiendo.

De esta manera, el circulante en poder del público creció más de 32% en términos reales a fines del tercer trimestre del año pasado mientras los depósitos privados lo hicieron en más del 47% en dicho período. Pero a partir de ahí empezó a deteriorarse el nivel de monetización de la economía, lo que se ha acentuado en los últimos meses a raíz de la aceleración de la tasa de inflación anual.

Por eso en el último tiempo se percibe que de cierta manera que “no hay plata en la calle”. No es solo que los saldos monetarios reales de familias y empresas se han reducido, por la mayor inflación, sino que demandan cada vez menos. En los últimos doce meses el circulante en poder del público cayó más de 12% en términos reales. ¿Por qué es relevante esto? Dada la situación actual, no será sencillo incentivar la demanda agregada (principalmente el consumo doméstico) con mayor emisión monetaria, sencillamente, porque la economía viene operando con una tasa de inflación anual del 40/50% en los últimos doce meses. Y no es lo mismo transitar la economía con una tasa de inflación del 20/25% que con una del 40/50%. O sea, en otro contexto, sobre todo en un año electoral, al Gobierno le podría surtir efecto “poner dinero en los bolsillos de la gente”. Pero si no cede la tasa de inflación, los pesos que inyectan se licúan más rápido. Es decir, la mayor emisión termina siendo un placebo, que luego terminará impactando en los precios ante el exceso de pesos. De modo que la reactivación vía mayor emisión y más gasto público no está para nada garantizada. Se corre así el riesgo de que el nivel de actividad permanezca estancado pero con expectativas inflacionarias crecientes.

Es cierto que en junio hubo cierto oasis, pero solo por razones estacionales. Según el BCRA “los medios de pagos transaccionales (M2 privado transaccional) presentaron un aumento del 1,9%, real y desestacionalizado, rompiendo con 10 meses consecutivos de contracciones”. Sin embargo, reconoce que en términos del PIB, el M2 privado transaccional se mantiene desde marzo en el orden del 10% y acumula una caída de 4,5 puntos desde junio del 2020, cuando tocó un máximo de 14,3%. “La tendencia al alza observada en junio pasado respondió tanto al comportamiento de los depósitos a la vista transaccionales como del circulante en poder del público”. Claro que en la evolución de los depósitos a la vista no remunerados tuvo mucho que ver la transferencia de recursos adicionales a los sectores más vulnerables (por ejemplo, la ANSES adelantó el pago del 20% del complemento por hijo de la AUH que habitualmente se efectúa en diciembre).

Esto repercutió en la dinámica de los depósitos en cajas de ahorro de personas de bajos ingresos, que suavizaron notoriamente su caída estacional intramensual. Además tuvieron lugar ajustes de varios convenios colectivos, lo que se reflejó en el crecimiento de los depósitos en cajas de ahorro de $50.000 a $250.000. Más el efecto aguinaldo. En cuanto a la demanda de circulante, el BCRA explica que los sectores de menores ingresos son demandantes intensivos de efectivo, por lo que la mayor disponibilidad de recursos de estos agentes explicó el crecimiento del circulante el mes pasado. Otro factor que también podría haber contribuido a esta dinámica es la mayor demanda de efectivo para compras en comercios de cercanía, dadas las restricciones a la movilidad que operaron en la mayor parte del país a comienzos de mes. De esta manera, el circulante en poder del público presentó una tendencia creciente en junio, aunque cerró el primer semestre del año con una contracción real acumulada del orden del 11%.

 

 

* Para www.ambito.com

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