Cuba: ¿hacia un cambio de régimen?

OPINIÓN 14 de julio de 2021 Por Pablo Díaz de Brito*
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La anécdota es bastante conocida. Se cuenta que cuando Hugo Chávez y Fidel Castro vivían y reinaban en sus respectivas naciones, el más veterano, el cubano, le recriminaba a su pupilo, el teniente coronel venezolano, que no diera fin a la democracia de su país, que de algún modo se mantenía en pie. Para Fidel, Chávez dejaba viva la peligrosa bestia de la democracia liberal, y ese era un error estratégico. El, como se sabe, aniquiló la democracia, burguesa y de cualquier clase, de entrada, apenas tomó el poder. Nunca realizó las elecciones multipartidarias y pluralistas que habia prometido en 1959. Las únicas "elecciones" que hay en Cuba no eligen nada, solo designan, a partir de asambleas y entre precandidatos seleccionados, a los miembros del nuevo "Parlamento" o Asamblea Nacional, que no tiene poder real alguno, es un mero apéndice del Partido Comunista de Cuba. Y cuando un candidato electo en las asambleas locales es indeseado por el PCC, simplemente se lo quita. Los disidentes intentaron hace unos años ese camino. En vano, claro.

Esta anécdota sobre las diferencias de criterio entre el autócrata con votos, Chávez, y el dictador sin votos, Fidel, sirve para ilustrar la actual encrucijada en la que se encuentra Cuba. Mientras en Venezuela se consolidó una autocracia con falsas elecciones recién a partir de 2016, cumpliendo así en parte el sueño de Fidel, en Cuba el régimen es inmóvil, sigue tal cual lo dejó Fidel, primero, y Raúl, después, con mínimos retoques y ajustes inevitables como fue la unificación cambiaria operada hace unos meses.
Pero las manifestaciones de este domingo 11 de julio pueden cambiar todo eso. ¿Pueden? Es dudoso, y por varios factores. Uno, Cuba no deja de ser una aliada y subordinada de Rusia, pero sobre todo de China. Xi Jinping no dejará caer al régimen castrista. Es para él una pieza muy importante en su larga partida de ajedrez contra EEUU. Ya hay en Cuba seguramente tecnología china para bloquear la señal de los celulares, filtrar búsquedas en internet y otras preciosas herramientras represivas que se aplican rutinariamente en China, la dictadura totalitaria más "lograda" del planeta. Así como el régimen castrista le entregó el "know how" y recursos humanos a Nicolás Maduro para que los desordenados represores chavistas aprendieran a hacer su trabajo como se debe, del mismo modo la atrasadísima Cuba debe estar recibiendo el software de control social y represión online que China aplica las 24 horas del día a sus 1400 millones de habitantes.

A su vez, una parte importante de la sociedad cubana vive atada aún al mito de la "revolución", como se autodenomina la dictadura. Aunque cada vez son menos, muchos cubanos valoran el carácter identitario y nacionalista del castrismo. Como bien señala el italiano Loris Zanatta, Fidel fue un "rey católico", un ferviente jesuita mucho antes que un comunista y el patriotismo exasperado y retórico fueron tal vez su herencia más perdurable. Por todo esto parece poco probable que el valiente gesto colectivo visto este domingo provoque la caída del régimen dinástico y totalitario que construyeron los hermanos Castro.

Ahora bien, se plantea otra alternativa. En caso de que, por impericia política (ya mostrada en abundancia por Díaz-Canel en su violento discurso dominical) y tecnológica y por presión internacional (de la que hasta ahora sin embargo se vio muy poca) pero sobre todo porque las condiciones de vida de los pauperizados cubanos no mejoren (es esta la causa directa de la rebelión del domingo), si por esta suma de causas, mutara ¡finalmente! el régimen castrista, no debe descartarse que en lugar de ir a una democracia pase a ser algo similar a las falsas democracias populistas, como es Venezuela y como son en distinto grado Rusia, Bielorrusia, Turquía, Irán y tantas otras naciones. Este modelo autoritario populista es la nueva tendencia entre las naciones emergentes, incluso de ingresos medios. Cada una con sus particularismos nacionales, pero todas con el común denominador de no ser reales y cabales democracias sino autocracias disfrazadadas, democracias de fachada.

¿Cómo son estos regímenes híbridos, que el politólogo francés Rosanvallon apoda "democraduras"? Bien, son algo mejores que la terrible dictadura cubana o su hermana mayor, la china. En Rusia puede surgir un opositor de calibre, como Alexei Navalny, aunque termine envenenado y encarcelado. Hay en Moscú y San Petersburgo ONGs, medios de comunicación y partidos políticos realmente opositores, aunque vivan amenazados, espiados e infiltrados y siempre al borde de la aniquilación. Pero ahí están. Los partidos siguen vivos porque no tendrán nunca chances reales de llegar al poder. El caso de Navalny es emblemático al respecto: cuando comenzó a crecer en elecciones locales, fue envenenado (lo hicieron durante una gira de campaña electoral por el interior de Siberia) y luego de recuperarse fue encarcelado, sepultado vivo en una de las peores cárceles de las varias de las que dispone Putin. Además, el zar acaba de sellar su poder vitalicio con una ley que terminó de cerrar el camino electoral a los verdaderos opositores. Pueden existir, pero no competir.

Pese a lo poco sexy y modélica que es esta Rusia de Putin, pasar a este tipo de régimen híbrido sería para los cubanos un avance enorme, tanto en lo que refiere a las libertades como a la economía. Estas autocracias, a la vez que permiten espacios de disidencia por razones de imagen y fachada y como válvula de escape del descontento social, en materia económica no practican el comunismo ortodoxo aún increíblemente vigente en Cuba, verdadero responsable de la miseria de los cubanos, ni nada similar. Son economías de "capitalismo de amigos", con mucha presencia del Estado, tanto por la vía legal como por la de facto. La economía rusa es infinitamente superior cualitativamente a la de Cuba, pero no deja de ser una economía mediocre y emergente, que no ha logrado imponer marcas mundiales en ningún campo. No hay un celular ruso, ni un televisor led ruso, ni un auto ruso que sea una marca reconocida y se venda en todo el mundo. Pese a que Rusia es una nación con altos niveles de educación, con tecnologías avanzadas en algunos campos muy específicos y estratégicos (la industria aeroespacial y sobre todo la militar), no deja de pertenecer al lote de naciones emergentes.

Pero pasar a este grupo de países sería para la pauperizada Cuba castrista toda una revolución social. Y lo mismo vale en materia de libertades: las pocas que tienen los rusos resultan envidiables para los cubanos, aunque sean un horror para cualquier ciudadano nacido en una verdadera democracia.

Si bien un cambio de régimen a partir de una crisis económica abriría una dinámica imprevisible, es factible que, con la tutela china, el régimen cambie de piel y se estabilice, con algunas concesiones reales a los reclamos. Todo dependerá de que Cuba aprenda a hacer capitalismo, claro. Puede hacerlo bajo la severa tutela china. Cuba iría derivando de una dictadura comunista ortodoxa de partido único a una "democradura" o autocracia populista, un régimen híbrido, un modelo o tipología hoy en boga en gran parte del planeta.

De hecho, Cuba, por la propia fuerza de los hechos, ha comenzado a adquirir algunos rasgos de estos regímenes. La misma existencia del Movimiento San Isidro, la protesta de este domingo, la existencia de un medio periodístico de calidad como 14 y medio y de varios otros, así como el video de la canción-himno "Patria y Vida" señalan este cambio que llegó con Internet. Nada de esto era posible en la Cuba de Fidel, ni es posible en la China de Xi, aún con Internet. Pero la sociedad cubana es latinoamericana, no asiática, y se sentiría más cómoda con una falsa democracia que con una dictadura a secas como tiene y padece hoy.

*Para La Capital de Rosario

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