Las claves del éxito en la gestión de la pandemia de Uruguay y las diferencias con la Argentina

SALUD - CORONAVIRUS 10 de agosto de 2021 Por Francisco REYES
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En las últimas 24 horas, Uruguay registró 3 víctimas mortales por coronavirus tras dos jornadas sin muertes por COVID-19, luego de largos ocho meses con fallecidos informados todos los días. La novedad la advirtió el Sistema Nacional de Emergencias del país vecino (Sinae).

El 21 de diciembre de 2020 había sido la última jornada sin decesos por el nuevo coronavirus. Con estas cifras, registran en total 5.989 personas que perdieron la vida por COVID y 382.607 casos desde el comienzo de la pandemia.


En contraposición, en la Argentina, el Ministerio de Salud confirmó 503 muertes y 10.180 contagios en las últimas 24 horas, con poco más de 5 millones de casos confirmados en total y 107.961 fallecimientos; y un promedio de entre 230 y 300 fallecidos diarios en el país. Los expertos en infectología y análisis de datos coinciden en que la cifra se encuentra con tendencia a la baja, pero que Delta podría hacer que vuelva a subir abruptamente.
A fines de diciembre las cifras comenzaron a aumentar en Uruguay y meses después el país comenzó con un incremento exponencial que se vio reflejado en cifras de más de 70 muertes diarias en abril y miles de casos nuevos por día.

Uruguay se mantiene en la zona amarilla del índice de Harvard, que acumula el promedio semanal de casos nuevos de COVID-19 cada 100.000 habitantes, con un registro de tres de los 19 departamentos que ya se encuentran en verde: Flores (sur), Durazno (centro) y Lavalleja (sureste).

Argentina y Uruguay, a pesar de los problemas estructurales de la región, se destacan: son junto con Chile los tres con Índice de Desarrollo Humano más elevado. Sin embargo, cuentan con una desaceleración de la baja del índice Gini (que mide desigualdad) más pronunciada desde 2012. Y muestran múltiples diferencias, tanto en las medidas adoptadas así como en los resultados de gestión de la pandemia.

Ahora bien, ¿cómo ha sido la gestión de la pandemia uruguaya? ¿Qué diferencias se destacan del manejo de la crisis sanitaria con la Argentina? Infobae consultó a expertos para conocer los detalles.


En diálogo con Infobae, el doctor uruguayo Álvaro Galiana, pediatra infectólogo director del Hospital Pediátrico del Centro Hospitalario Pereira Rossell de Uruguay, explicó: “La estrategia en Uruguay, históricamente ha sido avanzar lo más rápido, precozmente y controladamente la inmunización del mayor porcentaje de población posible. Se estableció en primer término la vacunación del personal de salud, de los mayores de 75 años, se fue bajando a los mayores de 70, y paulativamente se aplicó activamente en los centros de cuidados de personas mayores, es decir hogares de ancianos y a su personal”.

“Se ha ido dando la disponibilidad de vacunas. Al principio fue complejo ya que las de Pfizer no llegaban. En ese momento, cuando se inició la campaña, la compañía farmacéutica norteamericana limitaba la provisión de vacunas, de manera que se consiguieron tan sólo algunas dosis de Pfizer y muchas de SinoVac o CoronaVac. Se comenzó con toda la enseñanza, y todo el personal docente recibió ya en marzo precozmente SinoVac, que contaba con mayor disponibilidad”, añadió. De acuerdo al especialista, que integró desde el principio el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) del Gobierno uruguayo, este proceso de vacunación fue ordenado por un sistema ideado por el Ministerio de Salud de Uruguay y con la colaboración de expertos dedicados a la informática, que crearon el sistema de inscripción para la vacunación, cupos y centros de inmunización.

Luego se continuó por el personal de salud, segundo grupo en inmunizar. A pesar de que tenían la primera prioridad para recibir la vacuna, se demoró para que pudieran recibir Pfizer por su nivel de exposición al virus SARS-CoV-2. “El objetivo inicial era evitar las muertes, las enfermedades graves y la superpoblación de los centros de cuidados intensivos”. Galiana destacó a Infobae que en Uruguay han tenido una muy buena respuesta de la población y también una muy buena respuesta inmunológica con la vacuna SinoVac, que ha demostrado ser muy buena, “hoy en día la población en nuestro país está predominantemente vacunada con esta opción, con un 75% inoculados con Sinovac y 25% con Pfizer”, destacó.


“Con el paso del tiempo se llegó a las cifras que tenemos hoy en día, lentamente al principio fueron bajando las personas infectadas y las personas muertas, hoy estamos en una situación realmente muy buena, en la cual podemos decir que tenemos cerca del 70% de la población vacunada con dos dosis. Posteriormente y dada la habilitación que permitieron la FDA y la EMA en cuanto a la autorización de dar Pfizer a niños menores de 18 años hizo que se agregue esta franja etaria y hemos tenido con ellos un éxito muy importante”- resaltó el infectólogo pediatra- “se autorizó la inmunización en ellos y tenemos un muy alto porcentaje de menores vacunados y completando su inmunización”.

“El temor que ahora tenemos es el ingreso de la variante Delta al país. Tenemos muy pocos casos por el momento pero a mí entender nos impactaría con un porcentaje alto de inmunización en la población y esto podría actuar como una ‘piedra’ para este linaje”, evaluó.

Consultado por Infobae, el infectólogo Lautaro de Vedia, ex presidente de la Sociedad Argentina de Infectologia (SADI), opinó: “En Uruguay fueron mucho más hábiles, astutos e inteligentes para la gestión de las vacunas que la Argentina, país que tuvo muchas limitaciones de distinta índole”.

Según de Vedia, “Indudablemente tuvimos muchas limitaciones para manejar la campaña de inoculación en Argentina”.

“Por otra parte, nuestras restricciones y cuarentenas fueron muy importantes, largas, demasiado exageradas. Al principio, tal vez analizando con el diario del lunes, se cerraron muchas actividades, se cancelaron las clases presenciales y demás, aún en distritos en los que no había necesidad, mientras que en Uruguay siguieron con su vida normal. Nosotros pusimos muchas restricciones, que trajeron muchas consecuencias negativas en varios aspectos”, concluyó.


De acuerdo al pediatra infectólogo uruguayo, director del Hospital Pediátrico del Centro Hospitalario Pereira Rossell, “sabemos que no hay nada estático en relación con la pandemia, no hay nada terminado ni resuelto, pero en este momento estamos muy bien después de una situación dramática que tuvimos en mayo y junio de 2021, con un aumento grosero de casos de muertes e internaciones, en general no hubo necesidad de decidir a quién intubaban o ventilaban o no, ya que se logró una buena apertura de nuevas camas de cuidados intensivos, es decir robustecer el sistema sanitario”.

Consultado por la dosis de refuerzo en el caso de aquellos que recibieron Pfizer en Uruguay, destacó: “Por ahora no se analiza administrarla, solamente en aquellos casos que son comprobadamente inmunodeprimidos o inmunocomprometidos, es decir que reciben tratamiento inmunosupresor importante, como los que tienen insuficiencias renales crónicas, pacientes que reciben medicamentos biológicos que frenan la inmunidad, en ellos sí se podría dar una tercera aplicación de la vacuna de Pfizer. Incluso, los inmunocomprometidos severos que hubieran recibido dos dosis de SinoVac, recibirían luego dos dosis de Pfizer, pero para la población general no, recibirían un booster, una sola dosis de refuerzo de Pfizer”.

¿Cómo fueron los esquemas de restricciones en Uruguay comparados con los sistemas de aislamiento en la Argentina? Según el infectólogo Álvaro Galiana: “Hubo una diferencia importante entre ambas naciones. En Uruguay se planteó un cierre total pero siempre fue algo muy difícil de plantear. No sé cómo lo plantearon en la Argentina, de hecho nunca terminé de entender. ¿Qué hacés si una persona de todas formas sale a la calle? ¿La metés presa? ¿En dónde? Precisás el Estadio Centenario para ello, ya que la gente igual sale. Era un planteo implanteable”.


“A mi entender, este tipo de medidas siempre estuvo teñido de un aspecto de decir ‘si las cosas andan mal, yo te dije y por qué no te dije lo que yo te dije’, pero en la realidad era muy difícil llevar a la práctica esquemas duros de restricciones. La palabra toque de queda tiene un impacto muy duro en nuestras poblaciones, que remite a tiempos oscuros y difíciles. Tampoco queda claro, desde el punto de vista científico, que haya habido grandes variaciones en el porcentaje de personas infectadas con el lockdown o cierres o sin él. Me da la sensación que la evolución de la pandemia fue independiente de estos esquemas”, reflexionó.

De acuerdo al especialista, “el planteo es: una persona se puede morir de muchas cosas, entre ellas de hambre. No entiendo a que alguien prohíba salir a la calle, puede suceder un día o dos. ¿Cómo comen esas personas? Nuestra situación económica tanto en Uruguay como Argentina es muy difícil y muchos viven de lo que ganan en el día”.

“En Uruguay, al principio, en marzo de 2020, el susto fue tal, que la gente espontáneamente se quedó en sus casas, y se logró que en el primer año del virus SARS-CoV-2 la pandemia fuera prácticamente inexistente en nuestro país. Pero a finales de ese año comenzaron a subir los casos y es lógico ya que la gente no podía seguir manteniendo cerrado todo. Se apeló a la mayor responsabilidad en cuanto al distanciamiento, tapabocas, higiene y evitar los aglomeramientos”, concluyó.

Fuente: Infobae

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