Fernando Navajas: “Hay un riesgo devaluatorio real que se puede vislumbrar a futuro”

ECONOMÍA 30 de agosto de 2021 Por Daniel Sticco*
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En las semanas previas a las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatoria, el Gobierno parece llegar con un clima favorecido por la desaceleración de la tasa de inflación, el repunte del comercio y con altibajos, también de la actividad agregada, al punto que el ministro de Economía, Martín Guzmán, anticipó en su participación en el foro del Council of America en la Argentina que actualizó las proyecciones macroeconómicas del PBI de 7% a 8% para 2021; y que “la situación macroeconómica en la Argentina se está tornando mes a mes más robusta”.

Al respecto, Infobae entrevistó a Fernando Navajas, uno de los y economistas-jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericana (FIEL), profesor de la Universidad de Buenos Aires, miembro del Consejo Directivo de la Universidad Torcuato Di Tella; y vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Ganó el Konex de Platino en análisis económico en 2016 en reconocimiento a su labor en la década anterior. para que de su visión de la coyuntura y sus expectativas.

- A la actividad económica le cuesta salir del subibaja en la tasa de variación real mes a mes ¿Por qué cree que ocurre ese fenómeno? ¿Cuánto se puede atribuir a los efectos de la crisis sanitaria, y cuánto al desequilibrio estructural que arrastra la macroeconomía?

- En todo el mundo existe un proceso de rebote o recuperación que está resultando definido e intenso, pero a la vez incierto, porque la pandemia tiene, como rasgo central, que se trata de fases inciertas, que ahora están marcadas por la carrera entre la vacunación y las nuevas cepas como “Delta”, que van a imprimir una sensación de sube y baja en expectativas, que hoy en el mundo se traduce en cambios en el humor de los mercados o en las encuestas de expectativas. Pero la recuperación es bastante intensa si uno la mira en perspectiva, con la excepción notable de los subsectores de servicios (Hospitality en la jerga en inglés, como Hoteles, Bares y Restaurantes en nuestro lenguaje) que todavía no puede volver a la normalidad plena. La Argentina no se escapa a esta dinámica y la recuperación puede resultar mucho más intensa de lo que se suponía antes, algo que en parte se debe al mal humor inversor de largo plazo que tiene nuestra economía. Es ese fenómeno de dinámica intensa de recupero, y no el exceso de gasto o emisión, el que causa este rebote que estamos observando. Al Gobierno le gustaría que fuera así para propagandear una virtud de su política. Cosa que no es cierta. Y a la oposición también le gusta decir que esto se debe a un sobregasto o emisión que te va a llevar al precipicio. Le encanta hablar del precipicio todo el tiempo. Pero la realidad es otra. Estamos en un proceso de recupero natural, con matices. Uno de ellos es que Delta va a golpear a la Argentina, con alta probabilidad, y la actividad veremos cuánto sufre, si lo hace.

- En su participación en el Seminario Anual del Boletín Techint, presentó como la volatilidad asociada con las crisis generalmente desvía recursos de una asignación eficiente, y analizó las pérdidas de PBI, de la productividad de los factores y de los años para la recuperación. ¿A qué conclusión llegó en el caso argentino?

- En el mundo hay un debate abierto sobre cómo se van a acomodar las economías al shock del Covid-19 y las secuelas en productividad, empleo, distribución, género, etc. Hay quienes creen que este va a ser un shock transitorio y otros que opinan que quedan secuelas. Sobre la productividad están los más pesimistas y también hay optimistas que ahora dicen que va a ocurrir un salto en la digitalización, la robotización y el uso de inteligencia artificial que va a hacer saltar la productividad y revertir el estancamiento observado en muchos países después de la crisis de 2008-09. Lo que sí es claro es que va a ocurrir un fenómeno de reasignación (lo que los economistas llamamos “reallocation shock”) de recursos en particular del empleo, que algunos lo ven entre sectores y otros lo ven dentro o al interior de sectores. Cuán flexibles son las economías frente a estos cambios va a determinar su resiliencia o capacidad de adaptación al cambio. Por eso, la tremenda esclerosis que tienen los mercados de bienes, servicios y en especial trabajo en la Argentina da un panorama que no es para nada bueno. Lo peor es que es un fenómeno que no se estudia cómo se debería. Hay una esclerosis conceptual muy arraigada en visiones del siglo pasado, por izquierda y por derecha, en el caso argentino.

Pero su pregunta de cómo yo veo la Argentina me permite completar la respuesta anterior sobre el ajuste de corto plazo. Todo lo dicho en cuanto a dinámica no tapa un problema de fondo fundamental que tiene la economía argentina y es una estanflación estructural (yo la llamo del bicentenario) que empezó en 2011 y se arrastró al gobierno de Cambiemos por un error de diagnóstico que allí se hizo, en parte motivado por un temor a la falta de control político. Poca gente entiende bien este problema de estanflación estructural o directamente prefiere negarlo o atribuirlo a una actitud pesimista. El Gobierno actual quiere achicar la pantalla a los 4 años de Cambiemos y niega lo horrible que fue el cepo 2011-15 y el exceso de gasto que nos arrastró a una estanflación. Y la oposición tampoco lo entiende bien a mi juicio, o lo hace superficialmente. No sé, pareciera que sigue creyendo que algún día va a llegar la lluvia de inversiones con sólo desplazar al kirchnerismo.

La verdad es otra y aparece muy nítida en un gráfico que presenté al inicio de mi exposición en la conferencia del Boletín Techint y que resume varias observaciones. Pero la más importante es que con Latinoamérica cayendo en productividad y crecimiento camino a la pandemia, la Argentina describe un proceso a los tumbos con ciclos en las tasas de crecimiento que se van a valores muy negativos con shocks devaluatorios y cayendo fuerte en promedio en términos per cápita. La salida de la crisis 2008-09 fue un espejismo en la Argentina que no se pudo sostener y fuimos de cabeza al cepo de 2011-15. Y eso genera un precedente muy grave, por el riesgo devaluatorio real que se puede vislumbrar a futuro. No hay nada que sugiera que la Argentina no va a volver a repetir un ciclo, saliendo ahora del Covid-19 y terminando en una crisis devaluatoria en algún momento en el futuro. Cambiar este proceso no es broma, se requiere un cambio muy significativo del régimen macroeconómico que hoy, ni tal vez mañana, está o va estar disponible.

- En el mundo se apunta a “una nueva normalidad” con políticas que buscan maximizar la respuesta en inversión en infraestructura y empleo compatibles con objetivos de largo plazo hacia una economía verde ¿Cómo ve a la Argentina en ese proceso?

_ Si, hay cierto consenso al respecto y en el exterior existen trabajos de Cameron Hepburn, Nicholas Stern, Joseph Stiglitz y otros que han apuntalado esa idea, que involucra a la política fiscal y a la política de infraestructura y energía. Estas dos hoy se ven más juntas que antes, porque virar a una economía verde y consistente con las metas de cambio climático implica una sustitución de capital por energía primaria, por ejemplo. Pero la idea o visión es más amplia que esto último. La pospandemia implica una reorganización de las actividades económicas y una nueva gobernancia de la bioseguridad que se va a ver reflejada en la reorganización de la infraestructura en sentido más amplio. Cambia (intensifica) la forma de visualizar tanto cuestiones estructurales (cambio climático, innovación, impacto distributivo y asequibilidad, y ahora bioseguridad) como las políticas vinculadas. Entonces esto involucra, más allá de energía, temas como vivienda e infraestructura de espacios, sistema de transporte y logística, agua y saneamiento, comunicaciones.

Esta visión es la que, yo observo, ha adoptado Martín Guzmán para intentar hacerla aterrizar en el caso argentino. Sirve a su agenda multilateral de negociación (del G20 y también con el FMI) porque le permite interpelar a los organismos para que ayuden a financiar esta transición. Pero curiosamente también sirve para la política fiscal argentina, que necesita desesperadamente ordenarse y hacer un rebalanceo desde gasto primario hacia gasto de capital. Yo creo que este va a ser un componente que va a aparecer en el programa con el FMI. Porque es más progresista decir esto que decir que vas a ajustar el gasto. Por ejemplo, bajar los subsidios para apuntalar la inversión en una transición verde. Y hasta puede dar lugar a recursos frescos si la negociación va por buen camino. Claro, dentro de un programa de refinanciación basado en un esquema coherente. Todo esto choca bastante con la realidad argentina. Un esquema de política fiscal como el de Hepburn-Stern-Stiglitz no tiene cabida en una economía con los datos de ahorro doméstico como la nuestra y sin acceso a financiamiento. No digo que no sea deseable buscar este camino, pero los requisitos para intentarlo hoy parecen lejanos si esto no se encuadra en algo más consistente con la macro.

- La energía aparece en el centro de la escena mundial, con la aceleración de la transición hacia la electrificación del transporte, almacenamiento y baterías, renovables, energía distribuida, digitalización ¿Ve a la Argentina en esa sintonía? ¿Qué podría hacer?

- La transición energética no es más una opción, ya es una realidad. En particular el mundo después de la pandemia va de lleno a un salto en la digitalización y digitalización es sinónimo de electrificación, no de hidrocarburos. Es decir, se trata de una cuestión más tecnológica que ambientalista. O puesto de otro modo, a la cuestión ambientalista la pandemia la ha reforzado con este salto a la digitalización al que vamos. Este tema de descarbonización profunda plantea un serio dilema de política a la Argentina, porque el país tiene una gran riqueza en Vaca Muerta, con mucha tecnología y derrames que le va a dar petróleo y gas y tiene que ver cómo hacer para que esta transición o ventana temporal sea lo más extensa posible. Pero esto no es posible si la Argentina va por un camino de sustitución de capital por energía primaria como el que propone el sendero de descarbonización profunda. Ese sendero además no es el que resultaría en una macroeconomía que no tiene capital y está sobreendeudada. Es una cuestión macro fiscal.

En 1990 escribimos un paper con Omar Chisari que decía que en ese caso los países se sesgaban a sobre explotar recursos naturales, no les quedaba otra. Para completar la escena, la “coalición” hidrocarburífera en la Argentina es formidable con empresas y sindicatos fuertes, gobiernos provinciales y municipales, fuerte representación o peso legislativo, etc. Es decir, la economía política sesga muy fuerte a un status quo porque hay beneficios, rentas, regalías, impuestos, salarios, etc que repartir.

Este dilema genera una tremenda inconsistencia o disyuntiva a resolver en el esquema multilateralista del ministro Guzmán y del gobierno, como quedó evidenciado en las desaveniencias al interior de la representación argentina en la última reunión del G20, con el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, Juan Cabandié, y asesores plegándose a la estrategia norteamericana de John Kerry que es más ofensiva en descarbonización y el reprepresentante (recientemente renunciado) de la Secretaría de Energía (Javier Papa), queriendo plantear que la estrategia argentina debía ser más pausada y parecerse a la posición China. Más allá de que esto haya sido sólo un accidente producto de choque de estilos o personas, lo cierto es que esconde un problema atrás. La Argentina puede estar haciendo diplomacia ambientalista que no sea consistente con lo que en realidad está haciendo puertas adentro y que está plasmado en el reciente proyecto de ley de hidrocarburos o en el trascendido de que el kirchnerismo quiere usar los fondos del Impuesto a la Riqueza para financiar el gasoducto a Brasil. ¿Cómo le explican esto último al grupo ambiental del G20? Esta estrategia de jugar a dos puntas me temo que va a quedar expuesta en algún momento, si ya no lo está.

- Usted a menudo alerta sobre el limitado o nulo grado de libertad que ofrece la deficitaria situación fiscal y la estructura del gasto público para poder avanzar con políticas activas del lado del Estado para responder a ese desafío. Frente a esa restricción, ¿Qué puede hacer el sector privado que cuenta con fuertes inversiones hundidas, como en el caso de Vaca Muerta?

- Hacer lo que el sector privado sabe hacer, que es invertir y hacer crecer la productividad y Vaca Muerta es una prueba de lo que potencialmente podríamos avanzar. Pero como dije en una nota hace un par de meses se requieren condiciones regulatorias, cambiarias y tributarias que implican tener un régimen ordenado y estable, acceso a los mercados, precios de frontera, libre disponibilidad de bienes exportables. La ley reciente trata de corregir estas cosas a medias, algunos dirán no queda otra hasta que la macro se ordene. Tiene un vicio de nacimiento, porque es una ley concebida para una economía con cepo y pecios controlados, como si fueran esquemas permanentes. Es algo que no es sostenible y por lo tanto no puede formar parte de un esquema legal de largo plazo.

- En el Seminario de Techint dijo también que “La economía de la postpandemia puede sorprender con otro ‘salto’ y volver a confundir ciclo con tendencia (nula) y continuar un sendero malo en productividad”, más aún en el caso de la Argentina que tiene una fuerte atracción a permanecer en la trampa de estanflación estructural 2010-20..¿Por qué?

- Si uno toma hoy los indicadores del Indice de Producción Industrial de FIEL en el sector manufacturero la imagen es, por cierto, la de una recuperación muy intensa, que deja la foto del nivel actual por encima del nivel promedio del gobierno de Cambiemos y perforando valores de los mejores años en varios sectores. Es cierto que otros sectores quedan atrás. Pero en industria, que es un dato importante para el ciclo económico, la pendiente ascendente es tan fuerte como la que se observó a la salida de la crisis global de 2008-09. Y ese es, precisamente, la calificación que hice en Techint, mirando el gráfico anterior. Esa recuperación pos crisis de 2008-09 no se sostuvo porque la economía marchaba a un problema grave con el cepo cambiario, es decir iba a una serie de ciclos marcados con un estanflación subyacente. Hoy para mí, si uno sabe leer bien los indicadores, ese es un escenario muy probable, yo diría el más probable, si no hay un reencauzamiento de la macro atrás de un programa de consolidación fiscal y una eliminación del cepo y la brecha cambiaria.

Porque la brecha cambiaria que tenemos hoy es, en porcentaje, más alta que la de 2011-15 pero el problema es que está definida sobre un nivel de tipo de cambio real mucho más alto, es decir más devaluado que el de esa época. Tener una brecha alta sobre un tipo de cambio sobrevaluado dice una cosa, pero tenerla sobre un tipo de cambio relativamente medio a alto en la comparación histórica dice otra cosa muy distinta. Interpelado por Luis Novaresio en su programa, Martín Guzmán le echó la culpa de la brecha cambiaria a los capitales especulativos que quedaron atrapados luego de la crisis de 2018, pero ese argumento para mí no es sostenible y tal vez ni siquiera secundario. Hay dos explicaciones alternativas para explicar la brecha cambiaria como expectativa de devaluación. Y las dos son ortodoxas, mucho me temo.

Una es una fuga que va a más allá de la digestión de exceso de entrada de capitales especulativos. Es un tremendo “exit” a la Albert Hirshman; un efecto “aeropuerto de Kabul” en donde, si los dejaras, se irían muchos capitales y ahorristas por temor a una expropiación parcial de activos. La otra explicación alternativa es que en 2011-15 el déficit fiscal primario era entre 2 y 3 puntos del PBI, mientras que ahora está en el doble, en el promedio entre 2020-21. En otras palabras, la pandemia le hizo jaque mate a la política de cepo porque el déficit adicional que generó implica una brecha cambiaria mucho más alta que deja de ser sostenible. El trabajo de Martín Guzmán ha sido entender esto, hacérselo entender al Poder Ejecutivo y buscar bajar el déficit camino al acuerdo con el FMI.

Vamos a ver cómo termina este proceso, pero si no existe un esquema definido de estabilización que venga liderado por un esquema fiscal y con recursos adicionales entonces la brecha no va a ser sostenible. Menos en este contexto de ir devaluando por debajo de la inflación y la tasa de interés. Un salto, aunque sea acotado, del tipo de cambio no debería sorprendernos en la historia que cuenta el primer gráfico. Es la norma, la excepción sería que estabilicemos. Esto es muy importante que Guzmán se lo transmita a los líderes de su espacio, en especial a la Vicepresidenta. Está en los intereses de la sostenibilidad del gobierno actual que haya un acuerdo con el FMI. Y en los intereses de la Argentina también.

- La cuenta de los subsidios económicos al sector energético está creciendo a un ritmo de 150%, tres veces la tasa de inflación ¿Cree que es sostenible esa dinámica? ¿Cómo debiera revertirse y qué efectos generaría sobre la economía de las empresas y de las familias?

- Es muy preocupante porque esto es el resultado de las restricciones que le impuso la pandemia y de la acotada capacidad de apoyo fiscal a hogares y empresas. Esto llevó a usar las tarifas para acolchonar el impacto, pero el nivel al que se hizo fue un error que se podría haber morigerado. En parte ahora se ha rebalanceado, haciendo subir los precios y tarifas a empresas, pero agrandado la brecha para los hogares. La “solución” a esto lo vamos a ver en el acuerdo con el FMI. Hay problemas de nivel y problemas de estructura en las tarifas, pero en una economía que marcha al 50% nominal de inflación el tema hoy pasa por la indexación que se va a adoptar. Es una disyuntiva nada fácil, pero va a ser inevitable encararla. Tiene que hacerse ayudada por una doctrina de costos más bajos, algo que estuvo ausente en el gobierno de Cambiemos y llevó primero a la resistencia político social y luego al desastre cuando se disparó el tipo de cambio.

- El equipo económico trabaja en la segmentación de los aumentos de tarifas en 2022 por nivel socioeconómico ¿Ese es el camino para poder comenzar a “sincerar” los cuadros tarifarios, o también debiera incluir la baja de la carga tributaria sobre la factura de los servicios públicos?

- Uno de los tres hechos estilizados de las intervenciones tarifarias en la historia argentina es la aparición de una discriminación excesiva al interior de la categoría residencial, llevando a cargos variables y fijos progresivos. Este esquema ya lo tenemos y fue en parte revalidado en la revisión de 2017 en, por ejemplo, electricidad, que tiene la mayor progresividad de cargos fijos (según el nivel de consumo) que existe en el mundo. Creo que no hay otro caso como el argentino donde un hogar de alto consumo paga 50 veces (sí, cincuenta veces !) más y por encima de muchos estados de EEUU, aún a este tipo de cambio nuestro. Esta segmentación por cantidades “a la Argentina” funciona mal por varias razones que los economistas descubrimos y documentamos bien desde hace unos 20 años, cuando la mayor cantidad y calidad de microdatos de encuestas de hogares pusieron al descubierto una enorme filtración hacia hogares ricos de bajo consumo y en contra de hogares pobres de alto consumo.

La alternativa que se ha usado y ha funcionado mejor en otros países es la de otorgar subsidios a hogares en función de la comprobación previa de medios de vida o extenderlos a la clase media baja. Pero, en cualquier caso, hay dos rasgos centrales de esta práctica, en su mejor versión. Una es que se trata de una transferencia de suma fija pre acordada que no interfiere con los precios, es decir no genera subsidios cruzados a través de los precios que se pagan, que siguen reglas de competencia o regulación según el segmento. La otra, y esto es fundamental para entender la propuesta que tiene en mente el gobierno argentino, es que se trata de una segmentación que se focaliza en aquellos que necesitan la ayuda del Estado para resolver un problema de asequibilidad frente a precios o tarifas.

El problema con la propuesta de segmentación de tarifas del gobierno es que se trata de un esquema que no es para los que necesitan ayuda sino de los pudientes, aquellos que por manifestación de medios de vida no deberían estar recibiendo el subsidio. Esta “focalización inversa, o de los ricos” tiene varios problemas que van desde temas informativos (contra los que ya se chocó en 2011 cuando entonces se intentó ir por este camino y se está volviendo a chocar ahora), temas de ineficiencia económica (porque abre la puerta a un sistema de subsidios cruzados que va a distorsionar los consumos y va a empujar a los hogares pudientes a refugiarse en tecnologías que hoy la descentralización y la digitalización hacen posible, es decir un abandono de la red, lo cual es muy problemático para la sostenibilidad de las redes) y finalmente problemas de excesiva carga tributaria, porque esta segmentación puede terminar en un cruce de datos que esconda una nueva forma de levantar la carga tributaria a los ricos, lo cual es algo anómalo e inexistente a nivel mundial.

Todas estas razones hacen presumir que no se está razonando bien y que lo que podría resolverse con una segmentación inteligente termine siendo manejado con un criterio muy erróneo y por gente que no es idónea. Ya hay varias señales de que el poder ejecutivo sucumbió conceptualmente en el tema tarifario.

Finalmente, en el tema tributario sí que debería haber espacio para una reforma, porque la Argentina tiene la carga impositiva más alta o de las más altas de la región. Pero ahí el problema es que una parte de esa carga es provincial y municipal. Si el gobierno nacional se retira entra la marabunta fiscal de niveles inferiores de gobierno. Es decir, se necesita una coordinación federal a través de una ley.

- Cuándo lo entrevisté casi un año atrás me dijo que “no me gusta hacer predicciones cuando existen más incógnitas que ecuaciones, ni tampoco quiero caer en un pesimismo o en un voluntarismo”, por tanto, la pregunta es ¿Más allá del resultado de las elecciones de medio término y de la crisis sanitaria, se han sumado incógnitas o despejado algunas, de cara a 2022 en adelante?

- Se han sumado más ecuaciones e incógnitas, el problema continúa. Hay una esperanza de que estas elecciones nos ayuden a poner mejor gente en el Congreso, en todos los partidos que intervienen. Hay muchas caras nuevas y de las buenas. Prefiero ser prudente en este momento.

- El próximo 15 de septiembre el ministro de Economía presentará al Congreso las pautas y supuestos de gastos y recursos para 2022 ¿Qué debería contener para que sea creíble, habida cuenta de que en el vigente se incumplió el objetivo de inflación en apenas 7 meses?

- Una nota al pie que diga que las metas serán próximamente revisadas en virtud del acuerdo con el FMI. Con sólo eso ganaríamos bastante.

- ¿Una reflexión final?

- Lo más importante ahora es esperar que el sistema político argentino salga fortalecido después de estas elecciones, porque vamos a necesitar una mediación política muy eficaz, para evitar los riesgos que países más estables económicamente que nosotros, como Chile y Colombia, han sufrido en las calles. Y pedirle a mis colegas economistas que siempre, pero en especial de acá a noviembre, tratemos de ser imparciales en el análisis económico, más allá de las preferencias políticas de cada uno. Que nos comportemos como candidatos a un doctorado antes que como candidatos a diputados, porque para esto hay otros.

 

 

* Para www.infobae.com

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