Messi: el rey que disfruta de la corona

DEPORTES 01 de septiembre de 2021 Por Omar EDEN
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"Los extraño”. La frase fue antes. Antes de que la madrugada del martes de Caracas lo recibiera, acompañado por Di María y Paredes. Antes de volverse a encontrar con sus compañeros de gloria. Antes de la primer práctica en territorio venezolano. Incluso antes de su debut en el PSG. Leo Messi arranca, ahora sí, una nueva etapa en la Selección. Y ese “los extraño”, dirigido a sus campeones, a la delegación toda, muestra cómo empezó a vivirla.

La celeste y blanca ya dejó de ser una carga para el 10. Bastante bien la llevaba en el último tiempo, pero la mochila se vació el 10 de julio, en el Maracaná. ​ La Copa América será un antes y un después en todo sentido para el capitán. Y esta vez sí, aunque su compromiso siempre fue inalterable (y valorable), este ida y vuelta lo transitará de otra manera.

“Ahora quiero disfrutar de la Selección”. La otra frase del Messi de las sensaciones más íntimas fue así, nacida desde el corazón, desde el alivio, desde el desahogo. No es que antes no pudiera sino que la carga de responsabilidades era otra, traía la frustración de las finales perdidas, la impotencia y la bronca de no poder festejar algo grande con la Selección.

Y Leo, ahora que lo hizo, ahora que él y sus laderos menos pensados en el momento menos imaginado lograron cortar los 28 años sin títulos, será otro en ese punto también, en el goce. Quizás, hasta se lo vea más liviano en su andar, más suelto de cuerpo, alma y espíritu. “¿Cómo lo vimos? Feliz de la vida”, contaron ya en el búnker de Caracas.

Un mes a full para Leo
Se insiste en el concepto, para no dar lugar a malas interpretaciones. Aun con toda la presión que tenía encima, Messi siempre hizo todos los kilómetros necesarios para ponerse una y otra vez la celeste y blanca. Insistió, persistió, lo intentó una y otra vez. Hasta que lo logró. Y lo curioso fue que cuando todo se acomodó en la Selección, todo se le desacomodó en su vida de club, incluso en su vida cotidiana.

Después de la alegría más grande con la camiseta de sus sueños, se tuvo que despedir de la otra camiseta de su corazón. Del festejo desbordante en Río al llanto sin consuelo en Barcelona, sin escalas. Todo en apenas un mes. Para luego darle paso a la movilización mundial a París, su nuevo y todavía extraño lugar en la tierra.

Desde allí viajó para sumarse a la Selección, ahora sí su casa madre. Llegó con cara de dormido al búnker en Caracas, pero con la alegría de saber que volvería a encontrarse con quienes vivió 50 días como si fuera un viaje de egresados, con el premio mayor como regalo. Incluso, Messi ya había comentado entre sus íntimos las ganas de volver a ponerse la ropa de la Selección a pesar de todo ese largo tiempo compartido, como otra muestra de esta nueva era. Hasta como capitán valoró el sentido de pertenencia que tuvieron sus compañeros, que hicieron todo para salir igual de sus clubes, a pesar del bloqueo de la Premier y de la resistencia de LaLiga a que jugaran la triple fecha de Eliminatorias. “El grupo está feliz. Se nota. Vinieron todos y eso se reconoce y se destaca. Habla también del compromiso que tienen con la Selección pero también con ellos mismos”, le dijeron a Olé.

Ídolo en Venezuela
Y la recepción en Venezuela fue mejor de lo esperada: el público local generó una verdadera revolución en la puerta del hotel y cantaron por Messi, cuando Leo se asomó para ir a la práctica vespertina, seguido por sus amigos Paredes, Di María,De Paul y Papu. ¿Cómo estuvo el 10 en la práctica? Activo, con una gran sonrisa, y moviéndose con mucha soltura con un plantel que ya conoce de memoria, ya que solo se sumaron cuatro jugadores que no fueron campeones de América, pero que ya tienen un pasado en la Selección: Dybala, Rulli, Foyth y Buendía.

Todo hace al clima que se gestó previo a la Copa América y que se potenció, sin dudas, con la coronación. Un grupo que hoy asoma más fuerte que su propia fortaleza futbolística. Por lo que pasó y por lo que vendrá. Porque todos saben que esta historia no terminó en Brasil. “Este título tiene que ser ahora un punto de partida”, piensan puertas adentro, así lo imagina el cuerpo técnico. Ahora la Selección tiene el desafío de seguir encaminando su marcha a Qatar, con la esperanza puesta más que nunca en un Messi que, sin dudas, también ahí jugará con otra carga. Ya no será una Copa del Mundo para conseguir algo con la camiseta argentina. Será, en todo caso, para ir por el Olimpo. La gloria ya está ganada.

En ese sentido, el vínculo de PSG con Qatar también ilusiona y es imposible de soslayar. No porque por esa razón la Selección tenga más chances de... Sino porque Leo parece estar en el mejor lugar para transitar ese camino, en el que seguro estará más cuidado, más comprendido: él y Neymar son figuras que, sin dudas, no deberían faltar a la cita máxima del 2022. Aunque, como todos, tendrán que ganarse ese lugar.

Para hacerlo, Argentina afronta una triple fecha en la que justamente Leo y Ney estarán esta vez frente a frente. Será el domingo, en San Pablo. Pero antes, mañana, la Selección deberá defender con honores su corona de rey de América con Venezuela, en un partido que tiene el rótulo de los accesibles (porque el rival marcha último en la tabla con Perú), pero que igual cuenta con antecedentes para no pasar por alto: en las Eliminatorias para Rusia 2018, el equipo nacional no le pudo ganar ni allá ni acá (2 a 2 y 1 a 1) y luego, hubo una victoria para cada uno (3-1 para la Vinotinto en el 2019 y 2-0 para Argentina en la Copa América).

Como fuere, para Messi llegó la hora de disfrutar de la corona...

Fuente: ole.com.ar

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