Victoria Tolosa Paz: “Mi madre es anti peronista, anti Alberto y anti Cristina”

POLÍTICA 02 de septiembre de 2021 Por Mariana Dahbar*
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Victoria Tolosa Paz entró por primera vez al Ministerio de Desarrollo Social en la provincia de Buenos Aires con 23 años. Por eso, asegura que quienes creen que su candidatura es producto de su amistad con Alberto Fernández “están equivocados”.

Metida de lleno en la campaña, explica que se acuesta y se levanta leyendo medios para estar siempre “muy informada”. Según sus hijos, es una madre todopoderosa: tiene 3 biológicos -producto de su primer matrimonio- más un hijo del corazón, que actualmente trabaja con ella. Su esposo Pepe Albistur tiene siete más. Juntos disfrutan de la numerosa familia que construyeron, con el plus de dieciséis nietos: “Abuela Titi me llaman”.

En una charla a corazón abierto, la platense reveló cuánto sigue sufriendo la pérdida de su hermano menor y recordó con nostalgia su infancia. Además, aseguró que su mamá es a la persona que más admira en la vida, aunque sea profundamente antiperonista.

— ¿Dónde estamos?

—Estamos en las oficinas de Córdoba 933, de los Equipos de Difusión de Pepe Albistur, mi jefe de campaña “cama adentro”, como ha dicho, y donde, desde hace 30 años, se diseñan y se hacen las campañas políticas de muchas y muchos de los dirigentes del peronismo de la Argentina.

—¿Cómo hace para tener tanta energía?

—Porque no se para, desde las 6 de la mañana hasta la noche estoy trabajando para poder lograr el objetivo. En este caso, que el Frente de Todos gane la lista que integro. Tengo la enorme responsabilidad de dedicarle todo lo que tengo.

—¿Se imaginaba como precandidata a diputada nacional bonaerense?

— No, para nada. Yo tengo una capacidad muy grande de trabajo. Como me ven soy, trabajo mucho y cuando empecé a ir mucho a la televisión a ponerle voz al proyecto político, y con la conducción del Gabinete con Santiago Cafiero y con Alberto hubo una decisión de que sea una de las voces que podía ponerle una mirada a la producción, a la economía, a la cuestión social, muchas aristas, eso me puso en un lugar donde fue valorado, supongo yo. No lo hice pensando que éste iba a ser el resultado.

—¿Se imagina las 48 horas de las elecciones?

—Sí.

—¿Cómo se las imagina?

—Muy tranquila. Esperando el resultado. Trabajando hasta el último día y la veda electoral, y preparándonos para ese domingo 12 de septiembre, donde estamos convencidos que va a haber una valoración positiva sobre lo hecho y sobre lo que además venimos a hacer junto a Alberto.

—¿Cómo define este momento electoral?

—Lo defino como un tiempo excepcional. Lo conversábamos con el gobernador Axel Kicillof: para quienes tenemos una vocación política y abrazamos hace mucho tiempo la militancia, es muy raro. No hay actos masivos, hay protocolos, hay toma de temperatura en cualquier situación donde tratamos de tener algún tipo de encuentro mínimo con actores de la vida en sociedad, ya sea con los empresarios dentro de una planta o conversando con trabajadores. Todo tiene un marco muy diferente a cualquier campaña del peronismo en la provincia de Buenos Aires. Entonces, es un tiempo excepcional y me lo tomo con esa responsabilidad también: cuidándome, cuidando al resto, pero sin dejar de estar cerca, que creo que es lo más importante que tenemos, poder escuchar, poder estar en un semáforo, como estuve el sábado a la mañana, entregando volantes, pero en cada bajada de ventanilla de los autos veía los ojos de las personas, las lágrimas y la fuerza, la esperanza que está depositada en el gobierno de Alberto y de Axel. Eso es fuerte, eso alimenta y te da ganas de salir, como digo yo, a jugar el partido.

—¿Cómo transita la pandemia? ¿Tuvo COVID?, ¿Está vacunada?

—No tuve COVID, increíblemente, porque no me detuve prácticamente un minuto de mi gestión, ya que fui trabajadora esencial todo el tiempo. El Gabinete Social no paró de estar en las ollas, en los comedores, llevando adelante protocolos, asistiendo a las familias más vulnerables. Y no me contagié. Ni siquiera tuve que aislarme. No tuve contacto estrecho nunca. Una cosa rarísima. Pero bueno, sí, ya tengo una dosis de la Sinopharm, que me la di hace ya casi un mes. Y estoy esperando para la segunda dosis.

—¿Cómo son sus días en campaña?

—Tengo una vida muy activa. Soy una persona que, ahora en tiempo de campaña, he restringido algunas cosas que me gustan hacer, por el poco tiempo que dispongo. Los domingos, en todo caso, estoy con mis nietos, voy a correr o a andar en bicicleta. Ahora la agenda está muy cargada: medios temprano, radio… Me levanto a las 6 de la mañana todos los días. Me gustaría y extraño hacer gimnasia, pero es un tiempo que lo acorto, porque necesito poder estar atendiendo a una radio y eso requiere, no solamente de levantarme, de leer las principales notas, portales, enterarme de alguna cuestión. Soy de las que se acuesta leyendo los medios y se levanta leyendo los medios. Tengo que estar muy informada de lo que va pasando y al mismo tiempo enterarme de todo lo que pasa en el Gabinete que tenga información para darme: el económico, productivo, social, se comparten documentos, información que es necesario que yo tenga.

—¿Qué es lo primero que hace cuando se despierta?

—Agarrar el celular.

—¿Qué es lo primero que lee?

—Primero el WhatsApp, para ver si alguien me escribió a las tres de la mañana. En un Gabinete es muy probable. Y, fundamentalmente, mis hijos. Yo duermo con el teléfono prendido porque tengo hijos que no viven conmigo. Miro rápido si no me escribió el Presidente o el jefe de Gabinete. Mi marido no porque lo tengo al lado así que en todo caso me codea. Soy una persona muy atenta, muy informada.

—Mencionó a sus hijos y a sus nietos. ¿Cómo viven ellos su trabajo?

—Mi familia es muy grande, es un familión. Yo tengo tres hijos y uno del corazón: Pepe, el criado del corazón, Bautista de 27 años, Juanita que cumple 26 y Joaco de 23. Ya tienen sus vidas. Los tres más grandes viven solos, y Joaquín, el más chiquito, vive conmigo y con Pepe, mi marido. Por su parte, Pepe tiene siete hijos, o sea que entre los dos tenemos once hijos. Y él tiene dieciséis nietos que como yo soy su única abuela, digo que soy la abuela Titi. Me gusta. Hablo con ellos por FaceTime, hoy a la mañana me levanté y, mientras atendía una radio y otra, hablé con los más chiquitos que tienen COVID, Facu y Ramón, que estaban en pijama preguntándome cuándo venían a casa. Yo les decía que estaba en campaña y como ellos me han acompañado a otras campañas a repartir volantes y a caminar, me decían que querían ir a repartir volantes conmigo. Entonces les dije que el próximo fin de semana, cuando ya estén bien, fuera del riesgo de COVID, los iba a traer y me iban a acompañar. Me gusta mucho, disfruto de caminar con mis nietos, con mis sobrinas, soy muy familiera. Muy.

—¿Sus hijos la critican cuando la ven en los medios?

—No, mis hijos son tres santos y Pepe, el más grande, el del corazón, trabaja conmigo. Estudió licenciatura en comunicación así que está permanentemente involucrado. Pero a los otros tres les encanta. Para ellos soy la madre todo poderosa y a través de la cual ven que trabajar, que tener tenacidad, que tener voluntad, que tener convicción, a la larga, deja sus frutos. Y creo que eso también es un aprendizaje para ellos en lo que encaren. Y para mí eso es todo un elogio, porque yo también tuve una madre que trabajó mucho siempre.

—¿Y sus padres qué dicen?

—Mi madre es una gran trabajadora, es una madre también todo poderosa. Yo viví en un hogar matriarcal. Tengo una imagen de una madre muy fuerte. Sostén de toda mi vida emocional, afectiva, económica. O sea, mi vida tuvo que ver con mi madre. Mi padre fue más un trotamundos, un padre abandónico. Abrazó la astrología de muy joven, se fue a vivir a Brasil, se fue a Europa. Bueno, después volvió ya más de grande y nosotras lo cuidamos, lo queremos, pero es un padre que no ha sido un padre típico. Un padre que se dedicó a la astrología, que hace cartas natales.

—Ah, ¿por eso le gusta tanto la astrología?

—(Risas) Por eso me gusta, leo, sí, conozco. Me interesa.

—Si pudiera agradecerle a alguien su presente ¿a quién sería?

—¿Mi presente? A todas las personas que me han ayudado a lo largo de mi vida a llegar a donde estoy. A muchas. No es una. Es un camino. Quien piense que Victoria Tolosa Paz tiene este momento, producto de la casualidad, las amistades, está equivocado. Hay que mirar la película entera: ver a esa joven a los 23 años entrando al Ministerio de Desarrollo Social en la provincia de Buenos Aires con todo el ímpetu, las ganas de trabajar, comprometerse políticamente. Después fueron 20 años de trabajo constante. Sin tener quizás visibilización, para muchos, desde el rol que ocupaba, pero siempre trabajando en la gestión pública. Te puedo hablar cuatro horas de lo que he hecho a lo largo de 20 años en políticas sociales con la cooperación con el Banco Mundial, con el PROCREAR, la urbanización de villas y asentamientos, con tareas sociales. He trabajado mucho.

—Cuando habla de amistades ¿habla de su relación con Alberto Fernández?

—Claro.

—¿Eso le molesta?

—No, no me molesta porque creo que es parte de lo que tenemos que poder explicar. Pepe Albistur, mi marido, es amigo de Alberto Fernández y yo siempre digo que ingresé al Gabinete, no por eso, porque dentro del Gabinete siempre me manejé con mi jefe de Gabinete. Hay como una fantasía: “vos seguramente vas a Olivos”, dicen, pero fui dos veces en este año y medio, porque tengo una relación en mi rol como funcionaria, que se resuelve en la Casa Rosada con el jefe de Gabinete, como todos los ministros y los secretarios de Estado, que vamos con nuestras carpetas, llevamos la agenda, trabajamos en las decisiones que tenemos que tomar.

Sin embargo, está bueno que la gente conozca que podés ser amiga de alguien, pero que, cuando trabajás, tu rol pasa a ser el de un funcionario. Cambia esa relación, para bien, porque yo me sentiría muy mal si fuese la amiga del Presidente, porque tendría, en todo caso, una ventaja o una relación diferente.

Yo siempre digo que fueron muy buenos estos 18 meses con Alberto presidente, porque pudimos construir una relación, yo como funcionaria y él como Presidente, con mucha responsabilidad y de mucho nivel. Para mí, una función que me dio él y que yo espero haber cumplido, no solamente en Argentina, contra el hambre, sino en el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Nacionales, que es una mirada muy amplia sobre las políticas sociales: cómo aportamos a cada grupo etario lo que corresponde para seguir incluyendo, en los niños, la Tarjeta Alimentar, trabajando con Fernanda Raverta, muy fuerte, en la inclusión de sectores que habían quedado desprotegidos, trabajando con Wado de Pedro y el RENAPER la creación de un documento nuevo para los NN en la Argentina, trabajando con Basterra para fortalecer la producción agroalimentaria de los agricultores familiares. Es decir, con cada ministro nos dimos una agenda que permitió ir en busca de los que están, como digo yo, en la base de la pirámide de ingresos, en la desprotección absoluta. Y eso para mí fue muy importante.

—Como amiga de Alberto Fernández ¿cómo se enteró que iba a ser Presidente?

—Me enteré ese mismo 18 de mayo, por un llamado telefónico que le hizo a Pepe, a su amigo, porque en realidad, como puede pasar en los matrimonios, soy amiga, pero el amigo es mi marido. Y lo llamó a Pepe y le dijo: “Pepe, venite al departamento que quiero contarte”, así que Pepe partió para el departamento.

Yo estaba militando en Villa Elvira, en un barrio donde había mucha expectativa por Cristina, donde venía caminando hacía mucho, porque es una localidad que tiene 100.000 habitantes, niveles de pobreza muy importantes, que sienten un amor muy grande hacia Cristina; ella gana en Villa Elvira. Perdemos en La Plata, pero en Villa Elvira gana, como gana en San Lorenzo, en Los Hornos. Alberto me preguntó cómo cayó la noticia, no a mí, cómo le cayó a la gente de a pie. A la señora jubilada que quería verla a Cristina presidenta. Yo le dije: “No sabés el entendimiento absoluto que hay acá”. Entonces, cuando dije la palabra “entendimiento” no faltó quien dijo: “Ah, está diciendo esto porque está en un lugar pobre”. Pero yo hacía referencia a que en lugares donde el amor a Cristina es tan grande pudieron transformarlo y transferir ese amor a Alberto, era la garantía de que la gente iba a apoyarlo. Y para mí fue muy grato caminar esa mañana en Villa Elvira y que la gente saliera. Algunas me mostraban el libro Sinceramente, lo tenían guardado. Había expectativa de que fuera ella, sin embargo, hubo un entendimiento cabal de la decisión que tomó Cristina. Para mí eso fue maravilloso. Tengo ese recuerdo en casa. Justo voy a ir ahora para ver a esas mujeres y ver que hicimos lo correcto, porque el Frente fue la posibilidad de recuperar el rumbo de la Argentina.

—Si alguien le regalase una caja con todas las cosas que ha perdido en su vida ¿qué es lo primero que buscaría?

—Lo primero que buscaría es a mi hermano, que lo perdí hace 3 años y medio.

—¿Cómo lo perdió?

—En un accidente.

—¿Quiere contarnos?

—No, voy a llorar.

Se interrumpe la conversación por unos segundos, hasta que Victoria logra recuperarse.

—¿A qué persona que se encuentra con vida hoy, admira?

—A mi madre. Laura.

—¿Qué piensa ella de su pasión por la política? ¿De qué hablan?

Hablo, hablo. Me dice: “Nena”.

—¿Qué le dice?

—Mi mamá tiene 69 años, yo tengo 48, me tuvo a los 20, es una mamá muy joven.

Me llama por teléfono, me dice que me ve bárbara, que siga para adelante. Es muy gracioso porque mi madre no concuerda con las ideas políticas que tengo yo, ella es una madre antiperonista, anti-Alberto, anti-Cristina. Pero tiene una enorme vocación por admirar lo que yo hago. Y a mí me encanta el domingo a la mañana ir con ella y que me cuente lo que vio; escucha a Magdalena Ruiz Guiñazú a la mañana, entonces, por ahí dice: “Te vi en lo de Jonathan. Me gustó mucho eso. Me gustó cómo hablaste. Después, a la mañana puse Mitre y escuché a Magdalena que decía que escuchó a una chica muy educada. Me da orgullo que hable así de vos Magdalena”. Ella escucha todo el periodismo que normalmente me critica (risas). A mí me da un amor tremendo que tenga esa capacidad de seguir poniendo y sintonizando esas radios y esos canales.

A veces me dice: “Qué paciencia que tenés para ir a medios opositores”. Y yo creo que todo eso también tiene que ver con que me crie en un hogar donde no se comulgaba con mis ideas y eso no me permite no amar a mi madre, porque la amo, no admirarla como la admiro y tener posiciones políticas diametralmente opuestas.

—¿Qué te dice de Alberto?

—No me dice mucho por respeto, sabe que yo lo admiro, lo quiero y banco a este gobierno. Yo supongo que la mitad de las cosas que piensa no me las dice.

Mi mamá me quiere mucho, me heriría. Pero imagino que con sus amigas pueden estar tomando un té y deben criticar, seguramente, porque tienen posiciones políticas diferentes. No le pregunto ni siquiera a quién vota, pero estoy segura de que me va a votar a mí. A mí me votó siempre, eso me lo dice: “A vos te voto porque creo mucho en vos”.

—¿Y de Cristina?

—No la quiere y sabe que yo la admiro profundamente. No me dice nada, pero yo sé que no la quiere. Que no le gustan ni las ideas de Cristina ni las formas y yo sé que no voy a cambiar a mi mamá. Se trata de poder aceptarnos y de respetarnos.

Ella respeta mucho lo que yo hago. Desde siempre. Valora esa vocación por lo público, que también se la debo a ella, aunque piense que no. Porque ella fue una empleada pública, me pasé mis días acompañándola, ella trabajó toda la vida en el Poder Judicial en la Secretaría Electoral armando padrones electorales. Se jubiló ahí. Y yo iba a ver los padrones, que en aquel momento eran padrones en papel. Los años electorales a mí me marcaban a fuego, porque mi mamá no estaba nunca en casa, ya que había que hacer horas extras, se iba a las 6 de la mañana y volvía muy tarde. Y eran los años que nosotros mejorábamos económicamente porque había horas extra que nos permitían tener dinero para, no sé, cambiar algún electrodoméstico, tomarnos vacaciones. Los años electorales eran como una bendición en mi casa. Los años no electorales con mi mamá sobrevivíamos con un sueldo bastante magro.

— Tiene dos teléfonos, en uno llama Alberto y en el otro llama Cristina, ¿cuál atiende primero?

—Ay, no va a pasar nunca eso, porque Cristina no te llama y Alberto tampoco. Alberto te puede mandar un WhatsApp por algo puntual, o porque me requiere. Cristina jamás me llamó por teléfono. Me manda a llamar y tengo una reunión con ella, pero siempre vía un secretario.

—Algunas personas la comparan con Cristina ¿qué opina?

—Será porque somos de La Plata (risas). Para mí es un orgullo que me digan que hay algo en mí que les hace acordar a Cristina. Pero yo creo que es porque somos de La Plata, lo platense muchas veces se nos ve, hay algo. Y bueno, si es eso, si me ven así y me comparan con la más grande, para mí, líder política en la República Argentina, es todo un elogio.

—¿Cómo ve a la gestión de Alberto Fernández?

—Lo veo muy bien. Lo veo muy reflexivo. Bueno, quienes trabajamos a veces nos equivocamos. Gobernar también genera errores. Pero hay una certeza que él tiene, la tranquilidad de haber hecho todo para, no solamente cuidar la vida, dotar al sistema sanitario, sino la tranquilidad de que siempre defendió los intereses de aquellos sectores que no están en un estado que los pueda, no solamente proteger, sino regular para que no vayan quedando, como decimos nosotros, “hilachas de esas vidas”. Y creo que eso es muy importante.

—¿Alguna crítica o algo en lo que crea que se haya equivocado?

—Siempre hay errores. Podemos hablar, por ejemplo, de lo que pasó con Vicentín. Fue un error, porque tuvimos que dar marcha atrás con lo que era poner esa empresa en manos del Estado y poder tener una empresa testigo en materia del complejo agroexportador. Puedo hablarte de errores menores como sucedió aquella vez con los jubilados al comienzo de la pandemia. Puedo hablarte de algunos errores de interpretación como sucedió con el IFE, por ejemplo, que ahora nos encuentra en un saldo positivo. Es muy complejo trabajar la idea de ingreso familiar en la Argentina, es más fácil trabajar la idea de ingreso ciudadano, porque al Estado l

e cuesta mucho saber cómo son los hogares, yo a vos te dejo adentro o afuera del IFE en función de un dato que el Estado no maneja. Esas son las autocríticas que nos hacemos. Siempre hay algo para revisar, siempre hay algo para corregir. Pero siempre, cuando miramos, no es que nos conformamos, pero somos conscientes de mirar todo lo hecho. Como digo: el vaso lleno de aciertos que hemos tenido.

—¿Cuál es su cualidad más sobresaliente?

—¿Positiva o negativa? Porque todos tenemos una parte de luz y una parte de sombra. Voy por la negativa: la impaciencia.

—¿Qué es lo que más la saca?

—Que las cosas no me salgan bien me pone de muy mal humor. Eso hay que corregirlo. Soy muy exigente.

¿Qué me enoja? No sé, muchas cosas (risas). Me enoja el machismo. Me enoja cuando hay una subvaloración de la aptitud de la mujer en política. Tiene que ver con eso, como que no se dan cuenta, a veces, que no es que estamos para la foto, estamos para construir una sociedad de iguales y para eso hay que abrir. Hay que abrir la participación a las mujeres en política. Lo estamos haciendo, yo digo que las listas de los candidatos a diputados nacionales en la provincia son todas masculinas salvo Victoria Tolosa Paz; la izquierda con Manuela Castañeira y creo que Cynthia Hotton o algún partido más pequeño. Después son todos hombres. Y eso también habla a las claras de que tiene que haber mayor nivel de participación de las mujeres en política. Falta todavía mucho.

—¿Cuál cree que fue el furcio o el papelón del año?

—El furcio más grande en el que me engancharon políticamente incorrecta: muy enojada con el intendente de La Plata, en una sesión virtual dejé la cámara prendida, y estaba enojada porque me estaban metiendo un expediente que le quitaba a los trabajadores encargados de edificio su vivienda y modificaban el Código de Ordenamiento Urbano de La Plata en una trampilla ahí rápida; querían poner a votación un expediente que yo me negaba rotundamente a votar, que no voté y no acompañé. Y fue gracioso, bueno, después construyeron esto que te construyen, sobre esa imagen estaba retando a una empleada. No estaba en mi casa, estaba en mi lugar de trabajo. Estaba en plena sesión y estaba diciéndole a nuestro jefe de bloque: “Cristian, decile a los de Cambiemos que saquen ese expediente”, cuando me enojo digo malas palabras.

Entonces, fue muy gracioso porque después se construyó todo un relato. Pero sí, como que llamó la atención ese enojo, que yo no daba esa imagen, pero soy bastante tana, como digo yo.

—¿Cómo ve al periodismo hoy?

—No tengo prejuicios. Vos me preguntabas por una de mis virtudes y no te contesté, creo que no soy prejuiciosa. Voy a todos los canales que me inviten, independientemente de la ideología que está detrás del canal, y de la propia ideología de los periodistas. Creo que eso es una virtud. O sea, poder sentarte en un canal de televisión en donde vos sabés que la estructura editorial apoya a otro proyecto político, a otra dirigencia política, no la que gobierna hoy, para mí es una virtud porque quiere decir que estamos capacitados para poder contarle a todo el electorado lo que vinimos a hacer. Y yo encuentro en el periodismo, que tiene que ser ese puente y ese vínculo que me permita a mí, como dirigente, poder expresarme. En todo caso el periodismo tendrá que aprender, como digo yo, a dejar de militar porque cuando discuto con periodistas me encuentro casi discutiendo como con una persona política y no debe ser así, el periodista debería preguntar. A mí me impresiona un poco que lo señalan en otros, pero no se lo ven a ellos mismos y, sin embargo, así y todo yo siempre prefiero ir a contarles nuestras verdades relativas, lo que hicimos y lo que venimos a hacer.

—Cómo cuida su imagen, ¿vive a dieta o come de todo?

—Soy exjugadora de hockey (risas). Supongo que será genética. Soy una persona deportista, toda mi vida hice gimnasia. Me desenchufa. Voy a ver a mi mamá, que vive a unos cuantos kilómetros de mi casa, y voy en bici. A Pepe, mi marido, le gusta mucho hacer deporte así que hacemos juntos. Comemos muy sano.

—¿Cuál es su permitido preferido?

—Soy re dulcera. A pesar de todo esto me gustan las facturas, me gusta la pastafrola, me gusta la torta de ricota, me encanta el lemon pie. El domingo a la tarde, un mate amargo y una pastafrola de membrillo, me encanta.

—Podría tomar mate tranquilamente con Daniel Scioli...

—Pero totalmente. Viste que tenemos ese gusto en común con Daniel. Sí, me encanta. Mi bisabuela hacía una pastafrola espectacular, la tengo todavía en la memoria. Porque yo creo que hay un registro emotivo con la comida. ¿No sentís que a uno le gusta la comida también que disfrutó? La nostalgia de ese hogar. Yo digo lo de mi bisabuela, la nonna le decíamos, porque no tuve abuela, tuve bisabuela, y hacía unas tortas que eran un manjar y me quedó esa cosa dulcera. Si capaz no hubiese tenido ese recuerdo no tendría por qué abrazar lo dulce, pero la pastafrola, la torta de chocolate y un bizcochuelo que hacía me quedaron grabados y yo los replico. Tengo esas recetas familiares y cocino. Cocinaba más, ahora en campaña es un lío de hacer (risas).

—Si muriera hoy, ¿está contenta con lo que hizo, con su vida?

—Sí. Estoy muy contenta. Estoy muy contenta de haber seguido mi camino, lo que mi esencia me decía que tenía que ser el camino de lo que yo elegí hace muchos años: la vocación política. Estoy muy orgullosa de mis hijos, de la familia que construimos con Pepe. Estoy en paz porque fui fiel a mí misma, a mi vocación política, pero también a esta necesidad enorme de armar una familia.

—¿Sergio Massa o Máximo Kirchner?

—(Risas) Ya le tiré el otro día a Sergio que la bocha se le iba larga y volvía. Máximo, pero porque tengo una relación de mayor empatía con él. He construido mucha charla. Tengo una enorme relación y respeto por Máximo Kirchner.

—¿Cómo es Máximo?

—Es una persona de una calidad humana que me hace acordar mucho a Néstor. Yo tuve el placer de conocerlo y tenía esa cosa campechana, sencilla, simple, pero profunda. Y vos te juntás con Máximo y es una persona que transmite profundidad. Me da mucho placer. Y aparte cada vez que me he encontrado he hablado muchas horas, me genera empatía la charla con él. Algún día el resto de la ciudadanía lo conocerá como lo conocemos muchos de la política y bueno, ahí quizás logre que todos conozcan al Máximo que conocemos algunos.

—¿Dónde lo ve en un futuro?

—¿Dónde lo veo? Donde se lo proponga. No tiene techo, es una persona que tiene una capacidad de armado, de pragmatismo político importante.

—¿Facundo Manes o Diego Santilli?

—A ver, eso se lo dejo a los de Juntos. La verdad es que me cuesta porque no les creo.

—¿Alberto o Cristina?

—Ah, pero esa pregunta no tiene… Son los dos, no hay forma. Son indivisibles, como digo yo, a esta altura. Uno y el otro juntos para poder garantizar la victoria.

—¿Rodríguez Larreta o Macri?

—No, también, me hacés preguntas que son para mí incontestables, porque serían fracaso para la Argentina, cualquiera de los dos. Por Dios, no volver para atrás, vayamos para adelante.

—¿Patricia Bullrich o María Eugenia Vidal?

—(Risas) Ah, pero hoy te viniste con duplas intragables para Tolosa Paz. Prefiero Vidal pero porque Bullrich me parece que es una persona que retrasa mucho. Con Vidal puedo entender, en todo caso, que haya un electorado que la votó durante cuatro años.

—¿Gustavo Sylvestre o Víctor Hugo Morales?

—Me gusta el Gato cocinando. Me mata el sábado a la noche La cocina del Gato.

—¿Con cuánto efectivo sale por día?

—Con 2000 pesos (risas). Soy muy crota. Y una tarjeta de crédito y de débito para cargar nafta en el auto, porque no puedo llenar el tanque sino, está claro.

—¿Cuánto sale el kilo de carne?

—800 pesos.

—¿Cuánto paga de luz?

—Mucho. No lo puedo decir porque es una barbaridad. Pero tengo una casa muy grande y no corresponde que diga lo que pago porque es mucho. Es una casa, vivo en un barrio cerrado, tiene una cantidad de metros importante.

—¿Paga más de 50.000 pesos?

—No, menos. Sé cuánto pago, pero es mucho, me parece que estoy muy por fuera de la media de la Argentina. No me da vergüenza decirlo porque estoy casada con una persona que es empresaria, que se dedicó toda su vida a la actividad privada. Y además con un compromiso político, más allá de los años que estuvo al lado de Néstor como secretario de Medios. Estamos en las oficinas de él, que tienen hace más de 35 años. Las compró en el año 80 y pico.

 

 

* Para www.infobae.com

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