Graciela Ocaña: “Hay que controlar la elección, no creo en fraudes masivos, pero sí en muchas avivadas”

POLÍTICA 04 de septiembre de 2021 Por Ricardo Carpena*
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Graciela Ocaña es una especialista en ganarle al kirchnerismo. En las elecciones de 2017, al menos, fue la candidata más votada en la provincia de Buenos Aires con un 42% de los sufragios para la lista de diputados que encabezó y que superó incluso el 41% obtenido por Esteban Bullrich como senador y que le permitió ganarle nada menos que a Cristina Kirchner.

También puede hablarse de un triunfo de Ocaña cuando renunció al cargo de ministra de Salud del gobierno de Cristina Kirchner, en 2009, disconforme porque Hugo Moyano era más escuchado que ella. Desde entonces, la célebre “Hormiguita”, como la bautizó Elisa Carrió, inició un camino propio en el que quedó asociada con la lucha contra la corrupción y en favor de la transparencia en la política. Desde su partido, Confianza Pública, que fue fundado en 2013, llegó a convertirse en una referente en la ciudad de Buenos Aires. En 2017 se sumó a Cambiemos. Y hoy es la segunda precandidata a diputado de la lista de Juntos en la provincia de Buenos Aires, detrás de Diego Santilli.

En la entrevista con Infobae, la legisladora que busca otro mandato apunta al corazón del kirchnerismo y critica tanto a Alberto Fernández y Cristina Kichner como a Axel Kicillof, Victoria Tolosa Paz y Sabina Frederic. Pero también habla de las propuestas para impulsar desde su banca y alerta sobre la gran importancia de estas elecciones: “Si avanza con una mayoría en el Congreso, el kirchnerismo vendrá por todo. Ya vimos esta película: convierten al Congreso en una mera escribanía y aplican las recetas de siempre que han llevado a los argentinos a una mayor pobreza, a la caída del Producto Bruto, a más endeudamiento. No nos fue bien cuando el kirchnerismo tuvo mayoría”.

-¿Se puede hablar de una campaña normal cuando hay una candidata que habla del “garche” en el peronismo o una ministra de Seguridad que afirma que “Suiza es más tranquilo, pero más aburrido”?

-No quisiera caer en la trampa de (Victoria) Tolosa Paz porque en los últimos días hubo mucho más que declaraciones disparatadas que muestran hasta dónde llega la falta de coherencia y de respeto en el oficialismo. Pondría a la cabeza de esos disparates a Alberto Fernández defendiendo la violencia de la maestra K Laura Radetich. Luego, el papelón de (Sabina) Frederic está mucho más allá del ridículo porque hay miles de víctimas en juego. Estamos hablando de vidas que se han perdido. Le pediría a la ministra de Seguridad que se dedique a hacer su trabajo en lugar de hacer declaraciones pueriles. El colmo de la posición vergonzosa en la que nos colocó llegó con la respuesta del embajador suizo, que utilizó la ironía mediante un spot de Roger Federer y Robert De Niro. Lo de Tolosa Paz es la búsqueda del impacto diseñado para producir un golpe de efecto. La pregunta es: ¿a qué costo? En ese sentido, la discusión que propone el oficialismo lleva a una parte de la política a su nivel más bajo, a una degradación nunca antes vista que subestima a los votantes. ¿Por qué? Porque no ofrece propuestas, le falta el respeto a todos los argentinos y bonaerenses que no tienen trabajo y que pasan hambre, y, además, intenta tapar los problemas de su gobierno con frivolidades para desviar la discusión.

-¿En dónde ubicaría la actitud de Alberto Fernández ante el cumpleaños de Fabiola Yánez en Olivos?

-El Presidente incumplió la normativa que él mismo dictó mientras levantaba el dedito diciendo que acá se iba a terminar la Argentina de los vivos. Es indignante que fuera el propio Presidente el que violara la ley. Y no solamente con el famoso cumpleaños sino porque hubo un montón de reuniones clandestinas en Olivos con los Moyano y todos los demás cuando el resto de la sociedad no podía tener contacto con sus familiares. Uno vio el sufrimiento de muchos adultos mayores que estaban solos, sin poder ver a sus nietos, a sus hijos, más que a través de una pantalla. O cuando te paraban porque si transitabas sin autorización te quitaban el auto y te iniciaban una causa penal. Mucha gente no pudo acompañar a sus familiares en una cuestión tan grave como que estén enfermos de Covid. No hay que olvidar nunca el caso de Solange en Córdoba. Y el Presidente, en vez de aceptar lo que hizo, pedir perdón a todos los argentinos por lo que hizo, porque nunca se terminó de disculpar y le echó la culpa a Fabiola, ahora quiere ser juez y parte, quiere influenciar a la Justicia.

-De todas formas, se puso a disposición de la Justicia.

-No se puso a disposición de la Justicia: quiere zafar. Como se cree que es un profesor de Derecho Penal, pero parece que se olvidó parte de la mitad del Código Penal, entonces lo interpreta como más le conviene a él. Mucha gente siente que hay dos tipos de argentinos: los de la casta, los amigos del poder, los que están en el poder, que pudieron violar la normativa sin que nada les pase, que pudieron vacunarse salteándose la cola y que nada pasó, y el resto de los argentinos, que son los tontos que pagan los impuestos, que hacen su fila para recibir su vacuna y que cumplen las normas. Gran parte de los argentinos creen que el Presidente defraudó la confianza que puso la sociedad en él.

-¿Este tipo de episodios pueden tener alguna consecuencia en las elecciones? ¿Es considerado grave por la gente o pesarán otros factores para decidir el voto?

-A la hora de votar pesan distintas situaciones, pero esto también. Más allá de la acción de la Justicia o de lo que pueda hacer el Congreso, es una oportunidad para que como ciudadanos digamos basta el 12 de septiembre y en las urnas nos expresemos en contra de este tipo de actitudes del kirchnerismo, que cree que está por sobre el resto de los argentinos.

-¿Es igual la fiesta en Olivos que el cumpleaños de Elisa Carrió, como sostiene el Gobierno?

-En el Gobierno siempre le echan la culpa a alguien, dicen que son todos lo mismo o que es culpa de Macri. Creo que son situaciones distintas. El primer momento fue en la cuarentena estricta, donde nadie podía moverse de su casa, donde todo el mundo tenía que sacar la autorización aun para ir a ayudar a tu mamá o ir al médico. Y otro momento fue en diciembre, cuando la situación epidemiológica era otra y también la normativa. Carrió lo explicó, dijo que había avisado a las autoridades, que habían tomado una serie de requerimientos y que incluso se iba a presentar a la Justicia.

-El Presidente que incumple la cuarentena que él impuso a los demás remite a los privilegios de la clase política. ¿Puede despertarse en la sociedad un sentimiento parecido al de 2001 con el “que se vayan todos”?

-La gente está enojada con el Gobierno porque la plata no le alcanza, no llega a fin de mes, porque le habían prometido a los jubilados que les iban a aumentar el 20% y resulta que no solamente no le aumentaron sino que al eliminar por un año la movilidad jubilatoria les hicieron perder 10% de sus ingresos en moneda constante. Porque han condenado a muchas personas a la pobreza. Porque los chicos no tuvieron clases. La gente está enojada por todo eso y preocupada porque perdió su trabajo, porque el comerciante que pudo mantener su negocio está endeudado, porque no ve una salida, porque sus chicos se le van. Estos hechos, como el del vacunatorio VIP, no hacen más que profundizar ese malestar que muchos argentinos tienen contra una dirigencia política que no es empática. Y es lógico: cómo va a tener empatía si no sufrió lo mismo que todos. Pero los ciudadanos tienen que reflexionar porque en el 2001 era “que se vayan todos”, mucha gente no fue a votar o votó a Clemente y resulta que se quedaron todos. Lo más directo es ejercer el derecho al voto. Es una buena oportunidad para votar en contra del Gobierno. En la provincia de Buenos Aires, en la lista que encabeza Diego Santilli podemos mostrar coherencia, gestión, el cumplimiento de las normas y una oposición clara al kirchnerismo.

-Usted ya fue candidata a diputada en 2017 por la Provincia. ¿Qué diferencia hay entre ese momento y el actual?

-En el 2017 la gente sabía que había muchas dificultades, pero tenía esperanza. Hoy veo que muchos bonaerenses no tienen esas ganas de seguir peleando que los ha caracterizado porque vivir en la provincia de Buenos Aires es más difícil que en la Ciudad: a veces no tenés los servicios, las cloacas o el agua corriente, todo es un poco muy caro. Sin embargo, hoy veo que la gente está desesperanzada, incrédula y fundamentalmente con miedo a seguir perdiendo. Porque ha perdido mucho en estos últimos años. Me preocupa cómo generar esa esperanza que había en el 2017: faltaban muchas cosas, pero veían un horizonte más claro de futuro. Hoy, los bonaerenses sienten que salen a la calle y que no saben qué les va a pasar porque se sienten inseguros. La droga había empezado a desaparecer y ahora los transas volvieron a los barrios. Y esa no es la Argentina que el bonaerense quiere. En eso veo una diferencia muy grande.

-¿Y eso se puede cambiar desde una banca de diputada? ¿En la provincia de Buenos Aires pueden producirse cambios por un cambio en la relación de fuerzas en el Congreso?

-Esta elección es importante porque lo que está en juego es qué país queremos hacia el futuro: si queremos una Argentina donde se cumpla la ley, donde tus derechos y tus libertades sean tenidos en cuenta, donde no haya un avance contra la Justicia. Porque si avanza con una mayoría en el Congreso, el kirchnerismo vendrá por todo. Ya vimos toda esta película: convierten al Congreso en una mera escribanía y aplican las recetas de siempre que han llevado a los argentinos a una mayor pobreza, a la caída del Producto Bruto, a más endeudamiento. No nos fue bien cuando el kirchnerismo tuvo mayoría. Justamente fue su peor etapa. En esta elección nos jugamos a reforzar ese dique de contención que ha impedido durante el último año y medio que el kirchnerismo logre las leyes para perpetrar la impunidad de Cristina Kirchner, de los ex funcionarios, el avance sobre el Ministerio Público, la reforma judicial que no mejora la Justicia.

-¿Cuesta hacer campaña desde un espacio cuyo antecedente es una gestión como la de Mauricio Macri que tuvo pésimos resultados económicos? ¿Cree que la gente les puede dar una nueva oportunidad?

-La gente sabe que hemos reconocido errores y hemos aprendido de esos errores, y también siente que está peor que con Macri, se da cuenta de que hubo muchas promesas incumplidas, de que la inflación no bajó sino que aumentó. Porque en esa cuarentena eterna muchos se quedaron sin empleo, sin su negocio, sin su comercio. El kirchnerismo, en medio de toda esta crisis, no le bajó ni un impuesto al comerciante sino que, al contrario, a muchos se los aumentaron. El otro día estuve en un emprendimiento agropecuario que quiere ampliar la línea de producción y proyecta contratar más mano de obra, pero toda la inversión que iban a hacer se la llevó el Impuesto a la Riqueza. Entonces, el kirchnerismo vuelve con más de lo mismo y la gente está mal. No es fácil hacer campaña, pero la gente te escucha porque también quiere creer. Nosotros estuvimos escuchando, dialogando, y ahora les estamos presentando las propuestas que surgieron no de un escritorio sino justamente de esa dinámica. Nosotros no hacemos ninguna promesa que no podamos cumplir sino que queremos impulsar algunas leyes que nos parecen necesarias para mejorar la seguridad de los bonaerenses, para ocuparse de que la política social sea el trabajo y no sigamos generando planes y más planes que no han sacado a los bonaerenses de la pobreza. Hoy, la mitad de los bonaerenses son pobres. Les explicamos también lo que se hizo en la Ciudad. No hubo vacunatorios VIP como en la provincia de Buenos Aires y hay una experiencia de gestión de Diego (Santilli): los motochorros están a ambos lados de la General Paz, pero en la Ciudad se redujo un 60% ese tipo de delitos.

-¿A la candidatura de Diego Santilli no le juega en contra el hecho de que se trata de un dirigente que proviene de la Ciudad de Buenos Aires, como le achacaban Jorge Macri y algunos intendentes del PRO?

-Una calle no divide los problemas de los argentinos, y si se pudo resolver de un lado de la General Paz seguramente se pueden encontrar soluciones para el otro lado. Es una fortaleza. Nadie me ha preguntado sobre el tema en todas las recorridas que he hecho. Eso es más un tema de la chicana, de la cosa política.

-¿Cómo califica la gestión del gobernador Axel Kicillof?

-La gestión de Kiciloff no es buena. No ha resuelto, en el fondo, ninguno de los problemas estructurales que tiene la provincia. Y recursos no le han faltado porque el gobierno nacional se los ha dado incluso sacándole a otras jurisdicciones. Cuando analizás todos los programas del presupuesto nacional, incluso los anticipos del Tesoro, la provincia de Buenos Aires es la más beneficiada. No es sólo un problema de recursos sino un tema histórico en la provincia. En su momento, María Eugenia Vidal logró una mejora sustancial en la coparticipación de la provincia actualizando el famoso Fondo del Conurbano Bonaerense que había quedado congelado durante muchos años. Lo que le falta a Kicillof es gestión. No puede ser que hoy, mientras el gobierno nacional plantea que el 9 de septiembre la gente puede ir a los estadios de fútbol, la provincia no haya podido recuperar todos los días de clase y los chicos vayan a la escuela una semana sí y otra no.

-¿Cuál será su impronta en un nuevo mandato legislativo? ¿Qué proyectos priorizará desde su banca?

-Voy a trabajar más en temas institucionales. Queremos que una iniciativa que surgió de la sociedad civil, como la Ficha Limpia, sea ley. Es un mecanismo que impide que una persona que esté condenada pueda ser candidato: es necesario porque las instituciones no pueden ser aguantaderos. Y la otra iniciativa en la que trabajamos mucho es la boleta única de papel, que lamentablemente este año no pudimos instrumentar y que hubiera sido muy adecuada dada la situación en que se encuentra la pandemia. La boleta única de papel da más transparencia al sistema electoral porque termina con ciertas avivadas que muchas veces se producen en las elecciones, como el robo de boletas, y con el voto cadena, que suele estar atado al clientelismo. Además, creemos que la mejor política social es el empleo y por eso los planes se tienen que ir reconvirtiendo en subsidios al trabajo, pagando parte de los ingresos de aquellas personas que recibían el plan y que puedan conseguir un empleo en blanco o pagando parte de las cargas sociales a las empresas. Eso generaría la posibilidad de que se creen nuevos trabajos. Otro tema que me interesa es el de la tercera edad, que es la que más ha sufrido en estos tiempos: es necesaria una ley de protección integral de los adultos mayores que genere políticas únicas y también crear el Defensor de la Tercera Edad para que defina acciones colectivas para que sus derechos estén garantizados.

-Horacio Rodríguez Larreta hizo una apuesta fuerte con la imposición de María Eugenia Vidal en Capital y Diego Santilli en Provincia. Para Mauricio Macri, apuró la pelea de 2023 en lugar de concentrarse en lo que está en juego en 2021. Hay distintas posiciones sobre el tema. ¿Usted qué opina?

-Esta elección es la del 2021 y tenemos que ganarla si queremos que haya 2023. Esa es la apuesta de todos los dirigentes de Juntos por el Cambio, que tiene a varios dirigentes que pueden ser presidenciables. Es algo bueno en una fuerza política porque significa que está en crecimiento, que puede representar mejor a la sociedad. Creo que muchos han aprendido de los errores y eso también es bueno porque uno cuando aprende no vuelve a cometerlos.

¿Incluso Macri puede ser candidato a presidente?

-No descarto a nadie porque en la política nunca hay que jubilar nadie. Sólo se jubilan los que deciden jubilarse.

-Que son pocos.

-Es cierto. Macri se presenta hoy como una persona de consulta para que este espacio siga creciendo. No me atrevería a descartar a nadie. Hay muy buenos dirigentes. Como Horacio (Rodríguez Larreta), por supuesto.

-Hay dirigentes de Juntos por el Cambio como Mauricio Macri que están preocupados por la fiscalización de las elecciones, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. ¿Comparte esa inquietud?

-La fiscalización es fundamental. Hay que pedirles a todos los que puedan que se sumen a la fiscalización, no importa para qué partido. Si controlás la elección, estás controlando la democracia.

-¿Puede haber fraude?

-Espero que la Argentina del fraude se termine, pero no creo en fraudes muy masivos y sí en muchas avivadas, sobre todo donde falta algún fiscal o en una escuela donde no puedas fiscalizar. “Pasan cosas”, como diría Kiciloff, y en la política argentina pasan cosas siempre. Tenemos que tratar de fiscalizar y controlar la elección. Para eso se está trabajando con voluntarios, pero necesitamos muchos más: la elección de la provincia de Buenos Aires tendrá una mayor cantidad de escuelas porque se ha limitado la cantidad de mesas para evitar la aglomeración de personas. También es importante que los adultos mayores vayan a votar. Temo que algunos, con cierta intención, los asusten. Los mayores de 70 no tienen la obligación de votar y es importante que sepan que tendrán prioridad para votar. Si no está tu voto, no está tu voz.

-Cuando ustedes presentaron las propuestas legislativas de Juntos en Tres de Febrero, usted habló de una reforma del sistema de salud. ¿En qué consiste?

-Hay que trabajar para hacer una revolución en el sistema de salud. Por ejemplo, queremos que los años de duración de la pandemia para profesionales y enfermeros se computen doble para la jubilación. También, instrumentar la historia clínica electrónica, como existe en la Ciudad y en algunos municipios como Vicente López y Lanús, porque así los médicos conocen mejor al paciente. O que los hospitales en épocas normales atiendan 10 horas y no sólo por la mañana. En eso el Estado tiene que invertir y ojalá podamos discutir estas reformas y no formatos para apropiarse de recursos del sector privado para financiar lo que el Estado no quiere poner para el sistema de salud.

-¿Se refiere a la reforma del sistema de salud de la que habló Cristina Kirchner?

-No está muy clara, pero una reforma del sistema de salud no puede salir de cinco personas en el Instituto Patria. Es muy legítimo poder dar la discusión y tiene que hacerse con los profesionales de salud, con el sector privado y con el sector de la seguridad social porque el sistema de salud de la Argentina es un sistema complejo que tiene a varios financiadores.

-El kirchnerismo asegura que impulsará sólo una centralización de los recursos. ¿Cree que será así?

-Lo que busca es apropiarse de los recursos privados del sistema de salud, sea de las obras sociales sindicales, que son aportes que hacen los trabajadores, o de la medicina prepaga, para financiar el hospital público. Lo que hay que discutir es qué cosas hacemos para financiar esos recursos. La Argentina invierte mucho en salud, pero el problema es que hay mucho mal manejo, a veces corrupción y pocos incentivos para que haya unidades que puedan dar esos servicios y que sean productivas. En el gobierno de Cristina fue cuando más se aumentó la cantidad de obras sociales. La mayor parte de las obras sociales tienen menos de 20.000 afiliados, un esquema medio para dar servicios. Si no, es imposible. Uno se empieza a preguntar de quién es el negocio, seguramente no de quienes reciben la prestación. Hay que discutir en serio.

-Usted es una dirigente de un perfil intransigente que está aliada con un moderado como Horacio Rodríguez Larreta. ¿Cómo lo vive en medio de la tensión entre los duros y los dialoguistas de Juntos por el Cambio?

-La construcción no pasa por los duros o los moderados. Soy muy dura en cuanto a defender los principios, los valores, la honestidad, la buena gestión. Pero cuando uno tiene que gestionar debe llegar a acuerdos, como al que llegamos por la boleta única. La Argentina pasa por encontrar esos consensos y a veces no son tan complicados si uno saca la ideología del medio. Ver los problemas y cómo los resolvemos. Horacio es un hombre práctico en ese sentido y quizás por eso nos hemos entendido. Soy dura, pero también sé gestionar y lo he demostrado: manejé uno de los presupuestos más importantes de la Argentina como fue el del PAMI durante cuatro años y creo que bastante bien porque aún hoy muchísima gente sigue reconociendo esa gestión. Cuando los vecinos te ven pelear, nos piden que no lo hagamos: “Qué me importan estas diferencias entre las palomas y los halcones. Díganme cómo van a resolver los problemas. Quiero saber cómo solucionarían el tema de la seguridad”. Entonces cuando les explicás qué es lo que se debe hacer para que haya más policías en la calle, te das cuenta de que eso es lo que quieren escuchar. Y es lo que estamos intentando en todas las recorridas con Diego: transmitirles que hay que sacar el personal de las comisarías y que los policías vayan a patrullar la calle. Para algunos puedo ser una dirigente dura, pero es lo que corresponde. No me gusta que se robe con la plata del Estado. No me gusta que se avance sobre las libertades personales. No me gusta el autoritarismo. No me gusta que los dirigentes sindicales sean ricos como Hugo Moyano mientras su obra social está quebrada.

-Usted renunció como ministra de Salud del gobierno de Cristina Kirchner con fuertes críticas contra Hugo Moyano? ¿Cómo lo ve hoy al líder del Sindicato de Camioneros?

-Cada vez con mayor poder. Es preocupante. No lo quiero personalizar en un dirigente porque no tengo nada personal contra el señor Moyano, pero lo que me molesta son estos dirigentes sindicales que han construido su poder no en base a la defensa de los derechos de los trabajadores sino por la patoteada y la construcción de negocios parasindicales, paraestatales. Eso es algo que siempre voy a seguir combatiendo. Me indigna mucho que el “Pata” Medina haya recuperado la libertad porque todos saben lo que eso significa en La Plata: que no se van a hacer obras porque tenés que arreglar con él. Esas son las cosas que tienen que terminar en la Argentina porque todos tenemos derecho a trabajar y a hacerlo en paz. Los dirigentes sindicales deben defender el interés de los trabajadores, pero no avanzando y amenazando, como sucedió con los camioneros o el “Pata” Medina. Eso impide que la Argentina mejore y crezca.

 

 

* Para www.infobae.com

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