Suenan las alarmas: todas las miradas están en las reservas y el dólar, a pocos días de las PASO

ECONOMÍA 07 de septiembre de 2021 Por Claudio Zlotnik*
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El mes de septiembre arrancó de la manera tan temida: con ventas de divisas en el mercado por parte del Banco Central. Ya no sólo en el canal del dólar "alternativo" (contado con liqui) -algo que vino sucediendo en los últimos meses- sino también en el canal "oficial". Se trata de la variable clave a monitorear de acá hasta fin de año, por lo menos. Y que adquiere especial relevancia política en la semana previa a las PASO.

"Una cosa es que lleguemos a las elecciones con el dólar tranquilo y el Banco Central con más reservas que si el escenario empieza a oscurecerse. El escenario es el previsible, pero no es el más apropiado para la semana final de la campaña", reconoce un funcionario del equipo económico, que en las últimas jornadas se sumó a los actos de los candidatos oficialistas.

La advertencia de ese funcionario puede ser mandatario para Miguel Pesce. Lo más probable es que la mesa de operaciones del BCRA cierre el grifo estos días y administre las divisas. Nadie quiere que se hable del dólar justo antes de que los argentinos concurran a las urnas.

Más allá de que en la coyuntura el Gobierno extreme las precauciones, está más que claro que el escenario de fondo es desafiante para las autoridades.

Básicamente porque se presume que las liquidaciones de las cerealeras -hasta ahora en niveles récord- van a contraerse en las próximas semanas, al menos hasta fin de año.

Hay varias estimaciones al respecto. Una última de la Fundación Mediterránea prevé que todavía queda el 20% de las exportaciones de soja sin liquidar. Un total de unos u$s2.500 millones mensuales hasta diciembre.

Implicaría un recorte de u$s1.300 millones mensuales respecto del segundo y tercer cuatrimestre, afirma la Mediterránea.

Si se coloca la lupa en los últimos meses, las cuentan dan que las liquidaciones de las cerealeras totalizaron unos u$s3.000 millones en agosto y el BCRA no pudo comprar nada. En julio y junio, las liquidaciones habían sido por unos u$s3.500 millones mensuales, con un Banco Central adquiriendo cerca de u$s700 millones cada mes.

El escenario parece claro: si a partir de este mes disminuyen las liquidaciones y se habilitan las mismas importaciones que los meses previos, entonces las reservas caerán. Y no hay demasiado espacio para que eso ocurra.

En los últimos dos meses, las importaciones rondaron los u$s5.700/u$s5.800 millones mensuales. ¿Será necesario ajustar el grifo para evitar un cimbronazos? Y si se ajusta, ¿cuál es el riesgo de perjudicar la actividad económica, que está en plena recuperación, tras el desplome por la pandemia? ¿Acaso será imprescindible volver a tomar medidas restrictivas en el mercado cambiario? ¿En las operaciones del contado con liqui?

A eso hay que sumarle las obligaciones de deuda que tiene el Gobierno. Los más grandes serán los vencimientos con el Fondo Monetario.

Eso sucederá en exactos 16 días -el 22 de septiembre- saldrán los primeros u$s1.880 millones correspondientes al vencimiento con el FMI. Y dentro de 107 días -el 22 de diciembre- habrás que pagar otros u$s1.880 millones.

Pero hay más: en total, los vencimientos con los organismos redondean u$s4830 millones hasta fin de año.

Esos vencimientos se afrontarán -en gran parte- con los propios DEGs enviados por el FMI hace un par de semanas (u$s4.335 millones en total). Por eso mismo, las denominadas reservas "netas" -que estaban en torno a los u$s5.500 millones- ascendieron a unos u$s10.000 millones.

A este paquete de pagos habrá que añadir los dólares que todos los días "gasta" el Banco Central por las ventas en el CCL.

Para mantener la cotización en torno a los $170 en ese mercado, el BCRA vendió unos u$s300 millones en el CCL durante agosto. Por debajo a los u$s400 millones de julio, gracias a las medidas que se tomaron en las últimas semanas para restringir las operaciones en ese nicho.

La pregunta, a esta altura, sin un acuerdo con el Fondo Monetario que permita refinanciar los inminentes vencimientos, es si esta estrategia es sostenible.

El poder de fuego del Banco Central se acrecentó después de que el FMI enviara los u$s4.335 millones. Las reservas netas, de hecho, alcanzaron los u$s10.000 millones. Pero la cuestión es que, así como llegaron, esos dólares se irán antes de fin de año. Y nadie puede predecir que en las próximas semanas disminuirá la presión dolarizadora. Más bien, lo más probable es que ocurra todo lo contrario.

Para tener una idea de lo justito que viene el escenario, un dato aportado por la Fundación Mediterránea en su último informe: "El recorte estacional en las exportaciones agroindustriales implica perder en los próximos meses entre el 15% y 20% de las exportaciones totales, que pasarían a ubicarse (ceteris paribus el resto de envíos) más cerca de los u$s6.000 millones que de los u$s7.000 millones, una cifra que deja muy a tiro a las importaciones (u$s5.800 millones) y que por tanto implica perder el importante superávit comercial que se había logrado acumular gracias a precios internacionales extraordinarios de commodities y una finalmente buena campaña agrícola".

Desde los despachos oficiales, los principales funcionarios del equipo económico intentan llevar tranquilidad. Sostienen que el escenario es "perfectamente manejable".

Ninguno de los funcionarios consultados por iProfesional admite que vayan a tomarse medidas restrictivas adicionales. Pero, ya se vio, las medidas no se anuncian; se toman cuando apremia la necesidad de asegurar las divisas y la paz cambiaria.

Hasta ahora, el Gobierno alentó la expectativa de que el acuerdo con el FMI llegaría antes de fin de año. Incluso con la posibilidad de que el vencimiento de diciembre -también por u$s1.880 millones- pudiera ser refinanciado, con el objetivo de quedarse con esos dólares en las reservas y despejar incertidumbres.

El verdadero riesgo de acá a fin de año es que el cálculo que se hizo en el ministerio de Economía haya sobreestimado el poder de fuego del Banco Central, y las expectativas negativas exacerben el proceso de dolarización, algo típico del año electoral.

Con estas variables a la vista, entonces, la cuestión central pasa por dos cuestiones: una, la brecha que tendrá la Argentina cuando lleguen las elecciones, a mediados de noviembre. La otra, con cuántas reservas alcanzará ese momento. Para muchos, ambas variables están tan interrelacionadas que una dependerá de la otra.

El tiempo pondrá los números. La suerte, a esta altura del año, parece echada.

 

 

* Para www.iprofesional.com

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