Elecciones en Santa Fe: entre la paridad formal y la real

POLÍTICA 10 de septiembre de 2021 Por Agencia de Noticias del Interior
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En la mayoría de los afiches, los varones están adelante. Hay igual cantidad que mujeres en las listas, es verdad, y algunas encabezan las propuestas para el Senado y la Cámara de Diputados. La ley de paridad asegura que el 50 por ciento de las propuestas legislativas llevarán una representación igualitaria. En la provincia de Santa Fe, el 36,4 por ciento de las propuestas para Senadores y el 26,1 para la Cámara Baja son encabezadas por mujeres. Lo único que garantiza el primer lugar para una mujer es que su grado de conocimiento sea mucho mayor que el del varón que lidera el espacio. Fueron famosas -salvo excepciones que apuntan a marcar la diferencia- las que se subieron al primer lugar, llegadas directamente de la televisión. Es que ellos siguen liderando la mayor parte de los espacios, y la discusión sobre la integración de las listas se sigue dirimiendo entre varones.
 
El porcentaje de listas encabezadas por mujeres está reflejado en el informe #ParidadEnLasListas, un monitoreo del cumplimiento de la ley vigente en la lista de precandidaturas para legisladores nacionales y provinciales que realizó la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires junto a la Asociación de Defensores y Defensoras del Pueblo de la República Argentina (ADPRA). Según este trabajo, que analizó las propuestas de todo el país, hay un alto nivel de cumplimiento de la ley de paridad nacional y las leyes homólogas provinciales.

Los lugares en las listas no aseguran que los liderazgos puedan ser compartidos. Ahí está uno de los desafíos más importantes para quienes creen que la política se puede mejorar, y es la única herramienta para cambiar la vida de las mayorías. Más pendiente está la inclusión de la comunidad travesti-trans, que ha construido liderazgos y referencias en todo el país, todavía no reflejadas en las propuestas electorales.

 Si bien la ley de paridad está vigente para las elecciones nacionales desde 2019, el punto de partida implica que todavía no hay una representación paritaria. “En el Congreso Nacional las senadoras nacionales representan el 38,9% de la Cámara (28 de 72 senadores/as) mientras que las diputadas nacionales, el 42.4% (109 de 257 diputados/as)”, detalla el mismo informe.

Por eso, la cantidad de mujeres que encabezan listas es un dato fundamental. “Si bien no es un requisito establecido por ley, constituye un símbolo en relación al cambio cultural que se espera de este tipo de legislación. Cuanta mayor cantidad de mujeres encabecen listas, mayor será la posibilidad de que efectivamente ingresen a los cargos por los cuales compiten y que traccionen a mayor cantidad de mujeres a los lugares expectables. O sea, que encabece una mujer, gracias a la alternancia, implica que el resto de las mujeres de la lista estarán en mejores posiciones y con mayores probabilidades de acceder a escaños”, explica el trabajo elaborado por Adpra y la Defensoría del Pueblo de Caba.

 Para la histórica activista feminista, diputada provincial mandato cumplido, Silvia Augsburger, es un hecho que “las mujeres cabeza de lista son absolutamente minoría y el que habla en los medios de comunicación es el cabeza de lista, el resto no aparece”. La visibilidad es conocimiento, uno de los requisitos para el liderazgo.

Las leyes conseguidas por la presión de los movimientos de mujeres y feministas son cruciales, pero su efecto no es mágico: modifican culturas y realidades, a largo plazo. Son los movimientos sociales, las disputas callejeras, la construcción de poder por debajo las que -además de modificar leyes- las hacen realidad.

 Tanto es así que, en los días previos a las elecciones, las notas periodísticas alertaban sobre el “peligro” que implicaba la aplicación de la ley de paridad, porque en los Frentes con sólo dos listas de precandidatos encabezadas por varones, y sin una diferencia abrumadora para una de ellas, la lista perdedora podría tener asignados los lugares de las mujeres, únicamente. Lo que implica que el primer precandidato quede afuera. No se trata de la ley, sino de la forma en que cada alianza aplicó el reglamento. El abogado constitucionalista Domingo Rondina explica que esto se debe a la definición de la paridad directa, que en lugar de establecer la composición de las listas definitivas por duetos, lo hace con alternancia simple. La ley de paridad provincial maneja el criterio de la integración por duetos.

En la Argentina, las mujeres siempre estuvieron en las calles y militaron en los partidos políticos. Sin embargo, el acceso a lugares de decisión estuvo dificultado por múltiples razones. Una de ellas, la doble jornada que implican las tareas de cuidado no remuneradas. La obligación familiar como “natural” para las mujeres fue una de las grandes barreras a su acceso a lugares de liderazgos.

Por eso, los feminismos y el movimiento de mujeres llevan adelante una larga lucha para restituir una situación de equidad. Ese movimiento tuvo un mojón en 1991, cuando se aprobó la ley de cupo. Conquistarla, tras la recuperación democrática, significó una cantidad de acciones y alianzas multipartidarias que se replicó cada vez que debió salir una ley donde se pudieran ampliar derechos. La provincia de Santa Fe tiene muy presente esa construcción, con la Mesa por la Paridad, formada por mujeres de diferentes partidos. Impulsaron la ley que salió en la Legislatura provincial en 2019, dos años después que la legislación nacional. No fue fácil: había perdido estado parlamentario dos veces antes.

 Una de las paradojas es que la paridad permite llegar a mujeres que lanzan su carrera política -desde la televisión- en abierta oposición al feminismo. Las leyes que las hacen necesarias en las boletas son las mismas que ellas combaten. Mientras, en el mundo se agitan propuestas ultraconservadoras con el objetivo manifiesto de frenar la conquista de derechos, contra lo que llaman “la ideología de género”. Esas apuestas tienen su correlato en la provincia de Santa Fe, a través de las figuras mediáticas que llegan a sus bancas desde un supuesto sentido común que en realidad son propuestas conservadoras.

Se asientan en la crisis de representación, en el descreimiento de lo que buena parte de la población -urgida por su situación económica y realidades materiales como la violencia urbana- considera una cosmética de la vieja política. Otra paradoja: si algo han hecho los movimientos de mujeres y feministas ha sido modificar la vida cotidiana, poner en discusión las realidades materiales, participar de los espacios que hacen frente a las crisis. No se trata solo de ocupar lugares institucionales: el feminismo popular es parte de la gran mayoría de los comedores comunitarios que se multiplican en todo el país.

Desde 2015, cuando el Ni Una Menos irrumpió con fuerza para reclamar el fin de los femicidios, la agenda de género es parte de las discusiones públicas. Las fuerzas políticas necesitan figuras femeninas fuertes. Sin ellas, no pueden presentar una propuesta política convincente. Hay feministas de derecha, de izquierda, peronistas y radicales. Tienen diferencias profundas en sus políticas, pero todas sufren las dificultades de entrar sentarse en la mesa de las decisiones. A menos que sean las dueñas de los votos.

 El panorama no es homogéneo, en la política nacional hay diferencias muy evidentes entre las fuerzas más permeables a los feminismos, como se vio en el debate por la legalización del aborto. La forma tradicional de concebir el poder como un arreglo masculino da su batalla.

Fuente: Aire de Santa Fe, sobre una nota de  SONIA TESSA

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