Dólar, inflación, la coordinación de expectativas y el resultado de las PASO

ECONOMÍA 12 de septiembre de 2021 Por Enrique SZEWACH
FOKKYNXB2JB4TCBQEYGMQVQ73I

Alguien dijo alguna vez que después de cierta edad había dejado de ser hipocondríaco… ahora estaba verdaderamente enfermo.

No sé por qué recordé esa definición al leer una declaración del ministro Martín Guzmán, en la cual, entre las “multicausas” de la inflación, además de la presión de la emisión monetaria sobre el dólar agregó: “…hay un problema de coordinación colectiva de expectativas, ya que muchas veces hay actitudes precautorias y preventivas por parte de quienes forman precios sobre la expectativa de que los costos de reposición van a aumentar porque otros subirán los precios…”.

Como en la tristemente célebre frase sobre la “sensación de inseguridad”, los funcionarios tienden a considerar que las expectativas de los ciudadanos respecto de la evolución de alguna variable determinada se forman como parte de un complot, o en el vacío, y no en base a información que, con mayor o menor profundidad, se recibe del entorno, macro, político, o social.

Es cierto que puede haber noticias falsas, o un mal procesamiento de la realidad. Y también es cierto que una política no creída fracasa, por mejor diseñada que esté. Pero no es menos cierto que las expectativas inflacionarias a las que hace referencia el ministro se han coordinado en torno a un desequilibrio macro evidente, generado por su propia política.

Si se proyecta que el Banco Central, para financiar la expansión electoral del gasto público, emitirá más de un billón y medio de pesos en el semestre, sumado a otros 600-700 mil millones que emitirá para pagar los intereses de la deuda remunerada, en un contexto de tasas de interés negativas, que desalientan la demanda de pesos, y con muy pocas reservas líquidas de dólares, que siguen cayendo, resulta altamente probable que todos pensemos que el exceso de pesos que quede después del adicional de deuda que coloque el Banco Central para absorber, en parte esa emisión, se va a volcar, parcialmente, a la demanda de dólares en los mercados en que se consiga, y que quienes tienen capacidad de ahorro, traten de dolarizar sus tenencias. Asimismo, los importadores de insumos o bienes se apuran a concretar sus negocios, sabiendo que el Banco Central con pocos dólares, tarde o temprano pondrá más restricciones a las importaciones o aumentará el precio al cual vende los dólares. A su vez, los productores de bienes y servicios incorporan a sus precios esta expectativa de restricción de dólares, o devaluación del peso, pensando en el aumento de los costos de reposición, en la medida que la demanda se lo permita. Algo similar ocurre con aquellos exportadores que pueden demorar sus ventas, a la espera de un aumento en el precio del dólar oficial.

Lo que está coordinando las expectativas es este descontrol macro y no la perversidad, o ignorancia, de la gente. Y tampoco estamos ante la existencia de un gran programa de estabilización y crecimiento incomprendido por falta de credibilidad de sus autores. No es que el auto frenó y el problema es la “inercia”. El auto está todavía acelerando.

Es más, el propio ministro se ha encargado de decir que el gasto público no bajará en el futuro y, dado que el espacio para subir impuestos formales es mínimo, implícitamente anunció que el déficit fiscal seguirá siendo financiado, en su mayor parte con emisión, con impuesto inflacionario. Y por si esto fuera poco, agregó que la deuda remunerada del Banco Central (las leliqs) son “disfuncionales” y un tema a solucionar. Pero le recuerdo al ministro que los, por ahora, 4 billones de pesos de deuda remunerada, son “emisión estacionada”, de manera que “solucionar” el problema implica largar a la calle toda esa masa de pesos. Obviamente, con un programa coherente que empiece a generar un aumento de la demanda de pesos, este aumento de la oferta de pesos puede ser compensada. Pero ese es un proceso lento y gradual, dependiendo, insisto, de la existencia de un programa muy diferente al actual. Sin ese programa, o sin una ayuda externa importante, tratar de desarmar la bola de leliqs resulta como mínimo temerario y, como máximo, expropiatorio.

En otras palabras, paradójicamente, lo que está coordinando expectativas negativas, en torno al precio del dólar y la tasa de inflación, en el corto plazo, es el actual “no programa” y un gobierno que anuncia la continuidad o el empeoramiento de dicho programa.

Con este panorama, ¿puede el resultado de las PASO, modificar esta coordinación de expectativas para bien o para mal?

Si el resultado se parece a lo que están diciendo la mayoría de las encuestas, triunfo modesto del oficialismo en la Provincia de Buenos Aires y triunfo modesto de la oposición en el total país, o si resultara aún peor para el oficialismo, es probable que se espere más descontrol fiscal y monetario instrumentado para tratar de revertir este escenario en las elecciones de noviembre. Coordinando expectativas negativas sobre el precio del dólar y sobre la tasa de inflación.

Si, en cambio, el escrutinio de hoy refleja un triunfo más holgado para el oficialismo, anticipando un muy buen desempeño en noviembre, podría ser que no sea necesario echar mano a más estímulos, mientras se fortalece la menguada autoridad del presidente Fernández, lo que podría traducirse en un escenario más tranquilo, si fuera creíble la reaparición del Fernández “moderado” que ganó la elección del 2019. Discutible.

De todas maneras, me estoy refiriendo a expectativas de muy corto plazo, las de mediano y largo seguirán dependiendo del tipo de acuerdo que se logre con el FMI y de la probabilidad de tener, en un futuro relativamente cercano, un verdadero cambio de régimen que coordine optimismo, en lugar de resignación.

Por ahora, volviendo al cuento del principio de esta nota, no es que creemos que la economía argentina anda mal. Lo cierto es que la economía argentina anda verdaderamente mal.

Fuente: Infobae

Te puede interesar