Los Balcanes se resignan a retrasar el ingreso en la UE hasta que se resuelvan sus propios conflictos

INTERNACIONALES 07 de octubre de 2021 Por Bernardo DE MIGUEL
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Líderes de la UE y de los Balcanes posan para la foto de familia de la cumbre celebrada en Brdo (Eslovenia), este miércoles. PETR DAVID JOSEK (AP)

La cumbre de la Unión Europea con los seis países balcánicos que aspiran a ingresar en el club —Serbia, Montenegro, Albania, Macedonia del Norte, Bosnia-Herzegovina y Kosovo—, celebrada este miércoles en Brdo (Eslovenia), se ha saldado con la reafirmación de la oferta de adhesión, pero sin concretar un calendario ni siquiera lejano u orientativo. Los líderes de la última región del continente descolgada de la UE salen de la cita resignados a conformarse con un progresivo acercamiento económico y convencidos de que su ingreso depende ahora más que nunca de que resuelvan sus propios conflictos regionales.

El examen de ingreso, cada vez más duro por exigencia de países como Francia u Holanda, les obliga también a demostrar a la opinión pública de los países de la UE una estabilidad política y una fortaleza del Estado de derecho que ahora no se da por garantizada.


“Sin resolver nuestros asuntos con Prístina [capital de Kosovo], Serbia no podrá ingresar en la UE”, reconoció al término de la cumbre el presidente de Serbia, Alexandr Vucic. Serbia, corazón de la antigua Yugoslavia, es el país más grande de la región y la pieza principal a encajar en el club comunitario. Pero la complicada relación de Belgrado con Kosovo, que se independizó de manera unilateral del Estado serbio, y los continuos rifirrafes fronterizos —el más reciente, este mes de septiembre— ponen en duda la posibilidad de convivencia regional.

A pesar de las dificultades, Eslovenia, país que preside este semestre la UE y que fue el primero en independizarse de Yugoslavia e ingresar en el club comunitario, deseaba que la cumbre de Brdo sirviese para reafirmar el compromiso de los Veintisiete con la futura ampliación de los llamados Balcanes occidentales. Incluso se aspiraba a fijar un objetivo para iniciar la ampliación en 2030 como muy tarde.

El primer ministro esloveno, Janez Jansa, ha logrado solo en parte su objetivo, porque la oferta de adhesión se ha mantenido, como se viene haciendo desde hace dos décadas. Pero los socios europeos se han negado a fijar un horizonte temporal para el ingreso.

La declaración final de la cumbre se limita a señalar que “la UE reafirma su compromiso con la ampliación”. Pero el texto subraya que el proceso estará supeditado no solo a reformas creíbles en los países candidatos, sino también a la adaptación del club para garantizar que puede absorberlos. Dos condiciones que pueden tardar años o décadas en coincidir.

Ni siquiera Alemania, uno de los países más favorables a las ampliaciones hacia el este, ha defendido ninguna fecha por remota que fuera. “No creo realmente en fijar fechas, sino en cumplir nuestra promesa: una vez que las condiciones se cumplan la adhesión puede producirse”, ha señalado al término de la cumbre la canciller saliente, Angela Merkel. Berlín deja claro, por tanto, que la carga de la prueba corresponde a cada uno de los seis países que aspiran a seguir la estela de Eslovenia y Croacia, las dos antiguas repúblicas yugoslavas que ingresaron en 2004 y 2013 respectivamente.

Mucho más duro se ha mostrado el presidente francés, Emmanuel Macron, quien ha asegurado que la región no solo no se ha estabilizado sino que ha dado marcha atrás en algunos terrenos. “Deseamos dar una perspectiva europea a estos países (…), pero hoy en día vemos, en cierto modo, un regreso de la historia y grandes tensiones”, afirmó el mandatario francés.

La situación es especialmente delicada en Bosnia-Herzegovina, donde a principios de año se llegó a especular con una posible desintegración del país. Kosovo también mantiene la tensión con Serbia y su independencia, además, no es reconocida por cinco socios de la UE, España entre ellos. Y un país que ha avanzado decididamente hacia la apertura de las negociaciones de adhesión, como Macedonia del Norte, se ha topado con el veto desde dentro de la UE por parte de Bulgaria por una disputa, entre otras cosas, sobre las raíces búlgaras de la lengua macedonia y sobre la interpretación de la invasión búlgara del país durante la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: El País

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