Elecciones 2021: preocupación en el Gobierno por un incremento de la “fuga de votos por izquierda”

POLÍTICA Por Brenda Struminger*
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Tras la suba de la inflación en septiembre, con el dólar paralelo en alza, la multiplicación de las marchas de grupos piqueteros y la aparición de algunos incidentes más graves, aunque aislados, con organizaciones sociales, crece la preocupación en el Gobierno por un incremento en la fuga de votos hacia la izquierda cuando faltan dos semanas para las elecciones de noviembre. Para mitigar el daño en las Generales, el Frente de Todos busca acercar posiciones con los movimientos sociales afines, e incluso con las organizaciones más extremos y alejados; mientras endurece el discurso en torno a dos de los temas más importantes en la agenda del progresismo: la inflación y el acuerdo con el FMI.

Según los cálculos de los estrategas electorales del Frente de Todos, en los comicios del 12 de septiembre el oficialismo perdió entre el 2 y el 3 por ciento de los votos que había obtenido hace dos años a manos de los partidos de izquierda agrupados en la provincia de Buenos Aires (pasaron del 3,6 por ciento en las PASO de 2017 al 5,2 por ciento, este año).

La inquietud por el avance del FIT en las Legislativas no sólo alcanza a la provincia y la Ciudad de Buenos Aires. En varios distritos del interior la izquierda hizo elecciones sobresalientes. El caso paradigmático fue Jujuy, donde obtuvo el segundo lugar después de Juntos por el Cambio con el 23 por ciento de los votos y desplazó al FDT al tercer puesto.

Hoy, según dijeron referentes del oficialismo a Infobae, las encuestas les muestran que esos partidos están fortaleciéndose por la apatía generalizada con la política y la situación económica después del peor tramo de la pandemia. “No ganan, pero te impiden meter un diputado o un senador más”, señaló un armador. “La tercera fuerza a nivel nacional son ellos, no Javier Milei como buscan construir los medios”.

A 15 días de las generales del 14 de noviembre, todos los esfuerzos del Frente de Todos están enfocados, de mínima, en evitar que las proporciones de esa fuga aumenten. Y, de máxima, a recuperar esos apoyos.

Quienes tienen cierta esperanza en la tarea vieron con preocupación el éxito -en el que hasta el oficialismo coinciden- de la Myriam Bregman en el debate de candidatos por la Ciudad televisado en vivo hace dos semanas (en las últimas PASO legislativas porteñas obtuvieron el 3,8%; este año alcanzaron el 6,2%). Y miran de reojo el posicionamiento de su par bonaerense, Nicolás Del Caño, en lo alto de las listas de postulantes en varias de las últimas encuestas de imagen.

También siguieron atentos la masiva manifestación del Frente de Izquierda que tuvo lugar ayer en la Plaza de Mayo, con apoyo del Polo Obrero, para respaldar a sus candidatos con las consignas “que la crisis la paguen los capitalistas, por la ruptura con el FMI, por un salario equivalente a la canasta familiar y por la unidad de ocupados y desocupados para luchar contra el ajuste en la perspectiva de una salida para los trabajadores”.

El Gobierno atribuye la suba en las adhesiones a la izquierda en las PASO a la grave situación económica, que no muestra mejoras palpables y, al contrario, registra una profundización de los problemas que afectan los bolsillos en la vida diaria. En el oficialismo siguen con minuciosa atención el avance de la inflación -hubo un salto a 3,5 por ciento en septiembre tras cinco meses a la baja-; y la escalada del dólar blue, que alcanzó niveles récord esta semana y el viernes se acercó a los 200 pesos. En los despachos de la Casa Rosada responsabilizan a los “grupos económicos concentrados” por ambos fenómenos. Y los vinculan a un “intento desestabilizador” que, aseguran, también acompaña la oposición de Juntos por el Cambio.

Es en buena parte por este motivo que el Gobierno decidió endurecer, de manera urgente, el discurso contra algunos grupos empresarios y el Fondo Monetario Internacional (FMI) antes de los comicios. Este viraje se vio el sábado pasado, en el acto de Máximo Kirchner en Lanús; con el jingle camporista que publicaron en sus redes; y en Morón durante el acto de homenaje a Néstor Kirchner, donde los cuestionamientos del Presidente se dirigieron no sólo a Mauricio Macri, sino directamente contra el FMI por haber propiciado una toma de una deuda con pagos inviables.

También quedó en evidencia el día previo, con las polémicas declaraciones de la primera candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz, quien acusó a la oposición de impulsar un “golpe blando” y despertó una polémica con los principales líderes de Juntos; y con las fuertes y repetitivas declaraciones del nuevo secretario de Comercio, Roberto Feletti, contra los grupos empresarios que resisten el congelamiento de precios.

La radicalización en el discurso sobre temas económicos, que se acentuó en los últimos días incluso en boca de los oficialistas más moderados, está directamente relacionada con la amenaza de la izquierda en las urnas, reconocen en el Gobierno. Niegan que se reduzca a una presión de La Cámpora sobre Alberto Fernández, que mostró una de las posturas más intransigentes incluso en la previa de su viaje a Roma para participar del G20 y buscar apoyo internacional en la negociación por la deuda.

“Dicen que forzamos a Alberto para endurecerse, pero todo el Frente sabe que tenemos que hablarle a la gran mayoría que piensa que no se puede hacer un arreglo con el Fondo que perjudique a los argentinos”, dijo un referente kirchnerista a Infobae.

El endurecimiento no solo se produce desde el punto de vista discursivo. El congelamiento de precios que se impulsó hace diez días para bajar la inflación se diseñó como medida de cabecera del último tramo de la campaña, también, como un guiño a una porción del electorado que ve con malos ojos al mundo empresario en general. “Para sumar siempre se necesita de un antagonista, y a veces no garpa que sea siempre Macri”, sostuvo un dirigente frentetodista.

Más allá del mensaje, a dos semanas de la implementación de la polémica resolución, en el Gobierno hay cierto optimismo sobre la efectividad del control de precios para “aliviar los bolsillos” en el corto plazo. El miércoles, en la reunión con gobernadores en la Casa Rosada, el secretario de Comercio, Feletti, les dijo a los jefes provinciales que estaban registrando un acatamiento en un porcentaje importante de los supermercados. En la Casa Rosada se esperanzan con la posibilidad de que la cifra de la inflación disminuya sensiblemente en la medición de octubre. Sobre todo porque se conocerá pocos días antes de los comicios del 14 de noviembre.

Además de los guiños públicos sobre el posicionamiento por la deuda, el Gobierno invierte ingentes esfuerzos y fondos en contener a los sectores que tienen el poder de complicar la calle en un contexto de malestar que se arrastra hace largos meses por una situación económica que en la Casa Rosada califican como “crítica”.

Esta semana, a pesar del calor, miles de militantes y dirigentes de organizaciones sociales de izquierda se concentraron en distintos puntos de la ciudad, desde el Obelisco al Puente Pueyrredón, donde vecinos reclamaron por viviendas a un año de la toma de Guernica. La serie de protestas viene escalando desde hace semanas a pesar de los intentos del ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, para contenerlas. La semana pasada inclusive se reunió con el Polo Obrero, una de las organizaciones más combativas y distantes del gobierno nacional. Pero el Frente Piquetero no da tregua. “Ellos también buscan su rédito en las elecciones”, opinó un funcionario.

A pesar de las multitudinarias muestras de malestar que reciben cada semana, descartan que pueda producirse un estallido social y creen que incidentes como el que tuvo lugar el martes en la sede del ministerio de Desarrollo Social, protagonizado por el Movimiento de Teresa Rodríguez (MTR) con la consigna “basta de polenta”, que terminó con varios heridos y detenidos, son eventos aislados de grupos extremistas dentro de la izquierda. “Ojalá tengan más votos que planes”, chicanean a “los zurdos” desde la Casa Rosada. “La situación es difícil, pero están contenidos. La única fuerza que puede desestabilizar es el peronismo. Siempre fue así y así sigue siendo”, agregó.

En el camino de mostrar estabilidad y contener a los sectores populares, La Cámpora exagera las puestas en escena de la mejora en el vínculo con el Movimiento Evita. Se vio la semana pasada en el estadio de Nueva Chicago, en Mataderos, cuando algunos de los principales referentes participaron en el acto que había diagramado la organización que conduce Emilio Pérsico en respaldo del Presidente.

La última muestra de reconciliación tuvo lugar el miércoles pasado en el Club Deportivo Morón, cuando el kirchnerismo aceptaron que los movimientos sociales afines al Gobierno formaran parte de la coordinación, nada menos, del acto de homenaje a Néstor Kirchner. ¿El motivo? “Es simple: ganar”, respondió un referente de la organización que conduce Máximo, que admitió que la sinergia en la relación es más una puesta en escena que un acuerdo de fondo. “Emilio estuvo delante de todo (en el escenario, con Alberto Fernández). Esas cosas se calculan. Explícitamente fuimos generosos con el Evita”, sostuvo un dirigente camporista.

El intento de sintonizar también se vio en el pedido de disculpas que hizo el dirigente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), Juan Grabois, a Máximo y Cristina Kirchner tras cuestionar sus millonarias fortunas. Para reforzar la postura de sinergia con el Gobierno y en particular con el kirchnerismo, el viernes su agrupación promovió una movilización en contra de los grupos concentrados y organizó recorridas por supermercados, en un acompañamiento y nuevo intento de recomposición en la tensa y oscilante relación. El Evita, que acompañó el relevamiento de Precios Máximos en febrero, esta vez se muestra reticente y no participa.

El objetivo general del oficialismo para noviembre es “empatar con las PASO” y algunos dirigentes aseguran que ven en las encuestas un repunte en la primera y la tercera sección del conurbano. En el interior se ilusionan con la posibilidad de recuperar La Pampa, aunque prácticamente dan por perdida a Chubut después del conflicto con los grupos autodenominados mapuches en Río Negro, la negativa del gobernador Mariano Arcioni a bajar su lista. Ambos distritos son claves, porque eligen senadores y ganarlos salvaría al oficialismo de perder el quórum en la Cámara baja. Entre las jurisdicciones donde ganaron pero obtuvieron un margen estrecho buscarán retener Salta, donde el PJ se impuso por escasos 4000 votos; y Formosa, donde un acuerdo entre un sector del peronismo y Juntos por el Cambio complica al gobernador Gildo Insfrán.

El acuerdo con el Fondo es el elefante en el salón y varios dirigentes ya avisaron que en caso de que se impulse un acuerdo “draconiano” se irán con un portazo. Esos referentes observarán con atención la postura que plantee el Presidente en el G20. Si bien saben que no podrá tener la altisonancia de los discursos políticos internos, esperan cierta dureza y una “defensa clara de los intereses nacionales” de parte de los representantes del Gobierno en Roma, como destacó un importante referente.

Mientras tanto, en la Casa Rosada aseguran que las alocuciones más duras del Presidente contra el organismo de crédito son “para la tribuna”, agregan que “lo importante es lo que se habla en las mesas de negociación,” y le bajan el precio a las amenazas internas sobre los términos del acuerdo. “Por fuera del Frente de Todos, ninguno de los nuestros tiene a dónde ir”, se confió un importante funcionario.

 

 

* Para www.infobae.com

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