Dólar: un indicador clave se deteriora a toda velocidad y echa más nafta a la tensión cambiaria

ECONOMÍA 03 de noviembre de 2021 Por Fernando Gutiérrez*
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Los economistas empiezan a prestarle atención a un indicador que hasta ahora parecía bajo control, pero que podría ser un predictor de futuras turbulencias: en el balance cambiario del Banco Central, la cuenta corriente -es decir, la diferencia entre la cantidad de dólares que entran y los que salen del país- mostró su cuarto mes consecutivo de deterioro. Y, lo que es peor, por segundo mes seguido se ubica en terreno negativo.

Puede ser que los u$s785 millones "en rojo" que dejaron las cuentas de septiembre no impresionen, a primera vista, como una cifra extremadamente preocupante, pero lo que genera preocupación es la tendencia: la cuenta corriente no para de caer desde el ya lejano mes de mayo, cuando se había registrado un superávit de u$s1.623 millones. Eran los días en los que el país celebraba el inesperado regalo de la soja cotizando a u$s600 y cuando las exportaciones permitían recuperar oxígeno y reservas.

Pero ahora la situación es radicalmente distinta. No sólo van dos meses consecutivos en terreno de pérdidas, sino que la perspectiva para los próximos meses es francamente desalentadora. Por una cuestión estacional, el verano es el momento del año en el que ingresan menos dólares provenientes de las exportaciones agrícolas. Y, en coincidencia, aumenta la demanda de rubros como el turismo y los servicios.

Pero además, este año, se agrega un factor político: hay una marcada expectativa de una devaluación post elecciones. Hoy los economistas ya no discuten si ocurrirá esa devaluación, sino de cuánto será su monto y si se logrará acotarla a un proceso gradual o se tratará de una corrección brusca. Y esta situación lleva a que los turistas demanden más pasajes, los importadores traten de adelantar compras y la población en general trate de hacerse de divisas en el mercado paralelo.

Antecedentes peligrosos

Lo cierto es que, a partir de ahora, el saldo de la cuenta corriente deberá ser un indicador a monitorear de cerca. La evolución es elocuente: tras el récord de mayo, en junio se cayó a u$s1.254 millones, en julio a u$s656 millones y en agosto sonaron las alarmas, cuando se registró un déficit de u$s301 millones.

La historia económica reciente demuestra que los momentos de deterioro acelerado de esa cuenta ha sido el preludio de grandes correcciones cambiarias.

Un informe de la Fundación Mediterránea compara el estado de la cuenta corriente al momento de cada elección, y se destaca, por ejemplo, que cuando el macrismo se impuso en las legislativas de 2017 se había llegado a un rojo de 4,85% del PBI. Una cifra que marcaba con elocuencia la dependencia extrema que tenía el país del mantenimiento de un flujo continuo de crédito externo y que, de interrumpirse, provocaría una crisis.

Con menores magnitudes, pero también en zona de alarma, se llegó a las elecciones de 2013 y 2015. En ambos casos la oposición denunciaba que el Gobierno kirchnerista mantenía artificialmente retrasado al tipo de cambio y, como argumento para apoyar esa acusación, se destacaba el déficit de cuenta corriente -de 2,19% en 2013 y de 2,78% en 2015-.

Más allá de las diferencias históricas de cada caso y de los debates ideologizados, el resultado final fue siempre el mismo: una devaluación brusca. Ocurrió a inicios de 2014, ya con Axel Kicillof como ministro, cuando pese al cepo hubo una corrección de 20% en el tipo de cambio oficial. Luego, en 2015, con el cambio de gobierno se levantó el cepo, con lo cual el dólar oficial subió un 40% para confluir con el "contado con liqui". Y en 2018 se inició la larga saga devaluatoria que llevó al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

La paradoja de una crisis con el campo a favor

El pesimismo para el corto plazo está centrado en la balanza comercial. En septiembre ya se midió una fuerte contracción del saldo -quedaron u$s1.667 millones a favor- como consecuencia de una caída en las exportaciones.

La situación habría resultado más grave de no haber sido por las restricciones impuestas por el Banco Central, que limitó la entrega de divisas a los importadores.

Pero, sobre todo, lo que marca la gravedad -y la paradoja- de la situación es que este deterioro en el balance de la cuenta corriente ocurre en un año récord para el agro. Los últimos reportes indican que en octubre se liquidaron más de u$s2.100 millones, una cifra insólita para esta época del año y que supera en más de 20% la marca que se registraba hacía un año.

El hecho de que, incluso con ese aporte, la cuenta corriente esté en caída libre es, según los analistas, una muestra de las tensiones provocadas por la brecha con el paralelo, que exacerba la demanda de turistas, importadores y compradores de servicios online. Todo, en definitiva, una consecuencia de la vulnerabilidad que muestran las reservas para poder cumplir con el cronograma de pagos externos.

De todas formas, este aporte del agro ingresa ahora en una zona de incertidumbre. Hay analistas que afirman que la soja ya dio todo lo que podía aportar este año, por lo que no habría que esperar exportaciones fuertes hasta el inicio de la próxima liquidación. Se habla de ventas en torno de u$s1.000 millones. En compensación, el Gobierno se ilusiona con que el trigo deje, durante el verano, unos u$s3.500 millones para ayudar a cerrar las cuentas.

La paradoja es que, incluso cuando llegan buenas noticias desde el campo -la Bolsa de Comercio de Rosario prevé que el clima ayudará y en 2022 se podría llegar a cosechar 99,2 millones de toneladas de granos, la segunda mejor marca de la historia-, todo parece insuficiente para compensar el desequilibrio financiero.

"Creemos que en los meses que vienen el saldo de la balanza comercial crecerá menos, y que la balanza de turismo, como el pago de préstamos, intereses y dividendos seguirá siendo muy negativa. Por ende, el Banco Central no tendrá posibilidad de seguir comprando dólares, lo que producirá una baja en las reservas, y consecuentemente el dólar de equilibrio tendrá un nivel más alto", afirma el consultor Salvador Di Stefano, para quien el tema clave será la consecución de un acuerdo con el FMI para reprogramar el calendario de pagos.

Lo cierto es que, incluso en un momento de baja de precios en el mercado global de los commodities agrícolas, se está proyectando que ingresen u$s36.700 millones, lo que implicaría una suba de u$s1.600 millones contra esta campaña, que ya fue mejor de lo esperado.

Pero la salida de dólares gana fuerza, lo cual torna insuficiente incluso los u$s82.000 millones de exportaciones totales que están proyectando los economistas. La prueba más contundente de ello es la tendencia imparable a la suba que está registrando el dólar en el mercado paralelo.

Y, para saber qué tan explosiva puede ser la situación, habrá que mantener la lupa en el dato de la cuenta corriente.

 

 

* Para www.iprofesional.com

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