Los drásticos cambios a nivel político y económico que hará Alberto a partir del 15N

POLÍTICA 07 de noviembre de 2021 Por Carlos Arbía*
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Es muy probable que unas horas después del anuncio del resultado de las elecciones del 14 de noviembre, el presidente Alberto Fernández anuncie varias novedades que desde el aspecto político y económico pueden llegar a impactar no solo en la oposición, sino también en los principales dirigentes del Frente de Todos, incluida la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

De acuerdo a lo que pudo saber iProfesional, Fernández cambaría parte de su actual gabinete, dejando a los funcionarios de su mayor confianza y privilegiando a gobernadores e intendentes peronistas que terminan sus mandatos en sus provincias y no pueden ser reelectos en 2023 y también en algunos sindicalistas.

En ese aspecto hay que señalar lo que manifestó el periodista Carlos Pagni en un reciente charla en la reunión anual de la consultora FIEL. "Un punto clave fue el reordenamiento en el oficialismo tras la derrota en las PASO y la aparición de los gobernadores y los sindicalistas como actores de peso dentro del peronismo", manifestó. En la cabeza de Fernández estaría dando vuelta la idea de pedirles a los dirigentes de La Cámpora, que renuncien a los cargos que tienen dentro del Poder Ejecutivo.

En concreto, les pediría la renuncia a los que renunciaron el 15 de septiembre luego de las PASO y a los que no renunciaron también.

Con respecto a la relación futura con la vicepresidenta, Alberto tomaría la decisión que solo se dedique a su función de Presidente del Senado de la Nación. La reacción de CFK fue el distanciamiento, manifestado en su carta difundida días después de las elecciones del 12 de septiembre y ese distanciamiento se mantiene sin cambios hasta ahora.

En realidad, lo que no se sabe es qué capacidad tiene el Presidente para hacer esos cambios, pero tiene más ventajas que antes. Lo cierto que después de las PASO hay un oficialismo más golpeado donde el mayor golpe lo podría recibir CFK en caso que pierda la mayoría en el senado después del 14 de noviembre.

El oficialismo es diferente porque no es más como lo llamaban algunos consultores políticos "el oficialismo del AMBA", donde el presidente, la vicepresidenta, Sergio Massa,   Máximo Kirchner y Axel Kicillof manejaban la botonera. Ahora tendrá que ser con gobernadores, intendentes y sindicalistas, junto a algunos movimientos sociales.

Alberto Fernández concretó en la tarde del viernes un fuerte gesto de respaldo a un sindicato aliado y a la Confederación General del Trabajo (CGT) al participar del acto de inauguración de un sanatorio de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) en Avellaneda, que contó con la presencia de miembros del gabinete nacional y dirigentes gremiales de distintos sectores internos. "Yo también podría acordar con el FMI en cinco minutos, pero no podría mirarlos a los ojos a ustedes", comentó a modo de respuesta hacia las declaraciones del expresidente Mauricio Macri.

La gran pregunta que debemos hacernos es qué capacidad tiene hoy el Gobierno de Alberto Fernández de fijar políticas en para mejorar la situación económica. Ejemplos sobran: una devaluación administrada para salir del callejón sin salida que propone la "tablita" cambiaria ideada por Martin Guzmán que fue afectada por el aumento de la inflación desde septiembre pasado, donde un dólar oficial vale 100 pesos y los dólares financieros alternativos están entre los 185 y 200 pesos. Salir de un engendro tarifario para congelar los precios de los combustibles que provocan que el llamado "barril criollo" de petróleo que se les paga a la petroleras sea de 55 dólares mientras el precio internacional es de 80 dólares y que el gas que se paga acá 3,5 dólares el millón de BTU en el mercado internacional vale 5,8 dólares. Otro ejemplo seria finalizar con el otro engendro económico que son los programas de Precios Cuidados. Estos representan solo un 0,5 por ciento de los precios que manejan los supermercados de alimentos, bebidas y productos de limpieza y no sirven para reducir la inflación. Cerrar definitivamente antes de fin de año un acuerdo con el FMI que le permita a la Argentina tener un horizonte claro de la reformulación de los vencimientos a partir del 2022.

El FMI exige que el plan a acordar con la Argentina tenga apoyo explícito en el Frente de Todos y un aval de los empresarios. No es cierto que las autoridades del FMI quieren que la oposición firme ese acuerdo, ya que el FMI solo negocia con el gobierno de turno y no con el que puede venir.

Desde Wall Street señalan que la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, supone que Juntos por el Cambio derrotará al Frente de Todos y planea una especie de control de daños para evitar que las negociaciones con la Argentina demoren por ausencia de interlocutores con fortaleza política que puedan cerrar un crédito de Facilidades Extendidas destinado a refinanciar la deuda 45.000 millones de dólares contraída por Mauricio Macri.

Con respecto al futuro para cerrar la negociación con el FMI, Alberto Fernández quiere que lo cierren el equipo que conforman el ministro de Hacienda Martín Guzmán, el secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Beliz y el embajador en los EEUU Jorge Arguello, junto a Sergio Chodos, el director de Cono Sur en el organismo. Las recientes y sorpresivas declaraciones de este último llamaron mucho la atención en Washington y en Wall Street y hasta en el círculo cercano al Presidente. En caso que la derrota del oficialismo sea similar a la de las PASO, es probable que el FMI busque acelerar la negociación y el ala dura del Gobierno, frenarla lo más se pueda.

La ausencia de una conducción política y la falta de un rumbo económico han impedido hasta ahora conocer qué ocurrirá en la Argentina en los próximos meses. Por ese motivo la gente y las empresas se refugian en el dólar y eso repercute en un BCRA que tiene cada vez menos dólares en su activo, en una economía donde sobran los pesos y nadie los quiere tener en su poder en medio de uno de los peores desajustes de la economía en su historia.

Parecidos al Rodrigazo del 75, al fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz del 79 o al fin de la Convertibilidad del 2001. Pero con un agregado especial: los niveles de pobreza e indigencia son mayores que los de esas épocas y con otro agravante, que es que hoy más de 20 millones de argentinos viven de los planes sociales que en esa época no existían.

Estos problemas los habló Alberto Fernández con Georgieva y también Martín Guzmán y Sergio Chodos con el economista Geoffrey Okamutto, quien hoy pareciera ser el segundo de Georgieva en el FMI. Desde los EE.UU. la principal duda es quién mandará luego de las elecciones y quién se encargará de tomar las decisiones más importantes. El Presidente y su ministro dieron señales de racionalidad y positivas en las reuniones de del G20 en Roma, donde ambos manifestaron que buscan un rápido acuerdo con el FMI.

En ese aspecto, llaman la atención las recientes declaraciones de Sergio Chodos. El representante argentino ante el FMI manifestó que "una negociación de la deuda con el FMI no es la obediencia o la firma de un contrato de adhesión. La negociación tiene que tener la comprensión y el consenso del conjunto de la sociedad, además del de la política". Además, expresó que "al mismo Fondo le conviene que la negociación final tenga un amplio consenso, tanto por razones económicas como políticas". También destaco que "puede ser que no haya claridad de la dimensión de lo que implica en la economía argentina y cuánto va a condicionar y afectar la vida social, económica y política de los argentinos en los próximos años. Tiene un tamaño tal que es entre tres y cuatro veces el del programa del 2001, que termina en el colapso del final de la convertibilidad, el que acompaña el megacanje".

Pero Chodos sorprendió al analizar la cuestión del debate parlamentario que debe darse en el marco del acuerdo: "Pasar por el Congreso y la discusión social respecto a generar los mecanismos de consenso para el programa que se termine acordado con el FMI es fundamental porque potencia, por un lado, la posición de Argentina, pero, por otro lado, potencia la viabilidad futura del programa, y a la vez la sensación de mayor potencial, de más confianza en el conjunto de la economía".

Por su lado, los integrantes La Cámpora han manifestado en diversas declaraciones que por ahora el acuerdo con el FMI solo en forma teórica y preliminar y prometen, en caso de aprobarse un acuerdo que afecte negativamente al pueblo argentino, romper con el Gobierno y quedarse con su relato contestatario si el Presidente no los incluye en la renegociación con el FMI. Se comenta también que desde La Cámpora quieren forzar un acuerdo financiero con China y se habla de que existe un "memo" secreto de 14 puntos para un convenio con ese país: inversiones a cambio de un realineamiento con el gigante oriental.

En tanto que desde Washington se señala que Guzmán se habría comprometido a bajar el déficit el año próximo a 3,3 % y a frenar la emisión monetaria y mejorar la competitividad del dólar con una devaluación superior al 30 %. Esta devaluación no sería de una sola vez, sino que los ajustes se harían a través de minidevaluaciones periódicas o un crawling peg. En el FMI consideran que hay muchas inconsistencias en la economía y demasiado voluntarismo en la propuesta de Guzmán.

Fuentes cercanas al Gobierno señalaron a iProfesional que desde el FMI le piden a la Argentina que el nuevo acuerdo tiene que incluir la cláusula llamada "ownership". Esto implica que las autoridades argentinas logren un apoyo local amplio al programa que incluya a la oposición a los sectores privados del campo, la banca y la industria porque eso daría credibilidad y confianza en Argentina.

Por ese motivo, el miércoles pasado el Presidente almorzó con Guzmán en Olivos para armar una estrategia para buscar adhesiones de los industriales de la Unión Industrial Argentina y de la Asociación de Empresas Argentina, también de los bancos con ADEBA y con los líderes de la Mesa de Enlace del campo para poder cumplir con esa cláusula que pide el FMI pero por ahora no convoco a la oposición. El encargado de hacerlo sería Sergio Massa, por la gran relación que cultiva con el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta uno de los líderes de la oposición, pero no el único. También están Mauricio Macri, Patricia Bullrich y el llamado radicalismo resucitado con Facundo Manes y Martin Lousteau a la cabeza. Cerca de Alberto Fernández manejan la idea de una visita a Washington de los funcionarios argentinos acompañados por dirigentes de la oposición para dar una señal clara al FMI que el organismo por ahora no pide.

 

 

* Para www.iprofesional.com

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