Turquía - Bielorrusia - Polonia: la nueva ruta de entrada para migrantes a la UE

INTERNACIONALES 13 de noviembre de 2021 Por Andrés MOURENZA
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Hace años que Estambul ejerce un papel predominante en las rutas migratorias desde Oriente Próximo y Asia hacia la Unión Europea —fundamentalmente, a través de la frontera turco-griega—, pero Turquía también se ha convertido en un importante punto de paso de la nueva ruta que ha llevado a miles de refugiados y migrantes a la frontera entre Bielorrusia y Polonia. La metrópolis turca es el lugar donde los que quieren utilizar esta ruta arreglan los papeles a través de diversas empresas que les cobran varios miles de dólares para viajar legalmente hasta Bielorrusia. La decisión de prohibir a ciertas nacionalidades tomar el avión a Minsk ante este conflicto dificulta el viaje, pero ya se han abierto otras vías.

En las últimas semanas resultaba prácticamente imposible hacerse con un asiento en los 20 vuelos semanales de Estambul a Minsk. Es cierto que el flujo de turistas entre ambos países ha aumentado (bielorrusos que en verano buscan el sol y la playa de la costa de Turquía, y turcos que acuden a los casinos de Minsk, inexistentes en su país), pero llama la atención la alta demanda a mitad de noviembre, que había disparado los pocos billetes que quedaban hasta los 800 euros por un trayecto solo de ida. La razón, según ha denunciado el Gobierno de Polonia, es que estos vuelos están siendo utilizados para transportar a inmigrantes y refugiados de Oriente Próximo.

“Están yendo a miles. Amigos míos también han viajado, los últimos ayer [por el miércoles]“, explica un refugiado kurdo-iraquí que reside en Estambul y prefiere no dar su nombre. “Todo empezó hace unos seis meses. Hubo gente que llegó a Polonia fácilmente a través de Bielorrusia y de ahí fueron a Alemania”, añade. El boca a boca extendió la información sobre la nueva ruta, especialmente entre los habitantes del Kurdistán iraquí, y muchos decidieron probar suerte. “Pero desde hace un par de meses vemos que les tratan muy mal y que han cerrado la frontera”, explica este hombre.

Aksaray es uno de los barrios de Estambul donde más población inmigrante se concentra. Hay restaurantes palestinos e iraquíes, pastelerías sirias, tiendas somalíes, negocios de ropa moldavos. Sus calles son un bullicio de gentes y maletas, y prácticamente en cada esquina hay una agencia de viajes. Algunas anuncian vuelos a Bielorrusia en folios impresos en árabe y pegados de sus escaparates.

En una de las plazoletas de Aksaray, migrantes de varias nacionalidades hacen corrillos y luchan contra el incipiente frío invernal. Hay un grupo de jóvenes argelinos que espera noticias —y, probablemente, a algún traficante de personas— para viajar a territorio de la Unión Europea a través de Grecia. Otro grupo de libaneses, en cambio, sí está informado sobre la ruta bielorrusa: “En Líbano mucha gente ha comprado visados de Bielorrusia, para luego ir a Polonia. Y en Siria, Irak, en todos los países árabes”, dice Mahmud, un joven de 19 años.

“Pero todos los que viajan a Bielorrusia lo hacen de forma legal, con su pasaporte y su visado”, puntualiza Karzan, un iraquí recién llegado a Estambul que tiene conocidos que se han desplazado a Minsk. Efectivamente, al tratar de comprar un billete en una agencia de viajes, lo primero que preguntan es la nacionalidad y si se dispone de visado. En el consulado de Bielorrusia en Estambul explican que el principal requisito para conceder un visado es una “carta de invitación” desde su país. Además, hay que contratar un seguro de salud, reservar un hotel y aportar pasaporte y fotografía. El precio por la gestión del visado es de 60 euros. La persona que atiende en el consulado asegura que la carta “es difícil de conseguir”. En realidad, no lo es tanto. Si se dispone de fondos.

Este periodista se hace pasar por un turco que busca información para un amigo iraquí, pregunta en una de estas agencias de viajes de Aksaray y le indican una agencia vecina, donde a su vez entregan una tarjeta con una serie de números de teléfono. Al otro lado solo responden en inglés y árabe.

—¿De qué nacionalidad es su amigo?, preguntan desde la agencia.

—Irak. ¿Qué necesitaría para el visado?

—Solo un pasaporte y una foto. Nosotros hacemos el resto: reserva de hotel, carta de invitación, transporte desde el aeropuerto al hotel, seguro de viaje... Lo hacemos todo nosotros.

—¿Y cuál es el precio?

—Unos 2.000 dólares [en torno a 1.750 euros]. El visado, sin incluir el vuelo.

—Y con ello, ¿mi amigo podrá viajar por Bielorrusia?

—Sí.

—¿Puede ir hasta la frontera?

—Sí, sí, sí.

Un sistema parecido al de Turquía funcionaba a través del consulado bielorruso en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, con varias agencias de viaje designadas para gestionar los visados, según una información de la televisión alemana Deutsche Welle. Con todo, recientemente, ese consulado dejó de emitir visados y dirigió a quienes querían viajar a Minsk a las legaciones diplomáticas bielorrusas en Turquía (país que tiene amplias conexiones con la región kurda de Irak, tanto por avión como en autobús).

El iraquí Karzan confirma que sus conocidos han pagado unos 3.000 dólares por obtener el visado. Mahmud, el joven libanés, cuenta que ha oído que la gente interesada paga unos 4.000 dólares por el viaje.

 

Cambios en la ruta

Tras las acusaciones vertidas por Polonia contra Turquía y la amenaza de sanciones europeas, las autoridades turcas han presionado a las aerolíneas Turkish Airlines (turca) y Belavia (bielorrusa) para que no acepten a ciudadanos de Irak, Siria y Yemen en sus vuelos de Estambul a Minsk. La medida entró en vigor este viernes y, de repente, la ocupación de los vuelos ha cambiado.

Si hasta el jueves la web de Turkish Airlines mostraba que prácticamente todos los vuelos directos estaban llenos y, en cambio, había espacio en los que hacen escala en un tercer país, ahora es al contrario y aparecen llenos los que vuelan de Estambul a Minsk con escala en el Aeropuerto de Moscú-Vnúkovo. La última parte del viaje, entre las capitales rusa y bielorrusa, lo hace la compañía rusa Utair, aunque mediante código compartido con Turkish Airlines.

Este giro apunta a que personas a las que se prohíbe embarcar en el vuelo directo a Minsk han canjeado su billete a esta nueva ruta. De esta manera, los emigrantes tienen opción de seguir viajando a Bielorrusia, ya que Moscú no exige visado si no se sale de la zona de tránsito internacional del aeropuerto.

Fuente:  El País

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