Plan Plurianual: volviendo a los fracasados planes Quinquenal y Trienal

POLÍTICA Por Roberto CACHANOSKY
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Ni bien se conocieron los resultados de las elecciones de medio término, el presidente Alberto Fernández anunció que va a enviar al Congreso un plan económico plurianual para que sea apoyado por la oposición.

En rigor esto de un plan plurianual no es una novedad, basta con googlear y ver que ya el año pasado se había formulado la misma propuesta. Y pasó mucho antes también, varias veces. En 1947, Juan Perón anunció el Primer Plan Quinquenal Argentino, Plan de Gobierno 1947-1951. El segundo plan Quinquenal se lanzó en 1952 y, en diciembre de 1973, Perón insistió con el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional, estrategia que desembocó en el Rodrigazo.

Estos planes de largo plazo están basados en ideas intervencionistas en las que una mente iluminada decide qué hay que producir, a qué precios vender y en qué calidades hacer los productos. Lo que Hayek llamó la pretensión del conocimiento, significando que una persona pretende arrogarse el conocimiento que está disperso en millones de consumidores y agentes económicos de acuerdo a sus valoraciones.


Dado el fenomenal caos económico en el que está sumergida la economía argentina, lo más recomendable sería presentar la propuesta económica en tres grandes partes:

1) Cómo ir corrigiendo las distorsiones de las variables económicas (tarifas, tipo de cambio, deuda del BCRA, etc.)

2) Las reformas inmediatas y mediatas a encarar como la reforma laboral, monetaria, desregulación de la economía, reforma impositiva, del estado, qué hacer con los planes sociales, integrar la economía argentina al mundo, etc.

3) Las reglas de juego de largo plazo que van a imperar en la economía argentina: respeto por los derechos de propiedad, un estado que no ahogue al sector privado con impuestos, permitir que las personas desarrollen su capacidad de innovación y reglas de ese tipo.

En definitiva, se trata de definir si Argentina va hacia una economía de mercado integrada al mundo o va a seguir siendo una economía cerrada, para abastecer un mercado interno mínimo tratando de vivir con lo nuestro.


Son dos proyectos de reglas de juego de largo plazo muy diferentes. Una es prepararse para jugar en la Champions League y la otra es, como ahora, jugar el picado del barrio de solteros contra casados. Dicho de otra forma, lo relevante es plantearse un rumbo económico de largo plazo con reglas de juego que respeta cualquiera que gane las elecciones. La otra es retocar algo las variables económicas y dejar en manos de un grupo de burócratas qué tiene que producir la economía argentina.

Este tipo de definiciones de largo plazo son independientes del acuerdo con el FMI. En todo caso, se sabe que es función del Congreso arreglar el tema de la deuda pública. El tema central pasa por otro lado, que es el acuerdo político para impulsar determinadas políticas de largo plazo.

Por empezar, luce dudoso que La Cámpora y el kirchnerismo acuerden políticas de privatizaciones, desregulación de la economía, apertura, baja de impuestos, reforma del estado y medidas de ese tipo. El negocio del populismo pasa por la redistribución del ingreso y eso requiere de una fuerte intervención del estado en la economía.


Pero si dentro del oficialismo primero tienen que ponerse de acuerdo sobre cómo salir del lío económico, por el lado de la oposición la situación no es muy diferente. Se hace difícil imaginar que el sector más progre de Cambiemos acuerdo con, por ejemplo, un Ricardo López Murphy.

Puesto de otra forma, ¿los unió las ideas y un plan de gobierno acordado previamente o el espanto a que el kirchnerismo avanzara con el proyecto autocrático? Ya les pasó en 2015, creyeron que sentándose Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia iba a producirse una lluvia de inversiones y la realidad fue muy distinta. El gradualismo los hizo naufragar a los dos años y monedas de haber asumido.

Si bien es cierto que existen restricciones políticas para poder avanzar con ciertas reformas, también es cierto que sin ciertas reformas la política no puede hacer magia y termina naufragando.


El principal problema no pasa por acordar un plan económico de largo plazo. El principal problema pasa por tener a un kirchnerismo que quiere populismo porque su proyecto político es diferente. Es el poder absoluto y subordinan la economía a sus necesidades para tener ese poder absoluto.

Por el lado de Cambiemos tienen el proyecto político de ganar las elecciones, algo que logran, pero también tienen una gran ensalada rusa de ideas que no resuelve el problema de la economía.
En el medio hay una parte importante de la población que les pide a los políticos prosperidad viviendo a costa del trabajo ajeno, algo que es incompatible con el crecimiento económico y el bienestar de largo plazo.

En síntesis, así como es una ilusión creer que cambiando el ministro de economía se puede poner orden en la economía, también es una ilusión pretender que se logre un acuerdo entre oposición y oficialismo sobre reglas de juego de largo plazo porque parten de proyectos políticos diferentes y porque ninguna de las dos partes tiene en claro el rumbo económico que hay que tomar. Al menos dentro de Cambiemos no se observa esa consistencia de ideas que genere confianza de largo plazo y del oficialismo ni hablar.

Fuente: Infobae

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