El BCRA se queda sin dólares y Guzmán busca apurar el pacto con el FMI: así es la negociación contrarreloj

ECONOMÍA 24 de noviembre de 2021 Por Claudio Zlotnik*
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El funcionario del equipo económico se sincera: "Necesitamos cambiar las expectativas. Y urgente". Detrás de sus palabras se esconde la verdadera razón por la que Martín Guzmán pasó de estirar un acuerdo con el Fondo Monetario para el mes de febrero a considerarlo para el mes que viene.

La constante caída de las reservas del Banco Central puso la alerta roja. La dinámica negativa no pudo frenar ni antes ni después de las elecciones; ni siquiera con los constantes ajustes sobre el "cepo".

No hay muralla que pueda contener la ola dolarizadora en un escenario en donde no es seguro el acuerdo con el FMI. Las cada vez más debilitadas reservas son una invitación a que la única apuesta segura sea la compra de billetes verdes. Por eso todos los que pueden tratan de sacarle dólares a $100 al Central.

Alberto Fernández y Guzmán hace tiempo que observaron esa lógica con preocupación, pero el pulgar para abajo de Cristina Kirchner demoró cualquier acuerdo con el Fondo.

Según reveló el propio ministro, ahora la vicepresidenta modificó esa postura -hasta ahora inflexible- también bajo el alerta de que las reservas sólo van para abajo. En la semana post elecciones, el BCRA perdió u$s115 millones. Durante noviembre, se fueron u$s760 millones.

Sin el acuerdo con el Fondo Monetario, esa tendencia se agravará. No sólo hay que mirar la demanda. También la oferta, por parte de los exportadores, que también tomaron nota y tratarán de retener la próxima cosecha "fina" si las cosas se ponen pesadas.

"O llegamos con las reservas a la cosecha de abril o al acuerdo con el Fondo, o ajústense el cinturón, porque el avión se va mover", graficó el economista Martín Redrado para dar cuenta de la compleja situación.

Las flojas expectativas no sólo impactan sobre el mercado cambiario. Las tensiones incluyen a los demás precios de la economía.

Algo de esto se vio antes del fin de semana largo: los precios de los alimentos vuelven a escalar por encima del índice general, más allá de que existe una canasta de productos a precios congelados hasta enero.

La falta de horizonte en el mercado cambiario lo distorsiona todo, admiten los funcionarios que intentan dar pelea a una suba de precios que por momentos parece imparable.

El acuerdo que se viene

En sus planteos a Washington, el ministro de Economía venía reforzando la idea de que la Argentina -que atraviesa una extensa crisis, desde abril de 2018- no tiene margen para el ajuste.

Su última postura fue prometer un déficit primario del 3,3% para el próximo año, dando idea de que tienen una estrategia de reducción gradual también para los próximos años. En su hoja de ruta, el equilibrio de las cuentas públicas recién se alcanzaría hacia 2025 o 2026. En la Argentina de la brecha cambiaria del 100% y el "súper cepo", el planteo de esos plazos es imposible de evaluar.

Así y todo, la baja del déficit llegaría mediante el compromiso de una recomposición de las tarifas de los servicios de luz y gas. También de transporte público, sobre todo en el área metropolitana.

Esa suba de las tarifas se hará en forma segmentada. Su instrumentación viene muy demorada y no sólo por la resistencia del kirchnerismo a aplicar cambios. En Economía se quejan de la displicencia de funcionarios ligados al área energética. Y también miran al Banco Central, que proveyó datos de los clientes bancarios que habrían servido de muy poco.

El principal argumento de Guzmán ante el FMI es que la Argentina necesita un plan que le permita afianzar el ritmo de crecimiento. La recuperación de este año servirá para dejar atrás la catástrofe de la pandemia, pero lo cierto es que la inflación y la falta de empleo hace estragos en una sociedad muy golpeada, que acaba de castigar al gobierno nacional en las urnas.

Además de Guzmán y el propio Presidente, hay dos personas que vienen trabajando a favor del pronto acuerdo: Sergio Massa y el jefe de Gabinete, Juan Manzur.

El tucumano pasó buena parte de la última campaña estrechando lazos con funcionarios de organismos en Washington, pero también con inversores y banqueros de Wall Street.

En línea con el jefe de Estado, la idea que merodea a Massa y Manzur es que la Argentina debe firmar lo más pronto posible con el FMI y profundizar la idea del relanzamiento del Gobierno. Un poco lo que planteó Fernández en su mensaje por TV el domingo de los comicios, antes del trasladarse al búnker del FDT.

A esta altura de la crisis cambiaria, el Gobierno dejó de lado el pedido para que el Fondo Monetario baje la tasa de interés de los préstamos a la Argentina. Algo que hasta ahora parecía irrenunciable.

No es que la Casa Rosada deje de lado el reclamo. Insistirá cada vez que pueda. Pero se conformará con que el organismo anuncie que ese sobrecosto será revisado más adelante, con los tiempos que impone la burocracia de Washington. Lo mismo corre para los plazos de los créditos, que por ahora se quedarán en los diez años pero se incluiría una cláusula de revisión, también para más adelante.

"Lo que buscamos es primero alcanzar los entendimientos con el staff del FMI y luego involucrar a las distintas fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Nación", sostuvo Guzmán en sus declaraciones previas al fin de semana largo.

En la Casa Rosada suponen que se conseguirá un respaldo amplio a lo que se acuerde con el Fondo, más allá de que todos esperan un debate áspero y extenso en el Congreso, que incluirá a la vicepresidenta.

Guzmán cree que la firma con el FMI sería estabilizador de la crisis cambiaria. El ministro negocia (acaso por las dudas) que el acuerdo contemple el reembolso -por parte del Fondo- de los u$s4.500 millones que se le habrá pagado al organismo en estos últimos meses.

Como se puede ver, las próximas semanas serán claves. El Gobierno decidió poner la quinta marcha y dejar de jugar con fuego.

 

 

* Para www.iprofesional.com

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