La necesidad de una rebelión fiscal

OPINIÓN 31/12/2021 Por José Luis ESPERT
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Hace medio siglo la presión impositiva era de 17% del PBI mientras que el gasto público era de 20% del PBI. Hoy ambos se han duplicado. La primera es de 34% del PBI y el gasto público es de 40% del PBI.

En el mismo período, todos los años durante medio siglo ininterrumpidamente, el Estado gastó más de lo que recaudó, o sea, tuvo lo que se llama “déficit fiscal” que terminó derrumbando a los seis planes económicos que tuvimos desde 1973, generando crisis gigantescas que nos empobrecieron, nos envilecieron, nos llenaron de miles de villas miserias, de millones de trabajadores y emprendedores que se transformaron en inviables e inseguridad como nunca vimos en nuestras historia.

El Plan de Inflación 0 de Gelbard terminó en el Rodrigazo, el de Martínez de Hoz en las devaluaciones salvajes de Sigaut, el Austral en la hiperinflación, la convertibilidad en la peor crisis de la historia que fue el 2001-2002, el de los Kirchner tuvo su crisis en 2008 y el de Macri nos hizo terminar en la B con el FMI de salvavidas de plomo. Un triste promedio de una crisis cada 8 años. Y si Alberto Fernández sigue por el camino que va, tendremos una más, bajando así el lamentable promedio.

A veces las crisis de financiamiento del fisco han terminado con inflaciones galopantes como el Rodrigazo, el Austral y el de los Kirchner y a veces con defaults de la deuda como Martínez de Hoz, la convertibilidad y Macri. Pero la causa de las crisis, siempre ha sido un Estado sobredimensionado que gasta mucho más de la gigantesca montaña de impuestos que los ciudadanos pagan.

Una aclaración importante. El 34% del PBI de impuestos que se pagan, que a algunos les podría parecer razonable, lo pagan (obviamente) solo los que están en blanco. Como la economía en negro no baja de un mínimo de 35%/40%, los que pagan los impuestos, lo hacen por el equivalente a un mínimo de 50% del PBI en blanco.

O sea que la gente que está en blanco, trabaja al menos la mitad del año solo para pagar impuestos. Es como que durante 6 de 12 meses cobra su ingreso por una ventanilla y por la otra entrega ese mismo ingreso a la AFIP, más las agencias de recaudación provinciales.

Difícil encontrar un país de ingresos medios a bajos como el nuestro con este tamaño del Estado y una presión impositiva salvaje que transformó en esclavos impositivos a sus mejores (8M) trabajadores privados en blanco (dependientes, comerciantes, industriales, autónomos y monotributistas). Inaudito, inaceptable, intolerable, irracional, insostenible.

Y téngase en cuenta que no hago referencia a los (pésimos) servicios que presta el Estado argentino como agravante de una confiscatoria presión impositiva. Porque aunque nos dieran servicios públicos suizos, igual sería un delirio que siendo pobres encima el Estado les saque a los trabajadores, comerciantes y empresarios más productivos y eficientes la mitad de lo que cobran al año.

¿Quién decide cuánto y cómo gasta el Estado? La política desde el Ejecutivo y el Congreso (y legislaturas y consejos deliberantes) cuando se confecciona y después se sancionan los presupuestos de gastos todos los años en la Nación, las Provincias y los Municipios. Entonces, los responsables de este país miserable y lleno de esclavos impositivos en el que nos hemos transformado son, esencialmente, los políticos tradicionales de la Argentina. La “corpo política”.

En solo siete días de comenzado mi mandato como diputado nacional y después de tratar el Presupuesto 2022 (dos reuniones de la Comisión de Presupuesto y Hacienda más el tratamiento en el recinto) y la media sanción del Senado de una baja de Bienes Personales (que Diputados la transformó en una suba) me cayó más la ficha todavía de que la política vieja y vetusta que nos gobierna desde hace décadas y décadas, no tiene el más mínimo registro que detrás de cada peso de gasto público hay gente de carne y hueso, trabajadores, emprendedores que seguramente muy a su pesar, dejan de consumir en lo que les encantaría e invertir en sus industrias y comercios para pagar impuestos y darle el fruto de su esfuerzo al político de turno que maneja el Estado.

La vieja política que encuentro en el Congreso, toma como dato los impuestos salvajes que ingresan al Estado (cuanto más mejor porque hay más para gastar) y ahí comienza un revoleo obsceno de plata para todos lados (“quiero tanto para mi pago”, “quiero esto para mi provincia”) sin consideración alguna del esfuerzo que implica generar ese dinero para esos 8M de esclavos impositivos.

Solo algunos pequeños ejemplo de lo que digo. Bienes Personales fue creado en 1991 y debería haber durado nueve años hasta 1999 pero 21 años después todavía sigue existiendo. El impuesto al cheque se creó solo para la emergencia de 2001 y hace 20 años que está entre nosotros. Somos el único país del mundo que le saca un tercio del precio (más del 100% del margen bruto) a los que producen bienes con eficiencia y se exportan al mundo, como ocurre con los derechos de exportación (mal llamadas retenciones porque no hay devolución alguna, es un impuesto más) al sector agropecuario.

La política no registra que la sociedad no da más de pagar impuestos. Es más, no les importa porque se comporta igual que una corporación (como tal, desconectada de las necesidades de sus representados) para la cual los impuestos son la sangre y el gastar la razón vital de su existencia.

La corpo política nunca bajarán los impuestos porque nunca bajarán el gasto público por las buenas. Prefieren que el ajuste se haga por las malas con una fenomenal crisis (hemos tenido seis en el último siglo) a que ellos tengan que pagar el costo de enemistarse con su clientela, echando ñoquis, cortándole la plata a los muchos Jorge Capitanich (gobernador del Chaco) que gobiernan las provincias, a las organizaciones sociales, auditando los planes sociales para eliminar los truchos, etc.

El tema es que esas crisis, no solo las pagan pecadores sino también los justos, ¿por qué se tienen que fundir trabajadores, monotributistas, autónomos, empresarios, comerciantes privados que no tienen nada que ver con el despilfarro estatal de ñoquis inservibles, una aerolínea estatal que pierde USD2M por día, gobernadores caudillescos, decenas de capas geológicas de ministerios, secretarías y direcciones vacías de funciones reales, etc.?

Esas crisis solo sirven también para que el sistema que nos está transformando en una gigantesca villa miseria, se “resetee” y vuelva a comenzar. Antes de las crisis, la vieja política dice “no se pueden hacer los ajustes (en el Estado) por los costos políticos y sociales que tiene”. Viene la crisis. Le echan la culpa hasta a los aros de Saturno (jamás se hacen cargo de nada) y vuelven a empezar con la maquinita del aumento del gasto público a partir de un nivel más bajo (que antes de la crisis) por la licuación (salto del dólar y de los precios) hasta la nueva crisis y así.

Por eso, como el ajuste del gasto público la corpo política está claro que nunca lo hará por las buenas sino que prefiere que se haga por las malas con un pueblo hambreado a crisis, es que es necesaria una rebelión fiscal de los contribuyentes argentinos. Para parar con la inmoralidad de un conjunto de políticos impresentables que prefieren que seamos una Venezuela sin Maduro a que ellos sean responsables a la hora de recaudar y gastar.

Sí. La gente tiene que dejar de pagar impuestos y que la política no dude que tiene que bajar el gasto público lo que sea y donde sea porque hay una sociedad que no da más de pagar y sufrir devaluaciones salvajes y saltos inflacionarios ¿O acaso a algún miembro de la corpo política le importa la cantidad enorme de empleados privados que dejan en la calle las empresas y comercios que se funden por las crisis recurrentes que provocan los déficits fiscales sancionados por ley por ellos todos los años con el presupuesto?

A los ñoquis despedidos (mínimo 1M) de manera gradual, habrá que indemnizarlos como corresponde y nada más (¿quién no ha estado desempleado alguna vez y se las tuvo que arreglar solito para reinsertarse en el mundo laboral?). Si son ñoquis, son atorrantes que prefirieron la chantada del carguito en el Estado y militar, a trabajar en el sector privado. Les robaron por décadas un mejor salario a los buenos y necesarios empleados públicos (para prestar bienes públicos como FFAA, seguridad, justicia, diplomacia, educación y salud básicas) y a los sufridos contribuyentes.

Con los beneficiarios de planes que queden después de una severa auditoría, habrá que capacitarlos y formarlos y para ayudar a que sean contratados por empresas privadas y además estarán exentos de cargas sociales durante algún tiempo (tampoco las pagaban por ser antes beneficiarios de planes, así que no hay pérdida de recaudación para el Estado).

La coparticipación federal de impuestos tiene que dejar de ser el Papá Noel de hoy para estar condicionada solo a los gastos federales que se hagan en cada provincia, luego de que durante un tiempo reciban lo mínimo indispensable (mucho menos que ahora) hasta que la emergencia se termine (haber bajado tanto el gasto público que se haya eliminado el déficit fiscal y además quede espacio para bajar al menos 10% del PBI la presión impositiva). Los caudillos provinciales (casi todas las provincias sufren esta epidemia) tienen que ser reemplazados por verdaderos gobernadores que paguen el costo político de subir el gasto público.

Los diputados fuimos elegidos para representar a los ciudadanos y, uno de los fundamentos de nuestra posición en Avanza Libertad, es recuperar el contrato de representado y representante poniendo en valor el contrato electoral de ser defensores del pueblo en vez de vulgares depredadores del Estado.

Argentina tiene futuro y ese futuro es liberal, de sentido común.

 


*El autor es Doctor en Economía y Diputado Nacional por Avanza Libertad

Fuente: Infobae

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