Campo 2021: un año récord en ingreso de divisas signado por la intervención estatal en los mercados

ECONOMÍA 01/01/2022 Por Agencia de Noticias del Interior
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Este año que finalizó ayer decididamente no pasará a la historia de una manera inadvertida para el sector agropecuario, sino que se erigirá como un año de fuertes contrastes. Se batieron récords de ingresos de divisas por las exportaciones agroindustriales, pero donde a la vez los mercados no fluyeron libres, sino que la intervención por parte del Estado estuvo a la orden del día generando malestar en los productores y una sensación de un conflicto constante, que muchas veces se plasmó en medidas de fuerza.

Es por esto que 2021 encontró como protagonista al campo en muchos sentidos, generalmente contrapuestos. Por un lado, las divisas ingresadas a partir de las exportaciones de granos y derivados fueron récord, dándole una mano vital a las malogradas cuentas del Estado y dotando al país de una jugosa cantidad de dólares que, de todas maneras, solo pudieron calmar de manera momentánea las crónica escasez de la moneda estadounidense en el país.

Tal es así que gracias a la subas de los precios internacionales de los commodities agrícolas, los despachos de soja, maíz, trigo, girasol, sorgo, cebada y sus derivados industriales permitieron el ingreso de más de USD 39.200 millones, cifra récord para estos complejos y que representó el 51% de las divisas totales ingresadas por las exportaciones de la economía argentina, según estimaciones de Fundación Mediterránea-IERAL.

Salto en las exportaciones

Este salto exportador se explicó casi en su totalidad por los históricamente altos precios internacionales que se vieron durante este año en lo que respecta a los granos, con casos extremos con el de la soja que superó los USD 600 por tonelada en mayo en el mercado de Chicago y que hoy se ubica en torno a USD 500, ya que en lo productivo los volúmenes obtenidos se ubicaron cerca de lo cosechado durante la campaña 2019/20. El trigo y la soja, además, se vieron afectados por la falta de lluvias como consecuencia del fenómeno climático de La Niña.

Esta excelente performance externa tuvo su contracara en las sucesivas intervenciones del mercado por parte del Gobierno nacional, tanto de manera formal como informal. El maíz, en particular, fue una de las cadenas que más celosamente monitoreó el Gobierno, inclusive, con cierre de las exportaciones, como sucedió a principios de año de la mano del ahora ex ministro de Agricultura, Luis Basterra.

Tras esa iniciativa del Ejecutivo, que generó un cese de comercialización de granos por parte de las entidades agropecuarias integrantes de la Mesa de Enlace, sobrevinieron nuevas regulaciones, hasta que finalmente aparecieron los cupos o “volúmenes de equilibro” de manera oficial, según la cartera agropecuaria, donde se establecen límites de toneladas para exportar a partir del saldo exportable que calcula el Gobierno.

En el caso del trigo, las entidades, entre ellas la Sociedad Rural Argentina (SRA) denunció a lo largo del año una intervención “informal”, donde algunos eslabones de la cadena acordaban con el Gobierno la dinámica exportadora, generando baja en los precios percibidos por los productores. Como ocurrió en el mercado de maíz, esta situación se formalizó hace algunas semanas estableciendo los “volúmenes de equilibrio”, e inclusive, la idea oficial de crear un fideicomiso para compensar a empresas molineras y avícolas y así mantener los precios de los productos. Ese dinero lo aportarían los exportadores, quienes lo descontarían de lo pagado al agricultor.

Este tipo de situaciones, conjugadas con un sinfín de desencuentros, críticas y mucho fuego cruzado, trajo como consecuencia un rápido y profundo desgaste de la relación entre el campo y el Gobierno, cuestión que parece que no mejorará de cara a 2022. El disgusto llevó a que ya se empiezan a organizar asambleas de productores en distintos puntos del país para el diseño de estrategias ante la postura oficial.

Ganadería

Más allá de esas sendas intervenciones en los mercados de cereales, sin dudas la de mayor magnitud y la que más efectos adversos trajo fue el cepo exportador a la carne vacuna, que, aunque con menores limitaciones, todavía subsiste. Esta historia, que se erigió como el principal conflicto de 2021, comenzó en mayo pasado con un cierre total de exportaciones decidido por el Gobierno en pos de bajar los precios de la carne al mostrador por un mes, lo que valió un nuevo cese de comercialización por parte del campo, pero esta vez de hacienda.

Ya en junio se decidió establecer cupos que no superaran el 50% de lo exportado en el segundo semestre del año pasado, se prohibieron enviar al exterior siete cortes “populares” y ya, en las últimas semanas, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, prometió que a partir de 2022 se libere la exportación a excepción de los mencionado cortes. Esta medida solo pudo contener durante cuatro meses el precio de la carne al consumidor, con una pequeña baja acumulada del 3%, que fue borrada de un plumazo por las subas de la hacienda en noviembre.

Lo cierto es que el sector proyectaba alcanzar el récord de un millón de toneladas exportadas, pero las mismas llegarían a las 810.000 toneladas, según cálculos de la consultora AZ Group. Esto significa una caída de 100.000 toneladas respecto a 2020, por lo que el país resignó USD 312.749.167, mientras que el Gobierno dejará de recaudar USD 28.147.425 en concepto de derechos de exportación. Si se toman las expectativas de ubicarse en niveles históricos de principio de año, la merma se posicionaría en torno a los USD 634 millones.

Por su parte, el sector aviar cerró de acuerdo a sus expectativas, donde lo que buscaba no era ciertamente un aumento en la producción, sino ganar “estabilidad” después de un 2020 muy duro para la industria. Así, este año cerrará con una producción de 2,33 millones de toneladas, de las cuales 240.000 toneladas fueron con destino a la exportación y las restantes 2,1 millones al mercado interno. Esto arrojó un consumo por habitante al año de 47 kilogramos, que aunque se ubicó un kilo por debajo de lo registrado en 2020, pero que de todas maneras se mantiene en niveles históricamente altos.

Por el lado de la ganadería porcina, 2021 se recordará como un año donde se derrumbó la exportación, pero en el cual el mercado interno absorbió toda la producción, dejando así en signo positivo al sector. Según datos aportados por el consultor Juan Uccellim, la producción de carne de cerdo subió 7,7% este año hasta las 850.000 toneladas, de las cuales 28.000 tuvieron como destino la exportación, cifra considerablemente baja si se tiene en cuenta que en 2020 se exportaron 42.000 toneladas, mientras que el consumo alcance los 21 kilos per cápita al año, 2,5 kilos más que el año pasado, de los cuales 19 kilos correspondieron al consumo de carnes y los restantes 2 kilos a chacinados.

Economías regionales

La realidad de las economías regionales comprenden un variado y numeroso compendio de actividades distribuidas a lo largo y a lo ancho del país, por lo que sus realidades pueden ser bastante diferentes entre sí. Sin embargo, 2021 tuvo una impronta muy marcada para las diferentes producciones, que básicamente se pueden agrupar en dos: aquellas que están volcadas a la exportación y otras cuyo mercado mayoritario es el interno.

Las primeras cerraron un año bueno en general, de recuperación y crecimiento. Según detalló la economista de Coninagro, Silvina Campos Carlés, el sector forestal lideró las mejoras, con un alto nivel de actividad y un salto en las exportaciones de más del 60%. Asimismo, la apicultura cerró un buen año, tanto por precios internacionales como así también aumento en los despachos, a lo que se suma las ganadería porcina y la producción de granos regionales, como el girasol, el maní, la cebada y el sorgo,

En contraposición, las economías regionales que vieron caer sus índices son aquellas que vulcan la mayor parte de su producción al mercado interno. Por ejemplo, la producción de papa tuvo en 2021 una sobreproducción que derrumbó el precio un 17%. La realidad de las hortalizas no fue diferente, con una volatilidad en precios muy marcada que hizo mella en el productor, en especial, los de cebolla y tomate, entre otros.

 

 

Con información de www.infobae.com

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