Juan Cabandié: “Si fuera un partido de fútbol diría que al Gobierno le faltó táctica y coordinación”

POLÍTICA 09/01/2022 Por Mariana Dahbar*
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Juan Cabandié Alfonsín es Licenciado en Ciencias Sociales, docente, activista de derechos humanos y el nieto Nº 77 restituido por Abuelas de Plaza de Mayo. Desde el 10 de diciembre de 2019 es el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación. Tiene 43 años, pero recién a los 25 años conoció su verdadero nombre y su historia.

En una charla íntima con Infobae, el funcionario se mostró cansado pero entusiasmado y comprometido en su nuevo rol. Sobre su gestión, explicó que el principal desafío es tener una política muy clara en el marco internacional con respecto al cambio climático. “Todavía estamos a tiempo de que no se vuelvan irreversible los cambios que se producen en el planeta”, explicó.

Sobre los dos primeros años del gobierno, se mostró autocrítico respecto a la comunicación y remarcó la importancia de gobernar pensando en cumplir con los objetivos que se tenían al inicio: “Nos faltó táctica, nos faltó coordinación. Pero creo que estamos frente a una oportunidad para poder volver a funcionar como un buen equipo que tiene jogo bonito pero que también se tire al piso”.

Antes de finalizar la entrevista, a corazón abierto, Juan recordó el día que junto a Néstor y Cristina Kirchner compartió su historia en la ESMA, y cómo su dolor se convirtió en servicio.

—¿Cómo fue su primer día como ministro?

—Bueno, en realidad pasó algo muy peculiar, yo juré en el Salón del Bicentenario en Casa Rosada, terminó ese acto y me fui corriendo a Ezeiza porque tenía que volar a Madrid ya que se estaba desarrollando la Conferencia de las PART, es decir, el encuentro climático anual, que es muy importante y yo, como ministro recién asumido, tenía que participar y dejar en claro que adherimos al Acuerdo de París del 2015. Por lo tanto, me tuve que ir corriendo para allá y estuve, creo, 18 horas, me volví y llegué al ministerio por primera vez, un día y medio después. Fue lindo, interesante, emotivo al mismo tiempo porque entré y estaban todos los trabajadores en el salón de planta baja y me recibieron con un aplauso, estaban contentos por la nueva asunción.

—¿Con qué ministerio se encontró?

—Me encontré con un ministerio, con un área de gobierno, porque en la gestión anterior de Bergman y Macri no era Ministerio, era Secretaría, y no tenía un expediente abierto. Es decir, uno asume e inmediatamente se fija qué hay abierto para terminar de gestionar y eso impacta presupuestariamente en el gasto que tiene cada uno de los Ministerios. Bueno, no había expediente abierto. Es decir, no había obras, no había compras, no había licitaciones de maquinarias de residuos, por ejemplo, no había obras referidas a centros ambientales, cosa que hoy estamos haciendo.

Me encontré con un área de gobierno, donde, por ejemplo, no se había usado el crédito BID, que para nosotros es fundamental. Con el crédito BID equipamos a más de 100 municipios para que hagan tratamiento adecuado de sus residuos. Con ese crédito BID estamos haciendo ocho plantas de tratamiento en distintas partes del país. Se usó solamente un 18 % para ser exactos con la información. Nosotros, en estos dos años, ya lo agotamos. Y también me encontré con un crédito del Banco Mundial pero que hubo un acto administrativo firmado por Dujovne, el ministro de Economía en ese momento, y por Bergman, que era secretario de Ambiente, donde le decía al Banco Mundial que no iban a usar el crédito. Un crédito blando del Banco Mundial, con una tasa bajísima, a pagar en muchos años, con muchas comodidades. Sin embargo, nosotros les dijimos que íbamos a usarlo y hoy ya inauguramos siete pozos de agua con un crédito blando.

—¿Cómo vivió el paso de ser diputado a ministro, del Poder Legislativo al Ejecutivo?

—En lo personal creo que la tarea ejecutiva es mucho más interesante que la tarea legislativa, no por menospreciarla, yo la asumí con responsabilidad, pero en lo particular creo que estaba un poco agotado, porque estuve seis años como diputado nacional y también estuve seis años como legislador porteño. Fueron doce años de tarea legislativa, así es que estuvo bueno pasar a este desafío y donde uno, bueno, toma decisiones concretas, transforma con sus decisiones, se producen hechos concretos que impactan en comunidades, en municipios, en provincias, haciendo obras, delineando nuevas leyes. Es decir, desde el Ejecutivo también uno tiene iniciativas, el Presidente tiene iniciativas parlamentarias, por lo tanto, el Ejecutivo presenta proyectos de ley y es más fácil que salga un proyecto cuando lo envía el Ejecutivo que cuando lo presenta un diputado.

—En los dos primeros años de gestión, ¿qué fue lo más difícil que le tocó afrontar y cuál fue el mayor logro?

—Lo más difícil creo que, en líneas generales, fue acomodar un equipo de trabajo en un marco de pandemia. Como logro nosotros podemos decir que ejecutamos esos presupuestos. Que acompañamos a la sociedad en poner en valor la agenda ambiental. Yo no creo que sea un logro de este Gobierno. Sí hago una comparación y digo: durante este Gobierno la agenda ambiental tiene más robustez. Pero creo que también eso no es mérito nuestro, creo que es un mérito con el que nosotros acompañamos a la sociedad y esta lo puso en valor como nunca antes. Y creo que esto va a ser progresivo.

—Para los que no saben, ¿cuál es la función principal de su ministerio?

—La función principal es emitir, formular normativas, es decir, leyes ambientales. Es llevar a cabo acciones ambientales, tareas de prevención, tener una política muy clara en el marco internacional con respecto al cambio climático y la posición argentina frente a Naciones Unidas. El Ministerio de Ambiente tiene un área muy vinculada a la devaluación ambiental, es decir, estudios de impacto ambiental. Un área muy vinculada a residuos, y ahí estamos haciendo mucho, por ejemplo, equipamientos, obras de plantas de tratamiento adecuado para residuos en distintos puntos del país. Otra función importante es limitar la cantidad de gases de efecto invernadero, que son los que quedan atrapados en la atmósfera y los que producen el calentamiento global, que nos perjudica porque aumentan temperaturas, se secan los ríos, se derriten los glaciares.

—Hoy es el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación. Imagino que tuvo que aprender varias cosas que desconocía acerca de esta área. ¿Cómo manejó eso?

—Bueno, yo creo que la clave es, primero, rodearse de personas muy idóneas, que tengan una visión del funcionamiento del Estado. Creo también que cuando uno se rodea de especialistas, de personas con un conocimiento específico determinado, después hay que ejercer el arte de la política también, porque es el que nos permite que esas buenas ideas se lleven a cabo. Entonces esa coordinación, combinación entre el saber académico técnico específico y la política, hacen a una buena gestión.

—¿Cuál es la prioridad del ministerio para el 2022?

—Mi prioridad para el 2022 está relacionada a algunas normas que quiero que finalmente se aprueben. Por ejemplo la Ley de Envases es prioridad. Mejorar la Ley de Bosques también para bajar la tasa de desforestación. Al mismo tiempo pretendemos poner en el ámbito penal el delito de desmonte, ya que no solamente tenemos que estar pensando en la salud de los individuos, de las personas, sino en la salud de nuestro planeta, por lo tanto, es inteligente si pensamos en el planeta a partir de cuidar nuestra biodiversidad y el objetivo es, bueno, frenar los desmontes, que muchas veces se hacen de forma ilegal. Esto no es bueno porque si nosotros no lo cambiamos las próximas generaciones no van a vivir en un mundo como el que conocemos. Todavía estamos a tiempo de que no se vuelvan irreversibles los cambios que se producen en el planeta. Ahora, si nosotros no accionamos, por ejemplo, bajando la deforestación, y con nosotros quiero decir Argentina, Brasil en el Amazonas, toda la región, o Norteamérica por así decir, el mundo no será igual.

Por eso nosotros planteamos canje de deuda por acción climática. En vez de pagar la deuda nosotros decimos “ideemos un mecanismo innovador”. En lugar de darles los dólares o el 100% utilizo un porcentaje en invertir en energía renovable o en movilidad sostenible para que se dejen de emitir gases. Y si hacemos eso beneficiamos al mundo. En esa discusión estamos.

—¿Qué es lo que más le preocupa como ciudadano?

—Y, me preocupa que no podamos lograr los objetivos como sociedad, como nación. Yo creo sinceramente que la Argentina está en una permanente disputa, y no hablo de grieta, la grieta existió siempre, me refiero a la disputa de modelo. Es decir, qué porcentaje es aceptable de pobreza para el común denominador de los argentinos. Por qué, por ejemplo, tenemos 6 de cada 10 chicos bajo la línea de la pobreza. Para algunos es aceptable ese porcentaje. Incluso pueden aspirar a más.

Me preocupa que la Argentina nunca pueda lograr el desarrollo. No es que tenga una mirada pesimista, creo y hago política por lo tanto considero que eso se puede cambiar y mejorar. Pero, por ejemplo, a veces veo viajando por las provincias las diferencias de recursos. Es decir, yo vivo en la Ciudad, nací en la Ciudad de Buenos Aires, acá tenemos todo, todo. Y uno va a determinada provincia y no hay el mismo desarrollo, la misma calidad de vida, la misma infraestructura que puede tener la Ciudad. Entonces, veo la contradicción de ciertas personas que, cuando un canal determinado pone un informe sobre la falta de agua en Salta o en Chaco, se agarran la cabeza pero cuando se dice que la Ciudad tiene mucho y hay que repartir, dicen que no. Entonces esas mismas personas que se conmueven por la falta de agua en el norte del país son las que no quieren resignar ni un poquito de sus recursos como por ejemplo con la coparticipación.

Argentina está toda concentrada en una sola ciudad, en un solo puerto. Nuestra infraestructura ferroviaria apunta solo a una ciudad en vez de conectar a las provincias, de buscar desarrollos en distintos puntos del país. Ese es el miedo que tengo, que no podamos superar esa concentración. El 92 % de la población argentina vive en el 0,9 del territorio. Es decir, ¿cómo es viable un país que está todo concentrado en una región? Y que dentro de la región AMBA los mayores recursos se los lleva la Ciudad y la zona norte, el resto del Conurbano, en un porcentaje muy grande, tiene falta de infraestructura, hasta falta de servicios, falta de cloacas. Situaciones de inseguridad muy extremas. Entonces me parece que si no diseñamos la Argentina de una manera distinta podemos seguir dando vueltas alrededor de un fracaso. Me parece que tenemos que repensar muchas cuestiones.

—¿Qué cree que hay que repensar?

—Bueno, el Presidente lo dijo hace unos días y lo celebré mucho, no es descabellado tener que pensar que la Ciudad, que la capital de la Argentina, esté en otro lugar. Lo pensó Alfonsín en los 80, todavía esa ley incluso está vigente, no se implementa pero está vigente. Bueno, ¿por qué no pensar eso? ¿Por qué no desconcentrar? Porque cuando vos concentrás todo lo único que generás son desigualdades.

—¿Cómo ve hoy al presidente Alberto Fernández?

—Lo veo bien. Tuvimos un repunte en la elección general, eso fue positivo.

—¿Se esperaba la derrota de las últimas elecciones? ¿Qué fue lo primero que se le vino a la cabeza cuando escuchó los resultados?

—Lo primero, no sé, a ver, seguramente varias cosas además de algo de angustia. Pero creo en algún punto que teníamos que tomar medidas que se fueron tomando. Que habíamos cometido algunos errores.

—¿Cuáles?

—Yo incluso lo he hablado con el Presidente en el 2020. A mí me parece que hubo errores atendibles con antelación a la elección. Uno es la comunicación. Creo que nosotros debemos encarar otra forma de comunicar. Teníamos que advertir lo que sucedería en el seno de la sociedad a partir de una pandemia, debíamos entender que eso iba a transformar realmente a la sociedad, que iba a exacerbar los sentimientos, era lógico. Yo siempre creí que acá y en el mundo las sociedades globales no le iban a echar la culpa al murciélago de Wuhan, si realmente existió ese murciélago de Wuhan, sino que a la política por la pérdida de sus familiares, por la pérdida de empleo, del cierre de Pymes, del cierre de fábricas. Hoy estamos en un camino donde queremos gobernar estos dos años restantes, pensando en cumplir aquellos objetivos que teníamos en el inicio.

—Es futbolero. Imaginemos que estamos en un partido de fútbol y que los dos primeros años fueron el primer tiempo del Gobierno. ¿Cómo lo evalúa y cómo siente que se viene el segundo tiempo?

—El segundo tiempo… me hace reír ese juego de palabras del segundo tiempo (risas), porque... por el libro de un ex presidente que le hizo mucho daño a la Argentina. ¿Cómo veo el segundo tiempo? Bueno, que hay que dejar todo en la cancha. Que hay que tirarse al piso. También hay que echarse al piso (risas).

—¿Quién se tira más al piso o a quién le falta tirarse más?

—No, no es en particular. Me refiero a poner mucha garra.

—¿Faltó garra en el primer tiempo?

—No sé si faltó garra, incluso me hago cargo también, porque soy parte de un equipo de trabajo, de un gabinete. Es decir, quizás nos faltó táctica, nos faltó coordinación. Pero creo que estamos frente auna oportunidad y venimos haciendo cosas como para que esa táctica, esa formación se aceite cada vez más y podamos funcionar como un buen equipo que tiene jogo bonito y que también se tire al piso.

Esperemos que en el segundo tiempo podamos funcionar como un buen equipo, que tenga jogo bonito y también que se tire al piso.

—Alberto Fernández declaró, hace poco, que se ve en una reelección. ¿Lo ve para un próximo partido?

—No sé, Alberto dijo también en el acto en Plaza de Mayo, el 17 de octubre, que íbamos a tener que ir a internas. Creo que dijo desde un concejal hasta el presidente. Es decir, si él quiere renovar me parece muy bien. No tener un mandato por tenerlo sino porque nosotros creemos fervientemente que, con sus errores, todo nuestro proyecto político es el que mejor le puede hacer al conjunto de los argentinos. El que puede generar una sociedad más armónica.

Por supuesto siempre es perfectible lo que hacemos y tenemos que tener la humildad de reconocer que tenemos que mejorar y que lo que hicimos también es perfectible, y que todo el tiempo la dinámica de la sociedad, la velocidad de la sociedad, nos demanda que estemos repensando. Creo que ese es un desafío: no quedar atados a esas posturas que no sirvieron en otro tiempo y que ahora podemos mejorar.

—¿Qué vivió, esta vez, desde el Ejecutivo y no desde la banca de diputado, el día que no se aprobó el presupuesto? ¿Qué pensó?

—A mí me parece que la oposición está muy dividida. Es decir, tienen muchas fracciones dentro del bloque de Juntos por el Cambio. Y que también el radicalismo, en el último tiempo, es como que se ha robustecido por decirlo de alguna manera, que a pocas horas de esa sesión había un congreso partidario de la UCR y que estaban en disputa también los lugares internos. Entonces de alguna manera pusieron en el marco de esa sesión y de la decisión del presupuesto las distintas variantes dentro de la UCR, a ver quién era más opositor y quién gritaba más. Me parece que hubo una cuota de eso al mismo tiempo que, no lo justifico, es sumamente irresponsable lo que hicieron. Porque Máximo se los dijo muy bien en la sesión: en el 2019 los electores nos votaron para gobernar a nosotros no por dos años sino por cuatro años, si bien ellos ganaron una elección, Juntos por el Cambio ganó la elección legislativa, los electores no los votaron a ellos para gobernar, los votaron para la tarea legislativa.

—Usted es amigo de Máximo. ¿Cómo lo ve hoy?

—Máximo es de las personas más brillantes de la política argentina. Tiene a la Argentina en su cabeza. Es decir, tiene los problemas, el conjunto de los temas de la agenda pública los tiene en su cabeza. Es una cabeza privilegiada. No todos lo conocen, si bien cada vez que hay una sesión quien escucha, quien sigue una sesión, ahí se da cuenta de su estilo, de su prosa. La concatenación de conceptos que arroja en un debate parlamentario. Es inteligentísimo.

—¿Qué hechos, a su entender, son los que más bronca le dan a Máximo?

—Yo creo que, sin dudas, las injusticias. Tanto él, Néstor como Cristina, tuvieron una cabeza y un corazón puestos sobre las desigualdades. Es decir, uno lo vivió, lo vio en Santa Cruz, yo tuve oportunidad de verlo en la obra pública, las viviendas; una vez que Néstor se fue eso nunca fue igual. Es decir, durante varios años. Alicia hoy es una gobernadora que ha remontado esa provincia. Y tienen una cabeza y un corazón puestos en una Argentina armónica. En la que todos estén adentro. Esa famosa frase de Máximo que también Cristina la había dicho antes, hace muchos años, de una Argentina con la gente adentro. Es decir, eso es lo que define a los Kirchner.

El informe de la CEPAL ha determinado que la Argentina, en el período 2002-2012, duplicó su clase media. Pero no lo dice Cristina, lo dicen los organismos internacionales. Entonces ese es el objetivo. Si vos me preguntás qué queremos de la Argentina, bueno, eso. Néstor Kirchner lo manifestó con mucha claridad cuando asumió en el 2003, una Argentina normal. ¿Cómo se construye una Argentina normal? Bueno, con mucha inteligencia, con mucha vocación, pero no es fácil la Argentina porque, digamos, también vos tenés factores de poder muy consolidados, que a veces no quieren esa Argentina normal. A veces pretenden que se concentre más en un grupo de empresarios. Y ojo, mi crítica no es a los empresarios por ser empresarios, porque la única manera de desarrollar la Argentina es con Pymes, es con producción. Es decir, estamos a favor de los empresarios. Lo que criticamos es a aquel grupo minúsculo de empresarios que buscan todo el tiempo consolidar y concentrar su riqueza.

—¿Quiénes?

Luis Majul hace muchos años escribió el libro Los dueños de la Argentina, donde lo nombraba a Macri… esos son. Es decir que, incluso, tampoco uno puede criticar a todos por igual, seguramente hay alguno de esos grandes empresarios que tienen una visión más integradora de la Argentina, a pesar de que tenga una de las mayores fortunas de nuestro país. Pero sería bueno para los que están viendo este video que reparen en el libro.

—¿Cuál fue el minuto que cambió su vida?

Los nacimientos de mis dos nenes me hicieron cambiar. El primero, pobrecito, estaba casi dormido porque le habían administrado demasiada anestesia, así que el obstetra me hizo cortar rápido el cordón umbilical, se lo llevaron a revivirlo un poco porque había nacido con demasiada anestesia. Y el segundo lloraba muchísimo, apenas salió lloraba. El primero que los agarró fui yo a los dos.

—Si le regalan una caja con todas las cosas que perdió en su vida, y tiene la posibilidad de abrirla y recuperar una sola. ¿Qué cosa le gustaría recuperar?

Y, seguramente a mi mamá. ¿Una debe ser? Si pueden ser dos a mi mamá y a mi papá.

—¿Qué cree que pensarían hoy sus padres de usted?

— Uy, cómo saberlo. Qué sé yo, por ejemplo mi familia, mis abuelas o mis tíos me dicen que mis papás estarían orgullosos de mí. Yo creo que me pelearía como cualquier persona normal con sus padres. Discutiría.

—¿Pudo sanar esa pérdida?

— Sí, sanar siempre. Bueno, los primeros años no fueron fáciles. Fue una vida de mucho cambio. Fue todo muy repentino y bueno, hubo un quantum de angustia importante. Después el tiempo va curando, como comúnmente se dice.

Pero es cierto, es una buena terapia el tiempo. Y también creo que Abuelas de Plaza de Mayo es un lugar de amor. O sea, Abuelas es un lugar de cobijo donde uno se refugia. Eso fue sin dudas fundamental. Y también para mí fueron fundamentales Néstor y Cristina. Es decir, Néstor fue el primero de ellos dos que me abrazó y para mí fue un cobijo. Me puso una meta por delante, una razón de vivir, una razón de ser, un objetivo, un ordenamiento que me motivó a ser parte de la política igual que Cristina. Y la militancia, el hecho de pensar en la Argentina, pensar en el otro. Es como que me convocaron a correrme de mi dolor individual, a salirme de eso. A mirar al resto, los que padecen, el otro. Y eso fue como una forma de salvarme.

—¿Recuerda el día que leyó su historia en la ESMA?

—(Risas) Sí, claro, cómo no me voy a acordar de ese día. Fue de esos momentos imborrables. Cuánto calor que hacía ese día, tremendo. Hace poco me acordaba de un hecho muy significativo de esa jornada, veía por el costado que venían Néstor y Cristina, con mucha gente que los rodeaba, mucho calor, y Néstor saludaba, le gustaba que la gente lo salude.

A mí me tocaba leer ese discurso y yo escuchaba el silencio mientras leía. Me puse nervioso porque no sabía si la gente estaba entendiendo lo que yo decía, si hilaba, porque lo había escrito yo el día anterior. Y entonces cuando terminé ese discurso me fui hasta mi lugar, que estaba justo al lado de la escalera por donde subía la gente, y ahí estaban todos los de seguridad llorando. Entonces yo pensé si los de seguridad están llorando, no porque haya tenido un prejuicio sobre que los de seguridad no tenían sensibilidad, ese silencio era la atención.

Y después tuve la posibilidad de ver y escuchar el discurso de Néstor, que fue un discurso icónico, marcó un hito en la gestión de Néstor, de Cristina, porque fue el famoso discurso donde Néstor dijo: ”Vengo a pedir perdón en nombre del Estado”.

 

 

* Para www.infobae.com

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