Internas, espejismos y un punto central en común: el oficialismo escala en la ofensiva sobre la Justicia

POLÍTICA Por Eduardo Aulicino*
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El jefe de Gabinete, la funcionaria de mayor peso en el círculo presidencial -en temas jurídicos y con juego político propio - y la portavoz del Gobierno avalaron de hecho la maniobra de Cristina Fernández de Kirchner para quedarse con un asiento en el Consejo de la Magistratura. Por debajo, se hicieron circular versiones sobre el desagrado o, al menos, la sorpresa de Olivos frente a esa operación. Sin embargo, no hubo declaraciones o gestos destinados a frenar el desgastante ensayo de la ofensiva sobre la Corte Suprema, con nuevo capítulo anunciado para la semana próxima en el Senado. Por el contrario, se trata de no confrontar con la ex presidente en este terreno.

Alberto Fernández tiene razón en un punto: temas como la disputa por el Consejo de la Magistratura no figuran al tope del listado de preocupaciones de la sociedad. Las miradas sensatas y las encuestas coinciden en que la economía en general y la inflación en particular constituyen el mayor motor de angustias colectivas. Pero el Presidente no considera otro punto: la cuestión judicial inquieta a una franja social considerable y además, la incertidumbre en ese terreno contribuye a complicar la economía, que demanda señales de afirmación en el poder y de credibilidad.

Eso explica el espejismo que se intenta generar para mostrar que la interna está contenida, sin fisura grave. Algo contradictorio, además, con el mensaje de “diferenciación” y los trascendidos que se suceden sobre la decisión presidencial de modificar, en algún momento, el equipo de funcionarios, con el objetivo de consagrar el “albertismo” frente al “cristinismo”. Es la repetida promesa de revertir el cuadro de parcelación de las áreas de gestión, condicionada por la agravada crisis económica y social.

En rigor, la más dura disputa doméstica está planteada en el terreno de la economía. El kirchnerismo sigue poniendo la mira en Martín Guzmán, con añadido de otros funcionarios del mismo rubro. Alberto Fernández, naturalmente, lo sostiene: es en buena medida el efecto de las presiones, además del lugar del ministro en la relación con el FMI. No es, de todos modos, el único interlocutor con Washington, dato inquietante para Economía, al igual que los trascendidos sobre alguna variante “superadora”.

En cualquier caso, Olivos necesita calmar las aguas frente a la complejidad de la situación social y datos como el último registro de inflación, con el añadido de los números que circulan sobre lo que va de abril, algo menores pero alarmantes. Las batallas internas sólo agregan un componente negativo y, en esa línea, es justificada la intención de no generar tensiones con CFK en el sensible frente judicial.

Eso reduce el margen de “diferenciación”. En realidad, ya de entrada pareció un trato asumido. Desde el principio, Alberto Fernández comenzó a dar señales de endurecimiento en su discurso, con palabras y gestos para descalificar las causas que enfrenta la ex presidente y poner el foco donde no lo había hecho antes: la Corte. En el camino, produjo el sonoro cambio en el Ministerio de Justicia.

Ahora, en todo caso, el mensaje del círculo presidencial se escuda en formalidades para tratar de imponer el criterio -o fabricar otro espejismo- según el cual la pulseada por el Consejo de la Magistratura expresaría un conflicto restringido al Congreso y la Corte, es decir, al poder Legislativo y al Judicial, con el Ejecutivo fuera de esa tensión institucional.

En su malhadada exposición de ayer, la portavoz del Gobierno, Gabriela Cerruti, abundó en esa línea, la oficializó. Llamativo, porque reiteró las críticas al fallo de la Corte que terminó con el rearmado del Consejo de la Magistratura. Y recordó las expresiones ácidas del Presidente sobre el “retraso” de la Justicia y la “arbitrariedad” de la Corte en la selección de causas. No dio la impresión de un conflicto ajeno al Poder Ejecutivo.

La portavoz hizo además una significativa justificación de la división del bloque oficialista en el Senado con el fin de sumar un consejero, y funcionar como interbloque. Asimiló esa decisión de CFK a otras cuestionables maniobras -de JxC- y las englobó en la caracterización de “trampas a la democracia”.

Fue la tercera entrega de la Casa Rosada, en apenas 72 horas, para avalar aquella maniobra. La primera expresión había estado a cargo de Juan Manzur: el jefe de Gabinete bordeó el eufemismo y dijo que todo estuvo dentro de “los parámetros legales permitidos”. Y la segunda llegó después en formato de tuits: Vilma Ibarra escribió para defender la designación del kirchnerista Martín Doñate como integrante del Consejo de la Magistratura. Fue un mensaje que buscó ajustarse a la cuestión legal, pero constituyó un fuerte gesto político.

Las idas y vueltas con versiones también envolvieron las posiciones disímiles tomadas por CFK y Sergio Massa. La ex presidente motorizó la coronación de un senador de su espacio como consejero y el presidente de la Cámara de Diputados aceptó la designación de la radical Roxana Reyes. Fue una diferenciación, pero conversada y que allegados a los dos protagonistas se encargaron de descargarla de connotaciones conflictivas. Para completar, el presidente del bloque del FdeT, Germán Martínez, rechazó la decisión de Massa.

Según como se vea, puede ser parte de la disputa o una combinación armada. Martínez impugnó a la diputada de la UCR, casi en simultáneo con las presentaciones de JxC contra el senador kirchnerista. No se trata de un empate, una explicación más bien ingenua. Si no, tal vez, de un elemento que buscaría presionar sobre la oposición para destrabar en Diputados el tratamiento del proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura votado por la Cámara de Senadores. En ese caso, habría que negociar modificaciones, en particular el papel de la Corte.

Hubo alguna señal en esa dirección desde el oficialismo. Pero jugaría en contra la decisión de volver a la carga con la modificación de la Corte. El tratamiento de ese tema sería abierto a mediados de la semana que viene en comisiones del Senado. Eso enrarece aún más el clima, aunque con escasas posibilidades de coronación de la iniciativa. Y con menos chances aún, en caso de avanzar, para aprobar la designación de jueces en el máximo escalón de los tribunales.

Se trata, de todos modos y a pesar de los costos propios, de un movimiento para seguir con el ejercicio de presión en el frente judicial. No le viene funcionando al oficialismo como fue pensado en sus orígenes, pero eso no asegura que sea abandonada la línea de choque. Hasta puede funcionar al revés y endurecer posiciones.

 

 

* Para www.infobae.com

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