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POLÍTICA 24 de julio de 2022 Por Beatriz Sarlo
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Titulares de la semana: el maldito dólar sigue su carrera; los bancos no corren a comprar bonos del tesoro; pocos confían en las promesas de austeridad fiscal; la inflación toca los límites de 1990; la ministra Batakis busca el apoyo de los gobernadores para que su plan de austeridad no se pierda en los papeles. Los “mercados” no se tranquilizan con nada, porque su hambre es insaciable. En 1989, Juan Carlos Pugliese, ministro de Economía de Alfonsín, refiriéndose a los capitalistas locales, dijo: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Poco después, Alfonsín debió renunciar. 

Durante los últimos siete días siguió la depreciación del peso moneda nacional, pero todavía hay gobierno. Lo más estable es, por un lado, la pretensión de Cristina para bloquear los juicios que la conciernen, y, por el otro, el descenso de los ingresos de los asalariados y de quienes reciben “planes”, causado por la inflación. Los vimos marchar una vez más con la constancia que solo tienen los que verdaderamente necesitan lo que reclaman. Ya he descripto esas marchas, en las que predominan mujeres cargando sus chicos. Es casi una falta de ética volver a describirlas desde mi pc y mi escritorio, a dos cuadras de la avenida donde pasan y pasan. 

Vuelvo, entonces, a Cristina, colocada por encima de todas las críticas, que ahora emprende su larga marcha para situarse en un más allá de la justicia. Debe pensar que a dirigentes como ella no los juzgan los tribunales, sino la Historia. Como hace décadas dijo Fidel Castro: “La historia me absolverá”, recusando a los jueces de una dictadura. 

Tanto como una absolución, Cristina quiere evitar los juicios. Sus agresiones a la Corte Suprema intentan obtener una respuesta que le permita recusar a esos jueces. Pensamiento elemental y desesperado. El motivo de su furia no son los millones mal habidos que, por supuesto, no desea entregar, sino que un juicio exponga los detalles de ese posible delito.

El kirchnerismo siempre piensa en primera persona. Por lo tanto, cuando enfrenta acusaciones, piensa que es el sacrificio que ofrecen los grandes líderes a la patria, en su batalla contra las fuerzas reaccionarias. Todo lo que se opone a un kirchnerista es reaccionario. Kicillof dijo que a la oposición solo le pide “responsabilidad y humildad”. Aclaró, además, que no había ofrecido ningún pacto a esas fuerzas opositoras porque su pacto es con el pueblo. Al parecer, para Kicillof la oposición no representa ni una parte minoritaria de ese pueblo con el que dice tener su pacto. Una vieja convicción de origen peronista siempre sostuvo que los opositores no son pueblo.

A Cristina se la persigue no por la forma en que obtuvo sus riquezas, sino por sus ideas. “Mala fe” es el nombre para designar este tipo de convicciones que sostienen la verdad indiscutible de algo que se mantiene secreto y se sabe falso. Un contemporáneo de Freud criticó de este modo al psicoanálisis: “Es una enfermedad del espíritu a la que el mismo psicoanálisis cree que puede curar”. Exactamente como el kirchnerismo, que es un camino equivocado de la política, pero quienes lo siguen están convencidos de que es el único que lleva a buen puerto. Esta semana, un medio internacional de gran prestigio escribió una frase exacta: “Si la política anda mal, la economía anda peor”, El descriptivo aforismo fue publicado en el Financial Times. ¡Estos ingleses siempre buscan perjudicarnos!

Tragedia y farsa. No puedo silenciar los recuerdos del 2001. Quienes no tengan edad o memoria encontrarán buenas descripciones de aquel momento con solo pasar un rato en la web. No hay excepción al pesimismo sobre la Argentina en la prensa internacional. Tampoco la realidad nos ofrece razones para negar ese juicio de plano. Volvemos al comienzo del siglo XX. Duhalde debe estar pensando: ¿entonces, para qué sirvió tanto esfuerzo? Desde el más allá, Néstor Kirchner sacude la cabeza o se golpea la frente. 

Los recuerdos del 2001 son inevitables, aunque no estén sucediendo saqueos en los supermercados del Conurbano. Solo los desmemoriados, los optimistas o los muy jóvenes, que no vivieron ese comienzo de siglo desconocen esta vuelta de lo siempre igual, cuya repetición es peor porque demuestra que la experiencia fue tan inútil como dolorosa. La debilidad de Fernando de la Rúa, los conflictos y diferencias dentro de su propio partido, la incertidumbre de una sucesión, son puntos de un recorrido que nadie quisiera recorrer otra vez. Un aforismo advierte que la historia se repite a veces como tragedia y otras veces como farsa.

Me inclino por el lado de la farsa. Nos hacemos preguntas que son caricaturas de la inestabilidad y Landrú podría dibujarlas: ¿se hablan los dos Fernández, presidente y vice? ¿Pasaron dos meses sin hablarse? ¿Hace cuánto que no se ven? ¿Es cierto que se encontraron la semana pasada? Lo que fue frágil desde un principio, hoy parece un guión de telenovela. El público cautivo son los millones de argentinos pobres.

Ejemplos de la historia: Arturo Frondizi y su vicepresidente José María Guido no se llevaban bien; tampoco congeniaban Raúl Alfonsín y Víctor Martínez. Pero no estábamos igualmente enmarañados en una intriga sobre la conversación presencial o telefónica de la semana. Para la dupla de Cristina y Alberto (cito por el orden real) no se trata de un conflicto que creció con el tiempo, sino originado en el momento mismo de armar la fórmula, que nació de la necesidad, sin que ninguno de los dos integrantes juzgara que era una buena combinación, excepto para ganar las elecciones. Alberto podía ser cabeza y Cristina primera actriz de reparto. Pero ella no nació para ser supporting actress. 

Tampoco la Argentina puede convertirse en el “mejor país del mundo”, como desea Alberto. Hace más de dos años, a fines de 2019, yo escribía en este mismo diario que los intereses de las oligarquías y caudillismos regionales son muy fuertes, tanto como los sindicales. La Argentina corporativa no es solo la CGT, sino la confederación de caudillismos federales de larga duración y arcaicas lealtades.

Aleluya. Pese a este paisaje gris, los títulos de la semana son tragicómicos. Se informa que el Gobierno apoya las medidas de la ministra Batakis. En cualquier lugar, ese título no podría ser tomado en serio: ¿a dos semanas de nombrada sigue aprobando su gestión? Motivo para el optimismo de los creyentes. Motivo también para desesperación de quienes no tienen tanta fe como para celebrar como gran noticia que una ministra recién nombrada reciba el apoyo de quien la puso en el cargo. ¿De dónde viene esa sorpresa disparatada?

Y todavía quedan otras ocurrencias graciosas, que hablan también de la grave inestabilidad. Inspirado en los cómicos de la vieja televisión, Grabois dijo que Fernández está en un termo. ¿Qué más puede agregarse a tan refinada observación para caracterizar a un presidente? Grabois se inspira en los cómicos de la pantalla chica. 

El nivel del discurso público ayuda a pensar a quien lo escucha y demuestra la capacidad intelectual de quien lo enuncia. Es posible que alguien crea que puede imitar la mezcla que hacía Jauretche entre criollismo popular y reflexión política. Pero hay que tener el paño, que no se consigue en cualquier tienda.

*Para PERFIL

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