Cerca de su fin, el kirchnerismo demuestra su esencia dictatorial

OPINIÓN 28 de julio de 2022 Por Gerardo Milman*
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El caos institucional y político en el que naufraga el gobierno nacional, producto de la incompetencia, improvisación y discordia interna que va pronunciando día a día su descomposición, amenaza con arrastrarnos a todos los argentinos hacia un abismo oscuro para cualquier sociedad democrática. Es cierto que en este estado de incertidumbre total no se puede afirmar con seguridad qué va a pasar ni cuándo, pero hay indicios contundentes de una deriva alarmante de la Argentina hacia un nuevo episodio totalitario en su historia.

Lo vimos en las escalofriantes vociferaciones de Juan Grabois. En un diálogo imaginario con Alberto Fernández, el dirigente social dijo entre otras cosas: “¿Para qué te pusimos ahí?”. Y aseguró que los sectores populares a los que dice representar tanto él como otros dirigentes hasta hace poco paladines del kirchnerismo, dejarían “la sangre en la calle” en pos de los reclamos que le hacen al gobierno. La gravedad de estas declaraciones tiñe de rojo vivo la situación política ya alarmante que vive nuestro país.

En principio son reveladoras las palabras que decidió emplear Grabois para referirse a un Presidente electo por el voto ciudadano en conformidad con lo que establece la Constitución. Para la mentalidad populista de los que orbitan cerca de la vicepresidenta, a Alberto “lo pusieron” ellos y no la mayoría de los argentinos. Es cierto que esa mayoría de personas que votaron por el Frente de Todos en 2019 lo hizo sobre la base de propuestas de campaña que demostraron ser puras quimeras, evaporadas en el calor de una economía que está prendida fuego. Pero eso no les da derecho a Grabois ni a Cristina de creerse los dueños de esa expresión mayoritaria, ni mucho menos de desentenderse de su participación en este gran fracaso histórico que es el Frente de Todos, sin duda el peor gobierno de la historia argentina desde la vuelta a la democracia por lo menos (y uno de los peores gobiernos de toda su historia).

Pero el autoritarismo que encierran las declaraciones de Grabois, que son el corolario de la saga epistolar cristinista, donde la vicepresidenta fue socavando progresivamente la autoridad presidencial y el peso político de su propio gobierno, van mucho más lejos aún. Más autoritario que el diagnóstico de cómo llegó Alberto al poder es la visión de futuro a la que la demagogia kirchnerista quiere atarnos de pies y manos a todos los argentinos. Analicemos un poco los razonamientos de Grabois tal y como él mismo los ha expresado en sus últimas apariciones mediáticas.

Al poco tiempo de este discurso, en los estudios de C5N, el dirigente de la CTEP aseguró que estamos a semanas o meses quizás de que haya saqueos nuevamente en la Argentina y que la forma que tiene el gobierno de remediar esto es avanzando sobre los sectores productivos del país, especialmente el agro. Es decir que la solución a los problemas de los argentinos para Grabois es la vieja cantinela kirchnerista de aumentar las retenciones y otro tipo de artimañas recaudatorias en detrimento de los pocos actores económicos que generan valor y traen dólares al país (dólares que el gobierno necesita y a su vez no deja de dilapidar, ofreciendo una imagen parecida a la de un adicto). Estas cosas Grabois las dice en un contexto en el que el agro busca dejar de perder dinero a causa de la brecha cambiaria que el mismo gobierno al cual le pide dádivas genera.

Lógicamente, como ya se ha expresado en muchas ocasiones (incluso con manifestaciones que han sido tildadas de “violentas” por los mismos que hoy le aplauden a Grabois sus amenazas al estado de derecho, a la autoridad presidencial y al bien común de todos los argentinos que trabajan) el campo se niega a seguir perdiendo y no hay margen de acuerdo social para nuevos impuestos o aumentos de retenciones. Esto Grabois y Cristina lo saben y por lo tanto no caben dudas de que la demanda implícita al Gobierno es que estas cosas se implementen por medio de la fuerza, es decir, por manejos autoritarios. Grabois pretende que el Gobierno obligue al campo a vender sus cosechas, que este retiene por racionalidad económica, a la espera de que se actualice el tipo de cambio oficial. Grabois pretende, entonces, que el Gobierno expropie al campo.

En la encerrona del Gobierno, su ala izquierdista y populista quiere empujar a Alberto Fernández fuera de los consensos democráticos y republicanos sobre los que se construye nuestra nación. Para estos sectores, que se embanderan en el hambre que su propio gobierno ha generado, la solución para el país es matar a la gallina de los huevos de oro, lo cual podrá dar de comer hoy pero sin duda será más hambre para mañana, más hambre para todos.

Esto solo pueden hacerlo, por un lado, a costa de avanzar sobre la división de poderes, sobre la oposición en el parlamento y sobre el poder judicial, intención de la cual el kirchnerismo no deja de dar muestras, especialmente por las necesidades personales de Cristina Kirchner, que busca su impunidad a toda costa. Por otro lado –y aquí es donde las expresiones de Grabois son muy reveladoras– llevando el conflicto a las calles y enfrentando a los ciudadanos en una nueva espiral de violencia y delito como hace mucho tiempo no se ve en la Argentina. La predicción de los saqueos, que Grabois anuncia como si fuese una fatalidad inevitable, no es otra cosa que una amenaza sobre los sectores de la sociedad que producen valor y trabajan. Buscan sembrar el miedo en la ciudadanía para que esta se resigne a su agenda venezolana de la escasez.

Pero aunque estas expresiones tan antidemocráticas asustan, no son otra cosa que los llantos agónicos de una cultura política que está llegando a su fin. Estamos viviendo el fin del kirchnerismo. Después de casi 20 años de la ficción antidictatorial sobre la cual se montó su relato, como le pasa a todos los mentirosos tarde o temprano, el kirchnerismo demuestra su afinidad por las dictaduras. Y es ante el riesgo tan palpable de que la Argentina vuelva a transitar ese oscuro camino que necesitamos, como sociedad, unirnos más que nunca en la esperanza de que podemos construir juntos un país mejor. Sin violencia, sin amenazas, trabajando todos honradamente.

 

 

* Para www.infobae.com

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