Crónica de un fracaso, 31 meses y 1000 homicidios después

POLÍTICA 16 de agosto de 2022 Por Coni CHEREP*
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Que la promesa de «La Paz y El Orden» que formuló casi de manera excluyente Omar Perotti, durante su campaña electoral de 2019, iba a terminar siendo una estafa a su electorado, era obvio. Lo que nadie imaginaba, era que su gobierno, iba a hacer todo lo contrario a lo prometido. Sus «planes» podían fallar. Pero nadie esperaba que su gestión terminara siendo un festival de improvisaciones en la única materia en la que prometió soluciones. Alcanza con ver este spot de campaña para comprenderlo.

 
Lo primero que hizo Perotti fue denunciar en vano a su antecesor Miguel Lifschitz. No sólo rompió el diálogo durante la transición de gobiernos, sino que lo descalificó en la ceremonia de asunción, sugiriendo que venía a terminar con el «acuerdo de la política y el crimen». Durante un mes, cerró la Casa Gris – literalmente- y ordenó a sus funcionarios que dieran vuelta todos los cajones en procura de «papeles» que incriminaran al gobernador socialista, que, entre otros logros, se había ido de la gestión con más del 60 % de imagen positiva.

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Para «conseguir» pruebas, nombró ministro de Seguridad a Marcelo Saín. Un hombre que lejos de ofrecer soluciones a los problemas que tenía la provincia con el narcotráfico, la violencia y el delito, eligió objetivos de combate obsesivo – en complicidad con el mandatario- al exgobernador y sus funcionarios, a los senadores del propio peronismo, y de manera inexplicable, a todos los efectivos de la Policía Provincial.

Saín rompió todos los códigos: destinó la mayor parte de su tiempo a promover causas judiciales infundadas, gastó una fortuna en el armado de un esquema de espionaje que está siendo investigado por la Justicia santafesina, armó negocios de sobreprecios con armas, hizo un festival de designaciones innecesarias de asesores oriundos de Buenos Aires que desconocían el territorio, y especialmente, se dedicó a destruir al Jefe de la Policía, el ex comisario Víctor Sarnaglia, al que el propio Perotti había ido a buscar a su casa, bajo la promesa de que iba a ser su «único jefe durante los 4 años de gestión».

Saín abandonó a la policía y se encargó de despreciarlos públicamente: «son negritos de Vera, brutos» lanzó en un audio de WhatsApp – una metodología que usaba para comunicar asuntos internos- y se cargó a Sarnaglia con una operación grosera, que Perotti amparó.

Su gestión multiplicó los delitos, porque no organizaba operativos en Rosario ni Santa Fe. Las calles de Rosario fueron tomadas por los grupos narcos que siguieron mandando desde las cárceles, con absoluta libertad. Lo poco o mucho que había avanzado la gestión anterior- que se expresa con claridad en las estadísticas en baja entre 2015 y 2019- fue arrasado. El «Capitán América» se burlaba de los rosarinos diciéndoles que creían vivir en «un cantón suizo», y su impunidad creció a niveles inexplicables, humillando al propio gobernador en otros audios «filtrados», donde lo calificaba de «intendente con formación de concejal» o el peor de todos «Perotti es un pelo cagado del culo, para mi».

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Saín se terminó yendo, después de un año y tres meses de escándalos y acciones de corrupción. Dejó como herencia a una policía sin armas, sin organización y sin ánimo de trabajo. Perotti le aceptó la renuncia el 20 de marzo de 2021. En su lugar quedó un abogado, que formaba parte del equipo de Saín, y que no tenía ninguna experiencia en Seguridad.

Quienes lo conocen dicen que Jorge Lagna tenía buena voluntad al momento de asumir. Pero lo que la gestión necesitaba era acelerar los procesos de compras de vehículos, armamentos y reorganizar a las fuerzas, no tener a un buen tipo al frente.

Inexplicablemente, Perotti lo obligó a mantener al frente de la Policía a la Comisaria preferida de Marcelo Saín- Emilse Chimenti- y a buena parte de los asesores del arrogante porteño. Además, el gobernador le intervino «la logística» del Ministerio, poniendo a una mujer de su «estrecha confianza»: Ana María Morel. La señora se ocupó de emplear a su hija como directora de Recursos Humanos y de ordenar una verdadera caza de brujas, puertas adentro del edificio de calle Primera Junta, en la capital provincial.

Morel es – y seguirá siendo, ya que fue confirmada en su cargo por el gobernador- la responsable de ejecutar el presupuesto: En 2021, no alcanzó a gastar el 50 % de lo estipulado. En 2022 y según los propios números oficiales, hasta Julio, solo se ejecutó el 6% de lo presupuestado. El tema es aún más grave: La legislatura le renovó a Perotti el «estado de emergencia en seguridad», que le otorgó flexibilidad para las compras. Sin embargo, Morel no compró nada. Nadie puede explicarse la demora en la ejecución. A los policias se les deben las horas extras- que tienen el bochornoso valor de 320 pesos-, se les adeudan los uniformes de 2022, durante los dos años y medio no se hicieron concursos de ascensos, ni se incorporaron nuevos efectivos.

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Lagna no sólo heredó a Morel y a Chimenti, sino que mantuvo al frente del Servicio Penitenciario, al confirmado jefe, Walter Gálvez. La continuidad del funcionario resulta aún menos explicable: Festejó el cumpleaños de su hija en un salón del puerto de Santa Fe, con 200 invitados, en el momento de mayores restricciones durante la pandemia. Ostenta el récord de fugas de presos en las cárceles santafesinas y además, empeoró notoriamente las condiciones de alojamiento de los presos. La semana pasada, una visita sorpresa de la Defensora General, Jaqueline Balangione, junto a siete legisladores de distintas fuerzas políticas, descubrieron el horror que implica estar detenidos en Coronda. Y algo más: Las cárceles estuvieron sin pan durante casi dos semanas, tras el cansancio de los proveedores que se negaban a entregar mercaderías, porque se les adeudaban tres meses.

Jorge Lagna abandonó un cargo que en la práctica no ejercía desde hace muchos meses. Su salida es indecorosa, y se lo hizo saber al gobernador. Su reemplazante es un Comisario retirado, Rubén Rimoldi, que estaba haciendo «banco» desde hace un par de meses, como asesor del ministro de Gestión Pública, Marcos Corach. El propio gobernador le complicó la vida a Lagna, poniendo al frente de la Logística del Ministerio a una mujer de su «estrecha confianza» a cargo de las áreas de logística y Recursos Humanos en la figura de Ana María Morel, la responsable de una inexplicable subejecución del presupuesto: apenas 6 % en los primeros seis meses del año.

A Lagna le encargaron un trabajo para el que no sólo no estaba preparado, sino que le impidieron usar las herramientas elementales para intentarlo.

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Si algo le faltaba, eran las internas dentro del gabinete y las influencias de Saín, desde su nuevo cargo como asesor de Aníbal Fernández.

Hace dos meses, el ministro de Gestión Pública, el rafaelino Marcos Corach, le nombró a «un ministro paralelo», que empezó a conocer el territorio. El nombre: Rubén Rimoldi. El comisario retirado que fue designado antes de que a Lagna le comunicaran que dejaba el cargo.

En los últimos seis meses, la situación de violencia empeoró de manera dramática: en Rosario solamente, hubo 175 crímenes. Más que durante la totalidad del año 2021. En lo que va de la gestión de Perotti, que ya cursa más de dos tercios de su mandato, los asesinatos aumentaron un 80 %.

Ya no se trata solo del narcotráfico, sino de las calles y los barrios liberados. De ciudades abandonadas por la falta de presencia policial. De policias que no pueden circular porque o no tienen vehículos, o no tienen recursos para cargar combustible, o los trámites para cambiar neumáticos les demoran tres o cuatro meses en el despacho de Ana Morel.

Hoy Perotti le tomó juramente al nuevo ministro. Dijo que «empezaba una nueva etapa». Sin embargo, confirmó en sus cargos a Morel y Gálvez. Las cárceles siguen en las mismas manos, y la caja bajo control de quien la subejecuta. Habrá que ver si Rimoldi, consigue gobernar el ministerio, o sufre los mismos límites que Lagna.

Los próximos días darán alguna señal sobre el impacto que puedan tener las nuevas autoridades sobre la fuerza policial. Lo cierto es que, por primera vez en 39 años de democracia, la política le resigna la autoridad del Ministerio a un Policía. Paradójico: Perotti en la campaña, decía que iba a terminar con «la policía autogobernada».

Pasaron 31 meses y 1000 homicidios más en Santa Fe. Demasiado tiempo y demasiadas muertes, para un gobernador que dijo que venía a solucionar ese problema.

Ya no puede culpar a nadie. Lo que pasa es la crónica de un fracaso anunciado en su asunción.

*Para conicherep.com

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